nancy-cruz1553831740 Nancy Cruz

Perder el tiempo en lo que no podemos entender, es perder momentos de felicidad; escuchar con oídos espirituales es lo mejor que podemos hacer, muchas veces pasamos cosas que no hemos superado, dolores, e inquietudes que hay en nuestros corazones y tenemos que aprender a lidiar con todos esos momentos que nuestro espíritu esta afligido. Esta historia habla de una lucha espiritual, de un llamado que muy pocas veces queremos obedecer.


Historias de vida Todo público.

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UN LLAMADO AL CORAZON

Antes que las hojas de otoño cayeran al suelo tenía una vida completamente normal, pasiva, sin movimiento, me ocupaba de mi misma o eso era lo que yo pensaba, no había nada en mi vida que desencadenara un intenso deseo de servir a otros, de mirar a otros, caminaba como cualquier persona sin ninguna visión en particular. Mi vida de repente dio un giro de 90°, ¿Cuándo paso?; esta es mi historia.

Atormentada o no, no lo sé, miraba en mis sueños un asilo, miraba muchos ancianos que necesitaban ayuda, siempre soñé visitar un orfanato, ser participe para ayudar a los niños, mostrarles que hay luz en medio de las tinieblas, en diciembre se pueden ver a esos pequeños cantando, sin ningún pariente a sus alrededores, esa escena realmente despiertan en uno gran sentimiento, incluso pensar en adoptar a alguno, pero la realidad es que, estas tan necesitado en tu parecer que no puedes ayudarlos; ese era mi sentir, mi deseo mi anhelo, una de las razones por las que quise estudiar mucho y ser exitosa, nunca paso por mi mente visitar a los ancianos, pero esos sueños se hacían intensos que mi corazón me demandaba ir a un asilo, mis pies no querían caminar hacia la dirección que yo quería, querían correr a otra dirección, la inquietud en mi corazón era tan intensa que mis sentidos estaban tensos por no realizar las acciones que se me encomendaron. ¿A dónde puedo ir? Le pregunte a Dios muchas veces. Investigando un día sin pensarlo tanto me fui, me fui donde mi corazón deseaba, compre unas cuantas cosas con el poco dinero que tenía y lo lleve, no sabía dónde estaba, nunca anduve por esos rumbos, pero llegue, cuando pregunte en que puedo ayudar, mi sorpresa fue que no había nada que pudiera hacer, ya todo estaba hecho; yo podía, barrer, trapear, ayudar a darles de comer, pero no estaba preparada para bañar a los ancianos, yo al escuchar que lo único que podía hacer era eso, mi boca enmudeció y no pronuncio palabra alguna, me di cuenta que no estaba preparada para eso, sin embargo había una anciana sentada en uno de los pasillos, cuando la vi me senté a su lado, al mirarla, vi en ella una gran soledad, me miro muy alegre, platicaba conmigo como si me conociera, me dio tanto sentimiento, yo solo podía escuchar ya que no podía decir mucho, estuve con ella como una hora aproximadamente, no tarde mucho porque no estaba cerca de mi localidad, entonces, al despedirme ella me tomo la mano, como suplicando que yo no la dejara, que me quedara con ella, que se sentiría sola si me voy, pero no pude quedarme más, solo la abrace y me despedí de ella prometiendo volver, lo cual no hice, hasta hoy recuerdo a esa señora, tan amable, tan serena.

Después de eso mi corazón encontró paz, pero no tardo mucho cuando escuchamos noticias de mi abuela, ella vendría a vivir con nosotros, al principio yo estaba con ella todo el día y sentía que estaba cumpliendo lo que mi corazón quería, no trabajaba pues había renunciado a mi trabajo, todo iba bien hasta ese momento, lo único que podía dar es mi tiempo, escuchar y ser una compañía para ella, no podía hacer nada más; y pronto paso lo inevitable, encontré un trabajo que me demandaba tiempo, por lo que ella empezó a sentirse muy triste, muy sola, a pesar de estar rodeada de personas, pero más que nada fue porque extrañaba su tierra, conocí como era un anciano de verdad, lo que un día mi corazón demandaba se cumplió en ella, fueron tiempos muy duros, muy difíciles, tal vez, lo que yo debía ver en un asilo, es la soledad que ellos vivían en ese lugar y mi abuela no resistiría estar ahí ni un momento, me dio mucha tristeza, ella sufrió mucho a causa de su edad, ella tenía entonces 98 años, solo puedo imaginarme su sufrir, su dolor, las enfermedades, el dolor de su cuerpo, logre comprender cuál era el propósito por el cual yo debía ir ahí, ella era la razón.

El otoño había comenzado, y en otoño, muchas veces uno se ocupa en prepararse para el invierno, nuestra mente se ocupa en acciones sin razón, como velo que cubre a la novia, así se cubrieron mis ojos y muy pocas veces me acordaba de agradecer.

8 de Diciembre de 2021 a las 05:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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