leoyohel Leonardo Yohel Molina

Una colección de poemas, pensamientos y reflexiones nacidas de lo más profundo del alma. Cada una de las piezas ha brotado de una vivencia atravesada. Algunas de ellas con amor, otras con dolor, pero todas intensamente sentidas.


Poesía Romance No para niños menores de 13.

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Sombra

Corría por un sombrío pasillo, apenas iluminado por el fulgor de la luna. Los rayos de luz se colaban por amplios ventanales cuyas cortinas se sacudían a causa del viento. Seguía corriendo, debía hacerlo. Llegó al final del corredor y giró la perilla de la puerta. Aquella habitación era oscura. No había rastros de claridad alguna. Era arriesgado. Ella lo alcanzaba, y en la oscuridad era más rápida.

No había tiempo que perder, Debía cruzar la sala. Respiraba entrecortadamente, como si la estancia fuera de hielo y hubiese estado corriendo por días. Su corazón bombeaba sangre a velocidades preocupantes. Se dignó a proseguir con un esfuerzo inhumano. Si tan solo alguien estuviera allí, todo sería más fácil. Llegó al extremo de la habitación y la sintió respirando en su nuca. No pudo contenerse y rompió en llanto. Desconsoladamente sus lágrimas caían empapando en cuestión de segundos su rostro, como si la peor de las angustias lo hubiera invadido de repente. Como si el peor de los dolores lo hubiera quemado…

Pero él no sabía que ella no provocaba tales horrores. Solo nos recordaba que allí estaban, que allí habían estado, incluso peor, que allí seguirían estando. Abrió la puerta y corrió por un segundo pasillo sumido en la negrura. Al otro extremo, se oía gente… un lejano murmullo…

Si entraba al salón contiguo todo estaría bien. Se acercó con paso apresurado aún con lágrimas en los ojos y gran angustia en el corazón, aferrándose a la vida. Tal vez aún tenía una oportunidad de seguir vivo. Tal vez aquellas lúgubres visiones solo se esfumaran. Solo faltaban unos pasos…

Pero tropezó. Cayó de bruces y comprendió que todo estaba perdido, no había forma de huir. Ella lo sujetó del brazo, y entonces no había nada que hacer. Era evidente que lo seguiría por el resto de sus días. Y si nadie estaba con él, no había forma de evadirla, aun cuando estuviese a pocos pasos. Tres exactamente. Y a una puerta de distancia. La voluntad de ella es inquebrantable. Lloraba aún, sin querer despedirse y sumirse en la eterna oscuridad…

Un minuto después, los demás lloraron también. Luego de escuchar el estruendo y abrir la puerta lo vieron. Yacía tumbado con el cuerpo ensangrentado, bañado en lágrimas y un agujero en la sien. Había rastros encefálicos a unos metros de distancia y se aferraba fuertemente a un revolver.

8 de Abril de 2022 a las 13:30 1 Reporte Insertar Seguir historia
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