luisda-gueru Luisda Gueru

Despreciadas y hechadas a un lado por los habitantes del valle, las tres mujeres que habitan en la cueva pueden ser la salvación de aquellos a quienes se les está apagando la luz de la vida.


Cuento Todo público.

#hechicera #brujas #Bruja
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Medicina

La mujer de hermosos churos rojos que apenas respiraba y estaba recostada sobre un viejo camastro de cabrestos y arropada con pieles, era la mayor de las tres brujas, el otro respirar que se escuchaba era el de su familiar, una enorme rana verde con verrugas naranjas palpitantes, que resguardaba a la casi inmóvil figura con sus enormes ojos blancos como lunas.


La húmeda cueva de techo abovedado que se alzaba a más de cinco metros de alto sobre el áspero suelo de piedra, estaría en tinieblas si no fuera por las pobres llamas de dos velas, una sobre una larga mesa de madera junto a un montón de hierbas, cuencos, y recipientes con diversos polvos y raíces, la otra moribunda vela, en un candelabro de plata con la forma de un lobo aullando, estaba sobre una mesita junto a la cabeza de la enferma mujer.


La quietud de la oscura oquedad fue rota por un repentino haz de luz de sol, como si alguien abriera una gruesa cortina negra, encargada de sostener el mundo exterior alejado de la tranquila salamanca, era una mujer de largas piernas y negro vestido que al sol parecía una cascada de aguas tan oscuras como la obsidiana.


- Ya está hermanita, solo un poco más hasta que hierva - decía mientras se acercaba a la mesa y machacaba una raíz roja que había traído de fuera. - mírate, te pareces ya a las brujas de los cuentos de esos zopencos y petulantes habitantes del valle, por favor despierta ya.


Mientras la mujer morena, se movía con la gracia de un gato por la cueva machacando y mezclando polvos y hierbas en una negra olla de hierro que hizo flotar sobre un fuego que se prendió de la nada, otra delgada figura con cabellos alborotados como la copa de un árbol y dorados como el sol, se asomó por entre la cortina de tinieblas que las ocultaba del mundo de afuera, cargaba un enorme bulto más grande que sí misma, con la facilidad que alguien carga una pequeña perdiz.


- Mira ñaña, otra vez el mismo chanchito de culo gordo, ésta vez te vió y se metió, el muy infeliz. - dijo la delgada bruja arrojando al rechoncho muchacho sobre el suelo junto a la mesa.


- Chanchito? Entonces lo vamos a convertir en eso? - prosiguió la mujer de cabellos negros, apuntando a las narices de la asustada criatura con una varita, mientras dibujaba una enorme sonrisa en su hermoso rostro.


- O mejor se lo damos de comer a nuestra hermana a ver si así despierta - dijo la de pelos alborotados sentándose al lado de la mujer de rizos rojos y acariciando sus cabellos con sus largos dedos.


El pobre hombrecillo, que hacía rato se había meado encima, no dejaba de llorar a mocos y babas mientras suplicaba que no lo conviertan en una alimaña, ni que se lo comieran, sino que lo ayudacen.


- Por favor, mi prometida está por morir, ha estado enferma una semana y no ha probado bocado en cinco días. -suplicaba el asustado muchacho que al ver a la mujer recostada se calló de golpe y se acercó gateando al camastro. - Se parece a ella, tiene el mismo color de piel y su rostro...


La temblorosa voz del aterrado joven fue interrumpida por un chillido que hizo temblar la cueva.


- NO TE ACERQUES A ELLA!! - Gritó la delgada bruja rubia a la luz mortecina de las velas - con una cara deforme y cabellos que se movían descontrolados, haciendo que el hombrecillo cayera al suelo.


- No seas así Ildi, ahora tendrás que limpiar.


- Solo quería asustarlo un poco, no pensé que el muy cobarde se iba a mear otra vez. Además hombrecito, que es lo que has dicho sobre tu chica? Está enferma y se parece a nuestra Cerveny?


- Si...yo he venido por eso, mi Maya lleva una semana postrada en cama, no ha probado bocado en cuatro días y hierve en fiebre, el médico no sabe que hacer y el cura ya ha ido a darle la extrema unción. Pero a pesar de lo que me han dicho mis amigos y familia, ustedes son las únicas que me pueden ayudar, mi abuelita, que en paz descanse, me contó sobre las tres mujeres de la cueva, "más viejas que yo, pero en la flor de su juventud; tejedoras de la vida y la muerte" así decía cuando me contaba historias para dormir.


Después de burlarse largo y tendido sobre la paupérrima ciencia del médico y las estafas del cura, las dos brujas pasaron un rato más deliberando sobre si conocían o no a la difunta abuelita, y decidieron que no iban a transformar al hombrecillo en una alimaña, ni se lo iban a dar de comer a su enferma hermana o al sapo gigante.


- Has venido por amor, lo cual respetamos y entendemos. - dijo con una suave voz la hechicera morena, mientras vertía en un vial el líquido rojo que estaban preparando.


- Pero recuerda tu deuda hombrecito, cuando tú y tu Maya estén marchitos verán nuestra juventud nuevamente. - replicó la bruja rubia mientras lo echaba de su cueva y arrojaba la medicina a los pies del muchacho.

22 de Mayo de 2022 a las 20:20 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Luisda Gueru I'm David Guevara born between mountains, volcanoes and jungles; and a lover of the mystic aspect of my land, and if you let me I will share forgotten stories with you. Soy David Guevara, nací entre montañas y selvas; soy un apasionado del aspecto más mítico de mi tierra y lo compartiré con ustedes.

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