diegogv Diego GV

Peter, también conocido como Pit, ha retado a un duelo al extranjero de turno, pero esta vez no ha sido por su confianza exacerbada, ni por el odio que le tiene a la gente de "su calaña" no, esta vez la situación a ido a algo más personal. Antes, cuando veía temblar a su contrincante, siempre dejaba el duelo a medias, sabiéndose vencedor y superior a su contrincante, pero esta vez ese tal Smith no tendrá la oportunidad que había dado a otros, esta vez, tendrá que jalar del gatillo...


Guiones Todo público.

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—¿Y bien? Dónde está ese Smith, estúpido mugroso, el sol está ya en mitad del cielo y ese cerdo de Smith no ha llegado. Vaya cobarde que no ha tenido las pelotas de venir aquí a enfrentarse conmigo en este duelo. Viene a este, que es mi pueblo, a agravarme a mí, faltarme el respeto ¿y luego no se presenta aquí a la hora acordada? Ni un alma me hace compañía y es algo que estaría agradecido de tener en este momento ya que, quizá, así podría desquitar mi coraje con alguno de los inútiles que viven en este pueblucho casi desierto como sus calles a esta hora del día y justo hoy. No crean que no me doy cuenta, al viejo herrero, Johansen lo puedo ver desde aquí mismo, en mitad de la calle de tierra en la que estoy parado; el viejo esta oculto detrás de su enorme yunque, ese en el que la mayor parte del tiempo esta haciendo y deshaciendo herraduras ¿Y que hay de Marta, la esposa del tabernero? Su esposo seguramente esta allí arriba en su habitación husmeando por la ventana, ella, sin embargo, esta ahí, detrás del marco de las puertas de la taberna, ¡justo ahora acaba de ocultar la cabeza! ¡Venga Marta, que la cosa es conmigo, nadie te volará la tapadera de la cabeza! ¡Griselda! Ya te he visto también a ti asomándote por la ventana de tu casa ¡No dejes que los pequeños salgan! Sí ese sucio bastardo se digna en venir no será un buen momento para que los pequeños jueguen. Aunque, según lo que marca el sol, que ya pasa del medio día, ese desgraciado no vendrá, se los aseguro.

—¡Calla Pit! Que ya estoy aquí, solo he llegado un poco tarde porque estaba algo ocupado preparando mis cosas, ya sabes, en un duelo es imprescindible que uno cargue una buena arma que no se niegue a disparar en el último momento ¿Dime, tú has venido preparado? Porque no me gustaría nada ganar por un el error de un idiota engreído como tú, Pit, que el olor de tu arrogancia llega hasta aquí mismo, a casi treinta pies de distancia, es eso, o es que te has cagado encima tan solo de verme. ¿Oyes eso? Al parecer a los pequeños les ha hecho gracia saber que un adulto como tú este aterrado de un duelo, que en principio, el mismo ha solicitado. La verdad es que, Pit, todo esto me parece una tontería, dime ¿Por qué no dejamos todo esto por la paz, te pego un tiro en la pierna, y nos vamos tan contentos? No tiene que haber derramamiento de sangre y menos ahora, digo, somos personas civilizadas ya, no animales salvajes.

—¡Maldito seas Smith! Vienes aquí a denigrarme más ¿No has tenido suficiente con lo que me has hecho a mí y a mi familia? Cerdo embustero. Debería, creo, recordarte todo lo que has hecho para llegar a esta situación, para estar aquí los dos parados a poco más del medio día en un duelo entre hombres, no animales salvajes como tú lo dices, que no hay más honor que regresar victorioso de un duelo como este; debería pues decirle a todos los motivos por los que estamos aquí esta tarde para que todos estén conscientes del sucio embustero que eres y del patán que estas hecho.

—Pit, estoy seguro de que te has asegurado de ensuciar mi nombre con cada uno de los habitantes en el pueblo, esparciendo rumores y mentiras con tal de que me manden a la horca o al poste de fusilamiento, pero incluso el sherif, que ha aceptado tus palabras para, no sé, no darte un disgusto o algo, ha dado en cada una de las ocasiones con tus mentiras. Creo pues pertinente decir que le embustero, sí que esta presente aquí en esta misma calle de polvo y tierra que brilla como el mismo infierno con este sol abrasador que hace; solo que no soy yo, sino tú, y sí, te señalo con un dedo acusador como tú has hecho desde que me acerque por primera vez a Melissa, y sé que, en especial has tratado de fastidiar lo que hay entre yo y ella y es esa la única razón por la que me permito estar presente en este espectáculo tan indecentey desagradable, no porque quiera meterle un tiro al que, si la Providencia lo permite, sería mi futuro suegro, sino para intentar convencerte de que este es un sin sentido que no tiene razón de ser.

—¡Entre ustedes no hay nada! ¡Mentiroso! La has estado engatusado con tus modales medidos al dedillo con los que jugueteas con todas las chicas de por aquí, pregúntale a Marta, que no creas que no he visto como la tratas cuando su marido no voltea, o a Margaret, la hija de nuestro farmacéutico con la que usas los mismos engaños, esas palabras venenosas cubiertas de dulce que a ustedes los extranjeros les gusta tanto usar y que llaman "modales" pero no son más que artimañas para aprovecharse de chicas jóvenes e inocentes como lo es mi Melissa así que sí ¡No voy a permitir que mi hija tenga algún tipo de relación con un sucio extranjero como tú Smith! Además, también eres un asesino de animales, porque no creas que no me he enterado de que envenenaste a Bob esta misma mañana maldita rata cobarde.

—¿Envenenaron a Bob? Pit, te aseguró que no he tenido nada que ver en eso, yo a ese perro lo quiero mucho y procurado ser buen amigo incluso de la mascota de tu familia, en mi vida sería capaz de alguna atrocidad como esa, por mucho que dudes de mi palabra, debes creerme que esta mañana, para no atormentar más el alma de mi querida Melissa, he decidido no acercarme ni una pulgada a tu casa, Pit. No he podido ser yo el que diera muerte a tu perro ¿Seguro que no ha muerto de viejo? Porque era un perro ya mayor que apenas y podía mover la cola cuando nos veía alguien, si es que nos veía.

—¡D-disculpen!

—¿Qué quieres Arthur?

—B-bueno, Peter, ya sabes que además de ser farmacéutico también soy el veterinario del pueblo y pues... En caso de que... pues eso, perdieras el duelo, yo quisiera tener la conciencia limpia quiero decir pues que f-fui yo quién en-enveneno al perro. La última vez que Alexandra lo trajo a revisión pues el perro estaba bastante enfermo y, di lo dejaba vivir más tiempo el pobre sufriría mucho, por lo que he ido a escondidas en la madrugada a darle una última cena para... pues eso, que descansará en paz el pobre. Una disculpa señor Smith, no quería añadir más leña a esta atrocidad, pero pues, eso, necesitaba decirle la verdad a Peter para poder dormir en paz esta noche. Una disculpa señor Smith. Además, en defensa de la verdad, Peter, ya se comprobó que el señor Smith no ha dado ni una señal de mala voluntad como hija Susi, se ha portado como dicen por ahí, como todo un caballero, eso sí, nunca se ha sobrepasado con ella, que lo sé yo, que, al igual que tú, tengo reticencia por los extranjeros, perdone de nuevo señor Smith. El señor aquí presente ha sido un buen hombre en todo el tiempo que se ha quedado con nosotros en nuestro pequeño pueblo, el caso es que, Peter, a lo mejor deberías pensarte mejor las cosas, no queremos que alguien salga herido de mala manera o peor aún, ya sabes que soy farmacéutico y también doctor, pero solo eso, no puedo obrar milagros y traer a los muertos de la tumba como Jesús, se dice, hizo con Lázaro.

—¡Agradezco sus palabras, señor Arthur! Y no tiene que disculparse, ya conocía como se la traen con la gente de fuera las personas de por aquí, pero aún así decidí arriesgarme con tal de conocer mundo, mejor que ver las cosas por uno mismo a que se las cuenten de segunda mano.

—¡Arthur! Ya arreglaremos el asunto de mi perro cuando esto termine, porque, te aseguró, que aunque me tengas mala fe, saldré con la victoria de este duelo. Y no temas, que aunque me veas aquí, cargando mi revolver a un costado, no soy un salvaje y también entiendo que quisieras darle una muerte digna a Bob, lo agradezco, en serio, pero tendrías que haberlo consultado conmigo antes, como sea, lo arreglaremos cuando termine con este mequetrefe, que me sé también, que me ha robado uno de los caballos, he ido, tarde en la noche, al corral que no esta muy lejos de mi casa, a un par de yardas, y estoy seguro de que me faltaba uno, mi querido Pintosín, el caballo blanco con manchas cafés que le cubren gran parte de la cabeza y el cuello ¡Ey! ¡¿Quién esta ahí detrás de los barriles cerca del abrevadero?! ¿Has traído a tus amigos a darme casa, Smith?

—¡Tranquilos, solo soy yo, el viejo Jack! Perdonen que no haya dado muestras de vida, estaba durmiendo, borracho, claro, pero vivo sin duda. El caso es que no pude evitar escuchar que alguien se a llevado a tu Pintosín, amigo Pit, y pues tengo la explicación para eso ¡Ja, he sido yo ja ja ja ja! ¡Vaya noche, sí señor! Pero ¡Eh! El caballo esta sano y salvo, solo lo he tomado prestado porque pasaba por ahí, por tu corral y quería darme un paseo como los viejos tiempos, por los desiertos, sentir el aire fresco de la noche y ver las estrellas en el cielo raso, perdido por ahí en la inmensidad de la arena, entre cactus y alimañas. Creí que estarías dormido así que por eso lo he tomado sin pedir permiso... aunque tampoco creo que me lo hubieses prestado estando despierto, pero ya da igual ¡Ja ja ja ja ja! Dios, creer que le iban a quitar la vida a este muchacho remilgado, sin ofender, solo por un malentendido, Dios Pit, sí que estas de mal humor, que el chico no ha hecho nada malo, tan solo eres tú que le tienes asco por ser extranjero, pero que es un buen chaval ¿No fue él que me sacó de aquella pelea de bar cuando vio que me apuntalaban a patadas mientras estaba yo tirado en el suelo? Pocos de ustedes harían algo así por el viejo Jack, pero este tipo, un desconocido en aquellos tiempos, se ha metido a la refriega por un borracho como el que soy solo para sacar al viejo Jack de aquel lugar que es tu bar Marta, no del holgazán de tu esposo por mucho que así lo crea él; ha sacado al viejo Jack y le ha protegido hasta que me he podido poner en pie y me he marchado caminando, sin rumbo, pero por mi propia cuenta. Un buen chico este señorito remilgado, de nuevo, sin ofender, vaya suerte tiene esa Melissa, sí señor, pero, diablos, hijo, te pudiste elegir otra chica, mira que ir por la hija de Pit, ja, no sé como no te ha volado la cabeza todavía... ¡Ah claro! El duelo, bueno, señores, no los interrumpo más, yo seguiré descansando aquí mismo, entre los barriles. Por cierto Pit, tu caballo esta atado ahí en el abrevadero de la granja vieja, no te preocupes que le he dejado comida y agua para que pasará la noche, ahora sí, a descansar.

—¡Viejo chalado!

—Ya da igual Pit, lo importante es lo que va a pasara ahora como sabes no he hecho nada malo para agraviarte a ti, ni a nadie, eres tú el que tiene un problema conmigo por solo ser extranjero...

—¡Calla, Smith! Puedes usar toda la palabrería que quieras conmigo y esos buenos modales que tienen engatuzados a todos aquí en el pueblo, pero conmigo no ca a funcionar, yo sé que todo eso no es más que una tapadera para encubrir al hombre que hay dentro, ese que gusta de acercarse a jovencitas inocentes para hacerles cosas que en el nombre de Dios uno no debería ni de pensar, pero ante todo soy padre de una de chica así y no puedo permitir que un vil embustero se le acerque a mi niña con sus malas intenciones.

—¡Pit, por favor! Te lo pido como el Sherif Sanders que soy, dejen todo esto a un lado, hagan las pases, tómense de la mano y olvidemos todo esto, no hay necesidad de que corra sangre por las calles o de que algún inocente salga herido. Vanos Pit, hazlo como un favor personal por todas las veces que me trajiste de aquí para allá buscando fantasmas.

—¿Fantasmas dices? No sé que quieres decir con fantasmas.

—¡Sí, fantasmas! Las gallinas muertas de Cleotilde, por ejemplo, le echabas la culpa al joven Smith, pero la realidad era otra, lo descubrimos luego, la verdad era que unos zorros demasiado astutos ensancharon un hueco en el gallinero con sus patas y sus dientes hasta que fueron capaces de entrar por cuenta propia y se hincharon las panzas con las gallinas, no dejaron más que las plumas y algunas sobras de carne por aquí y por allá, eso ya tu lo sabes porque estuviste ahí para intentar incriminar a Smith. ¿Y que hay de las joyas desaparecidas de Anna? Desaparecidas un par de días, te llegó con el chisme, perdona por la expresión Anna, y tú rápidamente llegaste a la conclusión de que debieron ser robadas ¿Por quién? Por ni más ni menos que por Smith, obviamente; nos pusimos a trabajar en la búsqueda de las joyas, no quedaba de otra, revisamos cada centímetro de la habitación en la que se hospeda Smith ¿y sabes lo que encontramos? ¡Nada! Ni un solo pedacito de oro, ni una sola borona de piedra preciosa, nada más que la pertenencias personales del joven Smith. ¿Dónde estaban las joyas entonces? Ni más ni menos que en su misma casa pues resulta que el pequeño Mario se puso a jugar con las cosas de su madre mientras ella hacía las compras; registramos la casa de Anna y no tardamos en dar con qué el pequeño había hecho una especie de juego de caza del tesoro, había escondido las joyas en diferentes partes, entre los cojines de los sillones, debajo de las camas, en el trastero y así fuimos dando una por una hasta que las encontramos todas. No te voy a mentir, fue día ligero y nos vino bien el pequeño jueguecito, además Mario disfruto de lo lindo cuando lo llevamos tras las rejas y lo dejamos por unos minutos ahí encerrado, pero era tiempo que podíamos haber usado de otra manera más productiva. Y así hemos estado, cada vez que haces un llamado, hemos ido a atender porque prácticamente es el deber del Sherif y sus ayudante atender estas cosas, pero al final todas han sido falsas alarmas; que sí le han robado sus materiales a Johansen o el dinero a Arthur... Bueno, esa última vez resulto cierta, pero no fue Smith si no un pillo que pasaba por el pueblo y se las vio de muy listo; el punto es que no has hecho más que ver fantasmas por aquí y por allá y tratas de adjudicar toda la responsabilidad en el joven Smith.

—¡Va! ¿Qué vas a saber tú?

—¡Es mi maldito trabajo Pit! Y por favor, deja este duelo, nadie aquí quiere ver derramarse sangre ni la de un extranjero ni la de un buen ciudadano que hasta entonces había demostrado ser un buen hombre, no sé que se te ha metido con Smith, me imagino que tiene que ver algo el tema de Melissa, pero imagínalo, Peter ¿Qué sería de Melissa si pierde a su padre en estúpido duelo sin sentido? Eres la única familia que tiene; la destrozarías ¿Y qué pasa si matas al Smith? A la chica le gusta el extranjero, sin animo de ofender joven Smith, pero es así, a ella le gusta, lo sabemos todos, ella no te perdonaría que le dieras fin a su vida. Además, tú lo sabes, Melissa es una chica lista, no se iría con un patán sin remedio ni beneficio, es lista y es una chica ya grande, sabe de lo que va la vida y sabe mejor que tú lo que le conviene a ella aunque hagas esa cara de fastidio, es así, ella sabe lo que le conviene mejor que tú y mejor que nadie; si le gusta Smith es por buenos motivos, te lo aseguró, el tipo no es malo como te empeñas en creer. Así que deja este duelo, no derrames la sangre de un inocente y no hagas daño a tu hija con una decisión tan tonta, sino es por mí, como amigos que somos, hazlo por ella, por Melissa.

—Lo sé, Anderson, lo sé, pero simplemente no puedo aceptar que mi querida hija se vaya con un extranjero idiota o con cualquier otro tipejo de tres al cuatro; como su padre, que he vivido más años, sé que a una jovencita como ella el amor la ciega así como quién no quiere la cosa, no sabe lo que quiere en realidad y menos aún sabe que no le conviene un extranjero como Smith porque ella no ha visto demasiado mundo como su padre aquí presente, con el tiempo Melissa, que es lista como usted dice, se dará cuenta de que su padre ha tenido que dar matarife a este ingrato por su bien y, aunque me odiará, sé que con el tiempo lo olvidará y volveremos a ser la familia unida que éramos antes... Bueno, no tanto como antes, pero sé que Miriam, mi mujer, estaría de acuerdo y nos cobijará con su amor desde el otro lado, si sabe a lo que me refiero... Así, pues, no me queda más que decirle que este duelo se llevará a cabo, usted sabe que no puede interferir en él de ninguna forma por muy sherif que sea.

—Lo sé, Peter, lo sé, yo he hecho lo que he podido y no he logrado convencerte de que dejes esta estupidez de lado y aunque las leyes son las leyes, no puedo interferir en esto. Lo siento Smith, pero por aquí hay reglas que aunque no estén escritas deben cumplirse a raja tabla y cuando se trata de un duelo las cosas son así; por lo que más quieras, deberías huir antes de que inicien los disparos créeme que ninguno de nosotros te lo tomaremos en cuenta; abandona y deja el pueblo antes de que algo muy malo pase.

—Gracias por la ayuda alguacil, lastima que un hombre como Pit sea incapaz de entender algo tan simple; pero no puedo echarme para atrás en este duelo, conozco un poco la costumbre y sé que el duelo debe terminar cuando uno de los dos conecte una bala o ambos nos quedemos sin munición, o acaso ¿no es así?

—Sí, así es extranjerillo, el primero en conectar una bala en el contrincante gana, no hay necesidad de matar al adversario como tal, pero en esta ocasión no vas a tener suerte, no pienso dejarte salir así sin más con una simple herida de bala.

—Lo sé, Pit, por eso planeo ganar, a diferencia suya yo no tengo intenciones de matarlo, tampoco quisiera tener intenciones de herirlo, pero si tengo que terminar con este duelo sin morir y sin causarle penas a Melissa, debo ganar...

—Bien, como sea, supongo entonces que sabes como funciona, nos colocaremos frente a frente, a un palmo de distancia el uno del otro, nos damos media vuelta y ponemos una distancia de veinte pasos el uno del otro, a buen ritmo, nada de trampas, nada de correr, nada de seguir al otro por la espalda ni ninguna de esas majaderías ¡Veinte pasos de distancia el uno del otro! Contamos hasta tres en voz alta y entonces... Entonces te vuelo el alma de un plumazo.

—Eso no pasará Pit, de una vez se lo digo.

—Bien, ya lo veremos. Acércate pues, que el sol no durará mucho en el cielo, ya hemos gastado valioso tiempo con peroratas innecesarias. Así es Smith, acércate así como lo haces, sin miedo, acepta tu destino y las cosas irán mejor, que no te tiemblen las piernas.

—Pit, ya que estamos aquí el uno junto al otro y que prácticamente podemos hablarnos a murmullos, por favor, demos por zanjado esto, yo en verdad amo a su hija y no quisiera hacerle daño a su padre solo porque este es un racista, ambos, usted y yo, queremos lo mejor para ella, así que por favor, retiré el duelo y nos iremos.

—¿Qué pasa extranjerillo? Así de cerca puedo ver como sudas como un cerdo en verano ¿a caso tienes miedo? ¿eh? No voy a retirar el duelo, entiendes, no vas a alejarme de mi hija, la única familia que me queda. A esta distancia debería escupirte en la cara y aprovechar para darte un plomazo, pero las reglas son las reglas y se deben respetar.

—Debería decir lo mismo, también está usted sudando y no creo que sea la calor, esta nervioso ¿No? es fácil, Pit, solo diga que aquí termina todo y todos nos vamos a casa, estoy seguro de que nadie se lo tomará en cuenta, en especial Melissa, es más estoy seguro de que a ella le encantaría que todo esto terminará de la mejor manera posible, con los dos vivos, sin sangre en la arena, si el olor de la pólvora envenenando el aire.

—...

—...

—Veinte pasos, Smith, hágame favor de cerrar su sucio hocico y póngase a caminar; veinte pasos.

—Uno...

—¿Qué hace Jack?

—Dos...

—Contando los pasos.

—Tres...

—¡Dios que nerviosa estoy! No puedo creer que algo así de verdad este pasando, tengo unas ganas tremendas de ponerme a llorar del miedo.

—Ocho...

—¡Ey Pat! Escondiste bien a los niños ¿Verdad? No quiero que vean nada de esto, me preocuparía sobremanera que comenzarán a tener pesadillas con algo así de horrible.

—Los he encerrado bien en su cuarto, Griselda, van a estar bien.

—Dieciséis...

—Marta, soy yo, tu esposo, no te espantes, ven y sube aquí conmigo, no quiero que por un descuido te metan un tiro, ven, si quieres podemos seguir viendo desde la ventana, pero no te arriesgues más desde las puertas.

—Está bien ¡Ya voy, corriendo!

—Veinte.

—¡Dios, no había sentido una tensión tan grande desde que casi se nos muere el pequeño Zacarías en mi consultorio! Puede sentirse el miedo en el aire y seguro que Johansen podría cortar la tensión o hacerla pedazos a martillazos, es una sensación horrible de pesadez en el cuerpo y un embotamiento terrible de los sentidos, es como si el mundo hubiera guardado silencio, pero en realidad es uno mismo el que tiene esa sensación; es espeluznante... Espera... ¿alguien viene hacía aquí, corriendo desde la lejanía?

—¡Bien! ¡Remilgadito, a la cuenta de tres! ¡UNO!

—¡DOS!

—¡Venga, al mismo tiempo! ¡TRES!

—¡NO, ESPEREN!

—¡DIOS SANTO!

—¡Marta, vaya brinco haz pegado!

—¿Es que no lo has escuchado? Primero era como si el mundo se hubiese quedado mudo, como Jack cuando bebe demasiado que no hace ni pío, y después ¡BAM! tremendas explosiones, y estoy segura de haber escuchado un grito. Dime que ha pasado, es que he cerrado los ojos de miedo y ya no me he enterado de nada... Espera... Ya no hay más disparos, eso quiere decir qué... ¡Dios santo! ¿Quién habrá ganado?

—En estas cosas nadie gana, Marta, al menos eso es lo que pienso, uno termina muerto y el otro convertido en asesino, pero da igual. Por la ventana puedo ver el humo de la pólvora quemada, deja que se despeje un poco para decirte quien ha... ¡Ay no! No me lo puedo creer.

—¿Qué pasa? ¡Dímelo! ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes esa cara de pasmado? No me digas que han matado al joven Smith, tan buen mozo que es, no puede haber muerto. ¿Dime Hank, que diablos estás susurrando que no te escucho?

—Melissa...

—¡NOOOOOOOOO! ¡MELISSA! ¡NOOOOOOO! ¡ARTHUR, VEN RÁPIDO, ES MELISSA!

—¡Ya llegó, Pit! Voy lo más rápido que puedo ¡con un demonio!. Esto se ve muy mal, hay demasiada sangre, la bala debió atravesarla de lado a lado.

—¡Haz algo por favor!

—Esta mal que lo diga, pero me gustaría que te dejarás de gritos y lloriqueos, me pones más nervioso Pit, por favor. Permíteme. Permíteme tomarle el pulso aunque ya me hago una idea de lo que encontraré o lo que no encontraré.

—¡¿Qué tanto murmullas?!

—Pit... según como lo veas hay una noticia buena y una mala. La buena, al menos así lo creo desde tu punto de vista, es que sí. Haz ganado el duelo. Smith está muerto. La bala le ha atravesado el corazón seguramente, gran parte de la sangre aquí, pitando la arena del suelo, es de él. La mala noticia, algo más trágico para todos, incluyéndote, es que... es que Melissa también ha muerto, vino corriendo y se interpuso en la trayectoria de la bala, le ha atravesado también el corazón de lado a lado, su cuerpo, frágil y delgado, no ha sido suficiente y pues, eso, la bala también ha matado a Smith. Felicidades Pit, ganaste.

15 de Mayo de 2022 a las 14:46 2 Reporte Insertar Seguir historia
7
Fin

Conoce al autor

Diego GV Espero que estén teniendo un buen día. Me presento, soy Diego GV. Me gusta leer y escribir y me imagino que a muchos aquí les pasará igual. Entre otras cosas me gusta el anime, también me gustan los videojuegos y el cine en especial las películas de terror.

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M. Mari .P
Me encantó tu librooo!!! 10 de 10
May 17, 2022, 15:59

  • Diego GV Diego GV
    ¡Muchísimas gracias! :D May 17, 2022, 20:39
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