coral-ruiz Shanti Coral

Liz y los gatos del parque están acostumbrados los unos a los otros, pues comparten ese espacio especial, así como su noctambulismo, sin embargo esta armonía se viene abajo cuando la chica descubre algo que ningún humano había sabido antes, ¿A dónde van los gatos cuando salen de casa?


Cuento Todo público.

#trotamundos #misterio #gatos
Cuento corto
0
141 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

El secreto de los gatos

Liz era una de esas personas que terminaban la jornada laboral al mismo tiempo que el sol, de modo que siempre salía cuando el cielo estaba obscuro. Tenía su encanto, esto de pasearse por la noche, el mundo parecía redibujarse, en especial le gustaba merodear por los parques aledaños a las oficinas en las que trabajaba, la zona era de gente acomodada y las suaves luces de las farolas le daban un aire de sueño lúcido a las aceras y los pastizales. los velos de novia, bajo el amparo de la sombra, florecían sus diminutas y hermosas flores blancas, y la brisa fresca le acariciaba los negros cabellos. Siempre se tomaba un minuto para sentarse y deleitarse en aquel lugar hasta entrado el rato, después tomaba su bolsa y se iba a la parada del tren. Naturalmente muchas cosas le había tocado presenciar a Liz en aquel parque, puesto que pasaba mucho tiempo en él, ya comenzaba a confiarse en la imposibilidad de ser sorprendida, hasta aquella noche sin luna.

Había salido de una tarde de trabajo especialmente demandante, la pobre mujer estiró las piernas, y al tomar asiento notó como un calor extenuado le recorría las extremidades, no le faltaban ganas de sacarse los tacones. En esas andaba cuando de pronto se fijó en que, allá, al fondo, comenzaban a juntarse un par de gatos, al principio no le dio importancia al asunto, no era extraño que se instalaran por los alrededores, tanto Liz como ellos se habían acostumbrado los unos a los otros, sin embargo, pasados los minutos se constató que esta ocasión algo pasaba, porque los mininos no paraban de llegar, el tumulto había crecido tanto que seguramente alcanzaban la docena. Insegura y curiosa, Liz se quedó muy quieta, hasta que prácticamente se fundió junto a la banca y se dispuso a averiguar de qué se trataba todo eso, en el máximo silencio inclinó la cabeza para escuchar mejor aquella algarabía que se traían, pero aquellos murmullos… no eran ronroneos, menos maullidos, eran… eran… ¡Palabras!, casi se fue de espaldas al comprobarlo con frenesí una y otra vez, ¡Palabras!, ¡Los gatos estaban hablando! Asustada se agazapó sobre sí misma, y pálida, inerme, se quedó escuchando lo que decían.

— ¿Qué mundos has visitado hoy michita? — preguntó un siamés a otro gato tremendamente peludo.

— ¡Yo he visitado un mundo en el que las estrellas nunca se morían!, no existen allí las supernovas, ¡y parece que el sol brillara todo el día! — respondió este

— Ho, que desafortunado…siendo que somos nocturnos nosotros los trotamundos, nosotros los gatos—

— Pues yo— clamó con orgullo un pequeño minino pinto —he visitado un mundo en el que toda el agua cantaba, la de los mares, los ríos, ¡Hasta la de la lluvia! —

—Pues yo he visitado un mundo que parece cubierto por polvo de luna todo el tiempo, y sus dunas brillan azuladas en medio de las tinieblas — Les dijo un gato muy gordo y blanco.

Así duraron charlando unos con otros, contándose como eran los mundos que habían visitado, unos eran de suelos muy calientes, abrasadores como el fuego, y nada crecía en ellos, en otros, las nubes eran de diferentes colores, e incluso había mundos que carecían de animales, y por tanto, de humanos, que al fin y al cabo eran la misma cosa. Liz casi se había olvidado de su desconcierto, pues escuchaba fascinada las historias de los gatos, cundo repentinamente todos se callaron, adoptando es reverencia felina que solo posee su especie.

—¡Abran paso a la trotamundos más hábil de todas!, ¡Abran paso a la reina! — Se escuchó que clamaban unos pocos, una hermosa gata, grande y de lustroso pelo azabache se contorneaba al caminar, mientras que todos le iban abriendo camino, al llegar ella al centro de aquella multitud todos los que poseyeran cascabeles se pusieron a tañerlos, y con voz de miel, más hermosa que la que Liz hubiera oído nunca, ella comenzó a cantar. Cada estrofa hablaba de distintos lugares, en los que, supo Liz, ninguno de los gatos sus cortesanos, habían estado nuca, pues era mucha la admiración con la que le escuchaban.

Cantó sobre la morada de la muerte, que era en los confines de los mundos, cantó también sobre el paradero secreto del arcoíris, pues ella sabía a donde se iba cuando nadie lo veía, cantó sobre un lugar en el que ninguna flor se marchitaba y ningún botón se abría, y sobre las profundidades de océanos insospechados, ya estaba por acabar el verso final, cuando, conmovida, Liz dejó caer su bolso por accidente. El silencio, espeso y pesante duró apenas unos segundos, seguido de un griterío atroz.

—¡Hai no Hai no!, ¡Se ha descubierto el secreto de los gatos! — exclamaban todos tirándose de las orejas y agitando las colas —¡Nos arrastran a los laboratorios!, ¡Nos obligaran a chillar los secretos de los mundos!, ¡Hay que pena! —

Solo la reina de los gatos se quedó erguida dignamente, mientras que le dedicaba una mirada asombrada a Liz, quien se había quedado congelada a medio recoger la bolsa, el gato blanco y gordo que antes había hablado gritó golpeado el suelo con las patas —¡Orden!, ¡Orden frente a la reina! —

Les costó su tiempo, pero poco a poco la comitiva recuperó la calma, merodeando inquietos de un lado a otro, Liz, que seguía en la misma posición le dedicó una torpe mirada a la reina, y, una vez que el silencio se recobró, balbuceó —Perdonen todos, no era mi intención…¡Yo jamás les haría daño!— no obstante supo desde antes de terminar que la frase sería inútil.

—No se quien eres mujer, no se nada sobre ti, salvo que eres humana, y a ellos igual les da destruir mundos— Sentenció la gata. —Entenderás nuestras reservas, pero no podemos dejar así las cosas —

—¿Y cómo arreglarlo? —preguntó el gatito moteado.

—¡Ya sé!, yo conozco un mundo en donde todo esta dormido, los árboles, la tierra y los cielos, ¡Llevémonosla allí para que en ese lugar se quede! —propuso alguien desde atrás.

—¡No, no!, yo conozco unas plantas de color violáceo que crecen en uno de los mundos, y hace perder para siempre el habla a quien las come, ¡Hagámosela comer! —

—¡No, no!, yo conozco un lugar con un río que hace olvidar a quien se baña en él, ¡Hagámosla meterse! —

Liz estaba considerando correr muy rápido de allí cuando de pronto escuchó una opción que la detuvo en seco. —¡No, no!, yo llevo conmigo un remedio de árboles tan viejos como el tiempo, uno que ayuda a trasmutar el alma, ¿Y si la volvemos una de nosotros? — La mujer bien pudo haberse ido, pero luego pensó en todos esos mundos, y en esas canciones, y en lo bello de los pelajes de todos los mininos, supo que su decisión estaba tomada desde el primer momento en que había pisado el parque.

—¿Y tu que opinas?, ¿Quisieras ser mi cortesana? — preguntó la reina. Al día siguiente había una silla bacía en la oficina, y una hermosa gata de cabello oscuro en el parque.

21 de Mayo de 2022 a las 23:40 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Fin

Conoce al autor

Shanti Coral ¡Hola!, mi nombre es Coral, amante de las letras, estoy aprendiendo a viajar por diversos mundos mediante ellas y espero que los disfrutes tanto como yo, y gracias por los que tu escribas, por cierto.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~