ragnar_iverkor Ragnar Iverkor

Un antiguo secreto ha sido descubierto en el norte. Las puertas al pasado están abiertas una vez más y el imperio de Coria ya ha comenzado su campaña para atravesarlas. Su único impedimento son las tribus de las Colinas Blancas, guardianes durante siglos de la entrada prohibida. El mundo está a punto de cambiar para siempre, una nueva era se acerca, la pregunta es: ¿Cómo será el nuevo mundo?


Fantasía Épico Todo público.

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Preludio.



Calnas se sentó en el suelo, agotado tras horas de enfrentamiento y con heridas mortales por todo el cuerpo. Sabía que no le quedaba mucho tiempo entre los vivos. No importaba, ese día todos iban a morir. La pregunta era si su muerte sería antes o después de que "El artefacto" estuviera preparado para que lo activaran.

La altura de la torre en la que estaba le permitía ver el campo de batalla por completo. Los muertos se extendían por toda la ciudad creando un paisaje espeluznante. El tétrico decorado no solo estaba compuesto por sus hombres, las bestias de más allá de la puerta también habían caído por millares. Aún así seguían atravesando el oscuro portal púrpura que les daba acceso a nuestro mundo, dando la sensación de tener un ejercito sin fin.

El último año había sido una sucesión de derrotas frente a Los Caídos, las extrañas bestias de formas variopintas y repugnantes. Todas y cada una de ellas con habilidades excepcionales para la violencia. Palmo a palmo habían puesto de rodillas al mundo y sus huestes no paraban de crecer. Ya tan solo quedaba Iralith resistiendo, y esta no duraría mucho más tiempo.

—¡Calnas! —gritó Kevar a su espalda.— Estás herido, no sobrevivirás a tales heridas.

Calnas sonrió a su aprendiz y le indico que se acercara, pues su voz se había vuelto débil debido a las heridas. La juventud de Kevar le entristecía, tenía derecho a disfrutar de décadas de aventuras y descubrimiento, pero nunca las llegaría a vivir. Ni siquiera viviría un día más.

—Nadie sobrevivirá hoy —susurró Calnas con dificultad.— Debemos activar el artefacto. Es la única opción de salvar el mundo aunque se pierda toda la vida que hay en el.

—Aún podemos ganar, la batalla sigue igualada. Las nuevas armas son...

—No, mi joven aprendiz —interrumpió Calnas antes de que el miedo a la muerte llevará a su joven compañero a paralizarse ante lo que debía hacerse. Ante lo que él debería hacer.— Nuestros números menguan mientras los suyos no paran de crecer. No hay opción de ganar esta guerra. Es el momento, ve y cumple con tu deber.

Los ojos del joven muchacho se llenaron de terror. Nada te puede preparar para acabar con toda la hermosa vida que camina sobre la faz del mundo que te ha visto nacer. Menos aún cuando tienes que acabar con la tuya también. La indecisión empezaba a aflorar en Kevar. No podía permitirlo.

—Recuerda que la muerte no es el final. Los oradores nos lo han enseñado desde que el tiempo es tiempo, la muerte no es más que liberación —dijo Calnas tratando de calmar el corazón de su joven amigo.— No dejes que el miedo te gobierne en estos momentos de incertidumbre. Salva el futuro de la vida acabando con ella hoy y sembrando a su vez una pequeña esperanza.

— Lo haré, maestro. Cumpliré con mi deber.

El joven muchacho salió corriendo hacia el artefacto. Calnas en ese momento tuvo claro que su alumno superaría el miedo y no dejaría que nada le detuviera.

Los gritos de los soldados que cada vez cedían más terreno llegaban hasta lo alto de la torre. Los Caidos no solo mataban a sus víctimas, también eran capaces de provocar un gran dolor con cada herida infringida. Actuaba de manera similar a algunos venenos que Calnas había descubierto en el pasado. Él mismo empezaba a sentir los efectos de estás heridas. El dolor ardía de una manera indescriptible, nunca antes había sufrido tanto y la agonía empezaba a nublar su juicio.

Empezaba a confundir sus pensamientos y su mente se iba fragmentando. Iba olvidando quien era poco a poco. Ni siquiera era del todo consciente de lo que estaba ocurriendo. Su mente estaba muriendo a una velocidad muy superior a su cuerpo.

Un fuerte estruendo sonó precedido por un silencio casi absoluto. El silencio parecía haber dejado de existir. Una luz cegadora lo acompaño y tras ella todo fue oscuridad.

8 de Abril de 2022 a las 14:33 0 Reporte Insertar Seguir historia
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