mairimkoi Mairim Koi

Me encuentro realizando una pequeña búsqueda de mitos y relatos sobre vampiros, para poder escribir mi propia novela. Todo va bien, hasta que empieza a llover, y no me queda más opción que buscar refugio... Portada: @peftal (Instagram)


Paranormal Vampiros Todo público.

#vampiros
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Vista nublada

Es una tarde lluviosa y no me queda más remedio que buscar refugio, pues he olvidado cargar con mi paraguas. Me encuentro caminando por la calle, protegiendo tanto como puedo mi portafolio con mi laptop y mis manuscritos dentro, el trabajo de gran parte de mi vida como escritora, mientras busco dónde resguardarme.

Afortunadamente veo un pequeño letrero colgante, y debajo una angosta puerta entreabierta. No dudo ni un minuto para entrar, aunque ni siquiera vi con atención lo que el letrero anunciaba, debido a mi apuro.

Me encuentro con unas escaleras igual de angostas que la puerta por la que entré, y decido subir porque mi curiosidad siempre tiene más poder sobre mí que la precaución. Además, si hay un letrero afuera, algún negocio local debe ser.

Cuando llego al final, grande es mi sorpresa, pues hay un espacio, de nuevo angosto, flaqueado de libreros; me siento maravillada, pues una de mis más grandes fascinaciones son los libros.

Camino mirando con detenimiento los lomos de todos aquellos libros, olvidándome por completo del agua que estaba escurriendo de mi ropa, cabello y demás. Me he quedado contemplando el trabajo artístico de un lomo, cuando escucho una voz detrás de mí.

—Ese es un excelente libro —dice, logrando que me vuelva sobresaltada.

Un hombre me devuelve la mirada, y lo primero que puedo destacar es que el verde esmeralda de sus ojos brilla con una calidez que no soy capaz de entender.

—Eh... Lo siento, sólo estaba refugiándome de la lluvia —me excuso un poco nerviosa.

El hombre me sonríe.

—Bueno, esta es mi pequeña librería —menciona, todavía sonriendo —. Podría esperar a que pase la lluvia mientras compra algunos libros.

El hombre me guiña un ojo, y yo sólo puedo sonreír nerviosa y apenada.

—Disculpe, ¿podría pedirle un favor? —le pregunto después de meditarlo un instante. Es tragarme la vergüenza o dejar que mi trabajo se estropeé.

—Eso depende del favor que sea —me responde él, cauteloso.

—Sólo quisiera poder sacar mis manuscritos para que se sequen —le pido mientras le muestro mi portafolio.

—Oh, entiendo —dice él volviendo a sonreír —. Claro, tengo un espacio por acá.

Él señala un lugar al fondo de la estancia, detrás de un pequeño escritorio, donde hay una cortina que luce pesada. Me pide que lo siga y así lo hago. Entramos por un pequeño arco que aparece después de que el hombre corra la cortina a una estancia no muy amplia, con una mesita y varias sillas acomodadas alrededor.

—Puedes usar esa mesa —me dice.

—Le agradezco mucho, eh...

—Astor —termina por mí —. Me llamo Astor Weiss.

El hombre extiende su mano, a lo que yo la estrecho con la mía para corresponder su saludo.

—Amelia Stradfford —me presento con cortesía, aunque le doy mi nombre de autora y no el real.

Astor vuelve a sonreírme antes de soltar mi mano. Me permito entonces mirar más detenidamente al dueño de esa librería, que es mucho más alto que yo y bastante imponente, con cabello rojizo y una barba bien cuidada y recortada del mismo color. No puedo decir que el hombre es guapo a mi vista, pero algo me parece atractivo, aunque no sé muy bien qué.

Me dispongo entonces a sacar mis hojas del portafolio, agradecida porque han sufrido apenas algunos daños menores. Las coloco ligeramente separadas en la mesa, y algunas en las sillas, para que puedan secarse, y luego saco la laptop para revisarla. Noto que Astor se acercó a la mesa, echando un vistazo.

— ¿Escribe, señorita Amelia? —pregunta él con una mano en su barbilla, sin dejar de mirar mis hojas.

—Así es —le respondo, sintiéndome orgullosa.

Astor toma una de las hojas con delicadeza y lee un poco.

—Es una novela sobre... Vampiros, ¿verdad? —quiere corroborar. Yo asiento sonriendo. —Pero está en un error, señorita Amelia.

— ¿A qué se refiere? —pregunto extrañada.

—Los vampiros no le temen al sol —dice él firmemente, señalando con su fino dedo uno de mis párrafos.

—Pero no pueden exponerse a los rayos solares —refuto frunciendo el ceño —. Es su debilidad, por tanto le temen.

—Que no puedan exponerse al sol no significa que le teman —argumenta Astor.

Lo miro por un instante mientras él me sonríe. Luego continúa leyendo en silencio.

—Tampoco pueden teletransportarse —comenta.

— ¿Acaso es usted un crítico o algo así? —le espeto, comenzando a sentirme irritada.

—En realidad fui editor hace algún tiempo —responde mientras toma otra hoja.

—Y supongo que su especialidad eran los vampiros —digo irónicamente.

—Puedo decir que he dedicado gran parte de mi vida... estudiándolos —expone él volviendo la mirada hacia mí —, y así no son en realidad.

Arqueo una ceja como respuesta a su comentario; pensé que los vampiros eran seres fantásticos, por lo tanto podría darles las características que yo deseara. ¿Cómo alguien podía venir y decirme que me basara en la realidad, cuando sólo existen mitos y leyendas, y más novelas de fantasía sobre ellos?

— ¿Cómo podría conocer sobre ellos si son parte del imaginario cultural? —le reto.

—Como le digo, he estudiado mucho —me responde él, sonriendo nuevamente —. Podría compartir con usted, señorita Amelia, lo que sé para enriquecer su novela. Aunque, claro —agrega al notar que yo tenía la intención de hablar nuevamente —, usted tendría la decisión de basarse o no en mi conocimiento.

Tiene un punto. Lo cierto es que me encuentro haciendo una pequeña búsqueda de mitos y opiniones sobre los vampiros, que su ofrecimiento me viene muy bien, aunque no estoy del todo segura si puedo confiar en la veracidad de su información. Sea lo que sea, seguro me ayudará para mis propios vampiros.

— ¿Estaría de acuerdo si le hago, entonces, algunas preguntas? —quiero saber, consciente de que lo que había dicho antes respondía a mi irritación sin fundamentos, y sintiendo algo de pena por ello.

—Me encantaría —responde Astor sonriendo más ampliamente.

Él toma una de las sillas que había dejado libre de mis hojas y me invita a sentarme. Acepto, pero antes abro mi laptop y pongo un documento en blanco para poder hacer mis anotaciones. Luego de que me acomodo, Astor acerca otra silla y se sienta junto a mí.

—Primeramente, me gustaría saber por qué le interesa ayudarme —le pregunto con genuina curiosidad.

—El ser al que amo también escribe —me responde —. Creo que es por eso que no me molesta ayudarla a usted.

Puedo darme cuenta de que lo dijo con total sinceridad pues sus ojos brillaron al mencionar a la persona a la que ama. Entonces me convenzo a mí misma de que quizá puedo confiar en él.

— ¿Esa persona está aquí? —quiero saber. Me gusta la idea de conocerla.

—Está de viaje, de hecho. Suele viajar cuando realiza sus investigaciones para sus novelas.

—Debe ser alguien muy admirable —expreso sinceramente —. ¿Cómo es?

—El ser más hermoso, de eso estoy seguro —responde, y sus ojos brillan de nuevo —. Pero por ahora, preferiría abordar el tema que a usted le interesa más.

—Cierto, disculpe —me siento abochornada por sobrepasar la línea personal de Astor.

Él me dirige una sonrisa para indicarme que no me preocupe. Yo agradezco y pienso en mi primera pregunta.

— ¿Por qué dice que los vampiros no le temen al sol?

—Porque sólo les hiere, no les mata —me contesta. Yo anoto en mi laptop —. Es como si fueran expuestos a llamas, su piel se quemará pero no va a matarles.

— ¿Y por qué no le temen a eso?

—Porque no los mata. Sólo evitan la luz del sol para no sentir la incomodidad del dolor.

— ¿Entonces los vampiros sienten dolor?

—Así es —afirma. Yo continúo capturando —. Aunque hay pocas cosas que lo ocasionan.

— ¿Como cuáles?

—Además del sol... —Astor hace una pausa breve, al mismo tiempo que se lleva un dedo a la barbilla. —Las heridas ocasionadas por otro vampiro también provocan dolor.

— ¿Sólo pueden ser heridos por otros vampiros? —pregunto casi al instante, al son de mis dedos tecleando.

—No es así —responde él amablemente —. En realidad, cualquier cosa podría herirlos: una navaja, unas tijeras, una espada... Pero nada de eso ocasiona un dolor verdadero como el de una herida hecha por otro vampiro.

Asiento con su respuesta, también capturándola en mi laptop. Pienso un poco en qué tipo de preguntas quiero hacerle, así como también pienso si la información que estoy obteniendo puedo considerarla confiable. Astor está respondiendo con tanta seguridad, que me parece bastante extraño; o de verdad ha dedicado gran parte de su tiempo para sumergirse en profundas investigaciones, o está tratando de tomarme el pelo. Yo quiero creer que es lo primero. Así que continúo con lo que se ha convertido en una improvisada entrevista:

—Señor Astor, si los vampiros sienten dolor, ¿quiere decir que pueden tener otro tipo de experiencias sensoriales?

—Claro —afirma él prontamente —. Tantas como los humanos.

— ¿Y respecto a sentimientos?

—De igual forma, pueden experimentar alegría, tristeza, miedo, ira, amor...

—Creía que eran criaturas depredadoras —comento en voz alta mientras anoto con letras negritas "pueden enamorarse".

—Bueno, se suelen creer cosas erróneas respecto a los vampiros —me dice con una sonrisa, y casi puedo jurar que en su mirada hay una chispa de diversión, que no sé cómo interpretar.

— ¿Dónde ha aprendido tanto sobre los vampiros? —le pregunto sin molestarme en ocultar el recelo en mi voz.

—No me creería si le digo que he convivido con algunos, ¿cierto?

Entrecierro los ojos para demostrarle mi desconfianza, puesto que con esa última respuesta ha logrado poner en duda todo lo anterior. "Obviamente no", pienso en respuesta. Porque los vampiros no existen en la vida real, sólo en las leyendas y en la fantasía.

—Los vampiros existen, señorita Amelia —me dice seriamente, casi como si hubiera leído mis pensamientos, lo cual me sobresalta un poco —. Lo menciono porque puedo notar en su expresión que no me cree.

— ¿Cómo podría comprobar lo que dice? —le pregunto con cautela, arqueando una ceja también.

—Ante sus ojos hay más de lo que puede percibir, señorita Amelia —me responde, y al mismo tiempo guiña uno de sus ojos esmeraldas.

—Usted ha estado tomándome el pelo, ¿no es verdad? —asevero, empezando a sentirme irritada y cerrando la laptop para guardarla.

— ¿Acaso habría un motivo para eso? —dice Astor.

Él sonríe, y estoy segura que veo asomarse por encima de su labio inferior un fino y afilado colmillo. Me planteó si lo imaginé debido a nuestra charla o si es real.

— ¿Qué fue eso? —le pregunto, señalando con mi dedo cerca de mi labio inferior, haciendo énfasis a lo que vi en él.

—No sé de qué habla —dice él y empieza a recoger mis hojas.

Estoy de acuerdo con que lo haga, pues creo que ya he tenido suficiente de está extraña situación, y no me faltan motivos para irme. Prefiero buscar resguardo en otro lugar que seguir siendo la burla de este hombre.

—Créame, señorita Amelia, que no pretendo burlarme de usted —dice de pronto y hace que sienta un escalofrío recorrer mi columna.

—No he dicho nada —señalo, mirándolo atónita y, no voy a mentir, algo asustada.

—No con su voz —afirma al momento que me entrega mis hojas, mi laptop y mi portafolio.

— ¿Cómo pudo saber lo que estaba pensando? —exijo saber ahogando con esfuerzo un grito.

—Ya se lo he dicho —ratifica, tocando esta vez mi frente.

Intento moverme, pero el miedo que siento se apodera de mí y me quedo completamente inmóvil.

—Frente a sus ojos puede haber mucho más de lo que percibe —me dice con una voz que me parece hipnotizante, y en su boca puedo ver, sobresaliendo de sus labios, un par de colmillos.

Quiero moverme, gritar, salir corriendo, porque estoy parada justo delante de un vampiro real, aunque acabo de comprobarlo. Leyó mi pensamiento, estás mostrándome sus colmillos. Por supuesto no estoy imaginando nada, es todo real, y comienzo a temer por mi vida.

Astor se acerca un poco a mí y yo sólo puedo pensar que aquí concluye todo para mí. En cualquier momento va a clavar esos colmillos en mi cuello, o en cualquier parte de mi cuerpo que desee, y yo no podré hacer nada porque me encuentro paralizada, no sé si por el terror o por algo que esté haciendo él en mí.

Sin embargo, sólo hace que cierre que mis ojos, y entonces siento como un ligero mareo. Y me siento desorientada.

Abro mis ojos para ver a un hombre alto pelirrojo de ojos color esmeraldas, que me transmiten una extraña calidez. Está algo cerca de mí, para mí gusto.

—Disculpe, ¿qué hace? —le pregunto al hombre.

—Se le ha caído esta hoja —me informa mientras pone entre nosotros una de mis hojas.

La tomo y la miró extrañada. ¿Qué se supone que estaba haciendo?

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy en una pequeña estancia. Por fuera de un arco veo estanterías con libros.

—Está lloviendo afuera, mientras está esperando aquí —me hace saber el hombre.

Medito un poco y recuerdo que había subido las escaleras y entrado a esta librería. El hombre me permitió quedarme mientras pasa la lluvia.

—Gracias, supongo que esperaré.

Me siento en una de las sillas, a esperar, pero tengo ligera la sensación de que llevo más tiempo aquí, y que he olvidado algo.

13 de Mayo de 2022 a las 00:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Mairim Koi Si no pudiera escribir y crear mundos e historias, mi vida sería tan aburrida... Soy artista visual y diseñadora gráfica de profesión; escritora por gusto y afición. ¡Tengo un montón de historias por contar! Espero encontrar su agrado en mis escritos.

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