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Un fin de semana de vacaciones en la playa comienza a descarrilarse cuando un accidente hace necesario usar un bikini demasiado revelador para las costumbres de una chica. La vergüenza, excitación y erotismo de quedar expuesta dan lugar a un encuentro sexual donde cada movimiento es fuente de placer.


Erótico Sólo para mayores de 21 (adultos).

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En la playa

Decidir qué ropa ponerme comenzó a ser un problema sólo luego de mi adolescencia, cuando mis rasgos femeninos se manifestaron con rapidez y generosidad. Lo primero fue una cola prominente, que intenté mantener controlada en el gimnasio con mucho esfuerzo. Me daba cuenta cómo empezaban a mirarme. Me daba cuenta de que era una linda chica, lo que atraía las miradas, pero al verme la cola esas miradas tomaban un cariz distinto. No terminaba de decidir si eso me gustaba. Quizás podría llegar a disfrutarlo, pero por la timidez que sentía al respecto no era una experiencia agradable y eso me llevó a intentar ocultar mi cuerpo usando ropa amplia. En general preferí la funcionalidad a la moda y mis amigas no me molestaban por eso.

En cambio, mis tetas eran pequeñas, aunque con unos pezones abultados y rosados que podían notarse si no tenía cuidado. Así transcurrieron algunos años hasta que comencé a desarrollar tardíamente esa parte de mi cuerpo. Las menstruaciones comenzaban provocarme cada vez más dolor, y asistí mes a mes al crecimiento de mis pechos frente a la sorpresa de mi familia y la envidia de mis amigas.

A pesar de mi belleza y, ahora, voluptuosidad, era aún tímida y no había tenido experiencias importantes, aunque como todos veía fotos y videos eróticos en internet. Mayormente me gustaba ver segmentos de películas con los actores que más me atraían e imaginar situaciones con ellos que me involucraban y los llevaban a mi cama. Esas incursiones en línea me generaron un fetiche por la fantasía del cunnilingus, que era lo que prefería imaginar que sucedía mientras me tocaba sobre todo luego de ver a Ben Affleck en Gone Girl, y una curiosidad por todas esas chicas que veía introducir objetos o penes gigantes en su ano y me preguntaba si realmente sería placentero.

En mi vida cotidiana seguía usando ropa que escondiera mi cuerpo más que lo resaltara, aunque me había relajado un poco y aprendido a ignorar las miradas más desagradables y ocasionalmente disfrutar cuando el que miraba era también de mi agrado. Incluso me divertía la timidez de algunos que evidentemente no podían controlar echar una miradita rápida a mi cola o a mis tetas e intentaban disimular quedando luego con una expresión de culpabilidad. Podía distinguir a los desubicados que miraban porque se sentían impunes para hacerlo y violaban de alguna manera mi privacidad, de los que sentían una atracción sincera y eran presa de un deseo que los impulsaba a mirar traicionando su autocontrol.

Estas características de mi cuerpo y de mi vida se confabularon en un viaje de una semana con mis amigas a la playa. Éramos cuatro buenas amigas, y la más cercana a mi era Mica, amiga desde bebés prácticamente, muy contrastante conmigo físicamente por su cuerpito sin curvas. Mica no deja de tener un cierto atractivo cuando lo desea, pero en general pasa desapercibida y eso hizo que en no le importe nada lo que se pone y se vistiera siempre que podía con muy poca ropa, tanto que me ocasionaba impresión en muchas ocasiones. Mica era realmente bastante aventurera en lo sexual aunque su personalidad seria y discreta no lo parecía. Una vez me había besado en una discoteca y siempre atesoré ese recuerdo como un momento a la vez sexy y tierno.

Las cuatro amigas habíamos alquilado una casa hermosa a dos calles de la playa. En esa zona la playa está bordeada de colinas de arena (médanos) y sólo cada tantas calles hay un camino para pasar cómodamente sin trepar. Luego de entrar así a la playa caminábamos hasta instalarnos con las reposeras en algún lugar que nos gustara a disfrutar del mar. Habían pasado pocos días desde nuestra llegada y habíamos empezado a conocernos con un grupo de chicos entre los cuales a mi me gustaba Marcos, un poco más reservado que el resto y con esas miradas que delataban que se volvía loco por mí. Habíamos conversado un poco y los chicos ya conocían nuestra casa alquilada, incluso, alguna de mis amigas ya se había enganchado con uno.

La caminata por la playa siempre estaba llena de miradas que nos inspeccionaban, reparaban en Mica por su bikini casi inexistente y en mi porque adivinaban mi cuerpo de bomba. Sin embargo, pronto abandonaban el avisaje porque llevaba una malla nada sexy que escondía mis atributos y les quitaba todo movimiento natural. La verdad es que aún me interesaba pasarla bien en el mar que mostrarme.

El cuarto día de nuestras vacaciones, entramos a la playa por el camino entre los médanos y comenzamos la caminata buscando un lugar. Cruzamos a los chicos que mencioné, que saludaron muy amablemente entre algunas risas pero siguieron mayormente ocupados con un juego de cartas. Luego de un trecho, encontramos un hueco con vista al mar y espacio e instalamos nuestras cosas ahí, pero con tanta mala suerte que al bajar la reposera que llevaba se me enganchó en mi malla y la rasgué. No era nada catastrófico, pero había quedado deshilachada y rota my notoriamente y no me podía quedar así. Mis amigas me cargaron un poco y luego se pusieron a intentar soluciones con hebillas para el pelo y otras cosas, pero quedó claro que nada iba a funcionar. Mica me dijo:

- ¿Por qué no te volvés rápido a la casa y te ponés otra malla?

- Es que... es la única que tengo - Confesé. Y si, para que entren las valijas de todas en el diminuto Gol Up de mi amiga, había hecho una mochila mínima para unos días y había privilegiado la ropa para salir de noche. Las tres me miraron pensando que estaba loca. Me sentí mal por ese detalle tan poco femenino y juzgada. Mica se dio cuenta y salió al rescate:

- Andá igual y agarrá una de las mías

La miré con cara mixta de agradecimiento y preocupación, le miré las tetitas que tenía, que con su bikini igual se le veían. Se enojó en broma y me dijo

- Dale, es lo único que hay, no te vas a morir si mostrás algo de carne - y me pellizcó la cola con fuerza varias veces. Las otras se reían y animaban a Mica.

- Okey! Okey! - dije saltando medio apurada para que me deje de pellizcar, y me puse en marcha. Caminé los metros hasta la salida de la playa, y fui a la casa. Como estaban todas las ventanas cerradas, me desnudé nomás entrar a la puerta y cerrarla. Dejé la malla rota en una silla y me fui a la valija de Mica a buscar su malla. Me sentí un poco excitada estando desnuda en en ambiente donde también comparto con mis amigas, sentía el peso de mis tetas acomodarse con los pasos y me divertía un poco rebuscar entre las cosas de mi amiga como una intrusa. Me sentí un poco contrariada cuando encontré que la desgraciada de Mica tenía sólo una malla alternativa. "Es lo que hay" pensé, y la verdad estaba contenta de animarme a ponerme algo un poco más sexy y con un subidón por la situación y mi juego de ninja nudista. Me puse la malla rápidamente acomodándola lo mejor que pude, me concentré en cerrar bien la casa y me fui.

Caminé hasta la entrada de la playa y ya me cambió un poco el humor con alguno bocinazos que tocaron unos autos que pasaban, típicos degenerados. Mientras entraba a la playa pensando en eso empecé a reparar un poco en lo que tenía puesto. No era un micro-bikini, pero como era de Mica tenía un talle menor al mío. Yo le había atado las tiras largas, pero el resultado era que tenía sólo dos triangulitos de tela mínimos que cubrian los pezones y apenas un poco más, las tetas se me salían por los costados, por abajo, y se movían rebotando cuando caminaba. La situación abajo no era mucho mejor. Tenía la tira de la bombacha completamente encajada en la cola (si no, no me entraba) y si hubiese separado un poco las piernas se hubiese notado que empezaba a verse la parte rosada rodeando la entrada de mi vagina, que debería estar oculta.

Me ruboricé levemente y traté de pensar que había visto en alguna ocasión mujeres con bikinis más reveladoras, pero para mí esto era nuevo y, la verdad, demasiado. Eso se hizo evidente cuando di los primeros pasos por la playa y empecé a ver las cabezas de los hombres girar y, esta vez, no volvían a sus intereses, sino que se quedaban mirando. Me sentí muy consciente de mi voluptuosidad, y mi primera reacción fue juntar los brazos para esconder mi pecho un poco pero el efecto fue que apreté las tetas una contra la otra, se pusieron gorditas y se levantó un poco la tela, y pasaron dos cosas. Una es que sentí el frotar de la piel de mis tetas una contra la otra y la tela en los pezones, y la otra, que me sorprendió, es que algunos hombres luego de eso desviaron la mirada. Evidentemente se habían visto sobrepasados por el espectáculo que habían presenciado. "Ay, no, se me ven las tetas" pensé con un pequeño llanto interno, "se me ve todo" y el pensamiento nervioso me hizo transpirar. Me brotaron gotas en los poros de mi piel aterciopelada y unas líneas bajaron entre mis pechos, haciendo que el contacto aterciopelado y suave se hiciera resbaloso.

Volví a una postura normal para seguir caminando pero las miradas seguían ahí, notaba algo en el ambiente, como nunca, cargado de sexo. Y la bikini tan fina me hacia sentir todos mis movimientos, mis muslos que iban y venían y movías esa tira apretada que me presionaba ahí abajo, "bueno -pensé- ya para qué usar eufemismos, me aprieta la concha". Y si, la telita esa casi inexistente me apretaba, y de sólo pensarlo y tener la conciencia de mis tetas a la vista, sentí un discurrir en mi vagina, un abultamiento y se me abrieron los labios rozando ahora directamente con la bombacha, mojándola. La sensación de mi cuerpo expuesto me hacía morir de vergüenza pero al mismo tiempo, como en la casa, me excitaba y me había calentado. Sentía el sol en todas partes y el movimiento de mi carne, las tetas y mi culo bañados por las miradas.

Me sonrojé, e instintivamente empecé una carrerita para llegar más rápido, o más bien para huir, pero obviamente se me bambolearon las tetas y como no podía ser de otra manera, una se me salió del bikini. Por suerte fue del lado más alejado de la gente, pero notaba el interés de las miradas por lo que estaba pasando, y yo al acomodarme vi mi pezón rosa, abultado, al aire con el sol lamiéndolo y mi teta gorda aún rebotando, todo expuesto para que lo vea cualquiera. Me imaginé las pajas que se harían varios recordando eso. Todos esos hijos de puta tantos años mayores que yo y con hijas y sobrinas como yo, con la verga en la mano soñando con frotármela en la raja de mi cola o entre mis tetas. Sentía la piel al aire y toda la concha hirviendo. Noté un hilo de humedad rodando por la cara interna del muslo.

Me había mojado tanto que me chorreaba, estaba completamente sonrojada y ya agarrándome la teta para meterla en el bikini, sentí cómo se me endurecían los pezones a mas no poder, un dolor casi agradable y la bombacha del bikini que me apretaba el clítoris, me resbalaba en los labios abiertos de la concha y con un nudito de la tela que me apretaba el ano. No podía más y traté de recomponerme y seguir caminando lo más normalmente posible.

Vi a los chicos ahí que obviamente me miraban contentísimos, aunque Marcos era el que mejor había podido ver toda la escena anterior por su posición. Ahí es cuando todo se me vino abajo, porque justamente él era el único que no miraba, estaba con cara seria, mirando para abajo, completamente ruborizado. Yo estaba tan caliente que bajé la vista por su cuerpo, no muy trabajado pero naturalmente espigado y atractivo, vi su brazo y su mano que intentaban ocultar algo, y me di cuenta que estaba tratando de taparse el pene, que estaba con una tremenda erección que pude ver claramente a través de la malla, y eso me hizo sentir una especie de convulsión en la vagina, se me apretó la cola y la transpiración me cayó entre la malla y el ano, y sentía una ligera presión del nudo de la malla ahí. Me calenté tanto que me bajó un poquito la presión mientras sentía que mi concha estaba derretida y ya no sabía si mis tetas estaban guardadas en el bikini o a la vista de todos, en ese momento se me vino a la mente algún video de internet de una pija acabando con un chorro de leche en las tetas de una actriz y el calor del sol en las tetas se me antojó similar. Tomé conciencia ahora sí de que uno de mis pezones duros tocaba sólo a medias la tela, es decir que asomaba una parte fuera, todo el costado de la teta y medio pezón y eso lo veían todos, y creo que acabé, o al menos sentí un fuerte placer en mi vagina que se expandió como una ola por mi cuerpo.

Me recompuse como pude y seguí caminando, los hombres seguían mirando pero luego de este clímax interno me había vuelto la presión, aunque no se me había ido la calentura tremenda que llevaba. Seguía sintiendo mi cuerpo expuesto por el bikini pero no me importaba. Las chicas me vieron llegar y festejaban bromeando, me dijeron que así íbamos a conseguir a todos los chicos de la playa. Mica estaba un poquito sonrojada porque se daba cuenta sobre todo que para mí eso era demasiado, y veía que me pasaba algo raro, aunque la transpiración y el enrojecimiento podían ser por el calor y el esfuerzo de la caminata.

De todas maneras yo venía como un camión y la tomé a Mica del brazo, me la llevé aparte y le dije:

- Decile a Marcos que vaya a la casa.

Me miró muy sorprendida pero entendió lo que quería. Aunque no entendió por qué, su mente abierta aún así le permitió hacerme el favor sin cuestionarme.

Yo agarré una camisa de las cosas que teníamos ahí y me fui, pero en vez de ir a la salida subí directamente por el médano de arena para irme. Fue un error, porque todavía en el tren de lo que estaba pasando sin haberme tomado un momento para calmarme, imaginé a todos mirándome el culo mientras subía, más con esa mallita de mierda que seguro se me estaba viendo todo. "Se me ve todo el culo entero, todo entero" pensé casi llorando mientras movía las piernas con esfuerzo trepando la arena y sentía el nudo de la bombacha metiéndoseme en el culo.

Detrás de mi desesperación y el rubor culpable, en realidad, me encantaba sentir ese nudo en el culo. Se sumaba la posición agachada para trepar, la ansiedad por no llegar más a la cima, y todos los tipos con la pija dura en la playa mirándome el culo; seguro ya tenía una mancha en los muslos de los fluídos de mi vagina, con los músculos hinchados del esfuerzo se estiraba la malla y me frotaba, tenía unas ganas tremendas de meterme la mano y me imaginaba que el nudo de la malla en la cola era la pija de alguno de los de la playa que me quería abrir el culo, con eso en la mente me temblaron las piernas y sentí claramente y sin dudas cómo se me dilató el ano, mientras otra oleada de placer me recorría.

Terminé de trepar el médano y, del otro lado, el aire fresco, el descanso de la bajada, y estar a resguardo de las miradas me calmó un poco, y así llegué rápido a la casa. Me sequé la entrepierna lo mejor que pude con una toallita que quedó arruinada; me picaba la vagina y tenía ganas de tocarme, pero sabía que convenía calmarme un poco asique apoyé el culo en una silla de plástico para que el frío me aliviara mientras esperaba que Mica cumpliera con lo que le había pedido, con parte de mí cuestionando si habría sido un error, y otra parte ansiosa por descargar todo lo acumulado.



16 de Enero de 2022 a las 15:22 1 Reporte Insertar Seguir historia
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fernanda cerrada fernanda cerrada
me encanta
January 17, 2022, 22:36
~

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