aragonz-escritora 𝓐𝓻𝓪 𝓖𝓸𝓷𝔃

Mi nombre es Lina Battista y les digo que crecer antes de tiempo no fue sencillo. Mi hermano está entrando a la adolescencia y mi madre necesita de mí pues su enfermedad se complica día a día. ¿Padre? ¡Ja! Lo único que tengo de ese desgraciado es el apellido; prefirió ser una famosa estrella de Rock antes que padre. Es mi último año de bachillerato y debería generar recuerdos bonitos que me acompañen toda la vida pero no, la realidad a veces es un poco cruel. Por suerte, conseguí emanciparme y ser tratada como un adulto; además de un trabajo estable y una beca completa para asistir al mejor colegio del condado. ¿Mi problema? ¡Ay, señor! Mi problema tiene nombre y apellido: Jordan Petkoff III. Es el ser más desagradable e insoportable del planeta. Todo lo que odio de una persona, lo tiene él. Ni siquiera deseo verlo venir porque lo detesto y porque…. ¡porque es hermoso! Mi nombre es Jordan Petkoff III y solo tengo una misión en la vida: madurar para ser digno de la única mujer que logró que volviera a sonreír. Aunque deba renunciar a todo lo que conozco, Lina Battista vale la pena. Ella dice que me odia pero sus ojos me cuentan otra historia. Quiere ser indiferente pero mis palabras siempre la provocan y no, jamás la maltraté porque uno no maltrata a quien ama. Solo que ella tiene miedo y… Y yo muero de amor mientras espero. Necesito que descubra quien soy, que deje de verme como ese ogro deforme que imagina. Mi corazón le pertenece desde siempre, aunque ella jamás se haya fijado en mí, ¿o sí lo hizo? No estoy seguro de nada en esta vida, salvo cuando me incliné y le susurré al oído: Por ti… ¡Lo que sea! ESTA HISTORIA ESTARÁ EN EXCLUSIVA DENTRO DEL SISTEMA DE MEMBRESÍAS.


Ficción adolescente No para niños menores de 13. © ©Todos los derechos reservados. Safe Creative. N° Registro:2201100217277
32
1.1mil VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los martes
tiempo de lectura
AA Compartir

Prefacio.

Lina.

Lo bueno de vivir en un pueblo es que conoces a todos, sabes sus rutinas diarias y entiendes que las relaciones humanas son simples si captas los pequeños detalles; a saber: los que son amigos serán amigos toda la vida, excepto que salgan del pueblo y se instalen en la gran ciudad para estudiar; cuando eso sucede, las cosas cambian.

Algunos vuelven con aires de grandeza y miran al resto por sobre los hombros y otros deciden que estas tierras no son suficientes, por ende, no regresan más. Bueno, sí regresan pero sólo por unos días y en situaciones específicas como las vacaciones de Navidad y el feriado del Día de la Independencia.

Cuando esas almas retornan, el pequeño pueblo se conmociona y los murmullos se alzan. Los viejos recuerdan lo buenos o malos que eran «esos niños» antes de irse y remarcan lo cambiados que están ahora. ¡Obviamente están cambiados! Hablamos de personas que se casaron, tuvieron hijos, tienen sus vidas de ensueños y disfrutan de vacaciones en lugares que ni siquiera sé dónde ubicarlos en el mapa. ¿Qué pensaban? ¿Que el tiempo se detendría por arte de magia? A veces, me cuesta comprender a los adultos y sus ideas poco realistas.

La gente joven, por su parte, observa con curiosidad a los recién llegados. Algunos, pensando en que eso les dejará mejores propinas en los pocos bares y restaurantes que existen en el pueblo; otros ―los más osados―, imaginan encuentros amorosos intensos y breves que guardarán en su memoria y serán contados una y mil veces durante los recreos en el colegio. ¡Es que los chicos de ciudad son tan tentadores! ―Sí, lean esto con sarcasmo y un revoleo de ojos exagerado―.

Resoplo cansada y ese mechón rebelde que escapa de mi coleta, vuela alto para caer después sobre mi rostro. Odio mi cabellera ondulada que se burla de mi e intensifica mi frizz. Jamás mis rulos han ocultado mi cansancio o mi piel deslucida. Algunas veces quisiera tener el cuerpo y la gracia de Joana Alcorta pero sé que eso nunca sucederá. Es que no solo hace falta tener un cuerpo delgado, el dinero también es parte fundamental y es eso lo que carezco. Jamás podré pagar mis clases privadas de tenis o pilates como ella lo hace; ni podré asistir al centro de estética que queda a dos pueblos de aquí.

Mi realidad es tan distinta a la de todos los niños ricos del pueblo que, aunque no quiera, los termino odiando. ¡Vamos! No me juzguen antes de conocer mi historia. No soy mala persona, ¡Lo juro! Solo que me parece que la vida es muy injusta; algunos tienen demasiado y otros… ¡tan poco!

¡Ay, señor! Si mi madre me escuchara, definitivamente, se enojaría conmigo. Me recordaría ―una vez más― que por el solo hecho de vivir, deberíamos estar agradecidos.

Repaso la barra de madera con el trapo rejilla hasta quitar la última mancha y los restos de cáscara de cacahuete que dejaron desperdigadas mis últimos clientes. Perdón, me olvidé decir que soy camarera a tiempo completo desde hace un año.

―Si haz terminado ―la voz de mi jefe llega de pronto y me sobresalta―, hay clientes.

―¿En serio? ―Pregunto burlona, levanto la mirada y lo enfrento― ¡No me había dado cuenta!

Desde que inicié mi turno, no he parado de trabajar. ¡Maldito día! Hoy debí cortar cebollas y empanizarlas para tener reservas, ayudando a Mary en sus tareas; es que es noche de juegos y al finalizar, todos vienen aquí; ganen o pierdan.

Lugo, mi jefe, se ganó la fama de servir las mejores y más suculentas hamburguesas del estado; logrando que no solo los locales se decanten por este bar sino también aquellos que acompañan a los equipos visitantes. Como agradecimiento, mi jefe decidió que su delicia fuera acompañada por una porción descomunal de papas francesas y aros de cebollas.

―Un clásico marca la diferencia, ¡siempre! ―nos dice― Y una sonrisa obtiene mejores propinas, Lina.

Lugo recibió este negocio de su padre y es su vida; si él pudiera, dormiría aquí mismo pero no lo hace pues sus gatos necesitan comer. Ha trabajado tan duro que lo admiro por ello. Se preocupa por todos sus empleados ―bueno, somos sólo tres pero vale la afirmación―, nos controla con ojo de lince y, al mismo tiempo, nos cuida. Es como ese padre que nunca tuve y que siempre soñé.

Es amigo de mi madre desde niño y se preocupó por nosotros cuando nuestro padre desapareció. Es tan bueno que me permitió ocupar el puesto que alguna vez fue de mi madre. Al principio, ambos se opusieron pero no me detuve hasta conseguirlo. ¿Por qué hacerlo? Porque ella trabajó hasta que sus dolores se lo permitieron y no permitiría que Lugo se hiciera responsable de nosotros. Era mi momento de madurar y pensar en mi madre y mi hermano.

―No te preocupes, Lina puedes irte hoy.

―No, no hace falta ―respondo sin dejar de sonreír. Mamá siempre dice que una sonrisa puede mover montañas y le creo―. Hoy es noche de juego, ¿recuerdas?

Lugo suspira y posa una de sus inmensas manos sobre mi hombro izquierdo.

―¿Qué haría sin tí, pequeña?

―Probablemente, trabajarías tú, pequeño granuja ―río fuerte ante el descarado comentario del señor Pasqualotto; un viejo poblador que, posiblemente, llegó al pueblo con los fundadores.

Lugo lo mira y sonríe. Ese pequeño viejito es nuestro cliente habitual. Ha sido viudo desde que tengo uso de razón y no tiene más familia que nosotros. Sí, siempre nos dice que nos adoptó y solo asentimos con una gran sonrisa porque se la ganó. Llega cuando abrimos, se sienta en la barra mientras espera por el café con leche que le preparo, acompañado de los cupcakes que horneo en casa para él. Mi madre hacía lo mismo; es nuestro modo de mostrarle afecto.

El hombre se queda hasta que su cabeza comienza a perder rigidez, producto del sueño; esa es la señal para que alguno de nosotros lo lleve hasta su pequeña y solitaria casa y lo ayuda a acostarse. Nunca bebe alcohol y siempre tiene una historia con la cual entretenernos.

Mary sale de la cocina con un inmenso plato de pastas con salsa bolognesa y la coloca frente al señor Pasqualotto.

―¡Dios te bendiga, dulce Mary! ―exclama nuestro cliente estrella, palmeando con dulzura la mano de la cocinera.

―Que disfrutes de tu cena, querido ―respondió ella con una gran sonrisa.

―No sé qué esperas para hacerla tu esposa ―comenta el viejito mirando a Lugo a los ojos.

Mary huye hacia la cocina mientras Lugo carraspea y yo me muerdo los labios para no reír. Todos pensamos lo mismo aunque solo el señor Pasqualotto lo dice en voz alta. Alguna vez Lugo deberá despertar si no quiere perder a Mary. Ambos, cuando el otro no lo ve, se miran con absoluta devoción.

Sacudo la cabeza y me alejo hacia los nuevos clientes. ¿Por qué los adultos reprimen tanto sus sentimientos? Yo sueño con encontrar el amor y juro que, cuando lo haga, no esconderé mis sentimientos. «¡Eso es mentira!», grita mi mente macabra que disfruta al recordarme que estoy enamorada y que soy una cobarde por no gritarlo.

Meto las manos en el bolsillo gigante de mi delantal negro y me apropio tanto de la libreta como del bolígrafo que descansan allí. Me paro frente a la mesa indicada e imposto una sonrisa.

―Buenas noches, ¿ya decidieron que van a ordenar?

Levanto la mirada y veo problemas. ¡El maldito grupo de deportistas de mi colegio está allí! Quiero gruñir y sé que no puedo. No es justo para Lugo que los espante de su local solo porque yo no sé poner límites

Cambio el peso de mi cuerpo de una pierna a otra mientras espero a que decidan.

―Te conozco ―dice Benjamín; uno de los mayores imbéciles que conocí en mi vida―. ¡Sí! Asistes a nuestro colegio… Jamás olvido una cara bonita ―una sonrisa estúpida se forma en su cara y quiero vomitar.

―Es difícil no darte cuenta cuando ella pasa ―la voz nasal de Joana llega hasta mí―, sobre todo, cuando su olor a frito… ¡Impregna los pasillos!

Aprieto los dientes cuando todos ríen de su estúpida broma… excepto él.

Lo sé porque lo veo por el rabillo de mis ojos pero me resisto a mirarlo de frente. No tengo idea qué puede ver en Joana y tampoco me importa, debe ser tan imbécil como ella; de otra manera, no podrían estar juntos.

―¿Acaso te bañas antes de ir al colegio? ―Continúa mi acosadora―. ¿Sabes, siquiera lo que es el jabón?

―¡Joana, detente!

―¿Me mandas a callar? ―se queja la bruja con fingido gesto de horror―. ¡Bebé! ―Ronronea mientras pasa sus largas uñas pintadas de rosa sobre el pecho de mi defensor― Ella no necesita un abogado; es lo suficientemente grande como para defenderse sola. Además, sabe que estoy bromeando. ¿No es así, Lina?

―¿Van a ordenar o no? ―Mi voz sale dura y molesta. No entraré en sus juegos.

―¡Uh! La princesita de cebollas se alteró.

Si las miradas pudieran matar, en este momento, Joana sería sólo una triste anécdota en este mundo. Odio cuando me dice princesa de cebollas. Lo odio con todo mi ser y no tiene que ver con estar avergonzada de mi trabajo ―porque estoy muy orgullosa de todo lo que soy y lo que logré en mi vida―; esto va más allá de un simple comentario malicioso. Joana se pasea por el pueblo como si fuera la dueña de todo y maltrata al mundo a su antojo. Si la palabra acosador tuviera que reducirse solo a dos vocablos, definitivamente, sería: Joana Alcorta.

Alguien tiene la delicadeza de cortar con sus abusos y realiza el primer pedido, todos lo imitan y me alejo de la mesa con las emociones alteradas.

―Esos críos traen la palabra problemas escrito en la frente ―escucho que dice el señor Pasqualotto y Lugo suspira derrotado.

Sigo el curso de mis obligaciones y evito la mirada de mi jefe; finjo que no me duelen esas mierdas maliciosas y que todo en mi vida está bien. Si en algo soy buena en esta vida es en fingir indiferencia. Nadie sabe lo que pienso o siento. ¿Para qué? Después de todo, el exponerte les da poder y no estoy dispuesta a cederlo.

Me obligo a pensar en cualquier cosa que pudiera calmar mi mente, como la sonrisa de mamá cuando puedo sacarla de la casa y vamos al campo durante el fin de semana del mes en que no trabajo. También me centro en los abrazos de Thomas cuando ve la bolsa de dulces que pude comprar después de percibir mi salario o cuando las propinas superaron mis expectativas.

Entonces… él se cuela en mi mente.

Dejo salir el aire de mis pulmones, al tiempo que agito la cabeza para alejarlo de mí y aprieto los dientes enojada porque no debería soñar con alguien que ni siquiera sabe que existo.

¿Cómo podría verme cuando Joana Alcorta siempre revolotea a su alrededor? Él no despertará un día y se dará cuenta que existo, tampoco se enamorará de mí al mirar mis grandes ojos marrones ni anhelará ser el primero en besar mis labios. No, esto no es una maldita película de Disney.

Y así, en medio de una pelea mental conmigo misma, termino un día más en mi vida. Regreso a casa con la ilusión de un largo baño para quitarme el olor a frituras antes de acostarme en mi pequeña cama y soñar con… él.

16 de Enero de 2022 a las 23:40 5 Reporte Insertar Seguir historia
7
Leer el siguiente capítulo Capítulo 1. Lina

Comenta algo

Publica!
Vanessa Polanco Vanessa Polanco
Ok! Interesante. Ahora quiero saber más🤭
January 17, 2022, 15:35
M. Liliana M. Liliana
Interesante historia, fresca. En verdad tengo ganas de leer más.
January 17, 2022, 03:39

Lucia Mendez Lucia Mendez
Por fin estoy conociendo un poco de la vida de Lina, me gusto este primer capítulo Ya iremos viendo cómo se va desarrollando esta historia
January 17, 2022, 00:22

~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 16 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión