chamilu Camila Saldivia

Un profesor de literatura con una familia perfecta se enamora de una alumna diez años menor que él. Cuando la vida te pone entre la espada y la pared debes saber elegir, pero toda decisión tiene consecuencias.


Drama Sólo para mayores de 18.

#drama #amorprohibido
Cuento corto
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Ojos Avellana

No puedo creer que haya cometido semejante locura, por favor Dios perdóname, sé que he pecado, sé que he hecho todo mal, pero que le dices al corazón cuando no entiende de palabras, lo sé soy un hombre mayor, no soy para ella que jamás responderá a este fuego que llevo dentro a esto que me está matando y que matara a mi familia, a mi esposa y a mi querido hijo. Es que si la vieras; tan bella, tan delicada, con esa voz que me acaricia el alma, no puedo respirar cuando esta cerca. Dios es muy joven, es mi alumna, debe tener qué unos veintitrés años y yo… yo no soy más que un treintón que sueña con tocar su piel… y es que la primera vez que la vi tan joven, tan obstinada y delicada pensé que era una rareza de mujer... como pude atreverme a decirle lo hermosa que es, con qué cara la veré mañana. A veces me detesto.

No tuve el valor de siquiera articular palabra en la cena, Josefina mi mujer me mira extrañada sabe que éste no soy yo. Con angustia me pregunta si me sucede algo, y no soy capaz de verla a los ojos, le hago un gesto vago de que todo está bien y que simplemente estoy cansado. Antes de dormir le cuento una historia de piratas a Vicente mi pequeño hijo de cinco años; quien no se aburre de escucharla una y otra vez.

Este es mi tercer tazón de café, estoy tan nervioso… ¿y si fue donde el rector? ¡Rayos! ¿Qué se supone que le diga a mi familia?...

Se me resbala el maletín; mis manos no dejan de sudar. No puedo olvidar su cara de asombro cuando le dije lo que sentía, aunque no todo. Nunca me sentí así… tan perdido.

A paso firme, pero por dentro endeble, avanzo hacia mi mesa, el salón se ve un poco frio, comienzan a entrar todos mis estudiantes. Llevo Seis años dando clases de Literatura en esta universidad, jamás me sucedió algo así. Busco entre los estudiantes y no la veo… ¿Qué significa? Acaso ¿se marcho por mi culpa? No, no por favor…

Siento que la sangre momentáneamente sale de mi cuerpo, siento frio, para luego sentir el violento azote de adrenalina que llena cada poro de mi ser… está ahí atrasada tímida, sonriente, se ruboriza al verme y sin mayor demora se sienta muy atrás, lo que no es costumbre, y eso me rompe en mil pedazos. Al terminar la clase me despido de los estudiantes y me dirijo por mi ¿Qué será? Quinta taza de café, cuando escucho una voz suave detrás de mí con sutileza y femineidad –Profesor Ortega- volteo y sin aire la veo, es ella y el mundo parece detenerse entre los dos, somos solo ella y yo, y nuestros ojos que son testigos de esta atracción…

-Amelia… perdón señorita Bennett- me fallan las palabras.

-Perdón que le moleste. Verá me gustaría hablar con usted…

Parece perdida… como yo

-Claro, usted dirá- no quiero parecer frio pero estoy muy nervioso

Ella sonríe tímidamente dulcificando sus delicadas facciones,

Dios…

-Señor yo… me gustaría que fuera en privado, si no le molesta claro está.

Trago saliva

-Claro…-respondo casi en un suspiro

Esboza una tímida sonrisa y yo ya no puedo pensar…

Ya son las 18:00 hrs. Ya no me quedan uñas, es la segunda vez que me llenan el café en este lugar; parece agradable, acogedor diría, jamás había venido, no se encuentra muy cerca del campus y entiendo porque. La mesera vuelve para traerme un gran vaso con agua, siento como si mi garganta fuese un desierto. Y allí está en el umbral de la puerta de la cafetería un poco mojada por la lluvia que no ha dado tregua desde que me senté aquí. Me sonríe, la miro nervioso, no la quiero asustar. Dame fuerzas Señor.

Se sienta frente a mí, saca su abrigo largo de color gris y me mira…

-hola… perdóname yo no quise… perdón –no sé que más decirle.

-no tiene porque disculparse, por eso lo cité aquí… yo necesito saber si es verdad, eso lo que me dijo. Por favor le prometo no decir nada…

¿Qué se supone que haga ahora? ¿Le digo que me tiene cautivo de sus ojos? ¿Qué me duermo pensando en su sonrisa, en su cabello castaño, largo y rizado? ¿Qué me hechizo sin piedad, y sin hacer absolutamente nada? Dios ayúdame…

-Por favor Amelia, olvídalo

-¿Qué?- me interrumpe- ¿Qué lo olvide? Perdón pero no fui yo quien dijo que era hermosa, que rompía el limite imaginable de la perfección, que podría verme por horas sin dejar de suspirar... –hace una pausa para respirar, parece molesta –no me pida que lo olvide porque me parece imposible…

Oh no mi corazón desbocado saldrá de mí en rumbo desconocido, debo contestar algo, pero todo mi razonamiento ha abandonado mi cuerpo.

-Perdona… -quiero abrazarla.

-Solo dígame si es verdad, o estaba jugando conmigo… necesito saberlo. –parece triste, oh no.

-No Amelia jamás jugaría contigo, yo… yo dije la verdad. Escucha soy un hombre casado y tengo una familia hermosa, pero… -Josefina, Vicente perdón- …pero eso no me impide sentir esto que siento por ti, me nublas todos los sentidos, me dejas sin voz, cuando te tengo cerca siento hasta mis venas… pídeme que me aleje e incluso que deje la universidad, y lo haré, pero dime algo, por favor…

Ella me mira impasible, creo que quiere decir algo, pero se contiene, cierra los ojos; y yo dejo de respirar. Segundos que parecen eternidad, cuando abre esos grandes ojos avellana con largas y abundantes pestañas; me mira y sonríe tímida y perfecta.

-por favor se lo ruego no se vaya… es un profesor extraordinario, brillante y admirable, y bueno, yo… -se caya, o Dios.

-¿tú qué?

Ahogo un grito desesperado. ¡Respóndeme!

-Yo le quiero entregar esto –me entrega un cuaderno mediano, de color marrón oscuro, de aspecto misterioso, lo aprieta con fuerza hasta que tocan mis dedos.- por favor, tenga esto, es mi diario; léalo y cuando termine de hacerlo hablaremos. Le prometo no hablar de esto con nadie, por favor no se ofenda si no le respondo ahora. Allí encontrara todas las respuestas que necesita.

No puedo imaginar que contiene este diario, me asusta pensarlo, que querrá decirme; que me ama también, o que me aleje de ella. No quiero pensarlo.

-Está bien lo leeré pero por favor; quédate aquí, conmigo...

Se ruboriza y niega con la cabeza.

-Lo veo mañana…-toma su abrigo y se dirige hacia la puerta de la cafetería, abre el paraguas que dejo en la entrada; se voltea y sonríe fresca y animada. La veo alejarse, interrumpiendo mis pensamientos escucho sonar el celular, es mi esposa; preguntando donde estoy y si llego a casa a cenar.

La cena nuevamente se me hizo eterna, me dirijo al cuarto, mi esposa ya duerme tomo mi maletín e invadido por la curiosidad, ansiedad y desespero abro el diario y comienzo a leer, más bien a ver; son muchas páginas con dibujos que hablan por sí solo, soy yo…

Después de cada dibujo hay alguna frase –ya no puedo dormir pensando en este hombre literario- ¿Qué significa esto? Sigo leyendo -¿sabrá que existo? Y si lo sabe ¿sabrá que lo que siento?- ¡oh Dios mío! Ella me ama… sigo leyendo – Enrique Ortega, es el nombre de un caballero de alguna novela extremadamente romántica- esto es hermoso… -cuando me sonríe, siento como si me rescataran de la torre más alta del castillo, me siento segura- aún hay más, esto es maravilloso, celestial. –el me dijo que era hermosa, yo sentí que volví a nacer, esto es completamente prohibido, pero el corazón no sabe de razones…- hay algo mas una nota –lo espero en el puente junto al parque a dos cuadras del campus a las 14:30, le quiero.- cierro el diario con el corazón extasiado de amor, de felicidad y angustiado a la vez…

Al despertar el diario ya no estaba en el velador, oh no, por favor no te espantes.

-¿buscas algo MI AMOR? –guau… eso suena desafiante, oh no que no lo haya leído.

-emm… si un cuaderno de apuntes con el que me dormí anoche…

-claro lo deje en tu maletín Enrique.

Sonríe. Yo no sé si imitarle o llorar, opto por la primera opción.

-tu… ¿tu lo leíste? –le pregunto sonriendo intentando ocultar mi horror.

-No, claro está, es tu trabajo. Yo respeto eso.

Sonríe, pero no parece convencida. Decido irme a la universidad, tengo clases toda la mañana.

Estoy muy nervioso, me preparo y camino hasta mi auto.

Voy dirección al puente, creo que me dará un infarto ¿qué le diré cuando la vea? Ella me ama, ahora lo sé… todo esto es incierto y frustrante. Bajo del auto y allí está de espaldas a la ciudad, con la mirada perdida hacia el mar. Me detengo a observarla un momento; esta hermosa con ese abrigo rojo, botas negras de cuero y una bufanda que le va con el atuendo, lleva el cabello completamente a su ley y la suave brisa le obsequia caricias tiernas en sus rosadas mejillas y hacen que su cabello baile obligándola a ponerlo detrás de sus delicadas orejas. Necesito acariciarle el cabello, las mejillas y el alma.

Me acerco, y ella se percata de mi presencia y se voltea, nos miramos y solo llego a abrazarla cuando siento una mano en mi hombro… es mi esposa.

Con cautela la miro, tratando de desviar sus pensamientos intento hablar, y ella horrorizada levanta la mano y la arremete contra mi mejilla izquierda… ¡ella leyó el diario! por Dios que hice…

De sus mejillas corren las lágrimas más amargas que jamás le vi, es una buena mujer y yo la acabo de destruir. Ella retira su mano con rapidez y me dice calmada:

-Es ella o nosotros, escoge bien. – se voltea y se va, yo miro a Amelia quien me mira con dolor.

-Ve con ella… -me dice- tu familia ha de ser siempre lo primero.

Me siento morir…

-Perdóname, yo…

-lo sé, yo también…

Me sonríe con dolor, mucho dolor.

Le acaricio la mejilla y salgo detrás de mi esposa, cuando logro alcanzarla siento un gran golpe a mis espaldas, se me eriza la piel y me volteo. Junto con mi apenada esposa nos acercamos a la multitud al parecer un choque entre autos, pero no… ¡Dios mío no! Es ella…

No puedo respirar, es ella. Yace en el cemento frio, hermosa, en su mano mi maletín. Oh no… me lo iba a entregar y el destino cruel jugó con nosotros… es que acaso ¿he de pagar así mi pecado de amar?…

Corro con todas mis fuerzas hasta llegar hacia ella, entre sollozos que intento ahogar de la desesperación. Consigo caer junto a ella y la abrazo con todas mis fuerzas, con todo mi amor, como lo hice minutos atrás, pido ayuda y parece que el mundo se ha congelado; menos ella y yo. Veo a mi esposa detrás de mi pegada al teléfono, ¿será que llama a una ambulancia? Me mira horrorizada e inmensamente triste como si supiera el amor que siento por esta joven flor. Me vuelvo hacia Amelia y la acaricio; no puedo evitar dejar correr las amargas lagrimas por mis mejillas, le siento su piel suave, perfumada, aún esta tibia, sin un rasguño, realmente hermosa, su rostro va palideciendo resaltando aun mas su castaño cabello y su rojo abrigo. La miro, esta ya sin vida… como yo, se llevo con ella mi corazón y hasta mi último suspiro. 

14 de Enero de 2018 a las 07:10 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Camila Saldivia Del fin del mundo, austral y patagonica. adicta a la lectura clásica, algunas de ficción y best sellers. Escribo desde que tengo memoria. Mi mayor inspiración son mis sueños, cuando sueño puedo hacerlo en blanco y negro, puedo volar, en musical, etc. Con infinidad de historias, las que posteriormente entrelazo y las convierto en una. La noche es mi compañía, abre mi mente y todos mis sentidos, siempre escribo o leo escuchando un video de 8 horas de lluvia. <3

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