ro-fischer Rocío Fischer

Una chica aparentemente normal se ve involucrada en el mundo de los vampiros, hombres lobos y brujas cuando intenta escapar de quienes la persiguen.


Cuento Todo público.

#romance #sobrenatural #vampiros
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Conociendo la oscuridad

Corrí. Corrí como nunca lo había hecho. Como si mi vida dependiera de ello, y de hecho sí, así era. Mi vida dependía de ello. Corrí hasta encontrar una iglesia abandonada. Abrí las descuidadas puertas y las cerré con fuerza. Miré a todos lados buscando si había alguien allí. Nadie. Estaba sola...O al menos eso era lo que yo creía. Tocaron mi hombro y di un salto de miedo acompañado de un leve grito.

―¿Quién sos? ―Preguntó el hombre parado frente a ella.

―Pensé que estaba sola.

―Eso no contesta mi pregunta, ¿qué hacés acá?

―Perdón, yo solo...Estaba escapando, alguien me corría.

―Pero si no hay nadie, esto está abandonado.

―Lo había, no estoy loca -Respondí, intentando no ponerme a la defensiva.

―Llevo un largo tiempo acá como para saber si hay o no alguien y puedo asegurarte que era solo yo, hasta que apareciste ―Contestó. Parecía algo molesto.

―Ya te lo dije, alguien me perseguía. No quiero molestarte, solo intentaba escapar.

―Podés quedarte por esta noche, pero mañana temprano ya no podrás estar acá ―Sentenció, con firmeza.

―¿Perdón? ¿Acaso sos el dueño de esta iglesia? ¿Tengo que pedirte algún permiso para quedarme? ―Indignada, expresé mis pensamientos.

Se mantuvo callado unos segundos.

―Estoy diciendo que mañana temprano abre la iglesia y ya no seremos bienvenidos.

―Pero si está abandonada.

―Te sorprendería saber cuánta gente viene a parar acá.

No contesté nada, miré por las ventanas si alguien me vigilaba pero no, al parecer era solo yo y el misterioso hombre de la iglesia abandonada...pero habitable por la mañana. Estaba segura de que me perseguían, no sabía quién pero así era. Me alejé de las ventanas y me acosté en los bancos. Solo tenía mi abrigo y nunca había dormido en una iglesia, pero todo indicaba que así sería mi noche.

―Tomá, para que no tengas frío ―Se acercó y me dio una de sus frazadas.

―Gracias ―Me tomó por sorpresa pero le agradecí, estaba siendo gentil y debía serlo yo también.

Volví a recostarme, esta vez más abrigada, pero sabiendo que no iba a poder pegar un ojo en toda la noche. Hola a mi insomnio de todas las noches, no te extrañaba en lo absoluto.

Las horas pasaron y a pesar del mal pronóstico, sí había podido dormir unas horas. El sol me dio en la cara despertándome, aunque no fue el único.

―Hey, ya amaneció. Hay que irse ―Tocó mi brazo para que me terminara de despertar.

―Sí, ya voy. Gracias ―Contesté algo dormida todavía.

¿A dónde iría? No tenía ni la más remota idea. Nunca tuve la necesidad de escapar, ¿qué se hace en estos casos? ¿Seguir huyendo por siempre? No creía que esa fuera mi vida. Definitivamente no lo era hasta hace unos días atrás.

―Vamos, hay que movernos.

―¿Puedo hacer una pregunta?

―Ya la hiciste.

―Bueno, otra entonces.

―Habla.

―¿A dónde vas a ir ahora?

―No es de tu incumbencia.

―Qué grosero, solo preguntaba.

―Ni te conozco, y si en verdad no estás loca, prefiero no relacionarme con gente que es perseguida. Sin ofender.

―Eso de sin ofender lo dicen justo después de ofender a alguien. Da igual, era solo una pregunta. Y no, no estoy loca. Me perseguían.

―Lo lamento, es la verdad. ¿Se puede saber quién te perseguía?

―No es de tu incumbencia.

―Okay, bien jugado. Lo entiendo, no me concierne. Me retiro ―Saludó con la cabeza y desapareció.

―Bien, estoy sola. ¿A dónde mierda voy?

Estaba sola, asustada y sin tener donde ir. El escenario ideal para una película de terror. Y cuanto las odiaba. Salí de la iglesia y caminé, no sé cuánto fue pero lo sentí como una eternidad. Encontré una casa, más bien parecía un castillo. De noche debía dar mucho miedo por lo rústica y antigua que parecía, pero de día no estaba tan mal. Había unas rejas negras y detrás lo que parecía ser una mansión extraña como las de Harry Potter. Un auto estaba saliendo y mi primer impulso fue querer entrar para sentirme protegida, no sabía con qué me encontraría pero de alguna forma parecía hospitalaria. Es decir, por muy creepy que pareciera, vida ahí dentro había. De ahí a saber qué clase de vida había era otra cosa. Pero no tenía donde ir, no sabía qué hacer.

No me acerqué pero tampoco me alejé. La persona dentro del auto me vio. Se acercó y vi como el portón se cerró detrás mí. El corazón me latía fuerte, no sabía con qué me encontraría.

―Disculpame, ¿necesitás ayuda?―Un hombre de tez morena me habló con voz tranquila.

―Hola, sí. Estoy...algo perdida, de hecho no tengo donde ir.

¿Qué se supone que iba a decirle? "Hola, me persigue alguien que no sé quién es y tampoco por qué lo hace. ¿Me puedo quedar en su castillo encantado?" Eso lo iba a espantar y me iba a quedar en la calle de nuevo.

―¿Cuál es su nombre?

¿Por qué de repente todo el mundo quiere saber cómo me llamo? Al menos era amable.

―Emily. ¿Conoce algún lugar donde me pueda hospedar?

No dice nada pero señala con la cabeza la mansión.

―Venga conmigo, la llevaré con el director.

¿Director? ¿Qué es esto? ¿Un colegio? Ahí entendí por qué me daba miedo, odiaba los colegios. Quizá era un internado, lo cual era mucho peor. Estudiar, comer y dormir en el mismo lugar. Qué horror. Me repetí a mí misma que no tenía otra opción así que acepté sin más. Subí al auto y el moreno retrocedió, tocó el timbre de las rejas y estas se volvieron a abrir, dándonos paso hacia el interior.

Bajamos del auto y me indicó por donde debíamos ir, yo lo seguí. Por dentro era un muy lindo lugar, habían varios chicos y chicas leyendo, conversando entre ellos y otros observándonos. Incómodo. No podía creer que me había metido a un internado, pero ahí estaba.

Caminamos un poco por dentro de las instalaciones hasta que llegamos a una puerta de madera que decía "Director Jonathan Wells". Bueno, al menos sabía el nombre de alguien. Dos golpecitos suaves se escucharon en ella y el acceso aprobado desde adentro también. Entramos.

―¿Qué pasó, Robbie?

―Perdón, John. Sé que me estaba yendo pero me encontré a esta señorita perdida en la puerta. Quería que la vieras.

―Bueno, la estoy viendo pero creo que va a necesitar más que eso.

―Vamos John, sabés a qué me refiero.

―Lo sé, lo sé. Solo estaba bromeando un poco.

El morocho suspiró. Yo estaba quieta y callada, no sabía qué decir.

―Bueno, mi nombre es Jonathan Wells. Soy el director de esta escuela, ¿en qué puedo ayudarte?

―Un gusto, señor Wells. Mi nombre es Emily. Estoy buscando un lugar para quedarme a dormir, no sabía que esto era una escuela. Perdón, creo que va a ser mejor que me vaya ―Giré en dirección a la puerta y cuando estaba por agarrar el picaporte me contestó.

―Sí, somos una escuela. Pero los alumnos se quedan a comer y dormir acá también. Así que no veo el problema en que te quedes.

―Entonces sí es un internado.

―Digamos que sí, pero los padres los visitan cada dos fines de semana.

―Bueno, no creo que ese sea mi caso ―Murmuré echándole un vistazo a la habitación.

―¿Cómo dijo?

―Eh, nada. Que muchas gracias por dejarme quedar. En serio.

―Ahora Robbie te va a mostrar tu cuarto y las instalaciones para que te acomodes.

―Muchas gracias, señor director ―Sonreí mostrando mi agradecimiento.

Por el momento, estaba solucionado el tema de donde dormir. Ahora me preguntaba con qué plata iba a pagar esta escuela, no se veía para nada económica. Supongo que ya me las arreglaré de alguna forma.

Robbie hizo de guía turístico y me mostró los lugares más recorridos y utilizados por los alumnos, entre ellos destacaban la biblioteca y los dormitorios. También tenían una sala de cine donde probablemente veían películas como las de Crepúsculo, a juzgar por el aspecto del lugar. No me malinterpreten, era lindo a su manera. Rústico y todo de madera, pero un tanto escalofriante si te lo ponías a ver con detenimiento. Daba esa vibra por momentos. Pero no me estaba quejando, era lo mejor que había conseguido y parecían buenas personas. Es decir, ¿qué clase de gente acepta a una desconocida que aparece de la nada en un colegio de ricos? Solo los buenos. El tour terminó y Robbie se retiró.

―Bueno, eso es todo. Si me necesitás estaré en mi oficina de allá por cualquier cosa ―Señaló con el dedo a la puerta de en frente donde estábamos.

―Muchas gracias, Robbie. ―Sonreí y me acerqué a la biblioteca.

Había muchos libros, yo estaba fascinada. Era una gran fan de la lectura, leí diferentes tipos de libros. Desde suspenso y aventuras, hasta romance sobrenatural. Debo decir que este último era mi género favorito, me encantaba todo lo sobrenatural. Y sí, por si se preguntaban, en su momento fui una gran fan de Crepúsculo. Me quedé mirando los de The Vampire Diaries, la serie era mi favorita de todos los tiempos. La edición era vieja pero estaba muy bien cuidada y eso me parecía genial. Cuando me di la vuelta para irme me choqué con alguien. Bien, recién aparecía y ya andaba haciendo papelones. Clásico de Emily. Me sorprendí al ver a la persona. Era nada más y nada menos que el chico de la iglesia. ¿Qué hacía ahí? Bueno, supuse que lo mismo que yo. Buscar refugio.

―Mirá a quien me vengo a encontrar.

―Lo mismo digo.

―¿No había otro lugar donde pudieras quedarte?

―¿Cuál es tu problema? ¿Qué fue lo que te hice para que no me soportes?

―Ninguno, y no hiciste nada. Solo es...instinto de supervivencia.

―Te aviso que soy completamente inofensiva, no voy a hacerte ningún daño.

―No creo que lo hagas, no podrías.

―Okay, como digas. Permiso.

Genial, ahora tendré que convivir con él y verlo pasar por los pasillos. Agh, qué mala suerte. Caminé en dirección a mi habitación, pero parece ser que me perdí porque terminé en la oficina del director. Me paré en la puerta y sin querer escuché parte de su conversación con Robbie, les reconocí las voces.

―Es un peligro que esté acá.

―¿Qué querías que hiciera? No podía dejarla en la calle. Además vos la trajiste.

―Sí, porque pensé que era como los otros. No que era una simple mortal.

―Estaba escapando de alguien, estoy seguro. Dijo que estaba buscando un lugar para dormir, claramente no tiene donde ir. No podemos abandonarla a su suerte. Nosotros no somos así.

―Entiendo lo que decís. De verdad lo hago, pero con los rumores recientes no podemos exponernos. Ella no puede saber nada de esta escuela y los estudiantes hasta que descubramos qué es.

―Estoy de acuerdo pero no podemos echarla así sin más. Habrá que ver qué es y ahí tomaremos una decisión.

No entendía nada pero podía asegurar que hablaban de mí, vaya primera impresión di. No llevo ni un día acá y ya me quieren echar. Pero si yo no hice nada. ¿A dónde iría? No tengo lugar donde escapar. Además, ¿descubrir qué soy? Soy una persona, qué pregunta más tonta. ¿Qué son los alumnos? ¿Acaso no son estudiantes ricos? No lo entiendo. ¿Qué es eso de los rumores? No tenía idea a qué se referían, pero empezaba a sentir que había algo turbio escondido en esta escuela y lo iba a averiguar, sin dudas. Una figura femenina me sacó de mis pensamientos.

―Hola, mi nombre es Jessica. Soy la hija del director Wells. ¿Cómo es tu nombre?

―Hola, un gusto Jessica. Emily es mi nombre.

―Igualmente. Vine a darte la bienvenida a nuestra escuela. Supongo que ya te dieron el paseo de recorrida, ¿no?

―Muchas gracias. Sí, de hecho lo hizo Robbie.

―Entonces solo me quedaría mostrarte los grupos, acompáñame.

―Muy bien, vamos―sonreí y la seguí hacia donde ella caminaba mientras me mostraba los distintos grupos de estudiantes.

―Allá están los que se la pasan en la biblioteca, por allá los que deambulan siempre por estos pasillos y allí los que conversan siempre pero entre ellos. No te preocupes, algunos somos amigables ―señaló a cada grupito y por último me ofreció una dulce sonrisa.

―Entendido, gracias. ¿Y vos en qué grupo estás?

―Eso es complicado porque mi ex, que por cierto es el diablo personificado, estaba en el grupo de los «reservados» que solo hablan entre ellos, pero yo suelo ser de las que están en la biblioteca y las que deambulan por los pasillos. Siempre hago de guía para los nuevos. Me gusta ayudar a mi papá con eso.

―Qué bien, me parece genial.

―Vení, te los voy a presentar.

Fuimos hacia el tumulto de personas y me presentó a cada alumno de los diferentes grupos. Estaban los de primer año, segundo, tercero, cuarto y quinto año. Algunos parecían agradables, solo esperaba no encontrarme con el chico de la iglesia. Llegamos al último y este estaba de espaldas a nosotras. Jessica tocó su hombro y adivinen qué, era la única persona con la que no quería encontrarme, el de la iglesia abandonada. Rodeé los ojos y miré hacia otro lado.

―Él es Christopher.

Él movió la cabeza en gesto de saludo. Seco, sin expresión alguna. Casi como una momia, podría decirse.

―Ya nos conocemos ―murmuré con algo de molestia en mi tono de voz.

―Oh, bueno. Entonces ya terminé mi trabajo acá. Nos vemos, Emily. Cualquier cosa sabés donde buscarme.

―Gracias, sí. Nos vemos.

Qué incómodo. Me había quedado sola con este tipo otra vez, estaba tan nerviosa que no sabía para dónde ir. Di un suspiro y me di media vuelta para irme hacia cualquier otro lado, pero un brazo sujetó el mío.

―Quedate.

No dije nada y lo fulminé con la mirada.

―Tranquila, no voy a hacerte nada.

―¿Qué querés?

―Presentarme, creo que empezamos con el pie izquierdo y me gustaría dar una mejor impresión.

―Nada va a superar a la primera.

―Okay, lo lamento. Solo que no acostumbraba a ver gente allí.

―Y yo no acostumbraba a tener que vivir escapando pero ¿adiviná qué? Es lo que me tocó.

Estiró su mano esperando que la estrechara. Eché un bufido y al ver que él no la retiraba la apreté suavemente, no tenía más ganas de pelear.

―Tregua ―dijo él mirándome a la cara.

―Bien ―respondí y me fui.

Uf, demasiado intenso para ser el primer día. Fui a la cocina a prepararme un café y sentí una mirada en mi espalda. No otra vez, no ese sentimiento de persecución. Se supone que acá me sentiría protegida. Era otro chico, no lo conocía.

―Hola, ¿sos nueva no?

―Hola, sí. Me llamo Emily, ¿vos?

―Sebastian. Encantado ―tomó mi mano y la besó.

Bueno, había caballeros acá. Ya me estaba sintiendo un poco más cómoda. Le sonreí tímidamente, no era buena relacionándome con hombres.

―Igualmente ―sonreí nuevamente.

―¿Qué te trae a la Wells Academy? ―preguntó, curioso.

―Eh, mis padres dijeron que sería bueno que dejara de estudiar en casa y saliera al mundo real.

Ya sé, es mentira. Pero podría ser cierto. Aparece un chico guapo, bien vestido, amable. ¿Qué le iba a decir? «Vine acá porque me estaban persiguiendo, estoy escapando básicamente» Imposible, lo ahuyentaría de inmediato.

―Suena razonable.

―Supongo, ¿y a vos?

―Mis padres se querían deshacer de mí y me mandaron acá.

―Oh, lamento eso.

―No lo lamentes, estoy mejor acá que en mi casa.

―Ah, bueno. Qué pena igual, pero me alegra que te sientas a gusto.

―Espero que vos también te sientas igual. Es una gran escuela. ¿Cuáles son tus habilidades?

―Hey, parece que ya estás haciendo amigos, Emily.

El director Wells apareció de la nada.

―Necesito hablar con Sebastian un momento.

―No hay problema, yo voy hacia la habitación y después vengo. Un gusto ―sonreí y me devolvió la sonrisa. Era encantador, tenía algo misterioso que me atrapaba. Ellos se alejaron y yo caminé hacia mi habitación, quería escuchar lo que decían y si hablaban de mí. Vi que se fueron hacia la oficina del señor Wells y en vez de ir hacia mi cuarto me quedé ahí escuchando su conversación. Sabía que estaba mal, pero estaba intrigada.

―Sebastian, quiero que te encargues de contarles a todos que ella no es como todos ustedes. ¿Me entendés?

―Perfectamente, pero ¿y si alguien le dice algo? ¿Cómo va a lograr que todos no le pregunten?

―Ese es parte de tu trabajo y el de mi hija Jessica. Nadie puede saber la verdad de esta escuela, mucho menos ella. ¿Quedó claro?

―Clarísimo, cuente conmigo.

¿Qué es lo que no tengo que saber? ¿Qué esconden acá? ¿En qué soy diferente a ellos? Dios, tengo tantas preguntas. Fui a la cocina por mi café que ya estaba helado y lo tiré. Volví a hacerme otro y me lo llevé a mi habitación. Todo iba relativamente normal hasta que me encuentro con Christopher en la puerta.

―¿No te cansás de perseguirme? ―pregunté, un tanto molesta.

―¿Que no teníamos una tregua?

―Cierto, pero ¿qué hacés acá?

―Justo iba a hacerte la misma pregunta.

―No entiendo. ¿Qué hacés en mi habitación?

―Nuestra habitación querrás decir.

―¿De qué estás hablando?

―Nos asignaron la misma, parece que la vamos a tener que compartir.

―Tenés que estar jodiéndome.

―No puedo hablar más en serio ―dijo tirándose en su cama.

―Pero, debe haber un error. No puede ser.

Mi tono de voz ya era otro, estaba empezando a enojarme. Iba a ir directo a hablar con el señor Wells. No quería compartir la habitación con él, agh.

―Llegamos casi al mismo tiempo, debe ser por eso que nos pusieron juntos.

―Pero yo no quiero estar con vos.

―Wow, no voy a molestarte. Vos en tu lugar, yo en el mío. Podemos convivir en paz los dos.

―¿No entendés que no quiero?

―Bueno, mejor que te hagas a la idea porque otra opción no te queda.

Suspiré y fui decidida a hablar con el director, seguro entendería que hubo un problema y lo solucionaríamos. Salí hecha una furia de la habitación y cuando llegué a su despacho toqué la puerta. Se escuchó el «adelante» y entré.

―Emily, ¿qué te trae por acá? ¿Ya te acomodaste?

―Hola, señor Wells. Estaba acomodándome hasta que me di cuenta que voy a compartir habitación con un chico, seguramente hay un error.

―¿Qué chico?

―Christopher.

―Ah no, no hay ningún problema. Ya no tenía donde asignarlos y no quería dejarlos en la calle. ¿Algo está mal con él?

―Es que...Nada, no importa.

El director me quedó mirando, como esperando que siguiera hablando, pero yo no dije ni una palabra más respecto a eso. Era inútil, no iba a servir de nada.

―Lamento haberlo molestado, señor Wells.

―Acá estoy si necesitás algo, Emily.

Le sonreí, me di la vuelta y cerré la puerta detrás mí. No quería ir a mi cuarto, así que me quedé ahí en el pasillo pensando. No sé en qué momento apareció Sebastian y me invitó un café.

―Realmente necesitaba este café, gracias por la invitación.

―Es un placer, Emily.

Le sonreí.

―Realmente tenés una sonrisa muy hermosa.

Me sonrojé.

―Digo lo mismo de vos.

No sé cómo me animé a decir eso pero es que en serio era encantador. Me sonrió, hizo un gesto de agradecimiento y se alejó. Me quedé tomando el café en su tercer intento.

Las horas pasaron y no me había dado cuenta que ya era de noche. No tenía hambre y la realidad era que yo solo quería dormir. Esta noche iba a ser mejor ya que tenía una cama cómoda donde hacerlo. Agh, me acordé que iba a dormir con ese tal Christopher. Qué mal me cae. No me importa que haya dicho que hacíamos una tregua, no lo tolero y encima tengo que compartir habitación con él. En cambio, Sebastian era tan lindo y caballero. En fin, no iba a tener la suerte de compartir cuarto con él. Fui a mi habitación y mi compañero no estaba, qué bien. Me acosté y me quedé dormida a los pocos segundos, realmente estaba cansada.

Me desperté agitada, había tenido una pesadilla. Recordaba que me perseguían, me veía corriendo. La iglesia. Christopher. Todo apareció en mi mente ni bien me dormí. Miré a mi costado y mi compañero no estaba. Me levanté y fui a la cocina por leche tibia, decían que eso ayudaba a dormir mejor. Pero lo que vi me quitó el sueño por completo. Era Sebastian. Tenía la boca llena de sangre. Sostenía a una mujer. No supe cómo reaccionar, no sabía si me había vuelto loca y estaba teniendo una alucinación. Me quedé quieta. Él me vio y su cara cambió de repente. Soltó a la chica y la dejó caer al piso. Me persiguió y me llamó por mi nombre.

―Emily. Esto no es lo que vos pensás.

Yo corría, otra vez me encontraba corriendo en mi supuesto lugar seguro. De nuevo en peligro. ¿Cómo es que los vampiros realmente existen? Me gustaban las historias de amor sobrenatural pero eso era porque era todo ficción y nada era real. ¿Se supone que todo era cierto? ¿Existen también los hombres lobos? ¿Las brujas? Estaba aterrada, no sabía para donde correr.

―Emily, por favor.

Corrió y en segundos estaba frente a mí. Cierto, había olvidado la supervelocidad de los vampiros.

―Sos un vampiro. Y de los malos.

―Yo...puedo explicarlo.

―A ver, dame una explicación coherente y razonable de por qué estabas mordiendo el cuello de esa chica.

―Tenés razón, no puedo explicarlo.

―¿En serio? ¿Ni una excusa mediocre?

―¿Qué querés que diga? Ya te diste cuenta de todo.

―Okay, me debo haber vuelto loca porque esto no puede ser real. Es una pesadilla, sigo soñando. Pellizcame.

―No puedo hacer eso.

―Ah, no podés pellizcarme pero comerte el cuello de una chica sí podés.

―Cuando lo decís así suena peor de lo que es.

―¿PEOR? MORDISTE A UNA CHICA Y LA DEJASTE EN EL PISO DESANGRÁNDOSE.

―En primer lugar: Ella está bien, me fijé que siguiera consciente. Y en segundo lugar: Soy un vampiro, eso es lo que hacemos.

―Que yo sepa algunos vampiros se alimentan de sangre animal porque no quieren lastimar a las personas.

Se rió.

―¿Qué es lo gracioso?

―Es que sos tan...inocente. En el mundo real ya no quedan de esos, los vampiros queremos sangre real, de la fuente, no de animal y rancia.

―¿Me vas a morder a mí también?

―Aunque no niego que eso me gustaría, no quisiera hacerte ningún daño.

―¿Te gustaría morderme? ―pregunté, asombrada.

―Me gustaría hacerte más que eso.

Quedé en shock con su declaración. Después de lo que había visto no sabía cómo procesarlo todo.

―Yo...No sé qué decir. Esto es una locura, no puede ser cierto. Me habré golpeado la cabeza con algo y estoy teniendo alucinaciones, eso es.

―Esto es real, esto es lo que soy. Pero no me tengas miedo, no te lastimaría.

―¿Por qué no lo harías? Sos un vampiro.

―Porque me atraés. Hay algo en vos que me gusta.

―Okay, esto es el colmo. Me voy de acá.

―Sé que sentís lo mismo que yo, y puede que esto que pasó te haya nublado el juicio pero sé que a vos también te pasa algo conmigo.

―¿Qué? Estás...Estás demente, en serio. Yo...Me tengo que ir lo más rápido posible de acá. No puedo seguir más tiempo.

―Lamento decirte que no vas a poder. Este lugar tiene un hechizo que impide que cruces por esa puerta. Voy a llamar al director Wells.

―Por favor no me hagas nada, por favor ―empecé a suplicar, estaba muerta de miedo. No quería morir.

―Tranquila, no voy a hacerte nada. Ya te lo dije.

En cuestión de segundos se fue y volvió con el señor Wells. Sebastian estaba tranquilo, pero el director tenía cara de preocupación. ¿Esto era lo que me ocultaban?

¿Esto era lo que no podía saber? Tienen chupasangres jóvenes en su escuela de ricos.

―Emily, sé que lo que viste pudo ser traumático y realmente lo lamento. No quería que nada de esto pasara, te pido disculpas.

―¿Traumático? Obvio que lo fue. Le estaba absorviendo toda la sangre, yo solo bajé por un maldito vaso de leche tibia y me encontré con esto.

―Era obvio que esto iba a pasar en algún momento, solo no pensé que fuera tan pronto. Perdón, Emily.

―¿O sea que usted sabe que los vampiros existen y protege y alberga a esta clase de personas? Es que no puedo creerlo.

―Hay algo que no te contamos y es que esta escuela es para lo sobrenatural. Todos acá son vampiros, brujas, hombres lobos. Les damos hogar, educación y les enseñamos a controlar sus poderes e impulsos.

―Entonces deberían chequear lo que están haciendo porque no les está yendo muy bien.

―Ya hablaré con Sebastian y tendrá su castigo. En mi escuela no permitimos estas cosas y él ya lo sabe ―miró a Sebastian con seriedad y un tanto decepcionado.

―Creo que me voy a desmayar.

―Sebastian, traé agua.

―Tarde.

Me desmayé. En cuanto abrí los ojos no recordé nada de los minutos que estuve desmayada, pero me acordaba todo lo que había pasado anteriormente. Aunque mi mente quería creer que todo había sido una pesadilla o producto de mi dañado subconsciente, la realidad era que no. Todo era cierto, los flashes venían poco a poco junto a las imágenes de lo sucedido. Había una cosa que era real: Lo sobrenatural existe. Los vampiros, los hombres lobos y las brujas conviven con nosotros estando camuflados como personas comunes y corrientes, pero no lo son. No lo son en lo absoluto. Me puse a pensar cuando yo fascinada por las historias sobrenaturales, imaginaba si realmente existieron en algún momento. Siempre había tenido la duda, pero pensaba que eran solo locuras mías. Resultó que no lo eran.

―¿Estás bien? ―preguntó Sebastian.

―¿Cómo te sentís? ―cuestionó el señor Wells.

―Me acuerdo de todo, es una pena para ustedes. Pero estoy mejor del desmayo.

Ambos se miraron las caras. Parecían pensativos.

―Bueno, habrá que llamar a Christopher.

―¿Qué? ¿Por qué? No, no quiero.

Mi indignación era cada vez peor. ¿Para qué tenían que llamarlo? ¿No era suficiente con ver a mi crush comiéndose el cuello de una mujer?

―No tiene sentido, yo puedo hacerlo ―comentó Sebastian.

―Después de lo que hiciste yo creo que deberías mantenerte al márgen de todo esto ―respondió severo el director Wells.

Sebastian rodó los ojos y no dijo más nada. Se fue y volvió con Christopher. Me preguntaba qué era él. Hasta ahora lo veía normal, pero si estaba ahí claramente no lo era.

―No sé si Sebastian te contó pero Emily sabe todo, descubrió la verdad de esta escuela y de ustedes. Necesito que le borres los recuerdos de este día.

―¿QUÉ? NI LO SUEÑEN, A MÍ NO ME VAN A BORRAR NADA. NO ME TOQUEN.

―Es peligroso que lo sepas. Para nosotros y para vos. Tenemos enemigos y ellos pueden ir por vos para llegar a nosotros ―confesó Wells, tratando de sonar lo más convincente posible.

Pensé por unos segundos, ya me estaban persiguiendo quién sabe quién. No quería que me siguieran más personas. Así que acepté.

―Está bien.

―Muy bien. Christopher, ya sabés qué hacer.

―Vas a olvidar todo lo que viste hoy, todo lo que conocés acerca de lo sobrenatural. Los vampiros, hombres lobos y brujas no existen. Nada de eso es real. Ahora vas a armar tu maleta y te vas a ir a otro lugar sin preguntar por qué.

Me sentía hipnotizada. Fui a mi habitación, coloqué mi ropa en un bolso y bajé decidida a irme. No había nadie esperando por mí, por lo tanto no me despedí de nadie. Me acerqué a la puerta de salida y la crucé. Ya me encontraba fuera de esa mansión gótica estilo Harry Potter.

SEIS AÑOS DESPUÉS

―El malvado pero apuesto Sebastian mordió el cuello de la chica. Se podían ver sus venas en el rostro, los ojos rojos y el placer que le provocaba eso.

―Me gusta esta historia, mami ―expresó entusiasmada por saber más.

―Me alegro, cariño. Ahora a dormir, que ya es tarde. Mañana te sigo leyendo más cuentos ―respondí con una sonrisa.

Le di un beso en la frente, apagué la luz y me retiré de su habitación. Sé lo que están pasando, se supone que Christopher había borrado todo lo vivido aquel día. Algo debió pasar que no funcionó, las imágenes y conversaciones de ese día siguen intactas a pesar de los años. Recuerdo perfectamente lo que vi, lo que pasó, todo. Todo este tiempo busqué entender el por qué no funcionó, y luego de tanta búsqueda llegué a la conclusión de que probablemente fue que tomé verbena, eso que te protege de que te hagan olvidar cosas y hace mal a los vampiros. Pensé y pensé cuándo pude haber tomado eso, no podía contestarme esa pregunta hasta que recordé ese café que intenté tomar tantas veces. Tenía verbena. Eso hizo que mis recuerdos sigan conmigo. Se sentía raro, como si hubiese sido en una vida pasada. Obvio que no le conté a nadie sobre esto, no me creerían y pensarían que estoy loca. No los culpo, muchas veces creí que estaba enloqueciendo y que habían sido alucinaciones. A la única persona que le conté fue a mi hija de 10 años, y lo hice como un cuento. A ella también le gustaban mucho las historias sobrenaturales, creo que lo heredó de mí. Fui a mi habitación a intentar dormir un poco, no podía dejar de pensar en Sebastian y lo mucho que me gustaba seis años atrás. Sí, él tenía razón cuando dijo que me pasaban cosas con él, pero jamás me imaginé que podía ser un vampiro. A pesar de eso, yo me sentía realmente atraída por él. Su rostro y esa sonrisa pícara todavía estaban en mi memoria. Llegué a mi cuarto y la ventana estaba abierta. Me pareció raro porque estaba segura de que la había dejado cerrada. No le di mucha importancia, debió haber sido el viento. Vi una sombra pasar atrás mío, me asusté y me di vuelta, temiendo lo peor. No grité porque no quería asustar a mi hija que la había dejado durmiendo. Allí estaba él, impecable y con esa sonrisa tan compradora. Parado en la puerta de mi cuarto, seis años después. Mi corazón se aceleró y lo único que pude decir fue su nombre.

―¿Sebastian?

―El mismo.

―¿Qué hacés acá?

―En todo este tiempo no dejé de pensar en vos, sé que pasaron años pero todavía recuerdo lo atraído que me sentía por tu persona.

―¿Esto quiere decir que hace seis años que me estás viendo y sabés donde vivo?

―Lo hacés sonar como que soy un acosador, pero sí.

Me reí.

―Si te sirve de consuelo yo tampoco he dejado de pensar en vos.

Se sorprendió, no esperaba tal declaración mía.

―¿Cómo es que te acordás de todo? ―preguntó intrigado.

―Verbena. Sin darme cuenta tomé verbena y los recuerdos nunca desaparecieron.

―Entonces tenemos suerte de que no nos hayas delatado.

―No lo haría, es su secreto.

―Sos en verdad cautivante. Lamento haber tardado seis años en volver a hablarte.

―¿Qué te llevó tanto tiempo?

―No sabía si me recordarías o si quisieras hablarme de nuevo.

―Como habrás notado, todo sigue ahí.

―¿Incluso lo que sentías por mí? ―preguntó, curioso. Sus ojos eran atrapantes.

―Como te dije anteriormente sí.

Él sonrió. Su sonrisa era tan perfecta y contagiosa que me hizo sonreír a mí también. No podía creer que estábamos hablando después de tanto tiempo y él seguía recordándome y pensándome como yo lo hacía con él. No sabía a dónde nos llevaría esto, si había perdido la cabeza por completo o si era una ilusión, pero ahí estábamos, como adolescentes enamorados por primera vez. Con la diferencia de que ninguno de los dos lo era ya, mucho menos él.

19 de Mayo de 2022 a las 15:38 0 Reporte Insertar Seguir historia
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