u15689880591568988059 Jonaira Campagnuolo - Autor

«El amor no es para siempre», fue lo que entendieron Gary y Nicole después de que un error terminara de fracturar su matrimonio. Una relación que ya venía atravesando complicaciones. Luego vinieron dos años de reclamos, acusaciones y acalorados debates públicos que amellaron la convivencia y los obligó a separarse volviendo frío el trato entre ellos. Varias veces intentaron resolver sus diferencias, pero lo que hacían era aumentar la distancia. Hasta que un día, Ethan, el hermano de Gary, apoyado por Jessie, su esposa, y su desquiciante amiga Karin, deciden poner fin a la disputa empujándolos a solventar su situación de una forma algo… violenta. En los problemas de pareja, los terceros crean discordia, pero eso era lo que este trío de metiches quería generar. Para ellos, solo el fuego era capaz de romper la frialdad en la que se había convertido esa relación. ¿Gary y Nicole se dejarán quemar por el ardor de esas llamas haciendo renacer lo que en una ocasión sintieron o el intento pondrá un fin definitivo a su matrimonio? Aunque BÉSAME MUCHO es un spin off de la serie de relatos de romance contemporáneo BESOS, publicada en Amazon (Un beso en Navidad, Un beso en San Valentín y Un beso para siempre) puede leerse muy bien de forma independiente. Si eres romántico y te gustan las historias enmarcadas en la época navideña no puedes dejar de leer esta novela, que posee además toques de comedia y suspenso. Espero me apoyes con tus votos y comentarios, ellos me ayudarán a seguir creciendo. Gracias por leerme. Copyright © 2021 Jonaira Campagnuolo. Todos los derechos reservados


Romance Contemporáneo Todo público.
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Capítulo 1

Y de nuevo llegó el invierno, queriendo arropar con su manto helado las ardientes calles de Brooklyn. La nieve parecía un vestido de novia bordado de perlas, de larga e interminable cola. No había rincón de la ciudad que no se llenara de su blancura.

Era una dama lista, que estaba a la espera del novio para ser desposada. Su corazón latía con fuerza y ese no era otro que la cafetería Martin’s, su lugar de moda. Un sitio que siempre estaba repleto de clientes, no importaba la hora ni la época del año. Sus deliciosos pasteles y la excelente atención que brindaban habían hecho de aquel establecimiento un lugar de referencia.

Los Martin se hicieron con uno de los terrenos colindantes para agrandar la cafetería. No querían perder el ambiente hogareño que desde el inicio brindaban, pero el alto flujo de clientes obligó a Ethan y a Gary a ampliar el establecimiento y dividir los espacios.

Una parte seguiría siendo para quienes deseaban sentarse en sus mesas a disfrutar de un café, un chocolate caliente con malvaviscos, un té o un trozo de sus famosos postres, dentro de un sitio tranquilo y con música de fondo que los ayudase a relajarse al salir del trabajo, o durante el descanso que le ofrecían los jefes. La otra parte sería para aquellos que querían ir a comprar algunos de sus productos y enseguida marcharse, pasando como torpedos por la tienda, gritando a todo pulmón sus pedidos para asegurarse de que no hubiese algún error, al tiempo que mantenían charlas nerviosas, o divertidas, con sus acompañantes.

Separar esos espacios no solo otorgaría comodidad a los clientes, sino a los propios dueños. Ethan no tenía problemas, porque siempre estaba en la calle, atendiendo a proveedores y ocupándose de las finanzas, e inspeccionando el servicio de cáterin que también avanzaba indetenible con el apoyo de Ibrahim, el socio que habían hallado meses atrás y quien además era dueño de un café en la avenida Madison, en pleno centro de Nueva York. El que se hacía líos por la locura en la que se había transformado la cafetería era Gary, quien vivía con los nervios a flor de piel, a pesar de que tenía el apoyo de Theresa.

El bullicio y las aglomeraciones lo ponían cada vez más inquieto, pero su conflicto no era porque no pudiese manejar un emprendimiento que crecía como la espuma, su problema radicaba en su drama personal, que desde hacía dos años no había podido resolver.

Su matrimonio seguía enfermo, se consumía como un cáncer que había hecho metástasis, porque no solo era su relación de pareja la que se hacía escombros, también lo estaba la relación con sus hijos.

—Nicole dijo que los chicos habían aceptado la propuesta y que iba a conversarlo con sus padres, pero que estaba segura de que ellos la apoyarían —informó Ethan mientras guardaba en un maletín los libros contables.

Gary estaba apoyado en el marco de la puerta de la oficina. Escuchaba, de brazos cruzados y cabizbajo, lo que su esposa Nicole le había contado a Jessie, la esposa de su hermano.

—No sabía nada de eso —gruñó con cansancio, como si le costara expresar palabras.

Ethan se giró hacia él y suspiró hondo al detallarlo. Gary había envejecido veinte años en tan solo dos. Se notaba ojeroso, delgado y hasta había empalidecido. Ya no se rasuraba por completo, pero tampoco se cuidaba la barba para verse a la moda, como lo hacía él. Tenía la apariencia de un anciano decaído y solitario, cuyo único entretenimiento era mirar la televisión o caminar encovado por un parque. La energía que siempre poseyó, su alegría y fuerza, fueron fragmentándose de la misma manera en que lo hacía su matrimonio y su familia.

—Supongo que Nicole lo discutirá contigo esta noche… o los próximos días —expuso para salir del paso.

—Tendría que haberlo hecho ya —se quejó Gary con el ceño fruncido—. Viajar cerca de Navidad es casi imposible. Si piensa pasar las fiestas en la casa de sus padres tendríamos que irnos esta misma semana. ¿Me lo contará un día antes del viaje? ¿O piensa marcharse sola con los chicos? —bramó eso último con enfado.

—Pensé que lo sabías —agregó Ethan para calmarlo—. Solo quería confirmar ese viaje contigo para programar mi agenda y apoyar en la cafetería durante tu ausencia. No quiero complicarme como sucedió en la Navidad de hace dos años.

—Lo ocurrido dos años atrás no se repetirá —aseguró, irguiéndose y descruzándose de brazos, aunque apretó los puños para controlar la rabia—. No iré a ningún lado sin avisarte con tiempo. Aprendo de mis errores, aunque cueste creerlo.

—Bien —dijo Ethan y se guardó las manos en los bolsillos de su pantalón para que su hermano no se sintiera desafiado y bajara el nivel de su irritación—. No quiero llenarte de angustias, pero creo que debes hablar pronto con Nicole. Si no resuelven sus diferencias, lo perderán todo. Me da la impresión de que esta Navidad es una fecha límite para ambos.

Gary bajó los hombros con derrota. Así revelaba el profundo dolor que amedrentaba no solo a su espíritu, sino también, a su cuerpo, convirtiéndolo en un guiñapo viviente.

—Gracias por avisarme —masculló de forma casi imperceptible antes de dar media vuelta y regresar a la zona del café que él administraba.

Al quedar solo, Ethan apretó la mandíbula para sosegar el fogonazo de rabia que esa situación le producía. Quería ayudar a Gary de alguna manera, pero no deseaba meterse en su relación de pareja ni en la de su familia. Había visto como reaccionaban los hermanos ante la intervención de terceros en sus decisiones. Lo entendió luego de ver como actuaba Marie, la hermana de Jessie, ante la insistencia de esta de llevarla hacia un camino que creía correcto, sin considerar sus opiniones.

Hasta ahora, él solo le había servido a Gary como un apoyo, pero consideraba que era hora de darle un pequeño empujón. Porque su hermano parecía haber perdido todas las ganas por impulsarse, comportándose como un barco de papel en medio de un río. Simplemente se dejaba llevar por la corriente sin saber a dónde ir.

Tomó el maletín para asistir a la reunión con el contador. Sin embargo, decidió pasar primero por la zona de despacho rápido, el sitio ajetreado y siempre repleto de ruidos que estaba siendo administrado por su persona de más confianza luego de Jessie y de Gary: su amiga Karin.

—Necesito hablar contigo —dijo con premura a la mujer interrumpiendo sus gritos para pedir a un empleado, que se hallaba al otro extremo del negocio, que le trajera otra bandeja de cupcakes de banana y chocolate.

—¿Vas a retarme por lo que le dije esta mañana al baboso machista que eché a patadas de la cafetería?

Ethan la observó unos segundos con los ojos muy abiertos, pero luego suspiró con resignación. Karin tenía su estilo para manejar el negocio y lo hacía muy bien. Los empleados la adoraban y la obedecían en todo, y los clientes, igual.

Algunos iban solo para verla, disfrutaban de sus coqueteos y reían con sus ocurrencias, pero habían sujetos, con un alto nivel de imbecilidad, que no perdían la ocasión para burlarse del transgénero que atendía esa parte de la cafetería Martin’s. A esos, la propia Karin sabía ponerlos en su lugar sin crear conflictos mayores dentro del negocio, y si se pasaban de intensos, los sacaba a empujones mientras era aplaudida por el resto de los clientes.

—No sé de qué hablas y no quiero saberlo, solo necesito que me dediques unos minutos. Es un asunto personal.

La mujer se mostró alarmada.

—¿Pasó algo con Olivia? ¿Embarazaste de nuevo a Jessie? —preguntó con exageración, como si estuviera a punto de sufrir una apoplejía.

Él apretó los puños y la mandíbula con rabia antes de responderle.

—¿Cómo voy a embarazar a Jessie luego de dos meses de haber dado a luz? ¿Quién crees que soy? —preguntó molesto—. Y no pasa nada con Olivia. Mi hija está muy bien, es… —Miró a los alrededores para asegurarse que no había empleados en los alrededores— Se trata de Gary, necesito ayuda para él.

Karin puso los ojos en blanco y batió la larga melena rubia que tenía atada en una cola de caballo.

—¿Qué dejó de hacer Gary ahora? Porque no puedo preguntarte qué hizo, porque nunca hace nada. Se transformó en un ente sin voluntad ni consciencia, funciona en automático desde hace dos años —se quejó con altanería cruzándose de brazos.

—Exacto, ese es el punto, que sigue sin hacer nada y no puedo permitir que siga así. Ya han pasado dos años desde su pelea con Nicole y creo que ella está poniendo fecha límite a su capacidad de aguante.

Karin lo observó con atención mientras comenzaba a enroscar un mechón de su cola en su dedo.

—¿Dijo algo de abandonarlo definitivamente?

—No con exactitud —aclaró Ethan irguiéndose, porque se sentía incómodo al hablar de las intimidades de su hermano—, pero le comentó a Jessie esta mañana, cuando llamó para saludar y saber de Olivia, que se irá a casa de sus padres con los chicos a pasar las navidades, y Gary no sabía nada.

Karin suspiró con cansancio. Aquello parecía una declaración de separación definitiva.

—¿Y qué pretendes?

—No sé, mantenerlos unidos de alguna manera.

—¿Y no te parece que eso podría ser contraproducente? Él y Nicole no hacen otra cosa que discutir o ignorarse cuando están juntos, llevan dos años asumiendo esa actitud, y los chicos ni le hablan. ¿Para qué insistes en mantener unida esa familia? Tal vez separarse sea la solución.

Ethan se tensó ante esa posibilidad.

—Gary no ha tenido verdadera oportunidad de resolver los problemas con su familia, el trabajo en la cafetería lo ha absorbido porque no paramos de crecer y las ocasiones en que ha decidido irse con ellos de viaje para propiciar un acercamiento, sucede alguna situación incómoda con los chicos que impide que los padres hablen y se reconcilien. Luego de varios intentos, se rindió, y como dices tú, ha estado funcionando en automático desde entonces. —Respiró hondo antes de continuar—. Solo quiero que él y Nicole hablen sin nada que los interrumpa, creo que esa es la única forma de que resuelvan sus diferencias. De la cafetería me ocuparé con tú ayuda y la de Theresa.

Karin suspiró con dramatismo y miró al techo como si reflexionara. Luego de casi un minuto pensando decidió hablar.

—Hay una forma de ayudarlos, pero es un poco… violenta.

Ethan arqueó las cejas y la observó con cierta preocupación.

—¿A qué te refieres con «violenta»?

—A que tendremos que engañarlos, empujarlos a hacer algo que no quieren y dejar solos a los chicos por un día —culminó reflexiva.

—¿Dejarlos solos por un día? —preguntó el hombre alarmado.

Karin apretó el ceño y lo observó con enfado.

—Dijiste que tu hermano y Nicole necesitaban paz para hablar y reconciliarse. Las veces en que han fallado, ha sido por causa de los chicos. Para que solventen su situación deben charlar por varias horas estando solos. A esos vejestorios nada les pasará si están solos ese tiempo.

Ethan suspiró hondo, algo que molestó aún más a Karin y la hizo poner los ojos en blanco.

—Tu sobrino Trevor tiene diecinueve años —continuó—, está frustrado porque su banda musical fracasó antes de su debut y por eso perdió el cupo en la universidad. Odia trabajar para su padre y para su tío como repartidor de cafés en bicicleta. Y Janis, a sus diecisiete años no se conoce a sí misma, vive enfadada hasta con la brisa que golpea su cara y estar todo el día en casa, con su madre, no la ayuda a crecer y a cambiar de actitud. Déjalos solos un día —expuso fastidiada—, también necesitan pensar y reconciliarse con ellos mismos para encontrar sus caminos. No morirán de hambre sin su madre por unas horas.

Ethan comprimió el rostro en una mueca de desagrado. No tenía mucha confianza en la capacidad de sobrevivencia de sus sobrinos, quienes habían crecido siempre bajo el ala protectora de su madre.

—¿Y si los llevo a Ramsey, con la abuela?

Karin lo observó con altanería y levantó una ceja.

—No está mal el plan. Bertha les dará la sacudida que necesita para hacerlos reaccionar.

Ethan se lo pensó mejor. Aunque fue su idea, se percató del riesgo que significaba llevar a esos niños consentidos con su abuela, que era buena para quitar malcriadeces con estrategias algo excesivas; pero no tenía tiempo para idear otro plan. Ayudar a su hermano era un asunto de urgencia.

—Está bien, hablaré con Jessie y nos llevaremos a los chicos a Nueva Jersey con alguna excusa, pero, ¿qué haremos con Gary y con Nicole?

Karin sonrió con picardía.

—Eso déjamelo a mí.

—No quiero obligarlos a nada —dijo preocupado—, solo darles espacio para que puedan hablar y resolver sus asuntos.

—Y eso les daré —expuso socarrona—. Me aseguraré de que tengan muchísimo espacio para gritarse a la cara todo lo que sienten, lo necesitan. Créeme que no habrá nada en kilómetros a la redonda que los moleste.

A Ethan le angustiaba dejar en manos de Karin esa situación tan delicada, pero ella no le había fallado nunca. A pesar de que tenía un estilo algo desquiciante para resolver problemas, lograba hacerlo en tiempo record, por eso no dudó en acudir por su ayuda.

—Hecho. Haré lo que me digas para lograr que Gary y Nicole tengan su espacio. Si debo mentirles, cuenta conmigo.

Ella sonrió con triunfalismo y pegó un gritito de alegría que alertó a algunos clientes y empleados. Ethan sintió vergüenza y la obligó a guardar la compostura.

—Vamos al cuartito de atrás para explicarte el plan —le susurró al oído.

—¿Al cuartito de atrás? —preguntó asustado.

Karin no pudo evitar carcajearse.

—No te haré nada, tonto. Le prometí a Jessie que cuidaría de ti mientras estás en el trabajo y eso haré. Lo que pasa es que no me parece apropiado hablar aquí de un plan para engañar a…

—Sí, sí, sí. Vamos y explícame rápido tu idea que tengo una reunión con el contador en unos minutos —apuró viendo su reloj de muñeca.

Karin y él se fueron a la trastienda para elucubrar su plan macabro, uno que pretendía poner fin al difícil conflicto que atravesaba Gary y su esposa y le devolvería un poco de paz a la pareja. Aunque la forma en que lo lograrían sería algo… violenta.


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2 de Diciembre de 2021 a las 12:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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