1566617928 Francisco Rivera

Introversión al carácter del ser humano y su paralelismo sobrenatural en acciones de contenido común y corriente.


Paranormal Lúcido Todo público.

#-Introvertido #-Obsesivo #-Cuentodeunrasgo
Cuento corto
2
3.0mil VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

En Confianza (Historia extensa)

1. En Confianza

— "Desde hoy todo es más fácil para ti. Ahora juegas contigo y te digo que no te preocupes porque estoy muy feliz de estar en tu vida." —, dice así el pequeño amigo de Lina.


En un suave desplazamiento elegante y ponderado recorre el recinto de la cocina -un centro de vida terrena-; ya otea el devoto espacio; atrapa palabras que extrae de recetas mil de lejanos pasados y se deja llevar por el acogedor aroma que reina en su propia dimensión culinaria.

Como el resto del hogar de los abuelos, es etéreo como sus espectros; dueños de aquiescentes sonrisas que cruzan entre ellos y él, a quien reconocen como nueva generación de seres dimensionales que ascienden y descienden, se filtran por la unión de ángulos de ese lugar o bien, se entrelazan con espirales del cocido del día, de la tarde o de cada noche.


Su manifestación interior lo convierte en asunto de correr y recorrer años de sorpresas, donde todo conocer, antes que nada, recuerda a este diminuto duende -cuando en aquella igual circunstancia no escinde el asunto doloroso de su propia concepción materna sobrenatural; ese otro momento en que sus ancestros testimonian lo que representa para esa familia de entidades, el diminuto Duendi irrumpe en el mundo contemporáneo.

Es desde él, que todo nacimiento representa propio riesgo de lo que toca a las circunstancias observar cuanto ocurren en ese trance de lucha de vida y muerte, como es el caso, distinto a ese pequeño intruso, asistir a la pugna de una niña para saltar a la existencia plena, a la cual que ha de acompañar por el resto de la vida de ambos.

Esa recién nacida recuerda su propio nacimiento y batalla por salir a esa luz violeta que interpone su haz fatal que proviene de siglos atrás y reproduce el viejo momento en que casi muere su madre, como es costumbre entre las mujeres de su clan.


Ahora y ante ese nuevo ser, proveniente de tal mujer de los tiempos que corren, se convierte en la madre de Lina.

Las tribulaciones sellan su pacto en el sentido de no separarse jamás de sus acciones, dicho esto sin importar la corta existencia de Lina, pues al lado de Duendi, todo va a ser distinto, de una u otra forma.. pues la vida de éste pende de aquella.

Precisando ese estado y momento hay fiel amargo desconsuelo y abrupto coraje del padre desde que sabe que es mujer y no vástago.


Pese a eso, al momento de observarla de cerca un primer suceso ocurre: lo hace mudar de pensamiento de género cuando en su cabeza reproduce una imaginaria ceremonia de bautizo, no obstante encontrarse en el momento en que la recién nacida lo sorprende.

Antes de esto, y en ralentí pausado y regresivo ya recorre una a una las escenas del futuro inmediato del padre y evoca el síndrome de las aceptaciones irresolubles con las cuales el progenitor hace esfuerzo mental sin objetar más nada por el momento.

Sin explicárselo de modo convincente, acuna entre sus imponentes brazos de hombre de faenas rudas, broncas y feraces a ese indefenso ser humano que sonríe y le prende el dedo meñique con sus manos de recién llegada al mundo.


Entonces el ente recuerda que debe dejar atrás la evidencia de guisos y recorre el pasillo de diez metros lineales que separan ese microcosmos con respecto del gabinete paterno.

Siempre se adelanta a lo que aún está por suceder, mientras se encuentra en el presente de la sala de parto y acomoda situaciones del futuro inmediato para que Lina se desenvuelva como este ser desea...


Ahora, en silencio unitario sobrenatural pero sucedáneo, irrumpe suave, cual honda eléctrica, sobre ese espacio de quehacer personal del caro progenitor.

Pasa por alto cada fotografía que deja evidencia de sus pasos de infancia y pubertad; adolescencia y juventud; madurez y prospecto anticipado de vejez.

Sabe que ese pequeño ser ya tiene predestinado lo que va a ocurrir a la vuelta de veinte años, y por lo tanto, pasa a iniciar la resta de vida presente envuelta en hojas de calendario.


En suma, sabe también que se prepara una sucesión de caprichos, órdenes terminantes y voluntad masculina sobre Lina y su madre.

Para llamar la atención de la introversión que oscurece el pensamiento de ella, el ente hace mohín recurrente cuando la vibración de la mente práctica y experta del padre lo enoja en grado superior.

Hasta hoy día, todo intento de asombro o espanto prodigado hacia aquél no interfiere un ápice en su estado incrédulo en lo sobrenatural; no así, por ejemplo, en aquello que sea competencia, incertidumbre y desidia humana de ellas y desde ellas.


Y así, el tiempo fluye al igual que otras ciertas vicisitudes...


2. Lina

Ésta, ni tan siquiera lo emula; sabe bien desde siempre, que la dilecta amistad que existe entre ella y "Duendi" sólo es posible en la lectura de su mente; o bien, como esa mañana en la plena manifestación del golpe provocador que derriba con estrépito una inaudita caída de objetos de adorno del librero de su padre.

Ese preludio de espanto hormiguea en un horror secular: se enreda en el cuerpo sólo para permitir abrazarlo, como de costumbre.

En ese nuevo episodio, hay un gato con problema inusitado; lo observa con recelo y deja que avance su silueta; mientras eso ocurre él se reproduce en forma de anillo de holograma de ente de última generación: su respuesta no inhibe el clásico erizado de piel y pelaje estirado máximo en comba icónica que torna a "Munición" un fiel reflejo de espanto y huida intempestiva.


El salto hecho desde el regazo de la chica, corta su amenidad de comensal y santa paz gatuna, ya alterada: derrama refresco de cola sobre gran parte del vestido nuevo que la chica luce ese día; atrevidas gotas salpican una hoja de notas y acordes de piano; la desgracia en conjunto encuentra fuera del atril de reposo esa publicación afectando con desdoro el papel pautado e incluso, deja manchas significativas en el sillón de descanso del padre, como si se tratara de una firma extensiva y desfachatada.

En su gran angular, el azoro de la vista infantil de la menor contrasta con el desastre más grande y cumplido hecho por intervención caprichosa de esa entidad hacia tan insignificante minino, y es asunto que debe ser sentenciado en lunas nuevas, como parte del ritual consabido para instruir a la niña en sus subsecuentes enseñanzas de artes de negritudes menores.

Una vocecilla familiar ríe con malicia por detrás de su cabeza y escucha de modo suave otro susurro que desciende desde la cauda de sus apreciables cabellos negros, brillando con un aura de claridad arcana, mientras zumba en cada oreja reptantes palabras depositadas, cual colgantes en sus respectivos lóbulos, donde se concentra y se esparce una siguiente consigna:


Te lo dije, Lina... quién molesta a "Duendi", no vive para contarlo... así que... ¡-A-la-horca-! —, y de inmediato aparece a su vista un escenario de patíbulo; y nuevas figuras chinas representan el acto de un meloso gato que ha de perder la primera de sus siete vidas.

¿Acaso lo sufre ella, en todo lo interior de su personita?

¡Para nada!


En cambio, para el pequeño y gran duende, significa idear nueva y siguiente situación, por ejemplo, un ensayo espacial dónde recrear otro escenario -de una sola vez- en el que pague las restantes vidas de "ex gran felino en breve" que, por cierto, ahora no es, y que por cierta arte de metamorfosis ancestral lo convierte en estado último de minino simple: gordo y ronroneando de modo descarado y contumaz, bastante indiferente...

En ese acto de sin embargo alguno, apela a un pasado encantamiento de gran maestro de la historia de su propia leyenda; aquella donde salva el pellejo de un magno tigre de Bengala, avistado por sorpresa fatídica dentro de un claro de selva.

En esa ocasión, un terrible rugido de bestia poderosa se encuentra en acto repetido desde aquel afilar sus garras sobre una parte de tronco de ceiba, derribado por incierta y no menos molesta presencia humana en sus dominios -quizá una parte que no pudieron recoger y que yace en mitad de camino- siendo ahora centro de atención de la fiera: ésta ya olisquea esa anómala presencia que mezcla un propio estupor, enfado y muestra irónica del destino oscilante y escurridizo que deviene en la mirada de muerte inminente para despedazar al intruso extravagante, al menor movimiento de huida.


Pero algo ocurre desde el momento en que la bestia ataca, y ésta suspende su salto devastador -cual secuencia inmóvil de fotograma- en medio de otro intervalo de segundos que sólo deja escuchar forcejeos de furia y embestida hacia algo que no es ese duende: quizá su sombra; quizá su olor acentuado por siglos transcurridos sin baño e higiene de ninguna índole; quizá por algo que una y otro desconocen, pero que salva la vida por acción del conjuro concreto, preciso y certero desde el cual hace fama y gloria de gran transmutado en últimos segundos ante lo inevitable.

Sobrevienen transcursos de segundos inmisericordes; brotan sensaciones húmedas de alivio y ese sudor baña la realidad, al mismo tiempo que se escucha lo siguiente:

— ¡Lina!

¿Por qué te proyectas de ese modo tan autodestructivo?

¿Por qué dejas sentir ese sufrimiento que no imagino y deseo? —, dice así, con acritud, mientras sus pequeñas manos se juntan para elevar invocaciones extrañas en idioma arcaico, propiciando intervenciones de druidas, como destejiendo una parte de leyenda inesperada: la de él mismo.



3. Duendi

Nacido en Otranto, mientras una gran armada moviliza escuadras españolas, venecianas y pontificias para vencer fuerzas turcas en Lepanto, alienta su grito en 1571, sobre mareo en travesía de la progenitora, descubriendo ser un retoño casi del tamaño de un antebrazo corporal humano; en dicho arribo al mundo, su suerte de duende converso posee amuleto escondido en la defensa del esquife de la nave que opone lucha -cuerpo a cuerpo- y la madre pare entre fragores de batalla y arcabuzazos sin fin.

Ahí, él llega a edad conveniente y toma rumbo de vida negra; sortea estancia en Mesina, donde cura heridas de todo el cuerpo y aprende la distinción de orígenes dudosos de contemporáneos que desbordan genio, mientras que en otro, separa candidez rayana de estupidez consumada.

Repele el fanatismo religioso, la fantasía con lagunas de ignorancia presente en seres humanos de todas las condiciones sociales; repudia el bautismo y esa absurda costumbre de dar el santoral del día de nacimiento, sin conocer nada del santo de cualquier devoción.


Encoleriza ante mudanza de condiciones de vida y magros alimentos; se despoja de menaje burdo, pero no de usuras familiares que lo condenan a estancias en cárceles donde saborea pan duro y agua turbia: en ese momento concibe lo que es llevar vida menos monástica pero posible.

Hidalgo por cada costado, se precia del "Gran Duendi Primero", fundante árbol genealógico que lo lleva a cursar un Liceo de Artes Negras; es personaje de vida y actos ordinarios de todo relato invocado; pero se cuida de nombrar a sus padres, hermanos y parientes cercanos y reitera su sino de cambio recurrente de domicilio, como de condiciones de existencia.

Autodidacta compulsivo, desarrolla y asciende en conocimientos y prácticas de Ciencias Negras Aplicadas; de ahí viene esa "Hidalguía Noar" en línea directa del "Gran Duendi Primero"; milita en fuerzas del Orden Oscuro; asciende a Gran Prefecto de la Orden Sin Luz y celebra la facultad de cosificar su personalidad en objetos utilitarios, decorativos y suntuarios; es inveterado compulsivo y un dechado de renegado guarda de secreto de prácticas de transformación de especie sub homo a bestia de cuatro patas.


En tal virtud, Lina se pregunta, sin gran aspaviento:

¿Dónde encuentra acomodo y sitio para llevar a cabo "un bajo perfil"?

¡Por supuesto: necia pregunta!

¿Estarían en desacuerdo, conmigo, queridos lectores, al estar aquí, en confianza...?

¡Y ya veremos en lo que confía y desconfía el personaje dentro de esta historia!


CONTINUACIÓN

4. LINA Y DUENDI

10 de Enero de 2022 a las 00:15 2 Reporte Insertar Seguir historia
1
Leer el siguiente capítulo Lina y Duendi

Comenta algo

Publica!
Francisco Rivera Francisco Rivera
¡Gracias por el desacuerdo! Espero que hayas disfruado la lectura.
January 10, 2022, 15:28
M M M M
Estoy en desacuerdo contigo, sin duda. Ya que estamos en confianza.
January 10, 2022, 01:27
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 15 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión