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Valesonik 111


Ulises es un chico de 15 años, que, por su malhumorada (según otras personas) actitud, tiene pocos amigos que lo acompañan. Un día, dos de ellos fueron a su casa y... fueron absorbidos (junto a toda su ciudad natal, Deriva) por unas "Quebraduras", unas especies de portales. Así, comienzan a viajar entre distintas versiones de su pueblo, descubriendo que es lo que está ocurriendo, recordando, encontrándose enemigos, y reencontrándose con viejos amigos... ¡Sigue la historia en este libro por capítulos, que se publican progresivamente! Nota: la historia contiene lenguaje inapropiado, asi tambien como escenas violentas, que quizas sean inapropiadas para un publico joven.


Fantasía No para niños menores de 13.

#accion #portales #peleas #armas #341 #326 #desventuras #katanas #ulises #quebraduras
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1.Y así, una nueva desventura comienza.

Lo más importante...es que sobrevivamos...No importa que debas hacer... el chico con ojos cubiertos por unos lentes de sol, giraba la cabeza hacía el desastre que ocurría a lo lejos, en el reino que se encontraba en la lejanía. Él se mantenía en un balcón de piedra, expectante.

De repente, una chica salió de la nada. Casi de su misma altura, con una sonrisa burlona y petulante, se acercó detrás suyo.

...Realmente te crees eso, eh... ¿No es así?la chica, sin cambiar su sonrisa, caminó y se colocó al lado suyoPor eso te volviste enemigo del gobierno mundial...¿Cierto?

...sin decir nada, el chico miraba al frente. Su expresión fulminante y seria no cambiaba con toda la destrucción que había delante de sus ojos.

Lo más importante es sobrevivir... ¿Verdad?

...

¿Alguna vez se preguntaron quién diablos narraba los libros gordos contados en tercera persona?
¿Nunca se preguntaron si no había alguien que veía lo que ustedes hacían sin intervención alguna en su futuro?
Ustedes no pueden saberlo...
De todas maneras, en esta ocasión, les vengo a contar las desventuras de Ulises y sus compañeros, que involucran tantas cosas que no pueden ser resumidas.

1 de diciembre de 2030, 9 de la mañana.

El viento mañanero entraba por las ventanas de la casa. La esperada y tenue luz del sol iluminaba ligeramente el living, como si en un foco, los electrones, en lugar de viajar a toda velocidad por un cable, viajasen relajados, como quien conducía un domingo por la tarde.
Ulises estaba sentado en el sillón del living de su casa, leía muy concentrado. En la mesa en frente suyo, había una taza con leche chocolatada, preparada por él, hace unos momentos. A su izquierda, pegada a la pared, había una biblioteca repleta de libros. Cada cierto tiempo, cuando terminaba de leer una página, deslizaba su mano por el papel y le daba la vuelta para leer la siguiente. El olor a nuevo que aquel libro tenía era muy placentero. De repente, golpeteó con los nudillos la tapa del libro que leía, como disgustado. Luego, lo cerró con una evidente expresión de desagrado en su rostro.

—No es un mal libro, pero...—refunfuñó Ulises—No concuerdo con lo que dice.

Sí, a Ulises, nuestro protagonista, le gusta mucho leer. Desde pequeño su abuelo le contaba muchas historias, y leía con él muchos libros. Podían ser de fantasía, aventura, terror, pero sus favoritas eran las de ciencia ficción. Le encantaban los viajes especiales, aliens, planetas desconocidos, y esas cosas. Aun así, en este momento se encontraba leyendo otro tipo de historias, para ser más específicos, leía una novela de fantasía.

Suspiró, lo abrió otra vez, y leyó un poco más. La frase dentro de su libro decía:

"¡Yo luchare por mi honor!"

PAAF

Volvió a cerrar el libro de un golpe.

"¡Nada de lo que dice tiene sentido!" pensó, disgustado "Las personas que se la pasan diciendo que luchan por su propio honor, son las que suelen tenerlo menos...y las que suelen morir primero. La gracia de luchar por tu propio honor es no ir diciendo a los cuatro vientos que lo haces por eso"

—Ahg...—Ulises se estiró, y agarró su taza. Se la acercó a la boca, y le dio un sorbo.

"Aun así, esta novela no está nada mal"

Sintió el sabor del chocolate cayendo por la garganta lentamente. Cuando volvió a alejar la taza, pudo ver su propio rostro por el reflejo.
Él era un chico de quince años, su cabello no era ni muy lago ni muy corto, le llegaba hasta la nuca. Su flequillo era puntiagudo y apenas llegaba a los ojos. Todo su pelo en general era de un color café muy oscuro. Era tan oscuro que hasta parecía negro. El tono era similar al que se utilizaba en algunos buzos, el mismo tipo de buzos por el cual un grupo de adolescentes sin nada que hacer discutiría, en una absurda lucha entre los que creen que es marrón o negro, hasta que llegaría una persona daltónica alegando que es verde. Sus ojos eran marrones claros y sus cejas de color negro. En altura, medía 1,69. Tenía, más bien, una apariencia bastante plana en ese sentido.
No era un chico particularmente guapo o feo, es más, él probablemente se encontrase un poco más abajo que la media, sin embargo, eso nunca fue una preocupación. Para sorpresa de...de nadie, esta diferenciación no se debe principalmente a su cara, o su forma, o alguna tontería por el estilo. Lo que diferenciaba a Ulises del resto, eran sus ojos. En un primer momento, y mirando más detenidamente, cualquiera podría ver que los ojos de Ulises brillaban intensamente de vez en cuando. Pero no era un brillo de lloriqueo, o de tristeza. No, su brillo era más especial. Los ojos de Ulises brillaban intensamente cuando algo increíble ocurría, cuando se sentía bien, cuando la esperanza lo rodeaba. Hasta aquí todo bien. El problema, era que nadie lo observaba lo suficientemente bien como para darse cuenta de esto. Lo que opacaba los ojos de Ulises, era...lo terroríficos que eran.
Desde hace mucho tiempo que llevaban un apodo peculiar. Sí, esas eran sus cuencas de muerto-viviente. Y esto no era porque tuviese una enfermedad o algo así, claro que no. Era, simplemente, porque sus ojos eran escalofriantes. Debido a que él leía mucho (y probablemente también debido a su personalidad), sus ojos estaban más cerrados que de costumbre, y aunque no las tenía en el momento, tendía a tener ojeras recurrentes. Por si fuera poco, en las pestañas inferiores también tenía pequeñas líneas. Todo esto reflejaba en los demás una sensación extraña. Para muchos eran escalofriantes, para otros, eran terroríficos, y para otros, simplemente eran estúpidos. Por eso, muchas personas usaban gran variedad de apodos, pero el que más le decían era "ojos de panda muerto"

"Sí..." pensante, Ulises apoyó su taza en la mesa "Mis ojos...recuerdo una situación de hace un tiempo... fue tal que así..."

"Ulises entra a la escena, y se dirige una chica que estaba tomando un café, sentada junto a otro chico. Estaban en un asiento, en el patio de la escuela.

"Ulises, emocionado y amable: ¡Hola!"

La chica mira a Ulises, y se gira al chico.

"Chica, susurrando: ¿Conoces la historia del chico de ojos de muerto-viviente?"

"Chico, susurrando más alto: Si, si, la historia del imbécil chico de ojos de panda muerto, que además tiene amigos idiotas"

"Acto seguido, apuntó a Ulises, que cargaba una mochila. Él se los quedó viendo. Con una vena marcada en su frente dice: ¿¡Qué carajos dijeron de mis amigos y mis ojos!?"

"...Sí, lo recuerdo bien..." Ulises le dio otro sorbo a su bebida "¿Pero porque lo recuerdo como si fuese una obra de teatro?"

Aún con estos recuerdos, a él no le molestaba si se lo decían sus escasos amigos, solo le molestaba que se lo dijesen esas personas.
Su cuerpo, de hecho, sí estaba un poco más entrenado que el resto. Él no era musculoso, no, pero tenía un físico entrenado. No llegaba al punto de estar marcado, pero su abdomen era firme.

—Este libro...—dijo, en voz alta—Mierda, me perdí.

BZZZBZZZ

—¿Mhm? ¿¡Mhm!?

Un mensaje le llegó al celular.

"Diablos, no me suelen llegar muchos mensajes" pensó, sorprendido "Ah, eso me hace parecer falto de atención"

Estiró su mano, y nervioso, agarró su celular mientras tomaba otro sorbo más.
En la notificación decía: Isabel.

—Oh...—todo su nerviosismo se fue de repente. El mensaje decía:

Hey, acuérdate que hoy vamos a tu casa. Si tenías algo que hacer, es mejor que lo hagas ahora.

— ¿Por quién me toma? —dijo en voz alta, visiblemente irritado.

Ulises comenzó a escribir exactamente lo mismo...

¿Por quién me tomas?

Isabel contestó.

Por alguien que no suele invitar nadie a su casa.

Ulises respondió...

¿¡A quien le dices solitario!?

"Aunque no se equivoca"

A ti. Y no te vistas como siempre.

¿Quieres que te eche de mi casa antes de venir? ¡Además tú también te vistes igual siempre!

—...—Ulises se levantó, de su asiento. Estaba vestido con una remera verde sepia.

Encima de su remera, se colocó una campera deportiva. La parte inferior, era de color gris, pero en la parte superior, debajo de los hombros, tenía una franja color rojo carmesí, que recorría desde su espalda hasta llegar al cierre. Justo antes de llegar a este, cambiaba a color blanco por unos centímetros. La parte arriba de la franja y en los brazos, la campera era oscura. El interior del cuello, y de la capucha, era de color gris, y en cada manga, había una franja del mismo color que la franja carmesí.
También usaba un pantalón deportivo negro, con rayas color carmesí en cada lado.
Cerró el cierre de su campera, y se sintió al fin cómodo y abrigado.

—Ahora...a limpiar.

BBBBZZZZZ

—¿¡Otro mensaje!?

Nuevamente, agarró su celular. Era de una persona llamada "Daniel"

Ulises, Ulises.

¿Qué?

Acuérdate que hoy vamos a tu casa

Si, ya sé.

¿Tienes algo para beber?

¡Que sí!

Bien, bien, que amable.

Ulises apagó el celular.

"Amable, eh"

Al contrario de lo que podría parecer, Ulises solía ser amable con los demás. Si veía un niño perdido, no lo ayudaría directamente porque le dan miedo, pero si le diría a la policía o a alguien de confianza que se encargue. Si encontraba a alguien en problemas, y estaba en su alcance ayudarlo, él lo haría.
Pero Ulises tenía una falencia. Una falencia que lo llevaría muchas veces a situaciones un tanto incomodas o peligrosas. Su tolerancia... El problema aparecía cuando la ofensa era hacia él o sus amigos. Por sus escasos amigos, era capaz de romper la misma realidad. Cuando sentía que un insulto iba hacia él y/o sus amigos, no se controlaría, al punto de excederse. Él no ignoraría el insulto, ni lo dejaría pasar. Él insultaría e insultaría muchas veces al agresor, hasta el punto que quiera golpearlo. Esto, sumado con su forma de hablar, hacía que muchas personas no creyeran que era amable ni por asomo. Nuestro querido protagonista tenía más problemas a parte de este, que, por supuesto, tenían una razón de ser. Pero no es momento de saberlo ahora mismo.

—Bueno, a limpiar.

12 del mediodía...

Todo empezó esa mañana. A eso de las 12 am, el timbre de su hogar sonó repentinamente.

Riiiing...

Ulises caminó hacia la puerta, y la abrió. Allí, había dos personas: una chica, y un chico.

—¡Hola! —saludó Ulises, con una sonrisa y ojos brillosos.

—Hola—contestó Isabel, la chica, con cara de nada.

—¡Buenas! —saludó Daniel, el tercero, con una cálida sonrisa.

La sonrisa de Daniel era brillante y cálida. Sus ojos grandes y verdes resaltaban tanto que incluso parecían tener brillos dentro. Su nariz era pequeña, y su piel era más delicada y blanquecina que la del resto, y apenas tenía pelos en todo el cuerpo. Su altura era menor que la de Ulises, medía 1,65. Su pelo, de un castaño tan claro que parecía brillar por sí mismo, le llegaba hasta el cuello, y su flequillo se dividía hacía los dos lados. Su contextura física y sus hombros eran pequeños. Por todas estas razones, y también por su rostro visiblemente femenino, a veces era confundido con una chica, tanto era así que a Ulises se le iluminaba el rostro al ver su sonrisa, aun cuando solo le gustaban las chicas (Y era totalmente consciente que Daniel era un varón). Todas estas confusiones no llegaban a nada más que simples anécdotas, pero a Daniel le molestaba un poco que se lo digan, por el simple hecho de que se lo dijeron tanto que ya le molesta.
Pero, una de las principales particularidades de Daniel, es lo miedoso que era. Desde hace mucho tiempo, Daniel era muy miedoso al extremo, y era muy fácil asustarlo. Llorar y gritar eran las dos cosas que solía hacer cuando se asustaba o pasaba miedo.

"Mi corazón ha sido bendecido" fue lo primero que pensó Ulises al ver su cálida sonrisa.

"Siento que Ulises está pensando en algo que me molestaría" pensó Daniel, visiblemente molesto "Mierda, de seguro está pensando que su corazón fue bendecido otra vez"

Estaba vestido con una campera mangas cortas blanca casi en su totalidad. Al llegar a los hombros, el color cambiaba a un brillante amarillo limón, que recorría toda la zona de los hombros. La campera por si sola tenía un cuellito del mismo amarillo limón. Su pantalón era de tela, y era de color azul claro.

—Ulises, Ulises, ¿Nos vas a dejar pasar? —preguntó Isabel.

—...Sí, sí, pasen.

Isabel, por el otro lado era una de esas pocas amigas que tenía Ulises. Sus ojos negros lo miraron y se cerraron un poco más de la cuenta, como curiosa. Su nariz, pequeña y puntiaguda parecía olfatear algo a lo que visiblemente no le dio importancia. Su cabello oscuro caía sobre un poco más arriba que sus hombros, que era hasta donde llegaba. Era más alta que Ulises, medía 1,70. Llevaba un vestido rojo con puntos blancos, y arriba, tenía una remera marrón manga larga con líneas horizontales, arremangada hasta el antebrazo. Con la boca ligeramente abierta, y los dientes cerrados, acercó la cara a la de Ulises. Él se apartó hacía atrás, ligeramente rojo.

—Si... —murmuró Isabel, con una pequeña sonrisa—Tus ojos de muerto-viviente son más tenebrosos de cerca.

Cállate antes de que te eche de mi casa a los librazos.

Extrañado, Ulises sintió la ausencia de sus otros dos amigos.

—¿Dónde están Ana y Ezequiel? —preguntó.

—No pudieron venir—contestó, mientras encogía los hombros.

—Mphm

Los tres pasaron a la casa unos segundos después.

—¿Tus padres cómo están? —preguntó Isabel, mientras caminaban por un pasillo.

—Bien—respondió Ulises, sin cambiar demasiado su semblante—Hoy no trabajan. Si trabajan, no están aquí. Si no trabajan, duermen todo el día. En otras palabras, están durmiendo.

Isabel miró a Ulises a los ojos y entrecerró los suyos unos segundos. Pestañeó, y miró hacía el frente.

"Es otra prueba de cómo se llevan él y sus padres" pensó ella.

—Ya veo.

Daniel vio la situación desde atrás, con cara de preocupación. A pesar de que notó las expresiones de los dos, decidió no decir nada.

—¡Como sea! —dijo Ulises, mientras se daba la vuelta con una sonrisa y ojos brillantes—¿Por qué vinieron? —preguntó, y desvió la mirada ligeramente, con el rostro ligeramente rojo—T-tú lo dijiste, no estoy acostumbrado vengan a mi casa.

—Kghgh—luego de hacer ese extraño ruido, las mejillas de Isabel se inflaron al instante—L-lo que pasa Ulises, es que tú no estás acostumbrado a que n-nadie venga a tu casa...

Juro que te echaré de mi casa en cualquier momento—Ulises frunció el ceño, y se dio la vuelta hacia Daniel—Daniel, por favor, dile algo.

Daniel se reía sutilmente, mientras se tapaba la boca. Al ver su sonrisa, el rostro de Ulises se iluminó.

"Sus pecados están absueltos y mi alma esta purificada" pensó al instante.

—Vinimos porque...—decía Isabel, mientras caminaba—Estamos aburridos.

Pues ve a aburrirte a tu casa —exclamó Ulises.

—¡Juguemos un juego de mesa! —gritó Daniel—¡De mesa, de mesa!

¡PAM!

—¡Claro que sí! —Ulises golpeó la mesa con su puño. Su opinión había cambiado al instante.

Oye, oye, eso es favoritismo—Isabel comenzó a abuchearlo.

Unos minutos después, Ulises llegó con un juego de mesa y una botella con gaseosa. Los tres se sirvieron, y comenzaron a jugar.

—Ulises, te toca—dijo Isabel, luego de su turno.

Ulises agarró una carta. Decía:

"Cásate con el más cercano/a"

—Me tengo que casar con...—Ulises se volteó a la derecha, y dio cuenta que el más cercano era Daniel—Diablos, me encanta este juego

—¡Ulises! —se quejó Daniel, con un vaso en la mano—¡Que no hagas eso1

—¡Jajaja! —se burlaba Ulises.

Isabel levantó la vista y lo miró a los ojos.

—Aun así, que bueno que puedas casarte con alguien.

—¿De qué hablas?

—P-porque...no estás acostumbrado a que venga nadie... ¡HAHAHA!

Diablos, Isabel.

Daniel, que estaba tomando gaseosa, la escupió a todos lados de la risa.

"Sus pecados quedan absueltos" pensó Ulises, al ver la sonrisa de su amigo otra vez.

—C-como sea...—Daniel apoyó la gaseosa en la mesa—¿P-puedes traer más gaseosa? S-se terminó esta...

Ulises miró la botella vacía.

—Tienes razón...ahora vengo.

—¡Bieeen! —exclamó.

Isabel asintió.

Ulises caminó hacia la cocina, y de ahí, a la heladera.

"Ahora que lo pienso, debería..."

Sin mirar, estiró la mano delicadamente, para así abrir la puerta.

Levanto la vista y...

TUUUUF

La mano de Ulises no toco nada. Un ruido extraño, que nunca había escuchado antes acababa de sonar enfrente suyo.

—¿¡Qué demonios!? —exclamó Ulises, al ver lo que había frente a él.

Lo que vio era...una Quebradura. Era una especie de ruptura azul transparente, de tamaño mediano y en el mismo aire, como si alguien, con su mano, acabase de golpear y agarrar la realidad con la mano.

—¿¡Que mierda!? — Ulises se sobresaltó, y caminó un paso hacia atrás. Se tropezó con su mismo pie, y cayó de espaldas, golpeándose la cabeza contra la mesa.

Unos minutos después...

—¡Ulises! —gritaba Daniel, intentando despertarlo—¡Ulises, Ulises!

"Escucho una voz angelical..."

Entonces, abrió los ojos.

—¿Qué...qué pasa? —lo primero que vio, fue a Daniel entre lágrimas, y a Isabel, mirando hacia un costado.

Detrás de sus amigos, la Quebradura estaba frente de la heladera, como si siempre hubiese estado ahí.

—¿¡Qué diablos es eso!? —exclamo, exaltado.

—¡No tenemos idea! —gritó Daniel, al borde del colapso—¡¡N-No tenemos idea de lo que está pasando!! ¿¡Y si morimos!? ¿¡Vamos a morir!?

Ulises apoyó una mano en el hombro de Daniel, y lo miró por unos segundos. Cuando finalmente se detuvo, desvió la mirada, con aparente preocupación.

—Y-yo...—tartamudeó Ulises—Y-yo...—sin querer, apretó con intensidad el hombro de Daniel, como si estuviese demasiado concentrado como para medir su fuerza.

—U-Ulises...

"Yo... ¿¡Por qué no puedo...!?" pensó Ulises.

Antes de poder decir nada más, se levantó para mirar por la ventana.
Isabel vio toda la situación a un lado. Se agachó, y apoyó su mano sobre la espalda de Daniel.

—¡Ah! —refunfuñó Ulises—¡Miren esto!

Los dos colocaron detrás de suyo para ver bien.

En el cielo, justo encima de su ciudad, Deriva, había una enorme y larga Quebradura, que abarcaba a lo largo y a lo ancho de la ciudad, pero no llegaba más allá.

—Es más grande... ¡Mierda! —exclamó Ulises.

Enseguida corrieron hacia el comedor, y cerraron la puerta detrás suyo.

"¿Qué diablos está pasando? ¿Dónde están Ana y Ezequiel? ¡Carajo, tenemos que encontrarlos!"

—Hay que encontrar a Ana y Ezequiel, pero es muy inseguro afuera.

Isabel se dio vuelta hacia él, sin cambiar demasiado su expresión.

—Voy a revisar. Esperen—dijo, y corrió hacia la puerta

—¡Isabel, no! ¡Eso no es segur...! -—le gritaba Daniel, mientras Isabel cerraba la puerta a sus espaldas— Ya se fue... Espero que esté bien...

—Tenemos que buscar a los otros dos... ¡Vamos afuera! —exclamó Ulises.

—¿¡Qué!?

De repente una de aquellas Quebraduras se abrió detrás de ellos.

—¡¡AAAAH!! —llorando, Daniel salió corriendo de la casa.

—¡¡Daniel!! —Ulises se dio la vuelta, y miró hacia la entrada de las escaleras de su hogar—Mierda, mis padres...volveré por ellos en un rato.

Salió corriendo también buscando a sus amigos en la vereda. Allí, estaban Isabel y Daniel. El chico estaba llorando, arrodillado a un lado de Isabel, que miraba hacia la Quebradura.

—¿¡Qué pasé!? —exclamó Ulises.

Muchas personas del pueblo, Deriva, gritaban alborotadas. Algunas tapaban las puertas de sus casas con tablones y clavos, intentaban irse en auto, o simplemente lloraban en el suelo.

—La gente...—Ulises los miró, sin cambiar demasiado el ceño. Luego, se dio vuelta hacia Isabel—¿Vas a ir a tu casa?

—...Debería hacerlo—dijo Isabel. Su tono de voz no cambió demasiado, pero sus ojos estaban más abiertos que de costumbre.

—... ¿Daniel?

—Y-y-y-y-y-y-y-y-yo...¡¡Yo!! ¡No sé!! ¡¡AGH!! —abrazándose a sí mismo, apoyó su cabeza contra el pavimento.

—¡Daniel! —exclamó Ulises—¡Tu...!

De repente, algo lo interrumpió. La Quebradura gigante en el cielo comenzó a moverse de lado a lado ligeramente. Y súbitamente...

FUUUUUUUUUUUH

—¡Mierda! —Ulises notó como Daniel comenzaba a levitar lentamente. Y no era porque Daniel pudiese volar, sino porque...—¡La Quebradura está comenzando a absorber todo!

Ulises le agarró una mano a Daniel, y se pegó a un poste. Isabel hizo lo mismo. La intensidad del absorbimiento de la Quebradura subía gradualmente, pero ya estaba a un punto que muchas personas, autos y animales comenzaban a ser atraídas.

—¡Ulises, tus padres! —grito Isabel, debido a todo el ruido a su alrededor—¿¡Vas a ir a buscarlos!?

—...—mientras se sostenía Ulises reflexiono unos segundos

"¡¡Mierda!! ¡¡Si nos soltamos nos absorberán, pero...dejaros ahí me parece cruel!!"

De la nada, a Ulises y a Daniel se les soltó el brazo

—¿¡Ah!?

A Isabel también le pasó lo mismo.

FLUM...

¡¡PLAAAAAFF!!

La casa de Ulises, con sus padres adentro, comenzó a despegarse del suelo también. Violentamente, el suelo de la casa fue arrancado, y comenzó a flotar hacía la Quebradura.

—... ¡Mierda! ¡Todos estamos siendo absorbidos! —gritó Ulises.

"Absorbieron a mis padres... si esto fuera un libro o animé sería divertido, pero... ¡Carajo, es una mierda! ¿¡Además, donde diablos están Ana y Ezequiel!?"

El clima era una locura, había autos y personas volando, el viento era muy fuerte y muchas Quebraduras salían en todas partes. Ulises, Daniel e Isabel comenzaron a flotar firmemente también. La velocidad de absorción no era tanta, pero sí lo era como para hacer que antes pudieran soltarse de los postes de luz.

"¿Qué pasará al llegar a la Quebradura?"

—¡¡Ayuda!! —gritaba Daniel, mientras se agarraba de Ulises fuertemente.

"Es el cielo" la mente de Ulises divagó por unos segundos.
Luego, se dio vuelta hacia Isabel.

—...—ella miraba hacia todos lados, sin cambiar demasiado mirada.

—¿¡Buscas a tu hermano!? —exclamó Ulises. El viento hacia que él tuviese que gritar para poder escucharse el uno al otro.

—¡Si! ¡No sé dónde está!

—¡Yo creo que...!

Y de la nada...

¡FUM!

Los tres habían sido absorbidos por la Quebradura.
Y al entrar, lo primero que vieron fue... un vacío. Un inmenso vacío gris los rodaba, tan gris que parecía estática de una televisión. El lugar era enorme, no parecía real hasta cierto punto. No había ningún tipo de sonido ahí adentro, además de los gritos de las personas, y algunos objetos golpeándose entre sí. Tampoco había clima, ni nubes, ni siquiera un suelo claro. Solo...vacío. Todos flotaban, tanto las personas, los objetos, e incluso animales.
No parecía que ese lugar tenga un límite cercano, ni un final, ni un principio. Los objetos que allí se encontraban eran muy diversos. Desde objetos que parecían ser del pasado, hasta otros que eran desconocidos.

¡Plam!

Repentinamente, Ulises golpeó su cabeza con algo, o mejor dicho con alguien.

—¡Agh! ¿¡Que rayos!? —se quejó Ulises.

—¡Auch! —gritó una voz masculina.

Apenas subió la mirada, los ojos de Ulises se iluminaron.

—¿¡Ezequiel!? —exclamó, con una sonrisa.

—¿¡Ulises!? ¿¡Qué haces aquí!? —se sorprendió el otro chico, sonriente.

Ezequiel, el otro amigo de Ulises, era un chico muy sonriente. Acostumbraba a sonreír demasiado día a día, al punto que Ulises y los demás intentaban predecir la suerte que tendrían en el día basándose en que tan grande era la sonrisa de Ezequiel. Sus ojos, muy abiertos, lo miraban con simpatía, eran de color marrón oscuro, y su cabello, del mismo color, le llegaba hasta la nuca. Tenía un flequillo medianamente largo, pero lo tenía saltón y hacía atrás, al punto que parecía tener gel (aunque no lo usaba). Se vestía con a rayas azul y roja y unos pantalones deportivos azules.

—Toda nuestra ciudad está aquí—respondió finalmente Ulises.

—Buen punto. Parece que esto hace que... "Mi cabeza vuele" —Ezequiel dejó salir una carcajada.

—Ugh—la sonrisa de Ulises se cambió por una arrugada expresión.

—¡Hey!

—¡¡No es momento para eso!! —exclamó Daniel, mientras le pegaba un cabezazo a Ulises. Inmediatamente después, se dio vuelta hacía Ezequiel.

—¡Daniel!

—¡Ezequiel!

Los dos chocaron los cinco.

—Isabel...—Ezequiel bajó la vista. Su sonrisa no se apagó, pero sus ojos solo miraban hacia abajo—Me alegro de verte...

—Daniel.

Oye, oye, ¿Qué hay con esa reacción? —Ulises los miró a los dos a los ojos.

—¡E-es que ella y Ana siempre arruinan mis chistes!

Le hacemos un bien al mundo—Isabel lo miro fijamente.

—¿¡Ves!?

Ulises lo miró fijamente, y no dijo nada.

¡Di algo!

Siguió sin decir nada.

¡Por favor!

FAM

—¿¡Q-que!? ¡Carajo, estamos! — de la nada, los cuatro chicos dejaron de flotar, junto a un montón de otras personas. Los objetos, en cambio, flotaban hacía arriba sin detenerse.

"¿Por qué los objetos no caen?"

Y de repente, los chicos comenzaron a caer.

—¡¡AAAAH!! —chillaba Daniel, mientras lloraba.

—¡¡WAAAAH!! —Ezequiel caía sorprendido.

"¡¡Mierdaaaa!!" gritaba internamente Ulises.

—¡AAAAAH! —Isabel caía gritando casi tan alto como los otros 2.

De repente, un montón de Quebraduras se abrieron debajo de sus pies. Los cuatro fueron absorbidos por la misma. Una luz blanca se reflejó en sus ojos, y...
Salieron del otro lado. Delicadamente, cayeron en fila, con los dos pies en la tierra. Era como si hubiesen frenado en algún momento.
Como era obvio, la Quebradura se cerró detrás suyo. Nadie más cayó con ellos.

Lo primero que vieron del otro lado, era un hermoso bosque verde que se habría frente a ellos. Los árboles se abrían a cada lado, y aunque iba en descenso, era verdaderamente hermoso. Era la punta de una colina, detrás suyo solo había una gran caída.

Las rodillas de Daniel no querían reaccionar. Temblando, cayó arrodillado.

—¿¡Q-qué vamos a hacer ahora!? —gritó—¡¡Estamos perdidos!! ¿¡Y si nunca volvemos a Deriva!? ¿¡Y si nunca volvemos!? ¡¡Y nuestra familia!! ¡Nuestra familia!!

—...—Ulises miró a todos lados, y se agachó para colocarse frente de Daniel—...Y-yo...Yo...—titubeando, desvió la mirada. Su rostro expresaba incomodidad— ¡L-llorar no sirve de nada! —exclamó de repente.

—¿Ah? —Daniel levantó la cabeza, confundido.

—¡¡L-lo que oíste!! ¡¡No tiene sentido quejarse sin ningún propósito!! ¡¡Debemos centrarnos en s-saber que sucede!! —Ulises no sonaba totalmente convencido de sus palabras.

—Ah...Y-yo...l-lo sien... —Daniel miró hacia un lado, con miedo en su rostro.

—Oh...—Ulises apretó su puño con fuerza.

"Mierda...ya no sé qué...decir..."

Isabel observaba toda la situación, pero no intervino. Ezequiel, en cambio, se agacho con una sonrisa, y abrazó a Daniel con una mano.

—¡No te preocupes! —exclamó, con una inmensa sonrisa—¡Tú mismo me lo dijiste! ¿Lo recuerdas? ¡La sonrisa!

Daniel, consternado, lo miró. Luego, se dio vuelta hacía Ulises, pero dirigió su visión hacia abajo.

Las personas que sonríen...son las personas que tienen el poder de cambiar el mundo...

—¡E-eso! —exclamó Ezequiel. Miró hacia la derecha de reojo, afligido—Exacto... ¡Ulises, sonríe!

—¿¡Yo!?

—¡Si, usa tus ojos de pescado para algo!

—¡Te dije que no me digas así!

Ezequiel comenzó a reírse a carcajadas.

Isabel se acercó al molestado Ulises.

—Te tengo que dar crédito por esto, pez—dijo Isabel—Q-quiero decir... ¡La única vez que una persona fue a tu casa, el cielo se rompió!

Los otros tres chicos comenzaron reírse a montones.

—¡H-hey! ¿¡Quieren que los golpee!?

Una vez que se detuvieron, Ezequiel se dio la vuelta hacia Isabel.

—¿Edd no estaba contigo?

—...N-no...

—Ya veo... —él cambió su expresión a una un poco más insegura por unos momentos. Luego, volvió a sonreír—¡Como sea, ya lo encontraremos!

"Edd...el hermano de Isabel..." Ulises se dio la vuelta hacía el final de la colina.

—¡Ulises! —exclamó Ezequiel, al borde de la risa—¡El cielo no se rompió porque una chica fue a tu casa, era una broma!

—¡Cállate! —exclamó Ulises, mientras Ezequiel se moría de la risa.

—B-bien.

Isabel lo miro fijamente, con cara de nada. Inmediatamente después, observó sus alrededores. Ulises apretó con mucha fuerza su puño, al punto que comenzó a salir un poco de sangre.

"Mierda...otra vez lo que me ocurrirá está en manos de otra persona que no soy yo..." de repente, a Ulises se le pasó por la cabeza la imagen de una chica con ojos color carmesí.

Esta vez, apretó la mandíbula.

—Y-yo...—tartamudeó, mientras se levantaba. Los demás se dieron vuelta hacía el—No tengo ni idea de lo que está ocurriendo...y no creo tener la honestidad suficiente como para decir que lucharemos... ¡Pero estoy seguro que encontraremos a Ana! ¡¡Y estoy seguro que nosotros sobreviviremos!!

Ulises miro al frente con sus ojos de panda muerto.

—¡Hagamos lo necesario para mantenernos fuertes! ¡Porque esta no es una aventura! ¡Y quien diga que lo es, será insultado por mi hasta la muerte! ¡Porque esto no es un libro, ni un anime! ¡Así que hagamos lo necesario para seguir adelante!

Al escuchar a Ulises, Daniel y Ezequiel sonrieron ligeramente.

—¡Sí! —exclamaron con una sonrisa. Isabel se colocó a su lado, y levantó un puño junto a ellos.

Ulises se dio la vuelta hacía un costado.

"¡No sé quién es el idiota que se le ocurrió que era gracioso hacer esto! ¡Pero juro que una vez lo encuentre, lo insultare hasta el maldito cansancio!" se decidió Ulises.

—¡Vámonos, vámonos! —exclamó Ezequiel.

Los cuatro comenzaron a salir del bosque. Mientras Daniel lloraba, Ezequiel lo consolaba. Del otro lado, Isabel se mordió un labio al recordar a su hermano.

—...Ulises—dijo, de la nada.

Él se dio vuelta hacía ella.

—¿Qué harás con tus padres?

—... ¿Tú extrañas a los tuyos?

Isabel se volteó al frente.

—...Por supuesto.

—...—Ulises hizo lo mismo.

En un lugar cercano...

En una habitación apenas iluminada, la penumbra era el lugar donde se encontraba la chica. Ella estaba encadenada a una pared, mirando al suelo, con el ceño tan fruncido que incluso le molestaba a ella misma. Estaba en...una cárcel. Los grandes ladrillos grises hacían que ella no pudiese salir de allí. La habitación no estaba siquiera iluminada por una antorcha, la más cercana estaba fuera de la celda.

Sentada, miro hacia el frente. Sus ojos de color cian se fijaron en la puerta de la celda.

—...Mierda...—murmuró.


¡Animo, Ulises! ¡Haz lo que puedas! ¡Porque este es el comienzo de una desventura! ¿¡Y quién es esa chica!?

Fin del Capítulo 1, "El Comienzo"

25 de Noviembre de 2021 a las 19:49 0 Reporte Insertar Seguir historia
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