El Peor Amigo Del Hombre Seguir historia

stanger23 Martín B.

Unas vacaciones de familia en una cabina en las afueras de la ciudad nunca vienen mal, pero para nuestro protagonista vendrá lo peor que ni se pudo imaginar. Que está cometiendo estas atrocidades ?


Horror Sólo para mayores de 18. © Baychev

#horror #paranormal #terror #misterio #muerte #miedo #asesino #asesinatos #sangre #like #enfermo #perro #loco
Cuento corto
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El Peor Amigo Del Hombre

El verano de 1987, mi familia y yo decidimos tomarnos dos semanas de vacaciones en las afueras de Maine, un estado situado en la región Noreste de nuestro país. En esta zona, hace un mes, compré una cabina grande especialmente para ocasiones como esta, tomarse un tiempo de descanso y estar con la familia. Unos días antes, fui a  preparar la cabina para nuestra llegada posteriormente: compré una tele especialmente para los niños, quienes se pegaban a esta cada vez que empezaba su show favorito "Alf", este "extraterrestre" con aspecto físico parecido al del ser humano, rellené la nevera con comida suficiente para las dos semanas, puse una cama grande y otras dos más pequeñas para los niños, lo demás ya lo ofrecía la casa.
Sue y mis hijos, nada más ver la casa, les encantó, saltaron encima mío dándome las gracias y diciendo de que yo siempre he sido un gran marido y padre, cosa que me provocó una inmensa felicidad. Mike, el más pequeño decidió llevarse al loro, el cuál muchas veces no me dejaba trabajar en casa, debido a sus chillidos constantes, pero finalmente pensé en la felicidad de mi hijo y nos lo llevamos.
Los primeros días fueron muy divertidos entre familia, jugábamos juntos, íbamos a hacer deporte juntos e incluso hacíamos excursiones en el bosque cercano. Parecía que estas semanas serían una oportunidad maravillosa para descansar y pasárselo bien.
Una noche, decidimos abrir por completo las ventanas de nuestra habitación, debido a que esta noche hacía un calor insoportable, ahí fue cuando me desperté debido a un chillido fuerte y terrorífico que provenía del bosque, que teníamos al lado. Mi mujer ni se percató, debido a que ella siempre dormía profundamente. Yo me levanté de inmediato y me acerqué a la ventana para poder oír mejor, se seguían escuchando gritos como si fuera por ahí se cometía un asesinato o algo parecido, pero a mi me extrañaba, porque estábamos en una zona, dónde no vivía nadie. Los gritos pararon a los diez segundos y empecé a oír a alguien hablando en un idioma que no podía entender, pero sospechaba que era latín debido a que no paraba de escuchar la palabra "Post mortem", que significaba "después de la muerte", lo sabía debido a mi mujer, que era profesora de latín.
Al día siguiente, preferí no contarle a mi mujer lo sucedido, debido a que no quería asustarla y acabar con nuestras vacaciones, porque justo ahora las cosas parecían arreglarse entre nosotros. Decidí salir a investigar lo sucedido anoche en este bosque, me lleve conmigo mi pistola, la cuál tengo por seguridad, le dije a Sue de que iba a correr. Mientras más me acercaba, más me entraba un olor insoportable, el cuál no soy capaz de describir, debido a que era demasiado terrorífico para mi olfato. De repente escuché una cosa que me provocó escalofríos, escuché otra frase en latín que provenía de una voz muy aguda, pero esta vez no era capaz de entenderla entera, sólo pude capturar una de sus palabras, la cuál era "sacrificium", palabra la cuál todo el mundo puede entender. Cometí el fallo de acercarme más y me lleve uno de los peores sustos de mi vida, había un perro tumbado en el suelo encima de una especie de símbolo dibujado con sangre, el cuál yo no reconocía. El perro lloraba y emitía un sonido parecido a las personas, parecía que escuchabas llorar a una persona y no a un perro, era un perro de una raza que no conocía, tenía un color claro y era de un tamaño mediano. En este momento mi debilidad hacía los perros me hizo sentir pena por este animal y me lo lleve a casa, sin hacerme ninguna pregunta de lo que había visto antes, cosa que jamás debería de haber hecho...
Al llevarlo a casa, le dije a mi mujer de que lo había encontrado tirado por ahí, sin contarle los detalles escalofriantes. Los niños nada más verme, saltaron de la alegría, pensando de que había ido a comprarles un perro, cosa que para nada fue así. Al perro decidimos quedárnoslo e incluso le pusimos el nombre de Bob, el cuál escogieron los niños.
En los siguientes días, todo parecía normal, hasta que una noche tuve  una experiencia muy rara, no sabía si era un sueño o no, pero volví a escuchar este llanto que escuché en el bosque, cuando abrí los ojos y vi lo que pasaba, mi corazón se aceleró. Vi al perro sentado como una persona en una silla al rincón de la habitación, tapándose los ojos ,  y dando patadas con sus pies a la silla de madera, aparté la mirada por un segundo al escuchar una voz que provenía del pasillo y vi una cara completamente blanca, con ojos brillantes, que tenía la lengua sacada, mientras que gemía. Cuando encendí la luz para ver mejor, el perro , se destapó los ojos, los cuales se habían convertido en grandes y azules, me miró, me sonrió con unos dientes humanos completamente blancos, se levantó y vino hacía mí, mientras que del pasillo se escuchaba una risa. De repente cerré los ojos y él desapareció, ahí pensé de que todo era un sueño, cuando los abrí estaba bañado en mi sudor frío, debido a que estaba en shock, porque mi mente no podía procesar un perro con rasgos humanos, era una cosa impensable. Sue se despertó y al verme pálido, se asusto, se levantó rápidamente preguntándome lo que había pasado, le mentí, de que era una de esas pesadillas que siempre tenía con mi padre. Me pasé el día pensando en este supuesto sueño y buscando al perro, el cual había desaparecido misteriosamente, no sé había comido ni la comida que le dejamos. A la hora de la cena, abrí la nevera para buscar la botella de agua, la cual me la encontré completamente vacía, me chocó, porque sabía de que los niños tenían sus pequeñas botellas de Alf, de las cuales bebían, mientras que mi mujer y yo compartíamos la botella de dos litros. Le pregunté a mi mujer si se la había bebido, cosa que negó por completo, justo antes de tirarla, sentí un olor fuerte que provenía de dicha botella, ese olor era el mismo del bosque, me quedé completamente blanco y "paralizado". Me dí cuenta de que algo de verdad estaba pasando por aquí, por lo tanto, decidí pasar una última noche por aquí e irme por la mañana, debido a que hacía mal tiempo esta noche.
En la hora de dormir, volví a escuchar los mismos gritos terroríficos que llegaban a helar mi sangre, esta vez se oían de más cerca, venían del salón. Cogí mi pistola y cuando llegue al salón, me topé con algo que parecía sacado del infierno, me encontré al loro de Mike clavado con un cuchillo en la pared, con las alas totalmente estiradas, la cabeza arrancada, una cruz clavada en el hueco dónde iba su cabeza pequeña, su pequeño corazón sacado y clavado en el pico grande que tenía. Nada más ver esta escena, desperté a mi mujer a gritos, la escuché levantándose, fui a la habitación de Mike y Erik, y me encontré a mi pequeño Mike, tirado en el suelo, muerto, con los ojos sacados, con la piel de sus pequeños brazos arrancada mostrándose así la carne la cuál ya se la comían los gusanos, tenía todos los dedos de las manos y pies cortados y puestos en su pequeño cuerpo, formando una frase que siempre recordaré: "Bob ha estado aquí..."
Mi mujer entró y al ver lo que le había pasado a nuestro pequeño Mike, gritó como nunca lo había hecho, yo no podía seguir viéndolo, estaba a punto de derrumbarme, pero cogí a Erik, el cual se estaba despertando de nuestros gritos, le tapé los ojos y salimos corriendo de esta maldita cabina, dejando a nuestro ángel detrás...
Al salir de la cabina, nos dirigimos al coche, nos subimos y arrancamos, al dar marcha atrás no podía evitar mirar esta casa, de repente lo vi otra vez. Era el , este maldito "perro" era igual como lo había visto, estaba de pie bailando, me estaba sonriendo con estos dientes blancos propios de un ser humano, me guiñaba el ojo, mientras me saludaba con la mano diciéndome una frase que yo no entendí hasta más tarde: "Rojem Ogima", "Rojem Ogima". Mientras que salía fuera de esta zona, volví a ver la cara del pasillo, esta vez a través del retrovisor, estaba detrás mío, hasta que finalmente pasados los diez segundos desapareció y no la volví a ver jamás...
Ahora diez años más tarde, no lo he vuelto a ver, con mi familia abandonamos Maine y nos fuimos a vivir a Nueva York, por ahora todo va bien, no he tenido ningún ataque desde hace tiempo, aún sigo echando de menos a Mike. Sigo acordándome de esta cosa, cada vez que veo a un maldito perro por la calle, veo su cara, esos ojos bizcos y azules , no puedo evitarlo, pero lo seguiré intentando a no ser que no quiera acabar en un hospital mental...

11 de Diciembre de 2017 a las 23:05 0 Reporte Insertar 1
Fin

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Martín B. Si el ser humano se considera un animal... ¿Por qué está mal visto comérselo?

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