Mi Desventurada vida maravillosa Seguir historia

J
J Albert León


Una serie de sucesos lamentable que me llevaron a conocer la vida más maravillosa que alguien pueda tener.


Inspiracional Todo público. © jerry albert leon mendoza

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Divina justicia

Para entender un poco el titulo de este cuento es necesario que hagamos una receta: mezclemos un poco de baja autoestima, necesidad, poca experiencia, añoranza del primer amor, deseo de ayudar al otro, colocamos todo este en un bol enorme, al cual llamaremos: carencia de amor propio, mezclamos y tenemos la receta perfecta de un desastre o una gran enseñanza de vida, una de dos.
Después de culminar una relación intensa, viene una serie de importantes procesos emocionales que nos permite evaluarnos y saber qué circunstancias llevaron a la culminación de esa etapa o que cosas nos hicieron llegar a formar esa unión. Luego de todo ente berenjenal existencial (que ampliare en otra historia), se procede a entregar objetos personales y aclarar cuentas, para hacer más concreta la ruptura y eliminar cualquier intensión de usar aquellos artefactos como escusa para verse. O bueno, eso es el deber ser, pero hay muchas cosas que "deberían" ser pero lamentablemente no.
Aquí comienzo; en mi desventurada vida maravillosa llegue a siquiera imaginar que alguien a quien yo creí haberle abierto mi corazón, vida, familia, a ese ser por el cual llegue hacer miles de malabares para que lograra salir de una metafórica fabrica de problemas. Me fuese a generar una de las desventuras más grande en mi corta existencia. Ese que hoy en día de jacta de tener un gran negocio, a costa de mi sacrificio, tiempo, sueño, paz... sin contar las herramientas materiales y monetarias aportadas por mí, las cuales materializaron ese bonito sueño que tanto deseamos.
En fin, en vista del poco compromiso del sujeto en cuestión a entregarme mis pertenencias y cosas que no eran mías, las cuales pedí en condición de préstamo para su momentánea comodidad; me vi en la necesidad de recurrir a La Ley. Tengo la plena seguridad que en sus países La Ley es algo implacable de la cual nadie se salva, pero aquí la realidad es otra, de igual manera acudí... más lleno de miedo que enojo, denuncie y esperé.
Nunca había tenido tanto miedo, pero ¿Miedo a qué? no lo sabía en realidad, pero poco me importaba entender mis emociones en aquel momento.
Días después en el lugar de la cita, a la hora acordada suena esa voz áspera, seca, irónica y sin vida ¿Fuiste tú?
No me inmute en lo absoluto: mire, sonreí y espere a que se aclararan los puntos. Su discurso fue épico, definitivamente debió dedicarse a la política ¡Vaya manera descara de mentir!
Evidentemente La Ley y La Divinidad estaba conmigo, tuvo que devolverme mis cosas, aunque no todas, pero me entregó las que no eran de mi pertenencia, es decir las que me iban a generar una jaqueca en caso de no entregarlas.
¿Por qué hablo de Divina Justicia? ¡Vamos! se está disfrutando mi plata y haciendo mucho dinero con mis cosas, pero... ese día note que de nada vale vivir y hacer tu vida siempre buscando la manera de aprovecharte del otro, de engañarlo, timarlo, estafarlo, por más que intentes, por mas que creas que no pasará nada, por más tonto que seas, en el fondo sabes que no estás robando, ni estafando, ni timando ni haciendo daño al otro, sino a ti, a tu futuro y a muchas cosas que no sabemos como la vida puede quitarte.
Dicen los grandes sabios que la vida te quita mucho más de lo que tú le robas, ¡Ojo! y no necesariamente dinero ¡eh!
Procedimos a buscar los objetos, no hubo mayores palabras, ni acciones, tal vez una que otra frase de esas tontas que uno dice en momento de rabias, no más.
En el momento en que su silueta se perdía en el horizonte, sentía muchas cosas: alivio por tener mis cosas, tranquilidad porque todo salió bien (pese a que sabía que me quería arrancar la piel con un tenedor), hasta creyente me volví, por ver resultados tan positivos que La Ley ofreció. Pero, detrás de eso, sentía una gran lastima y tristeza; evidentemente no por mi... si no me plantee lo increíble que es ser de mal corazón, qué tan malo puedes ser o qué sentimientos negativos están tan arraigados a tu esencia, que aun sabiendo y teniendo La Ley detrás tuyo, eres incapaz de simplemente dar lo que no es tuyo, o sea, es tan fuerte el hecho de ser ruin que necesitas seguir siéndolo, aunque sea en pequeña escala (tenemos claro que ser ruin no tiene escalas, se es y ya), como para sentir un estado de naturalidad en tu vida ¡Qué increíble!
Aprendí de la apariencias también, ese señor no tenía ni un duro tan siquiera para pagar el bus, y cada vez que alguien lo nombrara era para hablar de manera peyorativa, aunado a que le debía una vela a cada santo, un frase muy celebre en mi cultura.

Fue en ese instante que apareció como una epifanía ¡Divina Justicia! no importa cuánto me haya quitado, ni cuanto NO me quiso entregar, ni los dolores de cabeza y ni hablemos del forcejeo tan desagradable que omití.... ¡AHÍ ESTÁ! esa es la enseñanza, no hay acción sin una reacción, no hay actos impunes. No sólo eso, nunca, nunca, nunca se vivirá bien ni en paz, ni con tranquilidad quitándole a la vida y más aun... nunca vivirás bien contigo si te robas paz y tranquilidad en nombre de un supuesto amor que deberías empezar a cultivar en ti. Es triste y llena de rabia cuando alguien nos arrebata algo que nos pertenece, pero aun peor el hecho de nosotros mismo quitarnos y ni darnos cuentas, desde ahora y como promesa de vida evito ser un delincuente conmigo mismo... 

29 de Agosto de 2017 a las 07:14 0 Reporte Insertar 0
Fin

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