nataliadiaz1995 Natalia Díaz

Megan acaba de llegar a sus 21 años; vive su vida al máximo como todo joven. Sin pensarlo mucho, ella pasa sus noches en fiestas, bailes y festejos junto a sus amistades, pero un día la presión de grupo es demasiada y esto la lleva a chocar contra la ley. Ahora bien, dicen que la ley es ciega; pero en este caso no es así. De tantos oficiales que rondan las calles en todo momento y que pudieron haber intervenido con Megan, casualmente no pudo haber sido otro que Jensen. Jensen no solo es oficial de policía, sino que también es el mejor amigo del padre de Megan y la ha visto crecer desde que es una niña. ¿Le tendrá Jensen alguna piedad a Megan por violar la ley? ¿De qué manera puede la ley someter a la obediencia a alguien tan joven y tan rebelde?


Romance Erótico Sólo para mayores de 18.

#drama #diferenciadeedad #amor-odio #romance #erotismo #erotica
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Deseo Reprimido

Las reglas se hicieron para romperse. Seguir un patrón determinado no es divertido; como cohibirme no es el estilo de vida que suelo llevar. Me gusta vivir la vida como si fuera el último día. Divertirme, pasarla bien, salir todas las noches con mis amigos, en fin, disfrutar plenamente de mi juventud.


Bajo a la cocina para servirme un vaso de jugo, aún sabiendo que mi padre está hablando con el idiota de Jensen en la mesa del comedor. Ambos automáticamente me siguen con la mirada, al oír la forma en que resueno intencionalmente los tacones al caminar y, evidentemente, interrumpo su conversación. Antes solía visitarnos varias veces al año, pero últimamente se pasa metido aquí y su presencia es irritante.


Jensen es amigo de mi padre; es un oficial de la policía, aguafiestas y un gran cretino, que solo aparece para causarme problemas. No importa dónde esté con mis amigos, ese imbécil siempre debe aparecer con la supuesta intención de disciplinarme, pero solo echa todo a perder y me avergüenza frente a los demás. He estado varias veces tras las rejas por su culpa y no soporto que se salga con la suya. Ese aire de superioridad y grandeza, más la sonrisa con evidente sarcasmo que lleva plasmada en su rostro todo el tiempo, es suficiente para odiarlo con todo mi ser. No puedo negar que, a pesar de su fastidiosa manera de ser, para tener 39 años, físicamente se mantiene en forma; tal vez debido a su oficio, pero todo eso se opaca al momento de abrir la boca.


—Tal parece que no tienes nada más que hacer, que estar metido en esta casa — digo en voz alta, con toda la mala intención del mundo.


—Megan, ¿dónde están tus modales y educación? — como era de esperarse, mi padre siempre se pone de su lado.


—No te preocupes, Jason. Es normal que actúe de esa manera. Está en esa etapa de creer que su actitud la llevará a alguna parte, pero solo termina haciendo el ridículo.


—Podré ser todo eso, pero tú no te quedas atrás. Eres un arrogante, un viejo estúpido y metiche, que no tiene nada que hacer con su vida, que estar metido en la de los demás. ¿Por qué no consigues una mujer que te atienda? Ah, porque lo más probable ninguna te soporte, así como no pudo soportarte tu ex esposa.


—¡En este momento te disculpas! — mi padre se levanta molesto de la silla.


—No voy a disculparme con ese cretino — suelto el vaso sobre la estufa.


—Déjala, Jason — él se ve tranquilo, yo que creí que lograría el objetivo de hacerlo enojar.


—Sube a la habitación. Hoy no saldrás a ninguna parte. ¡Estás castigada!


—¿Castigada?


—Mientras vivas en esta casa, vas a seguir mis reglas y órdenes. ¡Sube a tu habitación ahora!


Veo la sonrisa que se forma en los labios de Jensen, mientras aprieto los puños de la rabia.


—Algún día voy a largarme de aquí — cruzo por el lado de ambos como alma que lleva el diablo y subo a mi habitación.


Ya tengo veintiuno, es tiempo de conseguir un trabajo, ahorrar y salir de esta casa. Me quedaría con alguna de mis amigas, pero todas están quedándose en la casa de sus padres. Debería hablar con ellas para conseguir un apartamento, vivir juntas y dividirnos los gastos.


Estuve revisando mis redes sociales y viendo que se acerca la hora en la que quedé con mis amigas, cierro la puerta con seguro y abro la ventana de mi cuarto. No voy a quedarme aquí por culpa de ese imbécil. Sostengo los tacones en la mano para no hacer ruido y lograr el objetivo de bajar del techo. Antes resultaba más fácil escaparme por la ventana y saltar. Claro, cuando no estaba tan gorda como ahora. Me reúno con mis amigas en la esquina de siempre. Hoy, Richard y Manuel están con nosotras. No pensé que vendrían y por eso no me arreglé como hubiera querido. Pasamos parte de la noche dando vueltas en el auto de Keyra y tomando ron entre los cinco. Nos detuvimos por último frente a la plaza para poder estirar las piernas y bailar un poco.


—Toma — Richard me pasa la botella de ron y tomo de ella.


—Gracias.


Desde que cursamos sexto grado juntos, he estado perdidamente enamorada de él, pero no he tenido la valentía o suficiente autoestima para declararme. Lo he visto tener varias novias y todas son esbeltas y bonitas. Tal vez, eso es lo que no me ha permitido decir lo que siento, por miedo al rechazo o a la burla. Antes solíamos pasar más tiempo en grupo, pero desde hace dos meses para acá, no habíamos tenido la oportunidad.


—Megan, pon tu canción favorita — Stacy extiende su teléfono hacia mí y enciende la bocina.


—No, pon una tu.


—¿Qué te tiene tan pensativa? — cuestiona Keyra.


—Nada — sonrío, antes de darme otro trago de ron.


—¿Quieres? —Keyra muestra en su mano cinco pastillas blancas y redondas—. Son muy buenas. Mi hermano me las dio. No te vas a morir por probarla. Te aseguro que toda preocupación o estrés que tengas, se va a desvanecer — adentra una en su boca y me arrebata la botella de las manos para tomar de ella—. Vamos a divertirnos.


Todos cogen una, incluyendo a Richard y Manuel, así que para no ser la rara del grupo, cojo la última que queda y me la trago de una. Subimos la música a todo volumen, compartimos, reímos, disfrutamos, como la gran parte de las veces. Mi cuerpo se va relajando, tal vez más de la cuenta y no puedo mantenerme mucho tiempo de pie; incluso siento que estoy sudando frío. Mirando el teléfono, logro darme cuenta de que son las tres de la mañana.


—Chicos... — miro a mi lado, donde está Richard y Manuel, alcanzo a ver cómo los dos están muy juntos y besándose en la misma banca que me he sentado a descansar un poco.


Mis amigas permanecen viéndolos, sin decir una sola palabra, pero ríen y graban lo que hacen. Algo dentro de mí se rompió. Tal vez, se trataba de la misma decepción, tras ver cómo la persona de la que he estado enamorada por tanto tiempo, está besándose con alguien más y que, para completar, es un hombre. Despierto de ese trance por el sonido de la patrulla cerca nuestro y mis amigas apagan la música. Viendo que es Jensen, me pongo de pie con dificultad para enfrentarlo. Otra vez este tipo. Lo peor es que me he escapado de casa, ahora que me ha encontrado, lo más probable le cuente a mi papá. Digo, si es que ya no lo sabe. Cualquiera diría que me está siguiendo, siempre tiene que aparecer a molestarnos.


—¿Qué tal la fiesta? — coloca sus manos a la altura del arma de reglamento y todos guardan silencio.


—¿Qué demonios viniste a hacer aquí? — lo enfrento, mientras que en sus labios se ensancha una sonrisa —. ¿Vienes a vengarte por lo que te dije?


—¡Qué sorpresa! La niña rebelde se ha escapado de su casa, por no tolerar el castigo que le ha dado su padre por altanera y maleducada.


—Lo sabía. ¿Así que vienes a burlarte de mí? Has venido al lugar equivocado, imbécil — no puedo mantenerme del todo derecha, mi cabeza da muchas vueltas y siento la boca seca.


Por sentirme así, alcanzo la botella para darme otro trago, pero mi garganta arde.


—Te equivocas. Vengo a llevarte de vuelta. Ya quiero ver la cara de tu papá cuando se entere de esto.


—Eres un grano en el trasero.


—¿Están consciente de lo que están haciendo? — pregunta en general.


—¿Qué estamos haciendo, según tu, idiota?


—Esto es desorden e intoxicación pública; agradezcan que es un delito menos grave, donde tendrán una pequeña estadía de solo 24 horas en un Hotel cinco estrellas, con vista al mar y comida incluida.


—¡Púdrete, imbécil! — busco golpearlo, pero su mano sujeta mi muñeca.


—¿Quieres sumar también una agresión, jovencita?


Rechino los dientes de la impotencia y molestia, mientras que él sonríe con malicia.


—Vayan a sus casas. No los quiero ver de nuevo dando problemas por aquí. De volver a verlos, no voy a ser tan considerado — advierte.


Todos asienten con la cabeza y lucho con ponerme bien los tacones que, por estar tan mareada y en movimiento, se me han salido.


—¿Qué esperas para subirte? — pregunta, refiriéndose a la patrulla.


—Voy a irme a caminando.


—El cuartel está a quince minutos en auto de aquí. ¿Piensas caminar todo eso en tacones o descalza?


—¿El cuartel? ¿Me estás jodiendo?


—¿Y a dónde creíste que ibas?


—No voy a ir contigo a ninguna parte — lo empujo, antes de dar la vuelta y tratar de correr, pero sus manos se aferran a las mías y las lleva a mi espalda.


—Quedas arrestada por intento de agresión a un oficial y resistencia al arresto — cierra las esposas y siento lo ajustada que están a mis muñecas—. Cualquier cosa que diga puede ser usada en su contra en un tribunal judicial. Tiene derecho a consultar a un abogado antes de hablar con la policía y, a tener un abogado presente durante el interrogatorio o más adelante. Si no puede pagar un abogado, el tribunal le asignará uno antes del interrogatorio, si así lo desea.


—Esto es abuso de poder. Estoy segura que lo haces para vengarte por lo que te dije antes, no porque haya cometido nada.


—Una mujer adulta se atiene a las consecuencias de sus actos.


—¡Te odio!


Baja mi cabeza, antes de obligarme a entrar a la patrulla y luego subirse a manejar. Le di varias patadas a su asiento y él acomoda el retrovisor.


—¿Estás cómoda? — su pregunta viene acompañada de una sonrisa—. ¿Necesitas que encienda el aire acondicionado?


—No vas a salirte con la tuya. Voy a decirle a todos que esto es una injusticia. ¡Haré que te saquen de la posición que estás!


—Tu voz debe oírse muy bonita en la grabación, ¿sabías? Entre más hables, más te hundes. Deberías aprender a hacer silencio.


No quiero ir de nuevo a la cárcel, ese lugar es asqueroso y desesperante. ¿Por qué siempre tiene que aparecer a fastidiarme?


—¿Cuándo vas a cansarte y me dejarás en paz?


—Hemos llegado.


—¿Dónde mierda estamos? — miro por la ventana, pero no estamos en el cuartel, sino frente a una casa que, obviamente no es la mía.


Abre la puerta, ayudándome a bajar y su mano se posa sobre las esposas para guiarme a la entrada de la casa. Lo veo abrir la puerta, algo que responde automáticamente mi pregunta.


—¿Por qué me traes a tu casa?


No responde, solo entramos y enciende las luces. La casa está oscura, lo que me hace pensar que no hay nadie más aquí, supongo.


—¿Quieres saber? — empuja mi cuerpo contra la pared y descansa sus dos manos en ella, a ambos lados y a la altura de mis hombros.


—¿Qué haces? — los nervios se centran en mi estómago.


—¿Has estado consumiendo drogas?


—¿A ti qué te importa?


—Eso no es una respuesta — me encara y guardo silencio al tenerlo tan de cerca—. Volveré a preguntar. ¿Has estado consumiendo drogas? — su pierna separa las mías, acomoda su rodilla entre ellas y lo observo extrañada.


—No tengo que responderte nada. ¿Qué demonios haces? — las palabras se atoran en mi garganta debido a su acercamiento y, porque no solo su rostro está cerca, sino su cuerpo también.


—Supongo que si te llevo al cuartel, se harán cargo de realizar la prueba y, lo que arroje la misma, será entregada a tu padre. Sería muy doloroso para él enterarse de que su única hija está abusando de sustancias controladas, ¿no lo crees?


—¿Por eso no me has llevado al cuartel?


—Efectivamente. Deberías estar consciente del daño que le causaría a tus padres enterarse de esto. Además de que eres muy joven para dañarte la vida de esa manera. Eres una desconsiderada y una niña ignorante.


—Y tu un abusador.


—¡Qué desperdicio! — suspira, mirándome de arriba abajo —. Un cuerpo como este, debe cuidarse y apreciarse, no echarlo a perder consumiendo semejante porquería.


—¿Ya terminaste? Ahora quítame las esposas y aléjate.


—No — su mano se posa en mi cuello—. Tú actitud me tiene cansado. Llevas mucho tiempo mostrando inmadurez y rebeldía, sin contar todo lo que le has hecho pasar a tus padres con tal de llevar la vida loca como hasta ahora. No has aprendido la lección de todas las veces que te he llevado a pasar 24 horas encerrada en una celda. Lo has tenido todo, aún así, te comportas como una niña caprichosa, malcriada e ignorante. Debo estar loco para gustarme alguien como tú — roba mis labios sin previo aviso, en un apasionado y húmedo beso.


Toda mi energía se ve drenada en ese brusco y descarado beso. No tengo idea de lo que está pasando por su mente, tampoco puedo entender esas palabras que dijo. Solo sé que mi cuerpo se está calentando rápidamente, no solamente por el beso, sino a sus dos manos que se han aferrado a mis dos senos. Se supone que me sienta molesta por todo lo que está ocurriendo y, a decir verdad, hace un momento lo estaba, pero ahora no puedo pensar en ello. Quisiera pensar que es debido a todo lo que he tomado o a lo que consumí. Mi cuerpo está siendo tocado por esa persona que he odiado y odio tanto. Me ha traído hasta aquí esposada, en contra de mi propia voluntad, está robando mis labios y frotando mis senos por encima del traje sin mi permiso. Se supone que sea razón suficiente para gritar por ayuda, para pedirle que se detenga o para buscar la forma de defenderme, pero no siento ganas de hacerlo. ¿Es qué acaso he enloquecido?


—Aquí es donde únicamente puedo considerarte una adulta — baja el escote del traje, dejando expuesto mis senos, y me avergüenzo de no haberme puesto sostén.


Sus labios recorren en dirección a mi cuello y un escalofrío me invade, viene acompañado de un gemido involuntario, haciendo que todo mi rostro se caliente.


—Suéltame — le pido con un hilo de voz —. Voy a contarle a mi papá. Y eso, que te importa tanto su bienestar, cuando estás abusando de su hija.


—¿Realmente le dirás? ¿Vas a decirle también que estás gimiendo por mis besos y por mis manos, o vas a omitir esa parte? — sonríe con descaro, mientras busca la macana y la acerca a mi rostro, jugueteando con mis labios —. ¿Crees que no me he dado cuenta de la forma en que buscas llamar mi atención? Todo el tiempo es lo mismo— desciende la macana por el valle de mis senos, hasta culminar en mi entrepierna—. ¿Olvidaremos también la noche que me llamaste borracha? En esa llamada hubieron largos periodos donde lo que se oían eran tus gemidos y los dedos que, con tanto furor, jugaban plácidamente en tu interior — la macana se adentra por debajo de mi traje y asciende hasta sentir el roce de ella en mi ropa interior.


—Yo... yo no hice eso. Eso no es cierto — me defiendo, mientras niego rotundamente con la cabeza y mis piernas flaquean.


Recuerdo un poco sobre esa noche, pero no lo hice con esa intención, tal vez olvidé colgar la llamada. Esa llamada fue para insultarlo, no para hacer algo así con él en línea.


—Podrás mentirte a ti misma, pero a mí no me engañas.


—¡Deja de tocarme, maldito degenerado!


—¿Dejar de tocarte? — su mano se aferra a mi brazo, hace que suba las escaleras para llevarme a su habitación y, el empujón que me da, hace que caiga casi en el centro de la cama.


—¿Estás demente? ¿Qué demonios haces? ¿Qué planeas hacerme? — cuestiono asustada, viendo cómo acomoda su rodilla entremedio de mis piernas.


Es incómodo tener estas esposas tan ajustadas y mis brazos a la espalda. Estoy indefensa y a la merced de que haga conmigo lo que quiera.


—Por ahora, solo quiero oírte — acaricia mis muslos con la macana y mi piel se eriza.


—¡Estás enfermo!


—Tú misma has alimentado esa enfermedad, así que no sé por qué te quejas de esto. Todos tenemos un límite, y has sobrepasado los míos hace mucho tiempo, niña — lleva la macana sin aviso a mi ropa interior, lo frota despacio, pero puedo sentir claramente el roce en mi clítoris —. ¿Vas a seguir siendo una niña mala?


No puedo responder, los gemidos no lo permiten. ¿Qué le ocurre a mi cuerpo tan de repente? ¿Por qué me estoy sintiendo de esta manera por él? Si yo lo detesto con todo mi ser.


—¿No vas a responder? — continúa frotándolo sin pausa, pero esta vez de arriba hacia abajo—. Tus fluidos están humedeciendo tu ropa interior y, a través de ella, también la macana. Tras de rebelde, eres una grandísima pervertida. ¿Qué dirás en tu defensa? ¿Vas a decir que te has orinado encima? — sonríe malicioso.


Esto es humillante. ¿Por qué tengo que mostrarle esta parte tan vergonzosa de mí a este imbécil? En otras circunstancias, taparía mi rostro si pudiera.


—Tienes una linda voz — presiona la macana en la apertura de mi vagina, siento la presión de ella, aún a través de la ropa interior —. Tus pezones están bien erectos. ¿Así que lo estás sintiendo? — aligera los movimientos, provocando espasmos en todo mi cuerpo y un escape de gemidos involuntarios —. Déjame oírte más. Muéstrame cómo te mojas por mí — la presión, precisión y movimientos bruscos es tanta que, no puedo controlar el cosquilleo que se centra en esa área.


—¡Detente! — pido agitada y jadeante, mi cuerpo no tolera esto más.


No puedo cerrar mis piernas o empujarlo para evitarlo. ¿Por qué debe sentirse esto tan bien? Mis energías se drenan por completo, justo en el momento que alcanzo el orgasmo y todo mi cuerpo tiembla sin control. Mi vagina está muy caliente y percibo parte de mi entrepierna húmeda. Acabo de hacer esto frente a este pervertido. Mueve mi cuerpo y suelta las esposas, pero no tengo ni siquiera fuerzas para golpearlo como quería.


—De mañana en adelante, no voy a interferir más en tus asuntos o en tu vida, tampoco voy a visitar la casa de tu papá. Espero esta lección te sirva para abrir los ojos y no seguir ese camino a la perdición que estás tomando, Megan. Aún eres joven y tienes un futuro y una vida por delante. No permitas que tus padres se decepcionen más de ti, en especial tu papá, que tantos sacrificios ha hecho para sacarte adelante. No te lo digo por mi trabajo o por ser amigo de tu padre, te lo digo por tu bien. No te llevaré al cuartel, pero es porque afectaría tu futuro si logran darse cuenta que en tu sistema hay algo más que alcohol. Puedes quedarte aquí esta noche, ya mañana te llevaré temprano a tu casa y haremos de cuenta que aquí nada pasó. Que quede claro; no estoy patrocinando lo que hiciste, pero esto lo hago pensando en el bienestar de tus padres y el tuyo. Sé que vas recapacitar a tiempo y no tendré que lidiar contigo más. Al menos, eso espero. Descansa — sale de la habitación sin añadir nada más.


¿Así que no quiere lidiar más conmigo? Entonces ¿para qué demonios me hizo todo esto? Es él quien me busca, no es como que quiera tenerlo detrás de mí todo el tiempo.


Con el paso de varias semanas, ese idiota no apareció más por la casa, tampoco en los lugares en que me reunía con mis amigas. No es como que me importe, pero se siente muy extraño. Mi padre lo ha estado tratando de llamar, pero no lo consigue. No creo que se haya ofendido por lo que le dije. Al final de cuentas, él nunca ha tomado a pecho las cosas que le digo. Lo más probable haya algo más de por medio.


Veo llegar a mi mamá, como siempre, está en una llamada telefónica, probablemente de trabajo. Sale del trabajo, para venir a la casa y seguir atendiendo más trabajo desde acá. ¿Quién puede comprenderlo? Nunca nos atiende a mi padre o a mí, todo el tiempo está ocupada. Ya me he ido acostumbrando a esto, supongo.


—¿A dónde vas? — cuestiona al verme bajar las escaleras, aún con el teléfono en la oreja.


—Voy a salir con mis amigas.


—¿Otra vez?


—Sí, otra vez. ¿Quieres algo de afuera? — pregunto con evidente sarcasmo.


—No, vete — niega con la cabeza y continúa atendiendo la llamada.


Nada nuevo a lo que vivo día tras día. No veo el momento de irme a vivir a otra parte. Lo mas probable ni me extrañen o se den cuenta si desaparezco algún día.


Me reúno con mi amiga Stacy en la barra, ya que Keyra no pudo venir. Ella me invita esta vez los tragos. Necesito encontrar un empleo pronto para poder pagar mis cosas. No me gusta depender de los demás.


—¿Estás bien? Hoy te ves muy apagada, Megan.


—Tal vez porque Keyra no vino con nosotras.


—Yo también la extraño, pero ya sabes que cuando uno encuentra novio, prefiere pasar el tiempo con ellos, que con amigas.


—¿Consiguió novio?


—Sí, ahora solo somos tu y yo las solteronas — ríe, dándose otro trago—. Aunque tener novio no es la gran cosa. Todos tarde o temprano te engañan o simplemente te dejan cuando más enamorada estás.


—¿No me digas que acabas de pasar por eso y te sientes despechada?


—No, pero ya lo pasé una vez. No hablemos de temas tan aburridos y vamos a divertirnos que para eso vinimos. Toma — extiende una pastilla y niego con la cabeza.


—No, gracias, no quiero.


—¿Por qué?


Las palabras de Jensen se cruzan por mi cabeza en un milésimo segundo y vuelvo a negar con la cabeza. ¿Por qué debo andar pensando en ese idiota?


—Para divertirnos no necesitamos eso. Bailemos juntas — le agarro la mano y la llevo al medio de la pista. Todo con tal de que ella tampoco consumiera de eso.


La gran parte de la noche estuvimos bailando con desconocidos y entre nosotras. Los tragos iban poco a poco haciendo efecto, en todos los aspectos. Solamente trayendo a mi mente al idiota de Jensen.


—¿Puedes llevarme a una parte? — le pregunto a Keyra.


—¿A dónde?


—A la casa de alguien.


—¿De quién?


—No importa, solo llévame.


Hago que me traiga a la casa de Jensen y, al principio dudé en si tocar o no, pero me atreví a hacerlo. Realmente, ni yo misma me explico el por qué estoy visitando a ese idiota, egocéntrico y degenerado. Abre la puerta y me recibe uniformado, aunque esta vez no creo que esté solo, ya que hay un auto rojo estacionado ahí frente.


—¿Qué haces aquí? ¿Otra vez tomando, Megan?


—¿Quién está contigo? — pregunto, solo por curiosidad.


—Estas no son horas de visitar — su actitud es extraña. ¿Es que acaso hay algo que no quiere que vea?


—¿Con quién estás? — vuelvo a preguntar y alcanzo a oír la voz de una mujer.


—Ah, ya veo. Estás bien acompañado, ¿cierto, imbécil? — lo empujo para entrar a la casa y veo una mujer joven, esbelta y muy bonita, sentada en el sofá.


La mujer al verme se levanta y siento el agarre de Jensen en mi brazo.


—¿Eres tú su nueva amante? — le cuestiono, pero ella mira a Jensen confundida.


—¿Amante?


—¡Ese tipo que ves aquí, es un degenerado y un violador! — grito a los cuatro vientos y Jensen agarra más fuerte mi brazo—. ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que le diga lo que me hiciste el otro día?


—Creo que sobro aquí — la chica se acerca y pasa por nuestro lado.


—Disculpa la actitud y la mala educación de la hija de mi amigo. Suele ser así cuando está borracha. Mañana te buscaré y visitaremos a nuestra madre.


—Esta bien. Buenas noches.


En el momento que cierra la puerta, no le toma mucho tiempo llevar mis brazos a la espalda para volver a esposarme.


—¿Otra vez con lo mismo? ¿No tienes otra manera de solucionar las cosas, idiota? — forcejeo con mis manos, pero no puedo evitar que las cierre.


Me obliga a subir a la habitación y tira mi cuerpo bruscamente contra la cama. Hoy, a diferencia de aquel otro día, luce muy molesto.


—Parece que no has aprendido nada. ¿Cómo te atreves a venir a mi casa y bombardear de esa manera a mi hermana? ¿Sabes lo que pudo haber pasado si llegara a tratarse de alguien más? Lo que dijiste puede traerme problemas. ¿Es que no tienes cerebro o qué?


—¿Y eso qué? Fuiste quien abusó de mí ese día.


—¿Abusé de ti? — ríe—. Entonces ¿quién en su sano juicio vuelve a visitar a su violador, si le hizo algo que no le gustó?


—No vine a visitarte por gusto.


—Si no viniste por gusto, entonces ¿para qué viniste? A esta hora no se supone que se visite a alguien y mucho menos a un hombre.


—Mi papá está preocupado por ti, así que vine a pedirte que le llames.


—¿A esta hora y en estas fachas? Deberías aprender a mentir mejor — levanta el traje, dejando visible mis piernas—. Ambos sabemos que si estás aquí es para repetir lo que ocurrió la última vez. Incluso has escogido una prenda muy provocativa. No creo que te la hayas puesto solamente por ponerte algo. Si tanta atención quieres de mí, puedo dártela, pero deberías comenzar por ser honesta de una maldita vez. Estos juegos de niña inmadura, caprichosa y orgullosa, no me gustan para nada — adentra sus manos por debajo del traje, hasta sujetar mi ropa interior en ambos lados y deslizarla por mis piernas—. Aunque creo que hoy haré una excepción contigo.


—¿Qué estás haciendo? — cruzo las piernas.


—Darte la atención que tanto pides a gritos.


—No trates de pasarte o voy a llamar a... — me interrumpe.


—¿A quién vas a llamar? Muero por oírlo— abre mis piernas y las presiona contra la cama—. Te recuerdo que eres tú quien ha invadido mi propiedad intoxicada, lo más probable drogada e incluso con tu ropa interior mojada. ¿No te da vergüenza ser tan mentirosa y pervertida?


—¡Yo no estoy drogada, idiota! — caigo en cuenta muy tarde de lo que dije.


—De todo lo que dije, ¿eso es lo único que vas a negar? — se acomoda a la altura de mi entrepierna, mientras sus manos continúan presionando mis piernas contra la cama.


Estoy totalmente expuesta a este degenerado. Está viendo mis partes con tanto descaro y perversión.


—Se supone que esté trabajando y aquí ando cuidando de una niña engreída y orgullosa. Qué cosas, ¿no?


—No me mires, sinvergüenza.


—¿Por qué? Si lo que estoy viendo se ve muy apetitoso y húmedo.


Todo mi rostro se cubre de calor por la vergüenza.


—No te atrevas a ir más allá de esto o voy a demandarte.


—Ve pensando en una amplia y explícita versión de los hechos, esperaré con ansias la citación — besa suavemente el interior de mi muslo y recorre esa área con su lengua, todo mi cuerpo tiembla debido a eso.


Cierro los ojos, mientras muerdo los labios en busca de controlar mi voz. Puedo sentir cosquillas por su barba, eso lo hace ser el doble de difícil. Su lengua continúa moviéndose hacia mí parte baja, siento su respiración cerca de mi vagina y todo mi cuerpo se tensa. Poco a poco se acerca a mis labios, hace que de mí escape ese gemido con el que había luchado por bastante tiempo. Mantengo los ojos cerrados, pese a que siento como su lengua explora y juega con mis labios, desviándose intencionalmente hacia la apertura de mi vagina y ascendiendo a mi clítoris.


—No, no hagas eso — le pido casi sin voz—. Estuve en la calle.


—¿Y? Eso no quita lo deliciosa que estás — la punta de su lengua entra a la apertura de mi vagina y me quedo prácticamente con toda la habitación con mis gemidos.


Es la primera vez que alguien me devora de esa manera; con esa intensidad y furor, de mover su lengua a su antojo, sin intenciones de detenerse. Sacude su rostro violentamente, acaparando cada parte de mi vagina y proporciona breves chupones en ella. En el momento que se detiene, retoma su postura y alcanza la almohada más cercana, coloca mi cuerpo de lado; luego me voltea completamente boca abajo. Pensé que tenía intenciones de quitarme las esposas, pero sus brazos me sujetaron fuertemente por la cintura, para levantar mi trasero y poner la almohada debajo de mí. Nerviosa, giro la cabeza para ver lo que hace y me doy cuenta de que está abriendo un preservativo con la boca.


—Tú no estás pensando ir más allá, ¿verdad?


—Por supuesto que sí.


Siento el roce de su pene en la entrada de mi vagina y todo mi cuerpo se tensa. No esperaba que esto iba a escalar de esta manera.


—Hemos llegado a la mitad, como para detenernos ahora. Ambos sabemos que tú también lo quieres, así que mejor no digas una sola palabra y disfruta. Ya luego si quieres arrepentirte, que sea por haber disfrutado al tenerme dentro — su pene abre paso a mi interior y una corriente invade mi cuerpo.


No puedo pensar claramente, todo mi ser está caliente y mis pensamientos se han nublado por completo. Sus embestidas son sin lastima, es como si estuviera desquitándose por todo lo que le he hecho. Su mano se posa en mi cintura, mientras que la otra se aferra fuertemente a mi cabello. El roce y choques de su pene en mi interior, son alucinantes. No puedo escapar, estoy sometida por este maldito. La precisión de este hombre es inigualable. Nunca me había topado con un hombre que fuera una bestia en la cama, capaz de pasarse de esta manera. Jamás me hubiera visto en una situación así, tampoco puedo creer que me esté sintiendo bien de esto. Es el ser que más odio en esta vida, pero es el que mejor me está cogiendo ahora.


Buscando mejor penetración, coloca mi cuerpo de lado y levanta la pierna colocándola sobre su hombro, mientras acomoda su cuerpo entremedio de mis piernas. Su embestida inicial, vino acompañada de un fuerte gemido de mi parte. Siento como sin tomar un descanso, continúa moviéndose, como si estuviera entregado y no pudiera aguantar. Es como si me derritiera por dentro con su calor. Nunca me había tomado el tiempo de apreciar bien su cuerpo o su rostro, pero tiene unos brazos muy fuertes y esta faceta lo hace ver, indescriptiblemente atractivo. El chapoteo de nuestros fluidos, hacen competencia con mis gemidos y los de él.


—¿Me sientes? — su perversa sonrisa, despertó en mí una especie de hormigueo—. Eso quiero, que me sientas plenamente y no puedas vivir sin esto — deja su pene dentro, mientras explora con sus movimientos circulares mi interior.


La presión causada por eso, hace que mis espasmos se hagan presente de nuevo. Está disfrutando mientras juega conmigo de esa manera tan cruel. Me siento totalmente llena por su gran tamaño. No sé si pueda aguantar un segundo más sin romperme. Mis piernas y brazos están adormecidos. Y, es que llevamos algo de tiempo en esta misma posición.


—Siéntate en el respaldo de la cama — le pido con la poca voz restante.


Aunque, curva una ceja ante mi pedido, puedo convencerlo de que se detenga. Las ganas de seguir siendo empalada por él, siguen intactas, a pesar de sentir parte de mi cuerpo adormecido. Ante varios intentos por sentarme en la cama, logro arrodillarme y, así mismo de rodillas, subo sobre él, mientras que sus manos rodean mi cuerpo.


—¿Quién diría que ibas a querer tomar el control?


—¡Cállate, estúpido! — muevo mis caderas sintiendo lo duro que está y lo bien que se siente tenerlo de esta manera dentro.


—Lo estás envolviendo bien — sus manos sujetan mi trasero y se mueve también por su cuenta —, pero debes hacerlo más rápido.


—Si no tuviera estas esposas, todo sería distinto.


—Te ves irresistible así indefensa — su mano baja parte de mi blusa, dejando expuesto mis senos y se pega a ellos, como si de un bebé se tratara.


Estoy tan excitada, que mis pezones están sensibles y erectos. Su lengua juega con ellos y los muerde delicadamente. No puedo dejar de moverme, mis caderas se mueven por sí solas.


—Estás mojando mi uniforme, traviesa. Que niña tan interesante y perversa me saliste — agarra mi trasero fuertemente entre sus grandes manos, estoy segura que deben estar marcadas en mi piel.


Esto es mucho, no puedo con los escalofríos y los espasmos. Poder moverme a mi propia velocidad y profundidad, hace que el orgasmo se vaya aproximando. Sus besos en mi cuello, más las mordidas en la orejas y hombro, son muy intensas. Y, es que no puedo parar. Tras el beso húmedo que en ese momento me da, una corriente se esparce por todo mi cuerpo, provocando que culmine en el orgasmo. Los temblores se apoderan de todo mi ser, drenan mi energía y fuerza. Recuesto mi cabeza sobre su pecho debido a la corriente y los temblores constantes. Las palpitaciones no puedo controlarlas, cuando empuja abruptamente mi cuerpo contra la cama. Sentir de nuevo su pene en esa área que tan sensible está, hace que me tense y curve la espalda. Todas esas sensaciones se agudizaron, estoy a punto de perder la cabeza, pero esto se siente increíble. Mis piernas se entrelazan a su cuerpo y veo como muerde sus labios con lujuria, mientras las gotas de sudor se deslizan por su mejilla. Mirándolo desde este ángulo, no se ve nada mal. Acelera y profundiza sus embestidas, hace que se agudice el cosquilleo en mi interior. En esa última y fantástica estocada, sus manos presionan mis caderas contra la cama y escucho como de lo más profundo de su garganta se escapa un fuerte gemido. Nos toma algo de tiempo calmar nuestra respiración agitada y espasmos. Hace mucho calor, mi cuerpo arde y mi vagina está muy húmeda. Poniendo mi cuerpo de lado, siento cuando suelta las esposas y logro sentir un gran alivio.


—Ni una palabra de esto a tus padres, Megan — advierte.


—¿Tienes miedo de que les cuente?


—Sé que no lo harás. No te conviene a ti, ni mucho menos a mí.


—Entonces deja el miedo. Dime una cosa, ¿hace cuánto tiempo llevabas reprimiendo estas ganas?


—Eso no viene al caso. Solo puedo decirte que fue hace mucho.


—Pude notarlo.


—Espero aprendas a comportarte de ahora en adelante, Megan. No le sigas dando problemas a tus padres y deja de hacer esas cosas que haces.


—¿Vas a volver a reprenderme de esa manera, si vuelvo a hacer cosas malas?


—Si continúas haciendo las cosas mal, no me culpes de lo que te haga.


—Te detesto, pero tus castigos son muy extremos y me han dejado con ganas de más — confieso—. Algo me dice que tendrás trabajo extra.


—Mientras esto se quede en secreto entre los dos, puedo castigarte todo lo que quieras.


Tal vez no sea tan malo portarse mal de vez en cuando.


28 de Enero de 2022 a las 14:05 0 Reporte Insertar Seguir historia
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