u16542086191654208619 Pedro Bazó

En diciembre de 1999 ocurrió que, en algunos estados de Venezuela, principalmente en el estado Vargas, la furia de la naturaleza se cobró la vida de miles de personas. Esta historia se sitúa, en la urbanización Los Corales, y se cuenta como un grupo de personas logró sobrevivir a la furia del río San Julián entre los días 15 y 16 de diciembre de 1999.


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Brindis de fin de año

Antes de comenzar este relato, es necesario ubicarnos en el tiempo y en el espacio. Nos encontramos en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, son tiempos decembrinos del año 1999.En el Departamento de Investigación de Operaciones y Computación, que es en donde trabajo como preparador de programación.

Algunos profesores y compañeros piensan, en un ambiente lleno de mucha confusión, que el 14 de diciembre será posiblemente nuestro último día en democracia, mientras otros creen que se aproximan cambios muy beneficiosos para el país, pues, al siguiente se celebrará un referéndum consultivo, que podría poner provocar grandes cambios, unos dicen que bueno, otros que malos, pero, al fin y al cabo, grandes cambios.

Por tal motivo, el martes, 14 de diciembre festejaremos a lo grande, botaremos la casa por la ventana, será una fecha icónica, con la cual se definirá un antes y un después, por lo que será nuestra fecha para la celebración de fin de año, fin de la Venezuela que conocemos.

El miércoles 15 de diciembre de 1999 a las 03:40 AM aproximadamente, después de haber festejado hasta el cansancio con mis amigos y compañeros de la Universidad Central de Venezuela, mi alma máter, en Caracas, con motivo de la fiesta de fin de año del Departamento de Investigación de Operaciones y Computación, me dirigí a mi casa en Los Corales (Caraballeda, Estado Vargas) en mi Toyota Corolla año 87.

Comenzando la autopista Caracas - La Guaira, una neblina fuerte y densa, envuelve casi por completo mi automóvil, dejándome poca visibilidad, por lo que tengo que conducir con extrema precaución. Mi corazón empieza a latir un poco más rápido de lo normal.

A las 03:50 AM aproximadamente, al culminar el recorrido por la autopista, puedo apreciar un ambiente húmedo y desolado, como queriendo romper a llover de un momento a otro. Un silencio total y aterrador reina por las vías que tránsito, me siento como único dueño de las calles, no veo casi ningún vehículo en circulación. A los minutos, ya comienzo a relajarme, siento que todo está despejado y bajo control.

A las 04:00 AM aproximadamente, repentinamente comienza a llover con mucha fuerza a la altura de Camurí Chico, como si de un gigantesco balde de agua se tratara, observo con preocupación como el cerro a mi derecha comienza a ceder y a tapiar la vía. Puedo ver por mi retrovisor como más de dos vehículos comienzan a ser tragados por el fango, por lo que sin pensarlo mucho tomo el canal contrario, tocando corneta y haciendo cambio de luces desesperadamente, rogando a Dios que los vehículos que podrían aparecer en dirección opuesta no me impactaran.

Podía apreciar claramente como se deslizaban las capas de tierra del montículo a mi derecha, que iban cubriendo la vía que hace unos pocos instantes acababa de pasar, y también como otros vehículos no tendrían la misma suerte que la mía de no quedar atrapados por el deslave.

Luego de atravesar el sector de Camurí Chico, observo que la vía del Palmar Este a Los Corales está convertida en una gran laguna. No dejo de acelerar en ningún momento para evitar que entrara agua por el tubo de escape de mi auto.

Nunca en mi vida me había costado tanto llegar a casa, pero ni por mi mente me pasaba que sería aún más difícil salir.

A las 04:30 AM aproximadamente, al fin logro bajarme de mi carro, pensé por un momento en besar el piso, pero a los pocos instantes desistí. Procuro entrar con el mayor silencio posible, casi que, en cuclillas, para evitar despertar a mis padres. Navego un poco por internet procurando enterarme de algo relacionado con lo acabado de vivir y así aprovecho de pasar el susto, y ¡que susto!, luego de unos minutos me acuesto sin imaginarme que sería esta la última vez que dormiría en mi cuarto.

A las 12:30 PM aproximadamente, luego de lograr descansar unas siete horas, me levanto de mi cama con toda mi calma, olvidándome por completo de lo vivido hace unas pocas horas. Seguidamente me doy un buen baño y me preparo algo de comer, que no sé si llamar desayuno o almuerzo. Finalmente, como todo venezolano, con fe en la moribunda constitución, voy a votar, para luego pasar lo que queda del día viendo el noticiero con información relacionada con el referéndum, en paralelo con la información referente a los deslaves que se estaban presentando en distintas partes de la Gran Caracas, y muy en especial en el estado Vargas, pero todos estos derrumbes para mí eran como muy lejanos, desgracia que, a mi juicio, otros tendrían que lidiar, ¿pero yo?, ni remotamente.

Muchos dirigentes del país, no solamente políticos, claman al gobierno por la suspensión del referéndum, para aplicar un plan de evacuación en los sectores de alto riesgo, pero la respuesta obtenida no fue otra que: "¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca!".

Son como las 10:30 PM, el día ha pasado volando, me disponía hacer arreglos en mi horario de sueño, para evitar convertirme en un ser noctámbulo, pero al cerrar la puerta de la cocina de mi casa, me pareció escuchar el sonido de mi viejo y conocido río San Julián un poco fuera de lo común, acompañado de un peculiar olor, algo extraño y difícil de describir, pero aventurándome un poco diría que era algo así como una mezcla de grama, madera y tierra con un gran toque de agua. Algo despertó mi atención, pues no me parecía normal el comportamiento de mi muy cercano río, por lo que decidí cambiar de planes y salir a observarlo más de cerca.

A medida que me acerco hacia mi viejo amigo, el río San Julián, se escucha un traqueto de piedras bastante fuerte, y al llegar al borde, quedé totalmente impresionado al apreciar el caudal y la velocidad con que arrastraba todo tipo de objetos, verdaderamente impactante, tanto, que me regresé a la casa a notificarle a mi padre sobre el nuevo aspecto imponente y aterrador de nuestro querido río.

Si bien la velocidad y el nivel del río, a escasos metros, por no decir centímetros, para el desbordamiento, infundían cierto temor, la verdad es que me parecía un espectáculo único y digno de admirar, por lo que me quedé, junto a muchos de mis vecinos, que salieron de sus casas por razones similares a la mía.

Embebidos tanto yo, como mis vecinos en este fenómeno natural y único, se nos fueron como dos horas casi sin darnos cuenta, todos impresionados de como el río arrastraba piedras de tamaños descomunales, y árboles gigantescos. Árboles provenientes, muy seguramente de lo más alto del cerro Ávila, ya el deslave había comenzado, y mis vecinos y yo no nos habíamos enterado, ... ¡qué peligro!

Pensando aún, inocentemente, que todo esto no era más que un simple, permítanme expresarlo en criollo, palo de agua, que se estaba tomando atribuciones un poco fuera de lo normal, me atreví a pronunciar bromas como esta: - "Ese río del carrizo se va a desbordar y nos vamos a morir todos", pero como dije, eran sólo bromas, ni por un segundo pensé que realmente estábamos a escasos momentos de uno de los desastres naturales más grandes en la historia de nuestro país.

Como realmente no entendía lo que, de hecho, ya estaba ocurriendo, pues el deslave ya había comenzado, mi ignorancia me hacía pensar que en caso de un desbordamiento del río San Julián, lo más que podría ocurrir era que nuestras casas se llenaran de agua y listo, luego poner a secar todo, borrón y cuenta nueva.

2 de Junio de 2022 a las 22:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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