El sendero de la realidad Seguir historia

karenstraight Karen Straight

Gracias a la energía que brindan los agujeros de gusano, los científicos pondrán manos a la obra y construirán un nuevo medio de transporte. Todo marchará bien... pero... Un viaje puede causar amargas sorpresas.


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Una nueva forma de viajar


Los inmensos volúmenes del espacio no superan al tiempo;

solo difunden el eterno misterio del vasto Universo.

-Joseph H. Glaser

 

Las manecillas contaban cada segundo y cada pulsación del tiempo; incontable como su continuidad más allá del reloj sobre la plateada pared del Centro de Investigación Científica Internacional (C.I.C.I)

Lewis escuchaba los números de su tic tac, y se encadenaba a su profundo ritmo conspirador de las estrellas y de las esferas que contienen a la realidad. Cada instante crecía su anhelo por superar las leyes que rigen a este, su cosmos habitable. Y era el instante cuando se cuestionaba sobre temas que la ciencia actual.

Las supercomputadoras de los laboratorios aún no terminaban de ejecutar sus complejos cálculos, a pesar de ser equipos veloces en comparación a otros ordenadores sofisticados. Aún no finalizaban de mostrar en sus pantallas los resultados. 
De pronto, su atención se dirigió a las cifras que aparecían como iteraciones aproximadas, y por primera vez en su reciente carrera como científico investigador, dudó de la veracidad de aquellos números:
"un número puede alterar el destino del universo".
Por un momento, todo le pareció una farsa disfrazada de fantasía matemática. De súbito, sus reflexiones profundas fueron interrumpidas por el eco del timbre del teléfono; Lewis recibía una llamada inesperada.

—Doctor Lewis; se le convoca a acudir de inmediato a la sala principal; es urgente— avisó el subdirector del centro.

Ante tal mensaje, se sorprendió por la espontaneidad de la llamada, pero más aún cuando su tono no le presagiaba buenas noticias. Sin embargo, no quiso sacar conclusiones apresuradas. El subdirector no solía llamar por teléfono.

De inmediato, tomó su equipo y lo llevó consigo a toda prisa a aquel lugar donde lo citaban. En tanto, la duda surgía a partir de la palabra preocupante; "urgente", solían ser inusuales las reuniones en la sala principal. 

Lewis avanzó con dirección a dicho lugar, y al entrar en aquel espacio con capacidad para 1,500 personas. Comenzó a preocuparse en cuanto divisó a los rostros de científicos bajo las luces cálidas, derramándose por las paredes de madera barnizada y las ventanas cerradas. Urgente. Urgente.

Sin pronunciar palabra, Lewis escuchaba el rumor lejano producido por el eco del interior. Sí, era algo tan importante que ameritara la interrupción total de las investigaciones científicas de carácter vital. Comenzó la conferencia; pasaron los expositores vestidos de traje.


Se trataba de importantes empresarios de la Corporación Anderson, empresa dedicada a la industria automotriz. Se presentaron, y después de una breve reseña, uno de ellos comenzó a abordar el tema del transporte:

—Son de sobra conocidas las consecuencias de la contaminación, en mayor porcentaje la ocasionada por los vehículos que utilizan combustibles, como por ejemplo, la gasolina. 
Bien, o sobre el constante incremento de precios al consumidor que se traduce en desequilibrios económicos internacionales.

Y prosiguió:

››La contaminación provocada por la quema de combustibles fósiles es el factor más abundante que genera problemas al medio ambiente.

Del mismo modo, al tráfico en los caminos de grandes ciudades (cada año se emplean más recursos con el propósito de construir más vías de comunicación entre localidades lejanas o incomunicadas).

››Sin embargo, podemos evitar cualquier clase de accidentes donde se involucren transportes y que además, cobran millones de vidas cada año. Y dicho sea de paso, detener la progresiva destrucción del medio ambiente. Está claro que no podemos seguir destruyendo nuestro único hogar. 
¿Cómo? Se preguntarán, y esa es lo que deseo decir

›› ¿Cómo?

››Y quizás imaginarán la fabricación de ligeros y seguros vehículos que no consuman combustibles usuales, sino solares. Pero la respuesta es no; podemos utilizar otra fuente de energía, aquella inagotable y eterna que nos brinda nuestro Universo.

El expositor, emocionado, le hizo falta el aliento para explicar, con claridad y objetividad, lo trascendental de la información que revelaría ante la comunidad científica. 
Él tenía el privilegio de dar a conocer aquello que cambiaría al mundo antes que nadie. 
Hizo una pausa breve y respiró hondo, volviendo pronto a proseguir:

—En una reciente conversación con el doctor Brian, aquí presente, hemos concluido y ahondado sobre la posibilidad tangible de construir vehículos que eliminen el uso de combustibles, sustituyéndolos por potentes baterías que son ecológicas. 
Podemos aprovechar la constitución del Universo, por ejemplo, Puentes de Einstein-Rosen para transportarnos no solo dentro de la Tierra en menos de un segundo, sino a cualquier punto del Universo. Imagínense en París y en el siguiente instante en New York sin haber tomado un avión o sin reservar.
Pero sobre todo, la mayor ventaja son los beneficios al medio ambiente, tiempo y trabajo que podemos emplear en actividades indispensables: Todo en un segundo o menos, tal vez.

 

La mayoría de los presentes, al terminar de escuchar, comenzaron a debatir entre ellos sobre la posibilidad real de aquel proyecto que parecía inverosímil. Otros permanecieron en silencio analizando la factibilidad. Decenas de científicos realizaban preguntas al empresario, y entre ellos, expresaban su pensar con alguna ofensa o crítica.

— ¿Cómo se atreve a afirmar tal cosa? ¡Eso es imposible! La singularidad del agujero negro destruiría cualquier objeto que ingresara al horizonte de sucesos. Además —agregó con severidad el doctor Sanders que ocupaba lugar en la primera fila—, un agujero negro consume toda la materia a su alrededor. 
¿Sabe lo que eso significa?—y se dirigió al expositor, exigiéndole una respuesta, pero no le dio oportunidad para contestar porque tomó la palabra—. ¡Tan solo al imaginar que un grupo de ignorantes se atreviera a abrir un agujero negro para intentar "viajar" a otro punto del universo me estremezco! Peor aún, preocupa; sería el fin de todo lo conocido para la raza humana y la Tierra.


En seguida hizo una breve pausa reflexiva

›› ¿No lo piensan? ¿Acaso solo tienen mentalidad para ustedes? No miden las consecuencias: Hay millones de inocentes que morirían por culpa de irresponsables que creyeron que los agujeros negros son túneles comunes y corrientes, con las mismas condiciones que una autopista, con la misma intención de un incauto que sube al acantilado para caer, a propósito, al precipicio.

—Mi respuesta, estimado Sanders— intervino el doctor Brian, reconocido por firmeza de carácter y su serenidad, incluso en momentos como aquellos—, ese concepto al que usted se refiere corresponde a las antiguas concepciones de la materia y energía de un agujero negro. 

››Es evidente que no comprende la naturaleza del proyecto e ignora los beneficios internacionales que traerá consigo, a pesar de sus ventajas. 
En estos tiempos, ―prosiguió― y según los cálculos de la serie de ordenadores más exactos del mundo, además de las comprobaciones de la existencia de agujeros negros y otros estudios relacionados con la materia, vivimos en un universo esférico de más de cuatro dimensiones.

››Tome nota; al poseer esta característica, es posible abrir pasos y '"atajos" espaciales y temporales similares a un túnel invisible a la vista humana, pero con propiedades que permitirán agilizar las formas de propulsión y comunicación. 

››Esto va más allá de cualquier teoría al respecto, pues no solo disminuirá la contaminación y los accidentes, si no también se desarrollará mejor tecnología.
Debemos de permitirnos ir hasta donde no podemos visualizarnos en un plano bidimensional. Piénsenlo, no solo conoceríamos el planeta, sino también lugares distantes en el Universo.

 

Lewis se unió a la causa. Mientras tanto, el doctor Sanders continuaba, junto con un grupo de científicos que compartían sus ideas, con sus especulaciones argumentando que sería peligroso y el mundo se destruiría. 
Pero los ignoraron, la mayoría de los presentes aceptaron participar en el proyecto, y de este modo, un alto porcentaje de su tiempo lo dedicarían a acelerar la investigación que ahora era su prioridad. Además, científicos de todo el mundo trabajarían también en ello, lo cual garantizaba el éxito total.

La conferencia terminó pero iniciaba el proyecto más trascendental de todos los tiempos.

***

Cada día de los siguientes diez años, Lewis trabajó con pasión. 
Y cada día, en cada indicio que probara que era posible y se encontraban cerca de conseguirlo. Cada instante como aquel cuando movieron partículas en el espacio insondable. Cuando no puedo dormir y se quedó trabajando en el laboratorio. 
Una realidad palpable, un avance que le arrebataba el sueño, un sentir e imaginar vastas maravillas. Un segundo y todo aquello que le generaba el sentir que valía la pena todos sus sacrificios personales y sociales. Todo le pareció como una poesía etérea que le acompañaba en cada paso. Una noche incontable contemplaron, bajo la bifurcada luz de las estrellas conspiradoras, al trasfondo dimensional que avanzaba; un vehículo. Y al otro lado del mundo, aparecía completo en un segundo, el primero de una generación de transportes.

Sus ojos probaron con el deleite de la vida la evidencia tangible de su esfuerzo, otros, en su mirada se intuyó desconfianza y febril exaltación:

¡No puede ser posible!

Nadie, ni Lewis, olvidarían aquel momento; vieron a la primera persona descender de la otra torre vehicular; y todavía no podían asimilarlo en la conmoción del tiempo. 

Era una fábula viviente cuando Lewis sintió que los amaneceres congelaban su alma. Mientras que, miles de personas veían asombradas aquel trascendental inicio de la era de los transportes a través de medios de comunicación, entre sus notas periodísticas y de comunicación escribían:

››"Miles de científicos, colaboradores para el diseño de las piezas de las torres y el vehículo, empresas automotrices y fundaciones, han logrado un brillante trabajo en equipo para el beneficio de la Tierra en destrucción, con el firme propósito de innovar y salvar al medio ambiente. Ellos han conseguido lo que parece imposible, pero ahora es una realidad de la que todos podemos disfrutar."

 

Desde aquel día, el planeta cambió puesto que, en tres años se construyeron miles de torres que sustituyeron a las autopistas. Pronto se reciclaron otros medios de transportes como los aviones, barcos y automóviles por las nuevas naves dimensionales dotadas de estructura más flexible y 100% más amigables con el medio ambiente. 

Poco tiempo después, todos usaban los vehículos y las torres para viajar a lugares que, de otra forma, no podían conocer antes de la llegada de los viajes instantáneos. Incluso cargas pesadas reemplazando a los trasatlánticos. El proyecto se acompañó con un conjunto de leyes y ajustes económicos mundiales debido a la ya obsoleta construcción y manejo de otros medios de transporte. Como beneficio adicional, era accesible a cualquier persona del mundo, gracias a las torres que recibían a los vehículos.

Con anhelo en su sonrisa, Lewis veía desde su ventana a los jardines y al cielo que lucía despejado; ausente de las nubes grises que obstruían su vista al resplandor de la atmósfera.
En él vivía un matiz conocido y complejo en un tono profundo. Por primera vez experimentaba la sensación de satisfacción al haber contribuido al bienestar del mundo mediante la ciencia; su adorada profesión que siempre consideró cierta y comprobable: Aquella ciencia que en algunos años, transformó la historia de la Tierra y la humanidad; superó las barreras mentales, las más difíciles de vencer.

Una mañana, Lewis bajó las escaleras de su modesta casa con rumbo al Centro, donde continuaría el proyecto biomédico Cont-Ion que, desde hacía dos meses comenzó. Pensó en tomar el camino desde la Torre XI-74945, la más cercana a su apartamento, así que con paso veloz cruzó las calles vacías de vehículos, sin la menor preocupación por sufrir un accidente o ser herido por los carros a toda velocidad.

Llegó a la torre y ocupó un lugar en la fila que esperaba su turno. A su costado, un hombre de negocios consultaba su reloj, y una señora rubia con su hija de tres años sobre su regazo. Los saludó y le fue devuelto un "Buenos días".

Sin embargo, momentos más tarde, en el momento en el cual la señora subiría con su hija, los presentes escucharon el fluir ruidoso de varios influyentes sociales. Los encargados de la torre les dieron prioridad para viajar a pesar de las quejas e inconformidad de los usuarios.

—Esperemos—les pidió el científico—, no nos retrasaremos, se los aseguro.

—Tiene razón—reflexionó la señora.

El destino era Londres para aquellos pasajeros vestidos con elegante ropa. No obstante, el sistema detectó después de dos segundos, un retraso inesperado. Luego aumentó; siete segundos y el vehículo no llegaba a la torre asignada para Londres, ni volvía a la Torre XI-74945.

›› ¿Dónde estaban?

Todos los clientes de la torre, impacientes, consultaban en repetidas ocasiones el reloj; 10 minutos pasaron y el único vehículo que poseía la torre aun no volvía.

Lewis volteó a su alrededor y a los rostros enfurecidos de la larga lista de espera. Comenzaron las especulaciones y los reclamos a los administradores de la torre, quienes no sabían con certeza lo ocurrido. Llamaron, de nuevo, a la estación de Londres para confirmar si el vehículo llegó, pero le informaron que ningún transporte llegó de la Torre XI-74945.

Lewis pensó que sería mejor no hablar al respecto y por tal motivo se reservó el decirles:

—El retraso es inusual...

— ¡No quiero imaginar lo que sucedió con esos jóvenes, a dónde habrán llegado!—exclamó la señora a los otros presentes, luego de 35 minutos de espera— ¡Tan sólo recordar que nos tocaba ir en ese viaje, me hace sentir que tuvimos suerte!

Lewis reflexionaba: El vehículo no regresaba ni arribó a su destino, tampoco (según se logró averiguar más tarde) se encontraba en la Tierra. 
¿A dónde se dirigió?


Lewis tembló de miedo recordar la invisible dimensión de moléculas extrañas que dejó perplejos los científicos mientras investigaban sobre los viajes. Pero también pensó en la variable a la cual no prestaron importancia por considerarla una incompatibilidad entre los ordenadores.

Lewis pensó que quizás aquel vehículo inofensivo se perdió entre las redes del espacio y el tiempo de otros universos paralelos. O su destino era una dimensión extraña habitada por seres de formas irreconocibles y abstractas para los ojos humanos. Tal vez estaba en una zona que escapa a la realidad conocida y que aparece filtrada, desvanecida y oculta, pero aparece en modos dispares en el vacío. 
Recordó a Sanders y a sus proféticas advertencias; alguna vez le escuchó decir que era posible que en menos de un segundo, el vehículo pudiera ser interceptado. No quería preguntarse por quien o por qué, aunque su devoción le invitaba a pensar. Se levantó con el pensamiento saturado en conceptos confusos que su desbordada imaginación encontraba.

Lewis abandonó la torre, pues consideró que no era conveniente asistir al Centro dadas las circunstancias que lo orillaban a analizar el problema con mayor calma y en casa. Mientras volvía, se enteró por los anuncios y las conversaciones de los transeúntes los reportes de las desapariciones inusuales. 
El pánico se incrementó al notarse que sólo se presentaba en 106 de cada 100 millones de viajes, y dada la cantidad de viajes por segundo y el total de la población mundial, se incrementaban las ahora conocidas como “desapariciones”. Y era necesario reemplazar esos vehículos perdidos.

Lewis fue a su casa, y de esta forma, corrió con prisa hacia su hogar. Al llegar, sacó de sus cajones aquellos voluminosos documentos que contenían los resultados de sus investigaciones preliminares. Parecía hechizado, parecía ansioso de comprobar esa realidad que lo estaba aprisionando. Le pedía que aceptara aquella verdad sin sentido y movía sus ojos a través de las hojas del tiempo y el espacio. Todo comenzó a fundirse en una melodía desenfrenada de cósmicos números.

Subjetiva realidad, impredecible y sublime. Esa constante. Esas redes. Esos significados. Esos ecos latentes. Aflicción invisible. Impredecible. Interceptados.

Lewis habló de tantas cosas y las repitió sin claridad. Volvió a sondear las profundidades de la existencia a través de ecuaciones complejas. Ante sus ojos desfilaron secretos que le fueron revelados para volverlo ignorante de la realidad y diminuto de conocimientos. Oscurecía.

Las pálidas estrellas emitieron su lejano y pulsante brillo celestial. Verdades y estrellas refulgentes y pasivas. Su verdad era un tétrico reflejo, un muro de plata.

Y mientras Lewis palidecía, sin que su mente se izara en el abandono total de su corazón, deseaba contemplar con incipiente desvelo el trazo que resplandecía en sus doradas redes.

—Quiero ir— se dijo a sí mismo, cautivado después de condensar los resultados y obtener vagas sugerencias.

Se dirigió a una torre censurada, debido a la reciente política de cerrar algunas torres hasta resolver el problema.

Conocía cómo encontrar el interruptor y encender el vehículo. Intentarlo era solo una oportunidad. Ajustó coordenadas una vez. Sólo una vez, lo sabía; bastaría un segundo para encontrar la verdad.

Y cuando abrió los ojos, contempló la voluntad del espacio.

6 de Agosto de 2017 a las 03:43 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Karen Straight Creadora de mundos desde el 2004 gracias a las películas, libros y series a mi alcance. Cazadora de inspiración en la vida despierta y en el universo onírico; la inspiración está en todas partes. Me fascinan los libros digitales e impresos, aunque si un buen artículo se me atraviesa, me entretiene tanto como un videojuego o una canción. Me gusta dar lo mejor de mí en todo lo que hago; siempre agradezco todos los consejos que me brindan para crecer como autora y dibujante.

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