No es lo que parece... Seguir historia

Espontaneadelav Rocio DiLab

Una mujer poderosa con familia, una periodista que quiere ir más allá de la línea permitida por fotos, un romance secreto...


Romance Todo público. © No

#otra visión #obsesión #homosexualidad #venganza #periodismo #poder #lenguaje crudo #sexo #locuras
2
9517 VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

Puesta en escena

Rezaba interiormente para que inventaran algo que le permitiera multiplicarse para poder abarcar al final del día toda la inmensidad de cosas que debía, quería y deseaba hacer, pero mientras tanto allí estaba, en medio de su caótica oficina hablando por el móvil en manos libres mientras también usaba el teléfono fijo con el altavoz puesto. Estaba llegando por fin a un trato entre ambas partes, por el móvil hablaba el abogado de la otra parte y al fijo tenía a su defendido escuchando el trato para ver si por fin zanjaba el asunto consiguiendo ella una muy suculenta suma.

Al llegar a su casa aparcó en el garaje subterráneo su maravilloso coche rojo de alta gama y con unos pies que parecían de plomo se encaminó con su maletín de cuero hacia el ascensor. Mientras subía, no pudo dejar de observarse en el espejo, tenía unas ojeras terribles que, en breve, el maquillaje ya no camuflaría. Pero seguía siendo tremendamente atractiva, era alta, tenía un pelo liso castaño casi siempre atado en un recogido profesional para ocasionar buena impresión a sus clientes en el bufete de abogados, no tenía mucho pecho, pero si el vientre plano y un buen culo, lo más destacable de ella aparte de sus ojos verdes y sus labios carnosos sugerentes eran sus largas y estilizadas piernas conseguidas a base de no dejar de moverse con tacones por la vida y unas sesiones agotadoras de gimnasio mañanero.

Al abrirse las puertas del ascensor llegó a la gran sala de estar, con sillones cómodos grandes de cuero negro que la llamaban e invitaban a que se sentara en ellos. Su marido estaba allí sentado con muchas revistas a su alrededor. Al verla llegar le sonrió y se sentó junto a ella abrazándola y dándole un beso cálido y apasionado.

· ¿Cómo te ha ido en el trabajo mi vida? – le preguntó siempre muy atento.

· Pues bien, por fin conseguí cerrar el trato así que ya estoy libre de trabajo importante hasta la semana que viene. ¿Y tú amor? ¿Cómo está Alba?

Así comenzaron la típica charla de por las noches, la niña estaba ya acostada durmiendo y había pasado un buen día en el colegio como solía ocurrir a la edad de cinco años, la tarde se la había pasado con su padre. Su marido se había pasado la mañana en un rodaje de publicidad, del cual él era el protagonista, y estaba muy indignado con los periodistas que cada vez eran más osados, ya que lo habían fotografiado a él y a la niña mientras daban un paseo por el parque a pesar de las negativas de él.

Cenaron juntos de una manera romántica como todas las noches bromeando de manera picante, divertida y descarada como solían hacer entre ellos y después de un baño juntos donde se dieron masajes mutuamente, acabaron en la cama haciendo el amor apasionadamente y finalmente durmieron.

Morgana no podía evitar sonreír por la mañana, observaba a Marco, su apuesto marido y pensaba en la suerte que tenía. Él medía un metro noventa, era un hombre fuerte y tenía un cuerpazo escultural fruto de horas y horas de machaque en el gimnasio. Era actor de profesión y había protagonizado muchas películas de gran éxito y campañas publicitarias, se le notaba que disfrutaba de ello y que el público lo amaba y ¿Quién no? Con esa sonrisa brillante que te hacía sonreír nada más en pensar en ella, ese pelo corto rubio y esos ojazos azules como el mar, alegres y muy sensuales.

Eran las seis de la mañana y Morgana ya estaba preparada para una sesión intensiva de deporte matutino en el mejor gimnasio de la ciudad, que daba la casualidad de que estaba dos calles más arriba de su casa. Durante el trayecto se sintió varias veces extraña, como si en la lejanía la observaran, pero después de girarse alrededor de tres veces para comprobar que nadie la seguía, achacó esa sensación a la paranoia de “famoso perseguido” que tenía su marido.

Dentro del gimnasio mientras corría en la cinta con los auriculares puestos notaba la mirada de aprobación de su entrenador personal, al cual ella cariñosamente llamaba Jefe. Estaba bastante orgullosa de su forma física, conseguida en poco tiempo gracias a una dieta equilibrada y unos ejercicios específicos y no podía negar que ese día se había levantado con bastante buen humor, así que se presionó un poco más por puro placer.

En las duchas el agua casi hirviendo le quitó la tensión y se sintió muy a gusto, pero algo la inquietaba y seguía teniendo encima esa sensación de que la estaban observando.

· ¿Hola? – preguntó con voz confiada.

El eco le devolvió su respuesta, y había visto demasiadas películas como para saber cuántas maneras había de morir en un baño de gimnasio cuando se estaba sola, como para aventurarse a comprobar si alguien se había escondido allí. Así que se vistió en cuanto pudo y se dirigió corriendo al mostrador de recepción donde se encontraban aparte del recepcionista, los entrenadores.

Pasaron dos días más y esa sensación la acompañaba a todos lados, salvo cuando entraba en su segura casa, que parecía un búnker debido al obsesionado de su marido, pero en aquellos momentos lo agradecía con toda el alma.

Ése día en concreto entró al gimnasio con ganas de evadirse de todo haciendo ejercicio intenso. Así que se pasó corriendo en las cintas junto a una chica que parecía nueva allí las dos horas. Al acabar se sintió mucho mejor y también algo sorprendida, ya que la chica que estaba a su lado acabó al mismo tiempo que ella y al parecer con menos signos de fatiga. El gimnasio a esas horas solía tener una media de veinte personas entrenando, ya que era temprano. Pensó que a lo mejor la chica había cambiado simplemente de horario. Mientras se secaba el sudor con una toalla y bebía un poco de bebida isotónica la chica se puso en frente de ella y con una sonrisa le dijo:

· Hola, me llamo Alira. ¿Qué tal? ¿Has llegado a tu meta marcada para hoy?

Morgana sonrió y le tendió la mano.

· Me llamo Morgana y sí, estoy muy satisfecha hoy con los resultados ¿Tú?

Y ese fue el inicio de una conversación que la llevó a descubrir que esa chica alta, pelirroja y sexy se llamaba Alira y era fotógrafa. La duda que le surgió mientras se duchaba era que cómo una fotógrafa podía permitirse la inscripción a ese gimnasio. No le dio muchas vueltas, la chica era muy amable, simpática y solo había mostrado curiosidad por ella. Y llegados a este punto, volvió a cagarse en todo y en sus paranoias. Salió de la ducha envuelta en una toalla blanca, con el pelo aun chorreando y vio que en el banco de enfrente de la ducha estaba Alira, ya vestida y preparada para marcharse. Llevaba un atuendo muy rockero, pantalones negros rotos por diversos sitios, unos botines con tacón y hebillas plateadas enormes, una camiseta negra con una calavera descolorida que según intuyó dejaba un hombro por fuera y una chupa de cuero negro desgastada.

Un par de chicas pasaron por delante de ellas ya cambiadas y preparadas para enfrentarse a sus diversas rutinas diarias.

Alira se levantó pausadamente y mirando a Morgana sonriendo dijo:

· Bueno, yo ya me marcho, espero que todo te vaya bien – se acercaba cada vez más mientras hablaba.- Solo quería darte las gracias – dicho esto se apartó el pelo rojo fuego rizado y rebelde hacia un lado.

· Gracias ¿Por qué? – Preguntó Morgana mientras se le hacía un nudo en la garganta, no le gustaban aquellas proximidades, pero aun así amable le sonrió

· Yo me entiendo.- dijo sonriendo Alira.

Pero ahí no acabó la cosa, Alira cogió su enorme mochila de gimnasio negra y dio dos pasos encaminándose hacia la puerta, pero se paró, se dio la vuelta con una sonrisa pícara.

· Por cierto – dijo avanzando rápidamente hacia Morgana, le sujetó la nuca y la cintura mientras Morgana retrocedía impresionada, pero tarde, porque la besó de lleno en los labios.- Me gusta como hueles.

Y dicho esto la soltó como si no hubiera pasado nada. Morgana paralizada vio como Alira se marchaba y cerraba la puerta. No sabía cómo la demás gente reaccionaba en aquellas circunstancias y allí se encontraba, pensando simplemente que Alira tenía los labios muy suaves, de hecho, eran los más suaves que ella hubiera besado nunca. Y frustrada escuchaba las conversaciones de las otras chicas que estaban en la ducha, las cuáles, no se habían percatado de nada.

Morgana sabía que pensar demasiado las cosas no traía nunca nada bueno consigo, así que dejó de analizar ese vuelco que le dio el estómago al verse sorprendida y lo achacó precisamente eso, al hecho de no esperarse un beso de una chica a la cual justo acababa de conocer. Salió ya vestida y aseada del baño, con un color sonrosado en las mejillas y se dirigió como siempre al mostrador. Allí estaban sólo su entrenador y el recepcionista que la miraban con cara de preocupación.

· ¿Qué pasa jefe? Tienes cara de pocos amigos, como si me hubiera dado un atracón de chocolate en plena dieta – Bromeó intentando animar a su entrenador.

· Morgana, ven conmigo a mi despacho privado por favor, hay un tema grabe del que tengo que hablarte.

Morgana no perdió un segundo y se dirigió directamente a donde él le había indicado usando como máscara su cara de abogada seria.

· Morgan, te han estado siguiendo y sacando fotos sin tu consentimiento, hemos pillado hoy a esa persona aquí y hemos revisado todo su arsenal, hay fotos tuyas, de la niña, de tu bello mozo, de tu coche, el de Marco, de tu casa por fuera…

Morgana tomó aire y lo soltó por la boca lentamente tratando de serenarse, pero no podía. Tendría que darle la razón al paranoico de su marido en cuanto se enterara de todo.

· Yo he notado que me observaban durante estos días jefe, pero no lo había comentado con nadie, ya sabes cómo es Marco, no quiero que las paranoias le vayan a más.- comentó un poco atacada por los nervios. – ¿Dónde está quien me perseguía?

El entrenador la abrazó mientras las lágrimas le bajaban por el rostro.

· Está en el despacho de Juan, pero Morgan te juro como Agustín que me llamo, que ahora está todo bien ¿Vale? Ya sabes que puedes contar con este culito de acero para lo que quieras.

· Muchas Gracias Jefe.

Salieron del despacho justo cuando entraron dos policías guiados por el recepcionista al despacho de al lado. Allí solo se les oía a ellos, el sonido de las esposas y a uno de los agentes diciéndole en voz alta los derechos al detenido.

Cuál sería la sorpresa de Morgana cuando entre los dos agentes quien salió esposada, con cara de suficiencia, chula y prepotente era Alira, la muchacha que descaradamente había hablado con ella y la había besado.

Justo cuando pasaba a su lado, Alira fue consciente de la presencia de Morgana y sin más le dedicó una sonrisa radiante y le dijo:

· Nos veremos pronto preciosa. – acompañando la frase con un guiño de ojo.

4 de Diciembre de 2017 a las 22:45 0 Reporte Insertar 1
Leer el siguiente capítulo Otra visión

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 4 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión