g--jeon G. Jeon

Ashanti tiene que remediar su vida y su permanencia en su empleo como columnista en la época más difícil del año, “Navidad”. No tiene idea de cómo lograr que su revista obtenga el tan esperado premio con un artículo mágico e inigualable. Presa del pánico, se resguarda en el interior de su casa, aguardando la derrota; la misma no llega, ya que su halo de esperanza emerge como su madre. Una carta con un precio… La gota de su sangre. Siete Reyes. Siete enigmáticos seres que están dispuestos a confesar su verdad. Ashanti, ¿Me recuerdas?


Fantasía Fantasía urbana Todo público.
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Tienes una semana”.

<< Necesito una historia que emocione, pero tiene que contener el misterio típico que siempre parece rodearte a donde quiera que vayas, la competencia se ha puesto ruda y no quiero perder en los Magazine Award. ¡Ten una linda navidad, nos vemos en la mañana del 25!>>

Me alejo de la contestadora con mi tazón de café con leche y malvavisco, Camila ha inundado mi casilla de mensajes con el mismo audio, aun no domina esa parte de la tecnología.

Observo por la ventana la nieve caer, el cielo permanece uniforme con ese tono gris dominante, hasta parpadear me provoca un desgaste innecesario de fuerza, la noche anterior en la fiesta de la oficina no pude resistirme a olvidar mi desastre amoroso entre pasos musicales y algunos brebajes alcohólicos.

Presiono mi mano contra la esquina izquierda de mi cabeza, como duele.

No me termino mi desayuno, observo de soslayo mi compañera de redacciones.

La semana pasada le compre una funda peluda que me pareció una pasada, no posee ninguna función, pero es increíble a la hora de lucirme mientras subo las escaleras directo a mi cubículo.

Perla se estira, ya es momento de cambiar de posición, son las nueve y su nalga derecha se le adormeció, ignora mi presencia, estira sus piernas y se lame sus patas antes de volverse a sumir en los brazos de Morfeo.

Resoplo ante la tarea titánica que me impuso Cami, estoy a menos de una semana, creo que otra vez se saltó los días al dictarme el nuevo pedido.

No le prestó atención a mi reflejo, incluso el espejo se compadece de mí. Mi look cero atención y pijama de unicornio son la elección predilecta de mi estado de ánimo.

Dejo correr la llamada, y el contestador se deja escuchar:

—¡Cariño! ¿No vendrás para navidad? Tu casa de jengibre aguarda tu decoración, recuerda que el año pasado se me endureció…—

Cojo el teléfono y me desplomo como saco de papa en medio del sofá, interrumpo el sueño de Perla, me dedica un segundo y regresa a su rutina de reparación.

—Mamá— cierro los ojos ante el aluvión de cariño que siempre me otorga su voz.

—¡Mi amor! ¿Estás bien? Mamá te echa de menos— solloza al otro lado de la línea.

—No llores, no puedo abrazarte— busco calmarla.

—Bunny, estas en pijama ¿verdad? — sonríe con ese toque mágico que tiene.

—En serio, ¿En otra vida no fuiste bruja? —

—Pequeña, eso es un secreto— imita un susurro pésimo, debido a su nueva dentadura.

—Tienes tantos que podría escribir sobre ti— resoplo al recordar la tarea colosal.

—Camila, esa niña, ¡Deja que hable con su madre!— se enfada.

—¡Mamá! — me rio.

—Te envié una encomienda con algunos adornos para navidad—

—¿Me vigilas? — estiro el cuello en busca de los cctv.

—Soy mágica— presume con ese tinte misterioso.

—Te enviare una foto —

—¿Necesitas inspiración? —

—¿Tienes alguna idea bajo la manga? —

—Busca en el altillo de tu departamento—

—¿Escondiste en mi altillo alguno de tus misterios? —

—Solo uno, es pequeño, pero tienes que tomarte el tiempo para leerlo— me advierte mientras la oigo revolver algo al otro lado.

—¿Me dejaste cartas? —

—Son mucho más que eso…

—¿Qué enigma estás tejiendo mamá? — me enderezo y desplazo hacia la puerta que esconde el altillo.

—Nada que no te haya contado antes— sonríe.

—Espera…—. Suplico que aguarde y escalo con cuidado los peldaños desgastados de madera, no recuerdan cuando fue la última vez que transitaron por un mantenimiento, incluso no recuerdo el color inicial de la barandilla, su descascarado tono me da un indicio de coral.

Camino ante el constante ruido crujiente de las tablas, se quejan por mis kilos de más.

—Creo que estas llegando— susurra con ese toque de diversión pendiendo de sus labios.

Asiento, aunque no pueda verme.

Las cajas de la mudanza aún permanecen en su sitio, sábanas blancas esconden los sofás, artículos antiguos de papá, y algunos juguetes que Santa me trajo de lo que años después descubrí que eran de colección.

La ventana en forma de reloj, deja ingresar a través de los minuteros, rayos débiles de luz, adornan la tapa tallada de madera caoba, un cierre con candado oxidado mantiene todo cubierto.

—Mamá, tiene un cerrojo— me quejo desanimada.

—La llave la llevas colgada del cuello, cariño—

Tanteo mi clavícula, el frio acero se ciñe sobre mi garganta, la diminuta llave permanece apoyada en el interior de mi hueso.

—Mamá, esto es…

—¿Mágico? — sonríe.

Me la quito con cuidado y la introduzco en la cerradura.

—¿Esto será como en las películas en donde una luz cegadora permanece por un largo rato para encontrarme luego con un tesoro legendario? —

—Tesoro legendario sí, pero la luz, a menos que prendas una linterna, imposible—

Extiendo la tapa… tan solo una carta, una solitaria carta amarillenta, me recibe.

—Mamá, ¿Cómo voy a obtener una historia mágica y de navidad tan solo con esto? — giro en reiteradas ocasiones el sobre en mi mano, intento disfrazar mi decepción.

—Haz lo que dice, y estaré esperando ansiosa tu historia. Te amo— cuelga sin al menos permitirme decirle que también la amo.

Arrastro una silla de terciopelo, la misma que utilizo para redactar y a la luz de la circunferencia natural abro la carta.

El sello me sorprende demasiado, son siete símbolos: Un Muérdago, una Esquirla, un Trineo, un Copo de Nieve, una Estrella, un Regalo, un Pino.

—Las insignias de navidad…— susurro al silencio, al parecer también está muy interesado en el contenido de la carta.

Desabrocho el sello y contemplo un fragmento corto, casi como una invitación:

Little princes: ¿Deseas conocer nuestra historia?

Una ofrenda de sangre es lo único que necesitamos…

Al fondo de la escasa redacción, un circulo bordeado con una fina línea dorada.

—¿Sangre? —

8 de Junio de 2022 a las 13:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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