poisoncerise Poison Cerise

El amor y la muerte son cosas que el ser humano no puede evitar; al igual que la pregunta que todos nos hemos hecho : "¿Qué pasa después de morir?" Aunque se nos han dicho que la reencarnación es algo imposible, hay algunos momentos como los recuerdos de cosas no vividas, los conocimientos que no sabemos de dónde hemos adquirido o la fascinación por otros tiempos y lugares que nos impulsan a creer en la posibilidad del alma reencarnada. Ahora, queridos lectores, imaginen que hace un par de siglos dos personas se conocieron por un efímero momento, pero eso bastó para que les uniera un amor tan fuerte que logrará reunirles en una y otra vida. Pues bien, este libro relata eso: la historia de dos almas enamoradas que se reencontrarán vida tras vida intentando poder estar unidas.


LGBT+ Todo público.

#lesbian #historico #wlw #girlslove #safica
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La puerta se abrió de golpe, era mi madre y venía muy molesta.


—¿Porqué sigues aquí? Lizzie, deberías estar en el carruaje.


—¿En verdad tengo que ir? No me gustan los bailes, los detesto.


—Por supuesto que debes ir, es el baile que darán por el nacimiento de tu sobrino.


A pesar de mis quejas, mamá y algunas sirvientas lograron hacerme entrar a la carroza tirada por caballos.


Durante el camino no hice más que pensar en cuanto detestaba esos bailes, y es que yo sabía perfectamente la razón por la que ,desde que cumplí los dieciséis años, mis padres me obligaban a frecuentar estos eventos: buscar pretendientes.


En realidad tenía uno, pero honestamente lo detestaba, incluso me daba un poco de miedo. Mi padre, en ese momento sentado a mi lado, lo entendía perfectamente y por ello no había accedido a mi boda con Jacobs, sin embargo estaba preocupado porque se avecinaba mi cumpleaños número diecinueve.


El sol se metía conforme llegábamos a la mansión de mi primo. Finalmente, después de casi dos horas de camino, entramos al enorme jardín principal, era bello lleno de arbustos podados estéticamente; aunque yo siempre preferí el patio trasero en el cual había una fuente de colores rojizos. Recordar como iba a jugar con mis primos y primas a aquel lugar me hacía sentir extraña, pues ahora el mayor de ellos ya tenía un bebé.


Bajamos del carruaje y subimos las blancas escaleras hasta el portón de entrada. Ingresamos y lo primero que hicimos fue saludar a los anfitriones, después de eso inició la presentación con los invitados.


Por supuesto que el primero en acercarse a saludarnos fue Jacobs, lo saludamos rápidamente y fuimos a seguir mi presentación con "los hombres casaderos". Algunos eran hijos de amigas de mamá, otros de los compañeros de trabajo de papá y de mi tío, uno que otro el ahijado de mis tíos e incluso había amigos de mi primo.


Pasearme entre ellos me hacía sentir incómoda, como si fuese caballo en subasta, y lo peor de eso era que de los ocho señoritos que llevaba de conocer, únicamente a dos no parecía desagradarles.


—Espero esos fueran todos — suspiré aliviada.


—No, todavía falta alguien; pero parece que no ha llegado.


Sin previo aviso alguien tomó mi mano, asustada giré para encontrarme con Jacobs, quien estaba decidido a que fuera su pareja toda la velada. Retiré mi mano rápidamente, detestada el tacto de aquel hombre.


— ¿Podrías prestarme a mi hija? Estamos algo ocupados— mi padre llegó a salvarme.


—Lo lamento señor, no quería interferir, sólo deseaba bailar con la hermosa Elizabeth.


—Lo sé querido— llegó mamá a escena— quizá más tarde ¿Te parece bien?— él asintió con una sonrisa, la cual parecía sólo yo veía repulsiva.


— ¿Porqué le ha dicho eso?— pregunté molesta a mamá una vez que Jacobs se alejó.


— ¿No te has dado cuenta que es tu único pretendiente? Pronto tendrás diecinueve años y...


— Theodora, por favor— intentó calmarla mi padre.


Algunos invitados de los alrededores voltearon curiosos a vernos ¡Qué vergüenza! ¡Qué molestia! Necesitaba mi espacio y decidí salir al balcón. En cuanto abrí la puerta de cristal el frío aire nocturno resopló entre mis largos y oscuros mechones de cabello que revolotearon con la brisa.


Poco tardó mi vista en acoplarse a la escasa luz y fue entonces cuando vi que no estaba sola. Sobre el barandal estaba inclinada una joven de larga cabellera color avellana. Al verla intenté retirarme, pero choqué con el marco metálico. Ella giró en cuanto escuchó el golpe.


—Disculpa, no era mi intención molestar.


— No es molestia — me contestó sonriente — Y tampoco mi balcón, adelante — sin dejar de sonreír y con un ademán me invitó a acercarme. En cuanto apoyé mis brazos sobre el barandal solté un pesado suspiro — Parece que tú velada no va muy bien.


— Me agobio rápidamente al estar con muchas personas — le respondí.


— ¿Por eso huiste de la fiesta?


— ¿Huir? Creo que es la palabra más adecuada para este momento ¿Qué hay de ti? ¿Porqué estás aquí afuera?


— El carruaje me ha mareado un poco, necesitaba tomar aire fresco — y sí que era refrescante el aire que esa noche soplaba— Es una maravillosa vista ¿No lo crees? — preguntó con un dulce suspiro mientras con un fingido descuido su codo chocó con mi brazo.


—Sí que lo es— respondí con un poco de nerviosismo ante su tacto ¿Qué me estaba pasando? No lo sabía pero trate de mantener la cabeza fría — Siempre he adorado esa fuente — dije refiriéndome a la amplia fuente de agua que adornaba el jardín trasero.


— Sí, es bastante linda— su respuesta fue algo tímida, la giré a ver y su expresión era apenada.


— Recuerdo que en las tardes del caluroso verano me metía a esa fuente con mis primos, claro que siempre nos terminaban regañando— traté de hacer una conversación normal y ella rió ante mi anécdota.


—¡Elizabeth, aquí estás! — gritó mi madre saliendo al balcón, al verla no pude evitar hacer una mueca, me estaba avergonzando frente a aquella dama de vestido azul— Te hemos buscado por todos lados, ven aquí señorita que tenemos que seguir con las presentaciones.


Mi nueva conocida rio ligeramente y yo sentí mi frente arrugarse y mis cejas juntarse ante las órdenes de mi madre.


— Parece que estás ocupada— dijo la joven en tono de burla.


— Sí — respondí sin verla al caminar con los hombros caídos hacia la puerta de cristal— Creo que seguiremos nuestra conversación después.


— Espero que así sea— respondió a mis espaldas y yo entré al salón.

—Mira como te ha quedado el cabello con ese horrible viento. No podemos dejar que te veanen semejante estado— me regañó mamá al intentar desenredar mi pelo — Será mejor pedir ayuda a tus primas ¿Dónde están? Juraría que acabo de ver a Alaina.


Mi madre me arrastró tras suyo hasta estar en uno de los pasillos, donde nos encontramos con Alaina, mi prima menor, coqueteando con uno de los "hombres casaderos". Me aclaré la garganta para interrumpirlos.


— Tía, Lizzie... Que sorpresa— nos saludó asustada mientras el joven se escabullía de la escena.


—Alaina hija ¿Puedes ayudar a Lizzie con su...— no hizo falta terminara de hablar pues mi prima entendió perfectamente se refería al desastre en mi cabeza. Asintió y me condujo a su habitación.


Me sentó en un banco alto frente a un gran tocador blanco coronado con un espejo sobre el que vi mi reflejo; allí estaba yo con mi tes pálida, a falta de sol, que se veía más blanca a causa de mi melena negra y mis ojos cuyo tono semejaba al del chocolate amargo. Tenía que admitirlo, no era fea. Según yo lo que en realidad ahuyentaba a la gente era mi muy frecuente mal humor y mi clara apatía ante todo aquel que conocía, todo aquel menos...


— Cuéntame Liz ¿ Cómo va tu velada?— preguntó sin dejar de cepillar.


— Según mamá, no tan bien como la tuya — rió nerviosa al tiempo que dejaba el cepillo sobre el buró para comenzar a trenzar.


— ¿En verdad no has congeniado con nadie ésta noche?— de la nada recordé a aquella joven en el balcón y un extraño cosquilleo recorrió desde mi pecho hasta el rostro. Alaina rió levemente. Miré al espejo y noté que el blanco de mis mejillas había pasado a un leve rosado —Eso es un sí ¿Qué no? —no le respondí, pero tampoco pude evitar que un suspiro melancólico saliera desde el fondo de mi pecho —Eso es maravilloso Liz, dime ¿Cómo se llama?


— No lo sé, no pude preguntar.


— Oh Lizzie, tienes suerte, a ese baile no han venido más de ochenta personas. Podrás reencontrar a ese joven fácilmente.


— Sí, claro— reí sarcástica ¿Cómo le decía que no era exactamente un hombre a quien buscaba?.


—Vamos, no es momento de que te pongas así. Mira que ya he terminado, ahora ¡Ve y búscalo!


Me levanté del banco y salí al corredor. En verdad quería hacerle caso a mi prima de ir y averiguar más sobre esa mujer, al menos saber su nombre. Un poco entusiasmada, y sin estar del todo cociente, fui al balcón a buscarla... Pero ya no estaba.


— Bella Elizabeth ¿Te he dicho lo maravillosa que te ves con trenza?— Jacobs apareció detrás mío.


— Ajá, ¿De casualidad habrás visto a...


—¿Tu madre? Sí, aquí viene — en realidad esperaba preguntarle si había visto a una dama de vestido azul por los alrededores.


— ¿Porqué no me esperaste con Alaina? En fin, ven conmigo — hecho a andar y yo, con tal de alejarme de aquel sujeto que parecía acosarme, la seguí.


Llegamos con mi padre, quien asintió y me llevó del brazo hasta un pequeño círculo de hombres que charlaban entre ellos. Papá se aclaró la garganta, ellos callaron y abrieron paso a un joven alto, de ojos azules y cabello castaño. Quedé anonadada no ante él, sino al ver que de su brazo iba la bella mujer del balcón.


— Elizabeth, te presento al joven Roderick. Roderick, ella es mi hija Elizabeth.


—Es un verdadero placer señorita Elizabeth— el joven tomó mi mano y besó su dorso, después prosiguió— He escuchado tanto de usted por parte de su primo.


—El placer es mío— le respondí tratando de sonreír lo más amable que podía. Sin poder controlarme, miré a la dama junto a él — Papá ¿No ves que viene acompañado?— traté de susurrar sin dejar de sonreír. Ambos rieron, ella sólo apretó los labios para no soltar una risotada.


— Olvidé presentarlas. Señorita Elizabeth, ella es mi hermana Margaret — se apresuró a decir Roderick.


—¡Oh! Es su hermana— no pude evitar decirlo con un claro alivio. Ambos asintieron tratando de no reír y sentí que mis mejillas comenzaban a arder ¿Qué disparates estaba diciendo?


—Con su permiso, debemos regresar con mi esposa. Esperamos seguirlos viendo durante ésta velada ¿No es así, Lizzie?


— Sí, eso espero— no podía creer que lo hubiera dicho, y no fue al aire ; se lo dije a Margaret. En verdad deseaba que nadie lo hubiera notado, ni siquiera ella.


El resto del " tiempo de convivencia" lo pasé sola y de pie junto a uno de los ventanales, pero sin apartar la vista de Margaret y Roderick. Él sentía mi mirada y giraba a verme de cuando en cuando ; pero ella... Bueno, conté hasta doce veces que me miró. Me sentía extraña... Y estúpida.


La convivencia terminó dando paso al tiempo de baile. No sabía que iba a pasar; por primera vez estaba nerviosa en un evento social de estos.


Las parejas pasaron al centro del salón, y entre tanta gente vi a los hermanos saliendo por una de las puertas secundarias ¿Ya se iban? La sola idea me entristeció.


— ¿Me concedería ésta pieza?— me preguntaron de la nada.


—Jacobs, no estoy de ánimos.


— Liz, usted nunca está de ánimos.


— Y aún así sigues insistiendo.


En cada fiesta en que habíamos coincidido él siempre hacia la misma pregunta, y yo siempre respondía lo mismo. En realidad solamente había bailado con dos personas: mi padre y el profesor de danza.


De pronto la puerta se abrió y vi entrar a Roderick, pero venía solo. Cruzó el mar de personas y llegó hasta dónde me encontraba.


— ¿Señorita Elizabeth, me concedería el honor de ésta pieza?— sin dudarlo, pero tampoco pensarlo, asentí y extendí mi mano hacia él, la tomó y entramos a la pista.


Sentía que éramos el centro de atención. Mamá y papá se veían felices, parecía que veía en sus ojos el gozo de la realización; Alaina codeaba a su hermana Mary; y Jacobs, bueno él tenía una mirada de enojo, unos ojos furiosos como jamás los había visto. Roderick se percató de que veía a este último.


— Le pido disculpas, no era mi intención interferir con la plática que tenía con sus amigo.


— No, no. Él no es mi amigo, en realidad debo agradecer que me alejara de él. Últimamente tengo un presentimiento extraño cada que está cerca de mí.


—En ese caso, fue un placer rescatarla. Pero mi intención de esta pieza no fue otra más que darle un mensaje.


—¿Un mensaje?


— Sí, de mi hermana — sentí como se abrieron mis ojos al escuchar aquello — Comprendo que ella es una mujer un poco extraña, y también que usted podría negarse; pero es mi deber decirle lo que ella me pidió.


—¿Y qué es exactamente eso?


—Se lo diré literalmente como ella lo dijo...— se acercó a mí oído y sin dejar de bailar susurró— sus palabras fueron: Nos vemos en la fuente —estaba felizmente sorprendida ante ese mensaje.


— Le repito que comprenderé si usted se negara a...


—¡Quiero ir!— le interrumpí con mi firme decisión. Él se sorprendió, lo noté en su rostro; pero inmediatamente me dedicó una cálida sonrisa.


—Creo que me alegra escuchar eso. Ahora valla, Margaret la espera, y no se preocupe por los detalles que yo me encargo de cubrirlas.


En cuanto la música se detuvo me soltó y dejó salir por la puerta más cercana. En cuanto estuve en el pasillo comencé a caminar rápido. Conocía aquel lugar tan bien que me movía hacia el patio sin razonarlo, mis pensamientos se reducirán a un "Quiero verla" . No sabía cómo ni porque... Pero necesitaba verla.


Pronto llegué al lugar indicado. Ella estaba sentada a la orilla de la fuente, mirando al suelo.


—Hola, buenas noches— la saludé sacándola de sus pensamientos. Levantó la mirada y al verme se puso de pie.


—Creí... Creí que no vendrías. Pensé que quizá lo tomarías esto como una completa locura.


—Tal vez sí lo sea — di unos cuantos pasos hacia ella. La música que iniciaba salía del salón y llegaba hasta nosotras — ¿Me concedería esté baile? — me atreví a preguntar al estirar la mano en espera de la suya ¿Pero qué cosa hacía? ¿Es qué acaso había perdido la cabeza?


Su mano cayó delicadamente sobre la mía, soltó una tierna risilla y asintió al mirarme con sus angelicales ojos claros.


Mi mano derecha y su izquierda estaban unidas. Su brazo derecho pareció abrazarme, yo crucé mi otro brazo libre sobre el suyo y le devolví el gesto. Era hermoso, las dos a la par, las dos iguales, ninguna por encima de la otra.


La danza inició; me sentía feliz, me sentía llena, me sentía como nunca antes. Yo era levemente más alta que ella, así que supuse tenía que hacerla girar, pero lo hice delicadamente, como a mí me gustaría que me trataran, no como veía a los caballeros hacer girar bruscamente a sus acompañantes.


Después del giro nuevamente nos abrazamos con un brazo y de pronto sentí como nuestros dedos se entrelazaban. Estaba asombrada, pero feliz.


—Esta es la mejor noche de mi vida— me dijo cuando la música llegaba a su fin.


—La mía también— admití alegremente.


—¡Esto es realmente repulsivo!— una voz familiar dijo eso desde las sombras.

Muy asustada giré para ver de quién se trataba. Era Jacobs.


—¿Qué haces aquí?— exigí saber.


—Lo mismo te pregunto, Elizabeth. Yo sólo te seguí porque creí que ese sujeto te había hecho algo ,pero llego ¡Y me topo con esto!


—Yo... Yo puedo...


—¡Cállate!— al gritarme sacó su pequeña pistola traída desde Francia.


—Por favor, tranquilo — le pedí mientras me ponía frente a Margaret— Te suplico que bajes el arma.


—¿Porqué haría caso a tus súplicas si tú siempre ignoraste las mías?


—Jacobs, por favor. Si no la lastimas haré lo que quieras. Si la dejas ir a salvo me casaré contigo.


—Es muy tarde Liz ¿Porqué piensas que querría a una mujer como tú? Yo te amaba, pero no más.


Los hechos posteriores pasaron muy rápido: escuché la exposición del arma y el grito de Margaret ¿O fue el mío? Un terrible dolor se recorrió por mi abdomen y me sentí desvanecer.


—¡No, no no, Lizzie, por favor no me dejes! ¡Alguien ayudenos!— Margaret estaba arrodillada a mi lado, tratando de detener la sangre con sus dulces manos, mientras terribles lágrimas escurrían por mejillas hasta llegar a mí.


—¡¿Pero qué he hecho?!— gritó Jacobs antes de salir corriendo.


Escuché la melodía detenerse y a algunas personas ya asomadas desde el balcón. Después de eso todo se volvió oscuridad.

24 de Diciembre de 2021 a las 00:00 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Francisco Rivera Francisco Rivera
Buen drama y suspenso en esta parte de la historia. Situaciones de atracción y un primer desenlace de tragedia. Descripción del contexto y personajes equilibrados dan soltura al argumento. Los lectores del género seguirán los acontecimientos que la autora desarrolla.
January 15, 2022, 14:16
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