axel-melgarejo1625109491 Axel Melgarejo

Tras meses de hambruna, frío y suciedad, Robert Goldestein finalmente llegaba a la ciudad de Nueva York como un polizonte en un barco carguero. Pudiendo huir de la Alemania nazi a principios del año de 1940, Robert ahora tiene que sobrevivir en las calles de la gran metrópolis que se alza delante de él y sin tener un solo centavo en el bolsillo deberá ingeniárselas para alimentarse, sin embargo no estara solo en esa miseria debido a que lo acompañará su fiel perro Compañero y sus sueños de poder tener un taller de automóviles ¿Podrán Robert, Compañero y sus sueños sobrevivir en las frias calles de Manhattan y conseguir convertirse en un gran magnate del automovilismo? Descúbralo en esta historia biográfica de un gran hombre que nunca existió ¿O sí?


Drama Sólo para mayores de 18.

#nueva-york #segunda-guerra-mundial #Automoviles
2
256 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los martes
tiempo de lectura
AA Compartir

PROLOGO: HUIDA DE ALEMANIA

Se encontraba en el carguero tiritando de frío pero aun estaba vivo, por suerte. Sin embargo ¿Por cuánto tiempo? Encontrándose desnutrido, al punto de tener un cuerpo esquelético, se ocultaba en el compartimiento de carga como polizonte. No sabía si sería descubierto y si al serlo la tripulación lo echaría al mar aunque tampoco le importaba mucho en ese momento, en realidad le importaba muy poco.

Viendo el interminable océano azul por la escotilla que estaba a su lado, recostó su cabeza y se durmió dejando que los recuerdos corrieran libremente por su cabeza.

Toda su vida quiso ser mecánico de autos, trabajar en aquellos bellos ejemplares de la modernidad y el progreso. Con veinte años el joven Robert Goldenstein, o Bobby para los amigos, fue un genio a la hora de armar cosas. Su primera bicicleta la armó él solo a los diez años y también armó una lámpara, con la ayuda de su padre quien era electricista. Aun recordaba los días en que su padre lo llevaba de viaje por los viñedos de Viena en aquel modelo Ford T. Reía las veces que pensaba en como ese trasto les daba problemas todo el tiempo pero conseguía, al cabo de un rato, andar. La mayor parte del tiempo con la ayuda de Robert al tratar de arreglar ese motor.

Recordaba un día cuando todo salió perfecto. Debía tener doce años y su padre, quien ya mostraba un ligero problema en su respiración que derivaría unos años después en un cáncer de pulmón, decidió que esta vez podrían ir por los viñedos sin que ese coche se estropease. Era ya algo tarde, casi de noche, y sin un poco de luz solar Robert no podría arreglar el auto, pero su padre tenía una gran confianza que logró convencerlo. Padre e hijo subieron al coche esa tarde e iniciaron viaje. Aun pensaba en el ocaso que daba en el frente de su auto, como si estuviesen conduciendo al ocaso de sus vidas aunque Robert creía que era el ocaso de su padre a donde conducía. La última vez que lo vio fue precisamente tres años después, cuando el cáncer de pulmón ya estaba matándolo, él tomo su auto para conducir un poco, Robert vio como su auto se iba en ese ocaso y no le volvió a ver sino hasta el funeral. Su padre murió por un fallo respiratorio mientras conducía.

Aquello fue en 1926, unos años antes de la llegada de los Nazis al poder.

Ahora en 1940 el mismo Robert estaba huyendo de Alemania antes de que los Nazis le matasen.

Hitler había tomado control de Austria y todos los judíos eran llevados a los campos de concentración. Los que podían escapar eran aquellos que se ocultaban demasiado bien o los que se iban antes de que el dominio de Hitler se expandiera por toda Europa.

Robert eran de los que sabían que había que irse antes de que fuese tarde. Por desgracia un general Nazi, llamado Kraus, iba en su búsqueda. Él tenía que largarse cuanto antes si quería sobrevivir.

Trataba de borrar esas imágenes de sus memorias mientras el carguero continuaba camino a otra tierra, lo más lejos posible de la Alemania Nazi.

Veía en sus recuerdos como conducía ese condenado Ford T y como los oficiales de la Gestapo les perseguían. También veía como un disparo hecho por el general Kraus mataba a su esposa embarazada, como logró huir apretando el acelerador mientras luchaba contra todo instinto de no desviar su atención de la carretera. Veía como fue, gracias a los autos, que él pudo salvarse al llegar a un pequeño puesto Francés y poder pasar sin mayores problemas argumentando que su esposa estaba durmiendo, aun faltaban unos meses antes de que Alemania entrase en Francia.

Logró colarse en el carguero para descansar un poco, pudiendo por fin lamentarse tranquilamente por la muerte de su esposa y su hijo no nato. No había comido nada en días y de a poco él iba muriendo de hambre como también de frío.

Habían pasado semanas desde su escape y ahora el amanecer le sonreía desde su pequeña ventana. El joven Robert Goldstein abrió los ojos y vio la ciudad de Nueva York en las cercanías. Sonriendo, con unas pocas lágrimas de consuelo, pudo acostarse, logrando por fin descansar mientras que el sol de la mañana volvía a acariciar su rostro. Robert había llegado a su nueva casa.

20 de Enero de 2022 a las 13:41 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo CAPITULO 1: EL SUEÑO DEBE SOBREVIVIR

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 9 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión