axel-melgarejo1625109491 Axel Melgarejo

Una pluma cae sobre sus escritos. Durante años el joven Héctor Standford tuvo interés en saber todo lo relacionado a las criaturas conocidas como Ángeles u Homo Angelicus. Negados por la ciencia hasta cierto punto y señalados como criaturas mitológicas, el deseo de Héctor por saber de esas criaturas solo es comparable a su amor por la ciencia y medicina. Una noche de primavera mientras se encontraba descansando en su cabaña en el campo, Héctor, ve una estrella fugaz surcar el cielo, sintiendo un extraño instinto que nace de su interior, va en búsqueda de dicha estrella fugaz creyendo que es un meteorito hasta que encuentra a una hermosa mujer de cabello negro y ojos azules inconsciente cerca del lago, portando unos extraños ropajes, llaman la atención de Héctor quien decide salvarla llevándola a su cabaña, al despertar la joven que él llama Selene se comporta de manera extraña y habla entonando una lengua muy extraña como también desconocida. Conforme pasen las semanas Héctor hará dos descubrimientos importantes, el primero es que Selene no es un ser humano sino una criatura que responde bajo el nombre de Engel y la segunda es que se está enamorando de ella ¿Podrá Héctor saber el motivo por el cual Selene se encuentra en la tierra? ¿Sera un Ángel o una muchacha extraña? Y lo más importante ¿Podrá pelear contra las emociones que siente hacia Selene mientras estudia su comportamiento en la tierra?


Romance Suspenso romántico Sólo para mayores de 18.

#ángeles #aventura
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PARTE 1: UN REGALO DEL CIELO

CAPITULO 1: PERSIGUIENDO UNA ESTRELLA

Una pluma cae sobre mis escritos, la observo bailar con el viento para luego posarse sobre el papel que descansa en mi escritorio, sonrío al saber que es de ella, que aun me observa y cuida de mí, a la vez que yo aun la amo como el primer día que la conocí.

Es muy curioso como la sociedad Inglesa moderna suele tachar de loco o de fantasioso cosas que nuestros ancestros, en tiempos de antaño, daban por cierto. Una de las cosas que toda cultura occidental cristiana ha dado por verdadero han sido los Ángeles. Recuerdo cuando era niño y me decían que las campanas eran las voces de los Ángeles celestiales que se encontraban al lado de Dios nuestro señor. Yo quería creer aquello pero el progreso comenzó a ganar terreno en la vida de la sociedad Londinense, por lo que toda creencia en algo tan bello, como un Ángel, eran tachadas de cuentos, supersticiones o habladurías; pero recuerdo cuando tenía diez años y mi amado padre me dijo en una ocasión:

- Cuando veas una estrella fugaz, pide un deseo. Se cumplirá hijo mío, se cumplirá

Y yo tenía un deseo muy grande en mi corazón, uno tan bello y a la vez tan íntimo que me resistí a hablarlo durante años; pero en vista de los eventos que ocurrieron hace un tiempo atrás, creo que puedo hablar con sinceridad en este momento. Cuando era niño, e incluso en mis precoces años de juventud, yo ansiaba de corazón el poder conocer a un Ángel del Señor. Poder hablar con uno, hacerle preguntas sobre Dios, sobre la vida después de la muerte o sobre el porqué estamos aquí. Ahora, con veinte años cumplidos, siento que esas preguntas eran tan tontas e ingenuas en comparación con la pregunta más importante de todas: ¿puede un hombre ser amado por un ser tan especial como un Ángel?

Creo que para poder responder aquella pregunta antes debo retroceder a unos años atrás, cuando tenía diecinueve años y me encontraba en mi pequeña casa de campo en las afueras de Londres.

Como muchos sabrán una de mis grandes pasiones, además de la teología, es la medicina. Siendo un joven emprendedor, a los diecinueve años, me gradué en la universidad de Oxford como médico, todavía poseo con orgullo mi diploma que dice: “La comunidad científica de Londres certifica este diploma donde el joven Héctor Standford se ha graduado con todos los honores como Doctor en medicina.” Fue una carrera muy difícil la que yo cursé pero pude hacerlo. Siendo mi padre también un doctor, felicitó mi graduación pero afirmó que le apenaba mucho el que no siguiese la carrera de abogado que mi dulce abuelo deseaba que hiciera.

Descansando del estrés que me provocaron dichos estudios, me retiré a la casa de verano que tenemos en las afueras de Londres. Allí me dedicaría a centrar mi atención en conseguir una consulta y en poder organizar mi semana, aunque en el fondo de mi corazón sabía que me dedicaría a esta profesión las veinticuatro horas del día, por lo que solo estaba allí para poder centrarme en tener la voluntad y la dedicación necesaria para la ardua tarea que se aproximaba.

Mientras organizaba los libros de medicina, que llevaría conmigo a mi futura consulta, fue que vi las estrellas solo por un minuto. Sonriendo me acerqué más a la ventana para poder verlas. Era noche cerrada y lo único que se veía, además de aquel bello firmamento, era el reflejo de mi rostro. El cual, como ustedes saben, está compuesto por: un cabello negro lacio, piel blanca suave completamente afeitada y unos ojos azules que miraban dicho espectáculo. Noté que una estrella fugaz se dirigió a donde estaba la zona del lago y me pareció, aquello, una hermosa oportunidad para pedir un deseo. Primero pensé en desearme suerte en mi consulta, pero mi interior tomó por sorpresa a mi frío intelecto obligándolo a desearme el conocer al amor de mi vida. Aquello me dejó muy extrañado, en especial si tenía en cuenta que ya poseía una prometida: la encantadora señorita Dixtrie, pero el desear aquello me tomó tan por sorpresa que luego, por algún motivo, se me ocurrió que posiblemente aquella estrella fugaz fuese en realidad uno de los llamados meteoritos. Sin nada que perder al querer corroborarlo y con un poco de entusiasmo, me puse mi abrigo y Salí a buscarlo. Dirigiéndome a la zona del lago.

Sin un motivo valido para pensar, o reconsiderar siquiera, lo segundo y con un frío terrible que entraba en mis entrañas, me debatí si debía continuar caminando por aquel oscuro bosque mientras sentía como mi sangre se congelaba. Sin embargo ¿Puedo creer ahora en el destino? Quiero pensar que si porque cuando llegué a la zona del lago fue que, cerca del mismo, la vi: estaba inconsciente y se encontraba un poco herida, solo un poco. De cabello negro, llevando una túnica blanca que dejaba visibles sus piernas, con rasgos finos y bellos, aquella hermosa mujer estaba cerca de la orilla; pero si no me daba prisa pronto estaría en el fondo del lago, sin perder tiempo fui corriendo a salvarla.

- ¡Señorita por Dios! ¡¿Se encuentra bien?!- le pregunté asustado, ella no me respondió y, sin saber que hacer al respecto, la tomé con mis manos y la cargué en mis brazos, como si fuese mi novia, para llevarla a mi cabaña

Durante el trayecto noté que tenía un brazalete de oro en su brazo derecho, dos muñequeras del mismo color y unas alpargatas con tiras doradas. Sorprendido por lo que veía me dirigí a mi cabaña mientras cargaba conmigo a quien sería mi mejor amiga durante este tiempo vivido, la hermosa Selene.

20 de Enero de 2022 a las 03:38 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Frederick Da Silva Frederick Da Silva
Me encantan las historias relacionadas con ángeles, mi saga que estoy subiendo, también trata sobre los ángeles. Te ganaste un seguidor amigo. Espero podamos ayudarnos mutuamente.
February 04, 2022, 00:04
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