Las notas de tu guitarra Seguir historia

denisblue73 Desi Llin

La vida de Ámbar transcurre tranquila. Sin embargo, a su vida llegará alguien que la pondrá patas arriba. Un amor colmado de dulces acordes... Todos los derechos reservados Obra registrada en Safecreative. Código de registro: 1707072903534 Fecha de registro: 07-jul-2017 15:38 UTC


Romance Romance adulto joven Todo público. © Todos los derechos reservados

##romance ##música #@electrocuted
1
8669 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Prólogo

—¿Pero por qué me dormí?

Ámbar corría por toda la estancia como si de repente hubiera enloquecido. Tropezaba con sus pies descalzos por todos lados, gritando unas cuantas palabras mal sonantes. «Las prisas no son buenas», se recordó. Sin embargo, el tiempo ya iba apremiando y debía de darse prisa para no hacer tarde al trabajo. Los «cinco minutos más» dentro de la cama le estaban saliendo bien caros.

Y todavía tenía pendiente prepararse el desayuno y dejarse un aspecto mínimamente decente.

Se tragó el café, literalmente, quemándose incluso un poco la lengua. Iba a tenerla insensible para el resto de lo que quedaba de semana. Misha la observaba desde abajo, situada a sus pies, ladeando la cabecita con gracia.

—¡Ay! ¡Tu platito de leche! ¡Lo siento cariño! —se lamentó ella, corriendo a buscar el tetrabrik que se encontraba en el frigorífico, y el pequeño cuenco que pertenecía al minino. Lo rellenó y se lo dejó en el lugar en el que siempre lo colocaba. Donde no se pudiera tropezar con él—. Toma cariño. Mami tiene prisa. —El gatito ronroneó, pasando su cabeza por debajo de la mano de Ámbar que estaba preparada y lista para acariciarlo. No pudo resistirse y lo cogió en brazos acunándolo durante unos segundos. El pequeñín ronroneaba, sintiendo el vibrar de todo su cuerpo que conseguía reflejarle calma. Lo devolvió al suelo, recordándose que perder el tiempo no iba a ser la mejor opción—. Tengo que irme, cariño —susurró, pasando la palma de la mano por su lomo como preludio de una pronta despedida. O mejor dicho: un hasta luego. El animalillo le echó un vistazo viendo a su dueña desaparecer a toda prisa y luego regresó a su tarea de apurar el pequeño cuenco.



Ámbar revolvió su armario.

—¡Vamos! ¡Vamos! —se animó a sí misma, deseando ir más deprisa de lo que podía. Terminó de arreglarse. A su paso iba dejando todo revuelto como si se encontrara en unos grandes almacenes, en temporada de rebajas.

Cuando encontró lo que le pareció perfecto, metió la ropa del trabajo en otra bolsa para cambiarse cuando llegara a la tienda. Había una pequeña habitación para estos menesteres. Y para guardar los objetos personales.

Se dio la vuelta y encontrar todo patas arriba la hizo suspirar. Más tarde, se ocuparía de todo aquello.

Con dificultad, a trompicones y recogiendo a su paso lo necesario que debía de llevarse. Alcanzó hasta la puerta de salida, cogiendo en último lugar las llaves que reposaban sobre el mueble del recibidor.

No tardó en llegar hasta el negocio de la señora Mattew; un pequeño supermercado de barrio donde encontrar de todo un poco.

La saludó falta de aliento, después de tanto correr. Con los cabellos desgarbados y el aspecto acalorado.

—Cálmate preciosa. O te dará algo —comentó ella, risueña—. Se te saldrá el corazón del pecho si no te andas con cuidado —añadió, dedicándole un cariñoso guiño. Era una mujer atenta y de un corazón inmenso. Con ella, Ámbar se sentía a gusto. Tenía una manera de ser muy familiar.

—Creo que lo tengo controlado —comentó la joven, llevándose la mano al pecho—. Ese sigue aquí adentro, bien escondidito —ironizó, dibujando una media sonrisa burlona.

—Eso espero —respondió la señora Mattew, continuando con la broma.

Se marchó hasta el cuarto pequeño y se cambió de atuendo. No tardó en aparecer de nuevo afuera, observando todo el género que había llegado esa misma mañana, y que debía de colocar en su lugar, minuciosamente. Se puso a ello.

Recordó que su amiga Daria la había informado la tarde anterior de que había adquirido unas entradas para el próximo concierto de los «Electrocuted» y las comisuras de sus labios se elevaron repentinamente. ¡No podía perdérselo! ¡Y es que Seth le parecía tan increíblemente guapo!

Abie la sacó de sus pensamientos con una improvisada tontería.

—¿Pensando en tu novio?

La ironía la rozó de lleno.

—Algo así… —respondió Ámbar, apuntando la sátira en su tono de voz.

—¡Embustera! Tú no tienes novio.

—¡Y tú qué sabes! —la criticó—. Y…, por cierto…, ¿qué tal con Jeremy? ¿Ya lo devoraste como a ese delicioso helado de chocolate que te zampas cuando te encuentras deprimida? —comentó con socarronería.

Al principio, a Abie le costó reaccionar. Abrió los ojos exageradamente y luego soltó la lengua.

—¿Y a ti qué te importa?

—Lo mismo que pueda importarte mi vida personal —la regañó—. Además, ¿tengo que recordarte que empezaste tú?

El pique entre colegas hizo que reflejaran el enfado en sus caras. Sin embargo, era un enfado que no iba a durar más que tal vez media hora. Siempre habían tratado de llevarse bien, a pesar de cualquier diferencia que pudiera ponerlas en contra.

La señora Mattew las echó un vistazo desde detrás del mostrador, con una mueca de molestia. Había demasiado trabajo como para ir perdiendo el tiempo de aquel modo.

A la mente de Ámbar regresó de nuevo el momento en que su amiga Daria le mandó el mensaje, informándola de que ya tenían las entradas en su poder y suspiró, riendo un tanto nerviosa. Observando de reojo a Abie para que de nuevo no la descubriera. Desearía alcanzar un lugar privilegiado, cerca del escenario, de su ídolo. Tan cerca que, de estirar el brazo, pudiera incluso casi tocarlo. El imponente Seth conseguía que ella soñara despierta…

1 de Junio de 2018 a las 05:22 0 Reporte Insertar 0
Leer el siguiente capítulo Un extraño

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 16 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas