lostoni Matías Romero

Doce héroes representantes de distintas razas se han unido para derrotar al temible rey demonio Demogria, quien asola las tierras de Nueva Bretaña. Su larga batalla contra este tirano esta a punto de terminar, sin embargo, un oscuro giro de eventos los terminara enfrentando en un cruel Battle-royale donde solo uno ganara. Doce heroes, doce gemas, un solo deseo.


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#1: Los doce héroes

Es el año 1352, plena edad media donde la tierra está habitada por todo tipo de razas y culturas. La magia es tan abundante que incluso puede sentirse en el aire y las fronteras son lo suficientemente vastas para no aparecer en los mapas. A simple vista parece ser un mundo de ensueño, pero la verdad es otra…existe un antiguo mal en estas tierras, echando raíces y contaminando todo lo que tenga a su paso. Desde el otro extremo del mundo, él yace sentado en su trono comandando legiones de aberrantes criaturas que no tienen piedad ni de su propia sombra. Tal es el poder de este tirano, que los reyes solo pueden temblar, escondidos dentro de sus castillos y rezando porque el mal no toque a su puerta. El nombre de este villano se esparció como un virus de pueblo en pueblo, de nación en nación hasta que finalmente todos supieron cómo se llamaba… rey demonio, Demogria. Todo parecía perdido y el advenimiento de la noche eterna era inevitable, sin embargo, así como la oscuridad existe, también está la luz para ahuyentarla. Un valiente joven escogido por una legendaria espada, se alzaría con una sola voluntad…derrotar al rey demonio. En su larga travesía hizo amigos, supero adversidades y se gano el corazón de la gente. Él reunió un grupo de once campeones, cada uno representando a su raza:

Aquellas que practican lo oculto y han desentrañado el corazón de la magia, las brujas.

Los hermosos entes del bosque que vuelan con sus mágicas alas y encantan con sus bellas melodías, las hadas.

Barbudos, sin modales y de baja estatura pero formidables herreros, los enanos.

Venenosas y capaces de hacer trizas los huesos de cualquiera con un solo apretón, las lamias.

Capaces de acertar a un objetivo a millas de distancia, los mejores arqueros de todo el Medievo, ¡los elfos!

Guerreros feroces que aúllan con la llegada de la luna y se enorgullecen de creerse los más fuertes, los hombres bestia.

Desde lo profundo del bosque puedes escuchar sus voces, pero jamás podrás verlos. ¡Gigantes de la naturaleza que pisan fuerte, los treant!

Aquellos que han atravesado la línea entre la vida y la muerte, capaces de traer a los muertos de regreso, los nigromantes.

Cabalgan al son de la guerra y son las bestias de montura favoritas por todos, ¡los centauros!

Surcando los cielos, vuela con su bestia alada junto con su confiable lanza, ¡el jinete de dragón!

Y por último, aquel sediento que ama succionar la vida de los demás, un parasito que le teme a la luz del sol, ¡el vampiro!

Estas fueron las once razas escogidas por el héroe, para crear el grupo de aventureros que le pondría un alto de una vez por todas a Demogria. Ahora mismo, ellos están terminando su travesía y solo están a unos días del castillo del rey demonio. Parece que todo está a punto de terminar o tal vez…solo sea el comienzo.

Era un hermoso día para los habitantes de un enorme pueblo al norte de Britania. El sol irradiaba desde el celeste cielo, donde las esponjosas nubes pasaban lentamente. Esta fructífera aldea tenía un mercado donde se vendía todo tipo de cosas, desde deliciosas carnes y frutos frescos hasta libros de magia. Eran las doce del mediodía, justo la hora en donde la gente se amontonaba en las ferias para poder conseguir las ofertas del momento. Dos niños se hallaban corriendo entre los maizales frente a una humilde casa. El dueño de esta propiedad no era más que un granjero, quien se encontraba apilando bloques de paja a un lado del molino. El panzón hombre se seco el sudor de la frente y les dio la misma advertencia de todos los días a sus hijos:

— ¡Oigan niños, no se metan en los maizales, podrían perderse! ¡En lugar de corretear por todos lados, porque no me ayudan con esto!

Sus dos hijos; un varón y una niña, hicieron oídos sordos a sus palabras y se metieron corriendo dentro de los trigales. Entre traviesas carcajadas, la pequeña exclamo:

— ¡Jajaja! ¡Claro que no, papá, trabajar es muy aburrido!

— ¡Tienes razón, mejor juguemos a las escondidas aquí, será genial!—dijo el niño.

Viendo como sus dos chiquillos se internaban en los maizales, el granjero dejo salir un agotador suspiro:

— Haa…Siempre es lo mismo, nunca me hacen caso a nada de lo que les digo. Ese par de diablillos están muy malcriados.

Su esposa salió de la casa, llevando una sesta con ropa lavada entre las manos. Tan radiante y llena de vida como todas las mañanas, ella le dijo:

— Ho vamos, no seas tan exigente con ellos, solo tienen siete y ocho. Déjalos disfrutar de la vida ahora que pueden.

— No los consientas tanto o van a terminar como un par de vagos, buenos para nada. A esa edad mi padre ya me hacia arar los campos y mira el trabajador modelo que soy—dijo él muy orgulloso.

Su mujer quien estaba tendiendo la ropa mojada en una soga, fue irónica:

— Jajaja Lo que tú digas, cariño. Aunque esa panzota que tienes dice otra cosa.

El granjero avergonzado se puso rojo como un tomate y se agarro la panza, excusándose:

— ¡¿Panzota, dices?! ¡No exageres tanto, tan solo son unos kilitos de más! ¡En todo caso si estoy gordo, es por culpa de tus comidas!

— Ho gracias, querido. Ya sé que soy muy buena cocinando—ella dijo muy astuta.

Viendo como su acusación no había tenido éxito, sino todo lo contrario, el granjero tiro al sombrero de paja al suelo y protesto:

— ¡No quise decir eso, mujer, quería decir que la comida que haces es muy pesada! ¡Deberías aprender a cocinar más sano!

— Jujuju Te quejas mucho, pero cuando estamos en la mesa no dejas ni un arroz en el plato—su esposa se volvió a burlar.

Sabiendo que nunca le ganaría a su esposa en una discusión marital, el granjero se dio por vencido y levanto el sombrero:

— Ha, mejor olvídalo. Sería más fácil derrotar al rey demonio Demogria que ganarte a ti en una discusión.

Escuchar ese nombre trajo un semblante de preocupación a la mujer, quien paro de tender la ropa. Su esposo se percato de su repentino cambio de humor:

— ¿He, qué sucede, amor? ¿Por qué te ves tan triste? ¡Espera, ¿no te habrás puesto así por lo que dije de la comida, verdad?!

Temiendo que ella no le volviera a cocinar nunca más, el gordito se lanzo a sus piernas y le suplico subiendo y agachando la cabeza repetidas veces:

— ¡Solo bromeaba, no hablaba en serio! ¡Tus comidas son las más deliciosas del pueblo, no que digo, son las mejores de todos los reinos! ¡Por lo que más quieras, no vayas a dejar de cocinarme!

— ¿Crees…que él será derrotado?—la mujer rompió el silencio.

El sorprendido granjero levanto la cabeza, viendo como su mujer contemplaba el horizonte de perfil. Anhelo un futuro sin violencia donde sus hijos pudieran crecer sin empuñar un arma:

— ¿Crees que los doce héroes podrán derrotar a Demogria?

— Querida…tú…—el granjero tardo en salir de su estupor.

Con las brisas del oeste acariciando sus mejillas y el sol resaltando el brillo de su cabello, ella rezo con las manos en alto:

— Noche tras noche siempre tengo la misma pesadilla, donde mi hijo ya es un hombre y mi pequeña es una mujer hermosa, pero…ellos llevan una armadura puesta y son obligados a combatir las pesadillas de la noche.

El granjero permaneció en silencio, maldiciendo a una cruel realidad que azotaba a cada familia del país. Cada año se reclutaba a un aproximado de treinta mil jóvenes para ir a la guerra contra Demogria y eso no era opcional. La mujer con dos lágrimas bajando por sus ojos, pidió un deseo:

— No quiero que se los lleven para siempre…si tan solo pudiera hacer que dejen de crecer. Si tan solo…pudiera verlos correr felices por el campo por siempre.

Con la tenue esperanza de que los doce héroes pudieran escucharla, ella rogo:

— ¡Por favor, sea donde sea que estén, doce héroes! ¡Derroten pronto al rey demonio y traigan la paz a este mundo! ¡Salven a mis hijos del cruel destino de la guerra!

— Estoy seguro que te han escuchado. Ellos son los únicos que pueden salvarnos de este estúpido rey demonio—el granjero tomo su hombro.

El feliz matrimonio se abrazo, mientras miraban el silencioso maizal… Ambos cerraron los ojos y juntaron sus cabezas, mientras hablaban sobre un maravilloso futuro:

— Imagínate cuando ya seamos viejos y nuestro hijo sea un músico famoso, él siempre soñó con convertirse en uno.

— Suena fantástico, para serte sincero, yo quiero que mi muchacho sea algo más que un simple granjero como yo—dijo él.

Los maizales comenzaron a moverse en dirección a la pareja, que seguía inmersa en sus sueños. La mujer le conto:

— ¿Y sabes que quiere ser nuestra pequeña? Ella quiere ser cortesana y tejer hermosos vestidos para las princesas de todo el país.

— Jejeje Que tontuela, ella nunca podría hacer eso, después de todo ella ya es nuestra princesa—menciono el gordito.

Él continúo con los ojos cerrados y sonriendo, mientras le seguía hablando:

— Nos espera un futuro hermoso junto a nuestros hijos, ya lo veras, la amenaza del rey demonio pronto se acabara… ¿querida? ¿Hey?

Apenas abrió los ojos, el sueño se termino…Lo primero que vio fue a su mujer pálida y con la boca bien abierta, soltando un grito ahogado. La sonrisa fue desdibujándose lentamente del rostro del granjero que miro hacia adelante:

- ¿Qué pasa?

Un minotauro negro de más de dos metros estaba delante de ellos, parado ahí, delante de los maizales. Su pecho estaba manchado de sangre y de su mano derecha colgaban las cabezas de los niños. La agitada respiración de la bestia podía oírse claramente:

Haaarrff…nnnrfff…grrrr…

Pareció que el tiempo se había detenido para el granjero, que acababa de despertarse en medio de la cruda y dura realidad. El minotauro levanto su espada en alto y rugió:

¡En nombre del rey demonio, marcheeen!

Cientos de monstruos comenzaron a salir corriendo de los maizales, ignorando y pasando por al lado del matrimonio que cayó de rodillas. La oleada de criaturas se dirigió imparable hacia la ciudad, corriendo a través de los campos. Un campesino a caballo llego a las puertas y anuncio con desesperados gritos:

- ¡Están aquí, están aquí, el ejército de Demogria viene para acá!

Uno de los vigías ubicado en una de las torres, lo comprobó con su largavistas. Pudo ver orcos, esqueletos e incluso un lento golem avanzando entre las filas enemigas. El estandarte del ejército de Demogria estaba bien en alto, era una bandera roja con el dibujo de doce ojos en círculo. Inmediatamente se dio la orden de cerrar el portón:

— ¡Cierren la puerta y toquen la campana!

Seis hombres empujaron la puerta, cerrándola y trabándola con gruesas barras de metal. La campana comenzó a sonar, sobresaltando a todos los habitantes del pueblo. En la plaza central, la gente súbitamente se había quedado paralizada al punto que parecía que el tiempo se había detenido. Todos habían dejado de hacer lo que estaban haciendo y miraron hacia la torre donde resonaban los campanazos. Un hombre que sostenía una manzana justo delante de su boca, la dejo caer en cámara lenta…apenas esa fruta toco el suelo, el pánico y el caos se desataron en la feria. La gente comenzó a correr en todas direcciones, chocándose entre si y tirándose al piso. En la desesperación de buscar refugio, las personas simplemente pisoteaban a los que se tropezaban. Se encerraban en sus casas y tapiaban las ventanas con maderas, creyendo infantilmente que eso los alejaría de las bestias. Los niños se ocultaron debajo de las camas y en los sótanos, mientras se abrazaban a sus madres. Numerosos arqueros se posicionaron en la parte superior del muro de piedra, desde donde podía verse al ejército enemigo. El general de la armada levanto una mano y ordeno:

— ¡Apunten y esperen a mi señal!

Nerviosos y con las manos temblándoles, los soldados comenzaron a tensar las flechas en las cuerdas. El ejército de Demogria marchaba, liderados por el minotauro negro que soltó un rugido:

— ¡Uuuurrrnnnggghhh!

En el fondo, podía verse un enorme golem blanco avanzando lentamente. Tenía una abertura en la cabeza, de la cual emanaba una llamarada azul. Finalmente, el enemigo entro dentro del rango de las flechas y el general agito su mano:

- ¡DISPAREN!

Todos los arqueros dispararon una lluvia de flechas que cayó impiadosa sobre las bestias. Un orco recibió un flechazo en el hombro izquierdo y otro en la rodilla, pero aun así continuo corriendo:

¡Por el rey demoniooo!

Otro flechazo atravesó el ojo hueco de un esqueleto que se burlo con una diabólica carcajada:

— ¡Kyajajajaja!

Una ráfaga de tres rápidos flechazos se clavo en el pecho de un hombre lobo que cayó al suelo, solo para volver a levantarse. Las flechas parecían no funcionar contra ese ejército inmortal nacido de las tinieblas. Sin embargo, el general de la armada humana tenía un haz bajo la manga:

— Vengan, hijos de perra. Acérquense, tenemos algo preparado para ustedes.

Un orco que venía corriendo, de pronto se hundió en el suelo y cayó en un foso de estacas, siendo atravesado de lado a lado. Vomito sangre:

- ¡Greeaagh!

No fue el único, numerosos monstruos comenzaron a caer en la misma fosa que rodeaba toda la parte delantera de la ciudad. Un hombre lobo cayó y se ensarto de cabeza contra una de las estacas, mientras un duende fue perforado en el estomago. El ejército de monstruos se tuvo que detener, sin poder pasar a través de esa letal trampa. Los arqueros se alegraron:

- ¡La fosa de estacas parece estar funcionando, miren, se han detenido!

- ¡Eso es, si los mantenemos lejos podremos esperar por refuerzos!

El general se cruzo de brazos y canto victoria antes de tiempo:

- ¡Jajajaja! ¡Tomen eso, eso les pasa por subestimar a la humanidad! ¡¿Acaso creían que no estábamos preparados para un ataque?! ¡El ejército de Demogria después de todo no es tan poderoso como decían!

La línea delantera de monstruos no avanzaba, estaban temerosos de caer en esa zanja llena de lanzas. Sin embargo, el minotauro que los lideraba solo tuvo que hacer un movimiento de la cabeza, para que el resto lo entendiera. Las criaturas de atrás comenzaron a patear a los de adelante, tirándolos a la fosa. Sin poder creerlo, el general empalideció y dijo:

— Ho dios…protégenos…

La fosa se había llenado de cadáveres, creando un camino para el resto del ejército. Los monstruos pasaron por arriba de los cuerpos, atravesando la zanja sin problemas. Lo que diferenciaba al ejercito de Demogria de cualquier otro, no era su poder sino…su falta de humanidad. Desde arriba del muro, el general grito desesperado:

- ¡Sigan disparando, enciendan las flechas!

Los arqueros prendieron fuego la punta de sus flechas y apuntaron hacia el cielo. Sin embargo, esto no era más que un preparativo para un devastador ataque. Tres catapultas estaban ubicadas detrás del muro, cada una cargada con sacos de líquido inflamable. El líder del ejército humano, lanzo la orden:

— ¡Suelten las catapultas!

Cortaron las cuerdas, activando los mecanismos que dispararon los sacos de combustible por el aire. Estos pasaron por encima de la muralla y cayeron sobre los enemigos. La primera bolsa impacto sobre un grupo de duendes, bañándolos en el liquido negro; la segunda empapo a un ogro que mediría tres metros y la tercera cayó sobre varios esqueletos. El general grito:

— ¡Ahora, disparen las flechas!

Una segunda lluvia de flechas ardientes fue disparada en simultáneo, incendiando a todos los objetivos. Los duendes corrieron despavoridos, mientras se prendían fuego:

— ¡Nyaaaa, iiaaarrg, kyaaaarrgg!

Los esqueletos continuaron avanzando en llamas y el ogro se sacudió salvajemente, intentando apagar las llamas que devoraban su cuerpo:

- ¡Hoooooohhh!

Agonizando y con su carne chamuscándose, cayó hacia atrás aplastando a un par de orcos. Sin embargo, ni siquiera esto paraba a la horda de bestias hambrientas por vidas humanas. Un largo ariete se abrió paso, siendo llevado por varios orcos. El general ordeno:

— ¡Están intentando tirar la puerta abajo, céntrense en el ariete, dispárenle al jodido ariete!

Los arqueros dispararon flechazos sin parar, pero las flechas eran bloqueadas por los escuderos que protegían a los encargados de golpear la puerta. El ariete dio su primer golpe contra el portón, sacudiéndolo y estremeciendo a los soldados que aguardaban del otro lado. Desesperado, el comandante ordeno que trajeran algo muy especial:

- ¡Rápido, traigan más de ese líquido!

Dos hombres trajeron una enorme olla cargada con más líquido inflamable. La vertieron sobre las cabezas de los orcos que movían el ariete, empapándolos y haciéndolos resbalar. Sosteniendo una antorcha, el comandante se dispuso a tirárselas:

— Ahora ardan, malditas bestias del infierno.

Sin embargo, antes de que pudiera arrojarla fue tapado por una sombra venida del cielo. El hombre levanto la perpleja mirada:

- ¿He?

Una enorme gárgola grisácea lo agarro y se lo llevo volando, delante de todos los arqueros. Sin poder salir del shock, miraron hacia el cielo viendo múltiples figuras volando bajo el sol. El sudor bajo por el rostro de un soldado y sus ojos se inyectaron en sangre, mientras grito:

- ¡Gárgolas, son gárgolas!

Las bestias aladas rugieron desde el cielo y los atacaron, agarrándolos de los hombros con las patas y llevándoselos. Los arqueros comenzaron a dispararles, olvidándose de los enemigos del suelo. Una gárgola escupió una bola de fuego por la boca, incendiando a dos hombres que cayeron del muro:

- ¡Hyaaaaaaarrrgghhh!

Otra gárgola le metió un zarpazo en el estomago a un hombre, abriéndoselo. Un arquero intento huir pero fue agarrado por una de las bestias que se lo llevo volando. En el aire, el pobre hombre pataleo:

- ¡No, por favor, bájame! ¡Ayuda, auxiliooo!

La gárgola lo soltó y lo dejo caer sobre la cruz de la iglesia, siendo atravesado de lado a lado. Un arquero que disparaba inútiles flechas contra las criaturas voladoras, grito:

— ¡No podemos detenerlas, son muchas y son demasiado veloces! ¡Nos están masacrando a todos!

De pronto, sintió una puñalada en las costillas y escupió un poco de sangre:

— ¡Ugh!

Esa herida no había sido ocasionada por una gárgola…el herido soldado miro hacia el costado, viendo un esqueleto riéndosele en la cara:

- ¡Kyajajajaja!

Sorprendentemente estaba subido al muro, por lo que el malherido hombre se pregunto:

- ¿Pero como…como fue que subieron?

La respuesta era muy sencilla, los esqueletos se habían subido uno arriba del otro, creando escaleras humanas y alcanzando la cima de la muralla. Eran varias las escaleras de esqueletos que estaban escalando la fortaleza. Los guerreros esqueléticos comenzaron a apuñalar rápidamente a los desprevenidos arqueros. A uno lo degollaron por detrás, mientras a otro le clavaron una lanza en el estomago. Sobrepasados por el número de enemigos, los arqueros restantes tuvieron que abandonar la parte superior del muro:

— ¡Los esqueletos han subido a la muralla, retrocedan, atrás, atrás!

No había quedado nadie para defender la puerta, dejándole el camino libre al ariete que continuo golpeando sin piedad. Con cada sacudida que recibía el portón, los soldados se estremecían y trataban de convencerse a sí mismos que era mejor morir como valientes que como cobardes. Incluso a algunos se les escapaba la orina a través de la entrepierna. Un paladín que encabezaba la tropa, apunto con la espada hacia el frente:

— ¡Escúchenme bien, bastardos! ¡El infierno está tocando a nuestra puerta y con o sin permiso, esos demonios van a entrar! ¡Nosotros somos lo único que los separa de la gente de esta ciudad!

El valeroso guerrero se paseo de punta a punta, ante los dubitativos ojos de los demás soldados. Les hincho la moral con un elocuente discurso:

— ¡Somos la última línea de defensa y si pasan por encima de nosotros, irán por sus familias, sus mujeres y niños! ¡¿Ustedes quieren eso?! ¡Díganmelo!

Con el fuego reavivándose dentro de sus miradas, cada soldado sintió que era capaz de matar a una docena de esas bestias inmundas. Uno a uno, fueron golpeando sus espadas contra sus escudos, mientras rugían como un coro de imparables incursores:

— ¡Tienes razón, vamos a mostrarles a los vástagos del rey demonio, que este suelo es sagrado y que pisarlo les costara perder la cabeza!

— ¡Defendamos nuestra tierra, esta es nuestra patria!

— ¡Adelante, hijos de perra! ¡Vengan cuando quieran, tengo suficiente para todos!

Del otro lado, los orcos seguían balanceando el ariete con sus musculosos brazos, soltando rugidos:

- ¡Vamos, empujen con más fuerza! ¡Una simple puerta no detendrá a la horda! ¡Tírenla abajo!

La punta del ariete golpeaba cada vez con más fuerza, comenzando a partir la madera del portón. Los soldados se pusieron uno al lado del otro, creando una impenetrable barrera de escudos. Si ese muro pudiera hablar, superaría toda osadía con una frase como:

¡Somos la muralla que jamás podrán atravesar, somos aquella pared que se reirá de sus débiles golpes y los vera caer de rodillas…somos la humanidad!

Los soldados espiaban por encima de sus escudos, viendo como la puerta se quebraba y las astillas de madera salían volando por el aire. Aquel soldado que antes había dado el discurso, estaba justo en medio de la formación:

— ¡Firmes, no los dejaremos dar un paso más allá de esta línea! ¡Hoy es el día en que le borramos la sonrisa al rey demonio!

¡Siiiiiiiiiiiiii!—todos gritaron al unisonó.

Finalmente, la puerta salió volando varios metros y cayó pesadamente delante de ellos. Levantaron sus espadas por encima de sus hombros, preparados para enfrentar esa ola de muerte... Sin embargo, nada entro por el portón, solo hubo un largo silencio acompañado por las tenues nubes de humo. Al ver que nada venía, los soldados comenzaron a impacientarse y se miraron los unos a los otros:

— ¿Qué pasa, porque no vienen?

— Vamos, vengan, vengan, desgraciados.

Un soldado no aparto la mirada de la oscura entrada, podía sentirlo, ahí había algo observándolos. Finalmente, escucharon una respiración gruesa:

¡Mmmfff…nnnffff…uufffn…!

De repente, un par de ojos carmesíes destellaron en medio de las sombras y entro corriendo el minotauro negro. Viendo esa imparable bestia cargando hacia ellos, el soldado del discurso se trago sus palabras:

— Ho…mierda…

Desechando su valentía, sé dio la vuelta e intento huir pero fue en vano… el minotauro los envistió, metiéndoles una cornada y mandando a volar varios soldados. Atravesó la línea defensiva en un parpadeo y rompió la formación. Siquiera tuvieron tiempo de volver a armarla, apenas devolvieron la mirada al frente vieron a los infames orcos corriendo hacia ellos. Uno de ellos le metió un brutal hachazo en medio del pecho a un soldado, mientras a otro le metieron un garrotazo sobre la cabeza, abollándole el casco. Los esbirros de Demogria invadieron rápidamente, dispersando a los soldados. Un hombre lobo empuñando dos dagas, pego una voltereta giratoria y le rebano los ojos a un guerrero de un corte limpio. Una ráfaga de sangre broto del surco encima de su nariz:

- ¡Uaaaaarrrghh!

- ¡Maldita bestia!—grito otro soldado que ataco por detrás al lobo.

Le lanzo un sablazo a la altura del cuello, pero el licántropo sin siquiera voltearse, se agacho esquivándolo. Luego pego otro endemoniado giro, rebanándole el estomago al hombre que intento sostener sus entrañas. Otro desprevenido soldado fue atravesado desde atrás por el aguijón de un escorpión y fue levantando en el aire:

- ¡Haaaaaaa!

Los soldados próximos a él, voltearon para contemplar a un enorme león humanoide, con alas de murciélago y una larga cola de escorpión. La bestia quimérica se alzo ante los gritos de sus víctimas:

— ¡Ho dios, apiádate de nosotros, es una manticora! ¡No podemos enfrentarnos a semejante monstruo!

El león sacudió su cola revoleando al soldado muerto hacia una tienda y les hablo con una voz gruesa:

— Sucumban ante el poder del rey Demogria, pequeños roedores.

Disparo una ráfaga de púas desde la punta de su cola, acribillando a los soldados. Intentaron cubrirse con los escudos, pero las agujas simplemente los atravesaban y se les clavaban en el cuerpo. Una púa atravesó la rodilla izquierda y el hombro derecho de un soldado que cayó al suelo. Sé sintió lo suficientemente afortunado de haber sobrevivido, pero entonces la espuma comenzó a salir de su boca y los retorcijones se apoderaron de su cuerpo. El león humanoide contemplo con dicha como las moribundas victimas se arrastraban ante él:

— Las púas que disparo poseen suficiente veneno como para matar a un elefante. Para unos ratoncitos como ustedes, sería como tirarse a una fosa de serpientes.

Desde la entrada, ingreso un acolito oscuro flotando como si fuese un espectro. Tenía la cabeza de un pulpo e iba vistiendo una sotana, además que de su cuello colgaba un collar con el símbolo del estandarte, los doce ojos en círculos. Abrió un libro maldito que llevaba en su mano derecha y recito un conjuro en un idioma inentendible:

Sora aspemus anima dil brenche lord.

Varios soldados enfrente de él, comenzaron a flotar y de sus bocas salieron sus almas, siendo succionadas por el libro. La batalla se había convertido en unos pocos segundos en una matanza unilateral. Se pudieron ver imágenes lamentables como la de un soldado salir corriendo, con un goblin subido a sus hombros y metiéndole cuchilladas en el pecho. La milicia había caído y las bestias comenzaron a adentrarse en la ciudad, paseándose por cada calle y esquina, riéndose y divirtiéndose con los soldados moribundos.

Parecía que la esperanza se desvanecía, al igual que una luciérnaga volando en las tinieblas, pero como se había dicho antes…si la oscuridad existe, también estará la luz para ahuyentarla. Desde una colina donde podía verse la ciudad en ruinas, doce figuras observaban. Del grupo, la primera en hablar fue una mujer con un gran sombrero ocultando sus ojos:

— Vaya, parece que hemos llegado un poco tarde, ¿no les parece?

Una niña de tez morena que empuñaba un largo arco, culpo burlona a otro del equipo:

— ¡Eso es por culpa del sucio de Dvalin, si no hubiese bebido tanto anoche esto no hubiese pasado!

Un fortachón y petiso hombre se acaricio la larga barba pelirroja y se excuso:

— Claro que no, solo bebí diez vasos antes de acostarme, ¡diez! ¡Hablo en serio, muchachos, lo juro por las barbas de mi abuela!

Una mujer que emitía ruidos semejantes a los de una serpiente, murmuro entrecortada:

— ¿Cómo…debería matarlos…esta vez…?

Un delgado hombre con el rostro pintado de blanco y una risa picara, hablo a su lado:

- Solo sé creativa, querida, jujuju. Pero avísame a quien vas a morder primero, no quisiera probar sangre amarga.

Un enorme guerrero vestido de negro se mantuvo en silencio, mientras soltaba suspiros de ultratumba:

- Haaa…

Una criatura movió su único ojo hacia todos lados, mientras todo su cuerpo de madera crujía:

— Mis raíces están temblando de la impaciencia, ¿me pregunto qué frutos deliciosos podre hacer con todos esos monstruos? Tal vez manzanas, naranjas o quién sabe, arándanos.

Una chica agito su larga cola de lobo y sonrió muy emocionada, exclamando:

— ¡Jajajaja! ¡A quien le importan tus manzanas con sabor a goblin, solo quiero ir y despedazarlos con mis sables! ¡Desde aquí puedo oler a un enorme gatito, él es mi presa, ¿okey?! ¡A nadie se le ocurra sacármelo!

Un misterioso joven que llevaba una larga lanza apoyada sobre su hombro derecho, menciono tranquilo:

— Pero miren todas esas gárgolas, a mi hermosa Dorothea se le debe estar haciendo agua la boca.

Un pequeño chico que flotaba en el aire y destilaba brillitos multicolores, dijo con un laúd entre manos:

— La guerra es canción para mis oídos e inspiración para mi laúd. Antes de morir, les concederé esta hermosa melodía, esbirros de Demogria.

La onceava miembro del equipo dio unos pasos al frente, con la mitad de su cuerpo de caballo. Ella le dijo al joven que estaba delante de todos ellos:

— Es hora de partir…el momento de la travesía final se acerca…

El muchacho al frente, estaba con un pie apoyado sobre una roca y medio arrodillado. Su cabello era rubio y puntiagudo, además que llevaba una cinta roja atada en la frente. Iba vistiendo ropa blanca de batalla, acompañada por una hombrera plateada y botas de acerco hasta las rodillas. Con una majestuosa espada color dorada apoyada sobre su hombro, él les dijo:

— Chicos, es la hora de trabajar y castigar al mal de esta tierra. Demostrémosle al ejército de Demogria…

Él volteo, revelando su juvenil rostro con ojos verdes y culmino su frase:

¡Lo que los doce héroes pueden hacer!

26 de Noviembre de 2021 a las 07:10 0 Reporte Insertar Seguir historia
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