santinocruz_escritor Santino Cruz

Cuando Alba y yo nos conocimos. Nuestros mundos se pusieron de cabeza. Tuvimos que superar un sinfín de obstáculos para poder estar juntos.


#31 en Romance #11 en Suspenso romántico No para niños menores de 13. © © Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.

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Juventud.

Después de tanto buscar sin encontrar a nadie que me hiciera sentir lo que se siente ser amado por alguien especial, después de desistir, de sentirme desilusionado por no ser lo que nadie esperaba, después de tantos rechazos y de la frustración de sentirme tan solo. Sin buscarla, un día llegó a mi vida sin avisar, la musa que tanto anhelaba, aquella que me hiciera suspirar, que se adueñara de mis pensamientos y se volviera el centro del universo, por fin se presentaba, pero no imaginaba qué revolvéría mi vida por completo.


Estaba ahí sentado en la acera sin nada que hacer, sin nada que decir y sin pensar en nada, con un cigarro en la mano, (no sabía cuánto le molestaba a ella el humo) y ella estaba ahí a unos centímetros de mí. Y alguien se acercó a ella diciendo que yo deseaba conocerla, pero yo no la había visto todavía, ni siquiera había notado su presencia y al escuchar lo que le dijeron lo negué alegando que no la conocía. Por supuesto ella me rechazó como ya era costumbre, y se fué, pero al pasar cerca de mi, ignorandome y desviando su mirada, alcancé a percibir un suave aroma que me hizo suspirar, observé su rostro. ¡El rostro más bonito que había visto nunca! y algo dentro de mi me hizo sentir una sensación distinta, algo que no había sentido antes. A penas se había ido cuando de repente algo me hizo desear verla una vez más, mis ojos reclamaban tenerla frente a mi para admirarla, mi olfato deseaba volver a percibir ese rico aroma. Pensé en seguirla, pero a parte de que no ví por dónde se fué, no me creí capaz de hacerlo y menos de saber que decirle. Seguramente haría el ridículo, ¡como siempre!


No sabía su nombre, ni de dónde venía, si vivía cerca, tampoco sabía si a caso volvería, ni si quiera tenía un nombre para aquel hermoso rostro y me dispuse a saber todo lo posible de su vida, descubrí muy poco o casi nada, solo su nombre.


Alba, un nombre lindo y diferente que no había escuchado en ninguna otra persona, ahora no solo conocía una mujer hermosa, ahora conocía un rostro lindo con un nombre bello. Comenzaba a provocar mis sentimientos, pasé varios días pensando en ella, con un gran deseo de volver a verla, pero ella no volvía y nadie me decía nada que me ayudara a saber dónde podría encontrarla. A demás no me atrevía a preguntar mucho, pues mi timidez siempre me frenaba en este tipo de situaciones.


Unos días después, cuando ya se desvanecía el ánimo, pues comencé a creer que solo estaba ahí de paso aquel día. Y ahí estaba yo, otra vez sentado en aquel mismo lugar, en una tarde que el sol salía justo después de haber llovido dando un aspecto limpio y alegre a la calle con el brillo del agua estancada a lo largo de la calle. La vi venir a la distancia, con toda esa hermosura siendo bañada por el sol que la acariciaba de frente y le regalaba toda su luz, con sus bellos destellos reflejándose en el agua. Ella con su caminar desdeñoso, sabiéndose bella y observada por los jóvenes que por el lugar pasaban, me regaló uno de los mejor recuerdos de aquellos mis diecisiete años, imagen tan linda que me hace sonreír cada vez que se cruza por mi mente. Ella pasó a mi lado sin notar mi presencia. Lleno de nervios traté de acercarme a ella y hablar un poco, pero no pude, pues no pude decir palabra alguna, me limité a observarla por el breve instante que estuvo presente y luego marcharse con mi mirada sobre ella todo el tiempo.


Ahora estaba seguro: ella era la mujer, era lo que esperaba, pero ahora me sentía incapaz de conseguir conquistarla, pues ahora sí tenía miedo al rechazo, a intentar y fallar, a que se alejara, sentí tanto miedo a tantas cosas absurdas que por momentos creí que sería mejor no decirle ni una palabra. Nunca había sentido confusión así, y esto para mí era una buena señal, pues esto significaba que está vez era diferente, pero también podría ser que si me arriesgaba podía quedarme peor que antes, y la decepción sería aún más grande.


Todavía no cruzaba una palabra con ella y ya estaba hecho una piltrafa, soñando con una y mil posibilidades de que ella también quisiera entablar una relación conmigo, creando un sin fin de historias en mi mente, ensayando tantas formas de conversar con ella, desechandolas todas al final, pues no sabía si a caso sería capaz de acercarme y hablarle, por momentos me creía capaz y me decía a mi mismo que la siguiente vez si me atrevería a hacerlo, decirle que me gustaba y que me gustaría conocerla mejor y tal vez llegar a entablar una relación con ella y luego me entristecía de pensar que sin duda me diría que no había posibilidad de que eso sucediera.


Un día se lo conté a uno de mis hermanos, y al instante me dijo <<¡Estás enamorado!>>. Yo dije que no era posible porque no la conocía, a penas la había visto y solo sabía su nombre.


—¿Y? el amor entra por los ojos tonto.


—Pero ¿cómo le hago? ¿qué le digo?


—No sé, háblale, pregúntale cosas, tienes que conocerla.


Tal vez tenía razón y era verdad que me enamoré de ella, y en realidad existe el amor a primera vista y así ella se convertía en mi primer amor. Esperé pacientemente hasta volver a verla para averiguar si en verdad era amor lo que yo sentí.


Y al verla otra vez, lo descubrí, no podía ni hablar, la rodillas me temblaban, las manos me sudaban bastante y sentía el corazón saliendo por mi garganta. Ya no había duda era ella en realidad a quien tanto había esperado, pero ahora no sabía que tenía que hacer para que ella también sintiera lo mismo, pues no me prestaba mucha atención, muchas veces ni siquiera me miraba, y cuando intentaba acercarme para hablar con ella, simplemente desviaba su atención para hablar con alguien más.


Pero, poco a poco fui encontrando la forma de tener su atención, comencé por hablar un poco y marcharme, solo hacer un par de comentarios sin sentido para saber si de verdad hablaría conmigo, y cada vez fui ganando más confianza. Lluego de un par de semanas se podría decir que ya éramos amigos, siempre que llegaba me acercaba y hablaba un poco con ella. No sé si ella sabía cuánto me gustaba, yo no sé lo había dicho pero estoy seguro de que se me notaba, pues cada día que la miraba charlamos un poco más, ella era quien hablaba más, me hacía muchas preguntas y yo solo contestaba. A veces no sabía que decir, solo me quedaba ahí escuchándola hablar, viéndola ser bella y simpática, mis ojos se perdían en el movimiento de sus labios, que cada día deseaba más. Soñaba con atreverme a besarlos y conocer si su sabor era tan delicioso como me lo imaginaba.


Entonces tomé la decisión, estaba dispuesto a decirle de frente y sin rodeos un directo "Me Gustas" esperé a que viniera, por horas estuve en aquel sitio, observando hacía el final de la calle. Se fue el sol y vino la luna y ella no llegaba. Llegaron mis amigos, algunos se fueron y otros se quedaron ahí también por un rato, el señor de la tienda cerró su local, y ella no llegaba. Se fueron mis amigos, y llegó la media noche y ella no vino, se hizo de madrugada y yo seguía sentado en el mismo lugar, me fumé media caja de cigarrillos y ella no llegó.


Me marché pensativo a casa, preguntándome si tal vez perdí demasiado tiempo, si a ella no le interesaba estar conmigo, si solo me miraba como un amigo, o tal vez ni eso, tal vez solo me hablaba por qué yo insistía en acercarme.


Me sacudí los malos pensamientos y me dije <<mañana vendrá>> al siguiente día era un hecho para mí, que la vería y que le pediría que fuera mi novia y me prometí a mi mismo que me diría que sí.


Pero al siguiente día ella tampoco apareció, ni el siguiente, ni el siguiente. Dos semanas pasaron sin que pasará nada interesante, más que el tedio de tener que esperar a poder verla de nuevo.


Tantos días de espera de esa que desespera, sin noticias, sin recompensa y poco a poco con menos esperanza, pasaron y pasaron todos esos días, yo mirando constantemente a la esquina, esa esquina por la que ella nunca apareció.


Mis ojos la reclamaban, mis oídos me gritaban que necesitaban escuchar su dulce voz, mi nariz deseaba con ansiedad volver a oler ese aroma que no era perfume ni era el olor de su ropa; era el olor maravilloso de su piel, olor que no había descubierto en nadie, olor que me hipnotizaba y me hacía conocer su piel si siquiera haberla tocado, pues no me había atrevido a rozar si quiera la piel de sus manos, pues la miraba inalcanzable, de esas cosas que no se deben tocar porque se maltratan.


Pero ella no venía y creí que ya no lo haría, por lo que me alejé de mi guardia constate y equivocadamente dejé de esperarla, y ese domingo decidí acompañar a mi amigo Ángel a la plaza. Llegamos, caminamos, conocimos algunas chicas, hablamos con ellas, nos despedimos y quedamos de volver a hablar, pero yo no dejaba de pensar en Alba. Quería verla otra vez, por momentos mi mente se marchaba a estar con ella, tanto que al instante olvide el nombre de quién acababa de conocer, pero no importaba porque no me interesaba.


Cuando regresamos, casi era la hora de que se cerraba la tienda donde siempre estábamos y dónde siempre esperaba por Alba, y cuando doblamos la esquina y la vista me permitió ver la entrada de la tienda... Alba iba saliendo, los nervios y el temor entraron en mi de golpe, me arrepentí de abandonar mi puesto de vigilancia, pues fallé en el peor momento. Pero no todo estaba perdido, ella estaba ahí, a mi alcance, a tan solo unos pasos. Me apresuré a su lado, la saludé gustoso, pero ella parecía indiferente.


—¡Hola! ¿a dónde vas? ¿puedo decirte algo?


—No, ya me voy. —dijo con algo de indiferencia.


—¿Mañana?


—No sé, a ver qué pasa.


No dijo nada más y se marchó, me decepcioné de mi mismo, pues perdí la oportunidad que por tantos días esperé. Me dispuse a volver a esperar, pues no me quedaba más. Vinieron cuatro días más de insoportable espera, mi vista en aquella esquina por la que ella no doblaba y por más que esperé, ella no volvió.



5 de Mayo de 2022 a las 14:22 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Francisco Rivera Francisco Rivera
Los amantes del género se identifican con estas peripecias bien sostenidas de quien se encuentra a la búsqueda del amor correcto. La descripción frontal que reconoce el lector o la lectora, los llevan a desentrañar estos escarceos de duda y temor al rechazo; a atreverse a dar el primer paso ante un nuevo e inesperado primer amor; un amor de primera vista.
Jhoilyn Páez Jhoilyn Páez
Muy buena lectura, atrapa con rapidez.
June 01, 2022, 02:29

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