norick28 jonathan Muñiz

"Tomaremos el camino difícil", es lo que Saúl le dijo a María, un camino que promete dar las respuestas que necesita la joven y frustrada escritora. ¿Acaso será suficiente? ¿Encontrará la respuesta magica para mejorar como escritora? Bien o mal, las respuestas están al final.


Aventura No para niños menores de 13.

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Capitulo 1 - La habitacion

Esta historia comienza como comenzó muchas otras, en una noche lluviosa de verano.

Las gotas golpeaban con fuerza el techo de hojalata, creando ese tintineo que a María tanto le gustaba. Ella estaba lista, frente a la computadora, con su libro favorito, las velas prendidas, y hasta su gato se había acostado de esa forma extraña que a ella tanto le gusta. Estaba lista para la llegada de la Inspiración y colocar todas las ideas e historia que acechaban su mente en aquel documento en blanco.

Los segundos pasaron, luego los minutos vinieron y se fueron, y así siguió. Después de un par de horas solo había unas cuantas oraciones escritas sobre la página blanca del archivo, frases que, al releer, no tenían ningún sentido.

Rendida, suspiró y pegó la cabeza contra el teclado.

- Esto es más difícil de lo que pensé.

Dijo, casi esperando que alguien la escuchara y le diera una respuesta, para luego sentirse como una idiota al no recibir ninguna

La creciente frustración de las últimas semanas volvió a aparecer. Cansada y con unas fuertes ganas de procrastinar, la chica volteó a ver a su gato, Saúl, quien se había acurrucado en una pequeña caja a un costado del escritorio, justo al lado de una diminuta matera que guardaba un arbolito viejo y una bolsa transparente con rocas.

- ¿Qué crees que debería hacer, Saúl?

- “Escribir lo primero que te venga a la cabeza” – contestó María, usando una voz gruesa que inventó para su gato – “No puede ser peor de lo que tienes ahora”

- Pero no tengo nada escrito.

- “Exacto”

Eso no ayudaba.

Enojada y sin respuesta, ella se levantó de golpe de su asiento, tirando las hojas, cuadernos y lápices por el puro impulso, haciendo de la habitación desordenada aún más desquiciada y asustando al pobre Saúl que no sabía qué pasaba. La chica dio varias vueltas por su cuarto, tratando y fallando de ordenar el caos que eran sus ideas y sus sentimientos, antes de dar un grito frustrado y caer sobre su cama.

- Es la tercera semana que estoy en esto – dijo a los aires – ¡El concurso es el próximo mes y no he hecho absolutamente nada!

Una extraña ansiedad se apoderó de la chica. Si ella era honesta, la competencia de escritura no importaba, no de verdad, era un evento pequeño que organizaban cada año y cada año soñaba con entrar para quedar siempre corta. Su vida no cambiaría si no participaba, pero ese año era distinto.

Luego de este año nada sería igual. Ella cumpliría los 18 años, empezaría la universidad y María podría ser inmadura, pero no era tonta. Una vez comenzara esa nueva vida, todos sus sueños de niñez quedarían atrás.

- “No entiendo” – volvió hablar con la voz de Saúl – “Solo busca otros concursos o escribe cuando estés en la universidad”

- No es tan simple – contestó ella – Voy a comenzar la uni, empezar a trabajar… no va a haber tiempo para escribir otra vez, no como ahora.

- “Pues has tiempo”

- Quiero, pero tengo que ser realista…

Dio un profundo suspiro tras decir eso

- Esto solo es un simple sueño inmaduro.

Siempre pensó en escribir, ser como los autores de esos libros que guardaba en el estante. Era su sueño. Y luego de varios años de estudio y preparación, llegó a la conclusión que ella era buena leyendo historia, no creándolas. No es que no tenía ideas o la imaginación, existían en su cabeza de una forma tan viva que a veces parecía que explotaría de ella. Sin embargo, cuando intentaba pasarla a la hoja apenas había un torpe suspiro de la explosión que existía en su mente.

- Quiero demostrar que puedo hacerlo – explicó mirando los libros – ser una escritora de verdad, antes de que pierda la oportunidad.

La autora frustrada agarró su almohada para gritar, tan fuerte y alto como podía, tratar de sacar esas ideas, historias y personajes de esa manera al mundo real. Con todo, solo terminó con un dolor de cabeza. Miró al techo sin pensar, contemplando el vacío un rato para luego voltear devuelta a su gato.

- “¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?”

- Soy una inútil.

- “Oye, tú lo dijiste no yo”

- ¿Qué tengo que hacer para escribir tan bien como ellos? – preguntó mirando al estante lleno de libros - ¿Qué tienen que yo no tengo?

- “¿Además de los años de experiencias, abrumador trauma emocional y estabilidad financiera? No sé, no se me ocurre nada”

- ¡Puedes dejar de burlarte! – gritó a su gato quien de inmediato se hizo pequeño – yo… tú… ¡Me estás haciendo sentir peor!

- “Bueno, bueno yo soy la mascota aquí” – dijo ella en la voz de Saúl – “¿Qué esperabas al preguntarle eso a un gato?”

- No esperaba una respuesta de ti – dijo dejándose caer sobre la cama una vez más – pero, no lo sé, por lo menos esperaba una respuesta de alguien.

De a poco, el ruido de las gotas volvió apoderarse de la habitación.

Escribir era su mayor emoción, lo que había hecho y estudiado durante toda su juventud. Era lo que siempre había soñado. Pero al ver la pantalla de la computadora, el documento casi vacío luego de horas de trabajo, recordó los intentos fallidos, los borradores que no llevaron a ningún lado, los años de preparación para no llegar hacer nada. Era una inútil y sintió ganas de abandonarlo. Quizás, era lo mejor.

María cerró los ojos, empezando a sentir una fuerte desesperación que la consumiría de no ser por aquel extraño peso que sintió sobre su brazo.

Era Saúl quien se había sentado en su mano, casi tratando de llamar su atención.

- “¿En serio te vas a poner así?” – dijo él – “los humanos son tan extraños”

- ¡Sí! – le contestó, colocando a Saúl sobre su estómago para mirarlo y acariciarlo – No sabes lo mucho que he querido ser una escritora.

- “Pues, solo siéntate y escribe”

- ¿Cuál es el punto? – preguntó con un suspiro – Nunca logro escribir nada bueno… No vale la pena al compararlo con ellos.

Dijo mirando su estante otra vez. Hubo un silencio en la habitación mientras las gotas resonaban afuera. Después de un rato ella miró de vuelta a su gato, el cual, para su sorpresa, parecía tener algo que decir.

- ¿Qué? – preguntó ella - si piensas que es tonto ¿Qué crees que debería hacer?

- “Una de dos cosas” – dijo sin vacilar y lamiéndose la pata – “Tomar el camino fácil o el camino difícil”

Eso fue algo que ella no esperó escuchar, sintiendo genuina curiosidad por lo que tenía que decir y una extrañeza al no saber lo que su propia voz diría.

- ¿Cuál es el fácil? – preguntó al instante la chica.

- “Levántate, pon tu trasero en esa silla y ponte a escribir” – respondió con un bostezo – “Puedo ser un gato, pero hasta yo sé que las cosas no se hacen solas”

- No me gusta – se quejó ella – ya vimos cómo termina eso.

Saúl se hizo bolita y María pensó ver la desaprobación en los ojos de su gato.

- “En ese caso tendremos que tomar el camino difícil”

Sin decir otra cosa, Saúl se levantó del estómago de la chica para luego saltar de la cama. El gato se dirigió a la puerta del cuarto y esperó a que ella lo siguiera.

María, algo confundida, observó cómo todo esto pasaba antes de preguntar.

- ¿Qué haces?

- “Muévete, vamos a dar un paseo”

Respondió ella con la voz de él y sintiendo como sus palabras tuvieran otro origen.

- No tengo ánimos de sacarte a pasear, Saúl – respondió la chica sentándose al borde la cama.

- “No se trata de eso, pero lo tomaré en cuenta luego” – reconoció el gato volteando a verla – “Solo sígueme”

- ¿A dónde vamos a ir a esta hora de la noche? Además, todavía llueve afuera.

- “Eso no será un problema. Ya vas a ver”

Ignorando toda voz de sentido común, la chica se levantó y siguió al gato, sintiendo una extraña combinación de curiosidad y simples ganas de seguir el juego. Una vez frente a la puerta, ambos la miraron por un minuto.

- ¿Ahora qué?

- “Espera” – respondió el gato sin hacer nada.

- ¿Qué pasa?

- “Dame un segundo… ok… creo que… si, bien. Está listo”

- ¿Se supone que hiciste algo? Solo te quedaste mirando la puerta.

- “¿Puedes callarte y abrirla de una vez?”

María, sin mucha expectativa, hizo caso esperando ver su pequeño apartamento del otro lado y encontrándose con una fuerte ráfaga de viento que la empujó hacia atrás. Tambaleándose, cayó sobre su cama sin saber muy bien lo que pasaba. En un pánico, miró a la puerta con los ojos muy abiertos para ver del otro lado una enorme pradera que no debería existir.

Era exagerado, un extenso campo de verde pasto y coloridas flores, ubicado bajo un cielo soleado y azulado de verano. Un contraste muy grande a la noche y la lluvia de afuera que había admirado toda su vida en ese pueblo costero. Por un momento pensó estar imaginando, pero al sentir aquel viento caluroso de verano hacer bailar su pelo y su vestido se volvió imposible poder negarlo.

- ¡¿Qué está pasando?!

- “Ya te dije” – contestó Saúl – “el camino difícil”

16 de Mayo de 2022 a las 23:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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