lmustein Luciano Musitani

Relatos autobiográficos y ficticios de contenido adulto. Inspirados en el barrio de Lima en el qué crecí, y donde exploro temas relacionados con la amistad, el romance, la muerte, la sexualidad y las drogas.


Historias de vida Sólo para mayores de 18.

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#1

CAPITULO PRIMERO


Estaba escapando, pero sin saber muy a qué, volvía. En la estación de Retiro tuve la falsa sensación que allí terminaba toda la ciudad, el nivel, el juego. No me alcanzaba el dinero, y vendí mi teléfono celular, una manta persa y mi correa a un africano con lentes de sol. Y logré juntar suficiente dinero para un pasaje de regreso a Lima.

Con el fin de evitar cualquier tipo de inconveniente en las fronteras, boté una bolsa co estupefacientes a la basura, y creyendo dejar mi vida atrás, subí al bus.

Fue un viaje agotador. Las ventanas no se abrían del todo y con el tiempo se cocinó en al atmósfera un olor mezcla entre sudor y metal oxidado. En la frontera de Mendoza tuve que pagar una multa de cincuenta pesos por salir del país ilegalmente. Era todo lo que tenía.

En Chile, la policía nos escaneó los estómagos, unos perros olisquearon nuestros equipajes, y retuvieron a una pareja de bolivianos. En San Pedro de Atacama, el bus tuvo un desperfecto, pasamos dos noches en medio del desierto al un lado de la carretera, e hice amistad con un Cusqueño que hablaba mucho, insufrible, pero me invitó comida y yo moría de hambre.

La vista era agradable, montañas de arenas barridas por el viento y noches despejadas. Hicimos fogata entre todos, preguntamos nuestros nombres y alguien sacó una botella de pisco.

En Tacna, llamé por teléfono para avisar que todo estaba bien. Y al llegar, Angi me recibió en el terrapuerto. Pero no fue lo mismo. Y la besé raro, como si no la quisiera.

- No tenías que haber venido- le dije.

- Quería venir - respondió.

En el taxi, me dijo que todos me esperaban. Y luego, no hablamos el resto del viaje.

Me prestó dinero y cerca al barrio, alquilé un cuchitril en el piso más alto de un edificio. Tenía un baño, una cama, una mesa y una ventana. No estaba mal. Y luego la despedí en la puerta del edificio, y dormí el resto del día.

A la mañana siguiente, tenía llamadas perdidas y mensaje de texto. Me citó en el café del cine de la universidad Católica.

El transporte público seguía siendo el mismo caos de siempre: gritos en las esquinas, paraderos que no lo eran, hombres colgando de las furgonetas, choferes que se cruzaban los semáforos, escupían en la calle, iban a toda de velocidad, y una señora que gritaba ¡maneje bien, oiga!

Cuando llegué, estaba vestida como cuando la conocí, con sus lentes de sol, en su converses rojas y jeans rasgados. Daba la impresión de haber estado esperando hacía mucho tiempo.
- Gracias, por avisarle a mi familia - Le dije. Y me senté frente a ella.

- Estaba preocupada... Y yo también. Te extrañé ¿Sabes? - Me dijo. Y sostuvimos un silencio que ella rompió:

- ... Me acostumbré a ti. Hacía mucho tiempo que no te veía.

- Es como si yo hubiera perdido la costumbre - dije.

- Pensé en ti todo el tiempo.

- Yo también en ti. Pero de otra manera.

- He hablado en el camino contigo hacia acá. Como lo hacía antes ¿sabes? Incluso ensayé esta conversación un rato antes que llegaras - Dijo como si no me hubiera escuchado, mirando al frente o mirando hacia si misma. Un lugar dentro de ella. Al final me miró y preguntó:

- ¿Pagaste el hotel? - Preguntó.

- Me fui sin pagar. Recogí ropa, la amontoné en la maleta, pregunte por la lavandería, y me fui a la mierda - Dije y luego:

- ¿Acaso Enrra no te contó?

- La verdad, si. Pero quería escuchar tu versión - Dijo después de un rato.

- ¿Ustedes siguen hablando?

- A veces ¿Te molesta?

- No - Dije, pero si me molestaba.

- Creo que ya no es lo mismo ¿no? - Yo asentí, y ella cerró los ojos.

Se levantó, tomó su mochila y cuando se estaba yendo, volvió y me abrazó. Me miró la boca, pero el beso me lo dio en la mejilla. Y se fue.

16 de Enero de 2022 a las 21:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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