Black Raven. Seguir historia

broadwgayy Stephanie

Aaron, un joven humano de cabello tan negro como la pluma del cuervo, es criado como príncipe de Indark, ocupando un puesto que no corresponde a su estatus de sangre. Anhilor, un joven humano de cabello tan blanco como una perla, crece cada día más poderoso en sus dotes mágicas, preparado para liderar una rebelión cuando llegue el momento. Estos dos comparten un lazo mucho más fuerte que el de la responsabilidad de la guerra que está por desatarse. ¿Qué será de sus alianzas y pasiones?


Fantasía Todo público.

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Prólogo

Las verdes hojas de los árboles susurraban secretos al viento que las hacía estremecer, acompañadas de un aullido que envolvía el bosque en una neblina de suspenso. Las criaturas que habitaban los alrededores se escondían en la corteza, y algunos otros se refugiaban en las copas de los sauces si hacer más ruido que un débil zumbido. Todos huían del agudo grito, el cual era improbable que perteneciese a un adulto, que desgarraba el silencio sepulcral que se alzaba bajo a pálida luz de la luna.

Una pequeña figura regordeta se revolvía entre la hierba al ritmo de su lloriqueo, con su rostro de bebé color carmín cubierta de pegajosas lágrimas secas. Unos blancos y delgados dedos no tardaron en envolverse alrededor del cuerpecito del niño y alzarlo con extrañeza, haciendo poco caso de los llantos que rasgaban la calmada atmósfera en que hasta hace pocos minutos el bosque había estado adentrado. Pocos humanos habían sido vistos ahí, y aún menos terminaban con un buen destino.

La criatura que había cogido al bebé, esbelto y alto con elegante porte, unas orejas tan estilizadas que parecían apuntar al cielo nocturno y un cuerpo tan pálido que poco le faltaba para reflejar los rayos de luna, estuvo a punto de abandonarlo a su suerte. Mas considerando esto como una opción cruel para un recién nacido, pero no sin antes darle vueltas en su cabeza, arropó al pequeño entre sus brazos y lo llevó con él hasta encontrarse frente a las grandes y adornadas puertas de roble que anunciaban la entrada al castillo.

Con bebé en brazos, el elfo recorrió el largo pasillo de mármol acompañado del sordo sonido de su coraza golpeando su espalda con poca brusquedad. El llanto del niño, tan fuerte y constante que quien lo llevaba cargando se sorprendía de que no se quedara sin aliento —pues los elfos bebés no acostumbraban a chillar,— sacó al rey de su ensimismamiento, quien se encontraba orgulloso en su trono de plata. Los ancianos del consejo se encontraban discutiendo con grandes gesticulaciones, callando al instante en que el guardia hizo su entrada en el salón principal.

—¿Qué es esto? —inquirió el soberano al ver la pequeña criatura cargada en brazos envuelta en la capa del uniforme del ejército real.

—Montaba mi guardia, su Majestad, cuando me ha parecido escuchar el llanto de un infante. —habló el centinela, llevando una rodilla al suelo e inclinando su cabeza ante la presencia de su rey, dejando sus dorados y largos cabellos caer por mechones sobre su rostro. —Ha resultado no ser más que un recién nacido.


Por detrás se podía escuchar al consejo hablando en un volumen bastante audible, claramente ofendido.


—¡Es un humano!

—¡Escoria!

—¡Merece el destierro!

—¡Que atrevimiento al traer tal atrocidad ante el mismísimo rey!

—Cállense, ¡es sólo un niño!

—¿Ah sí? ¡Pues yo también era un niño cuando los dioses me dieron esta honrada vida en mi digna raza!

—¡Tiene razón! ¡Assher es un honradísimo elfo!

—¡Escoria! ¡Aberración! ¡Destierro!


—¡Silencio! —ordenó el rey después de haber escuchado ya bastantes incoherencias. Aunque no logró que los ancianos callaran, tan siquiera redujeron el volumen hasta que sólo se escuchaban veloces susurros.

—Su Majestad, si me permite expresar… —comenzó el guardia, quien mecía con suavidad al niño entre sus brazos, cuidando al pequeño muñeco de porcelana.


¡Monstruo!

¡Ofensa!

¿Cómo se atreve?

¡Deshonra!


—Es un humano, sí, pero aún no se comporta como tal. No es más que un recién nacido, aún no conoce las despreciables costumbres de aquellas viles criaturas… —comenzó el joven elfo.


¡Llévenselo!

¡Denle la muerte!

¡Por Sayshar, miren como llora!


—… y si es educado aquí, puede que jamás llegue a conocerlas. Criarlo como tal como uno de nosotros, eso es lo que sugiero.

—¿Adoptarlo, usted dice?

El guardia se puso en pie, asintiendo. No buscaba ser demasiado atrevido, pero con un sutil movimiento colocó al niño en los brazos del regente. Al instante los llantos cesaron, y en su lugar se escuchó una tonta risita. El bebé estiró sus regordetes brazos hacia el rey y, al no encontrar el apapacho buscado, se le dio por tirar del collar de rubíes que el soberano portaba. Y fue allí cuando el rey se encariñó.

Mandó a traer a su esposa, y así el rey y la reina de Indark decidieron adoptar, haciendo caso omiso de los gritos de los ancianos —¡Escoria! ¡Pero cómo es posible! ¡Debieron haberlo abandonado en el bosque! —, al niño que los miraba con ojos grises, a quien más adelante llamarían con el nombre de Aaron.

17 de Agosto de 2017 a las 23:31 2 Reporte Insertar 3
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Roxana B. Rodriguez Roxana B. Rodriguez
19 de Septiembre de 2017 a las 13:33
Roxana B. Rodriguez Roxana B. Rodriguez
¡Hola! ¡Qué buen inicio! Tiene la tensión justa y las dudas suficientes por esa enemistad entre elfos y humanos. Me encanta
19 de Septiembre de 2017 a las 13:33
~

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