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La vida de Melissa Talso no es lo que parece a simple vista. Tras la fachada de una arquitecta de éxito, se esconde una agente de una organización secreta en la sombra. La misión que le asignan trastocará su vida por completo. En el transcurso de la misma descubrirá que su vida se asienta sobre una gran mentira. Para revelar la verdad asumirá riesgos y cometerá errores que le podrán en grave peligro, no solo a ella sino también a las personas que aprecia. Acción, intrigas, pasión... inundan esta novela que te atrapara en su lectura desde el inicio.


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18.

#espías #acción #mentiras #intrigas #doblevida
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Capítulo 1

Una limusina negra llegó a la puerta exterior de la casa de Melissa Talso. El conductor esperó a que las puertas se abrieran para acceder a la propiedad. Todavía era de día, pero faltaban escasos quince minutos para la puesta de sol. El color del cielo era precioso, los tonos rojizos teñían las escasas nubes que surcaban el firmamento. El vehículo estacionó delante de la puerta principal de la vivienda. Antes de que el conductor apagara el motor del vehículo, Germán ya había abierto la puerta.

—Sergio, no es necesario que bajes. Yo mismo puedo abrir mi propia puerta.

Germán salió del coche antes de esperar la respuesta de su chófer y se dirigió a la puerta de la casa. Tocó el timbre y en escasos diez segundos la asistente de su novia abrió la puerta.

—Buenas tardes, señor —le saludó la mujer con una inclinación de cabeza.

—Buenas tardes. ¿Está Melissa? —La mujer asintió mientras Germán entraba—. ¿Melissa? ¿Estás ya preparada, cielo? —preguntó el apuesto hombre desde el centro del hall.

—Estoy en el salón, Germán —le contestó ella.

Germán era alto, medía un metro noventa. Tenía el pelo corto y ondulado, castaño claro, casi rubio. Sus ojos azul cobalto se escondían tras unas tupidas y largas pestañas. Sus andares demostraban seguridad. Era un hombre muy guapo y él lo sabía y lo aprovechaba.

—¿Estás enferma, cielo? —le preguntó él al entrar en el salón y verla echada en el sofá tapada con una manta hasta el cuello.

—Si. Siento no haberte llamado antes para informarte de mi estado. Me acosté aquí en el sofá para ver la televisión y me quedé dormida —le contestó ella medio somnolienta todavía.

—No pasa nada, cariño. —El hombre la cogió los pies, se sentó en el sofá al lado de ella y los reposó sobre sus piernas—. ¡Tienes fiebre! —comentó tras comprobar la temperatura de la mujer en frente y labios—. Llamaré a un médico para que te examine —añadió mientras sacaba el móvil de su abrigo y comenzaba a marca un número de teléfono.

—No, Germán, por favor. No hace falta que llames a ningún médico —le dijo ella mientras le quitaba el móvil de la manos antes de que pudiera hacer la llamada—. Solo tengo una simple gripe. Con un par de días en la cama, calentita, me curaré. No es necesario molestar a nadie por una simple gripe.

—Bueno, entonces llamaré a mi representante y le diré que no voy a asistir al estreno de la serie —le contestó él mientras intentaba recuperar de nuevo su teléfono de las manos de su chica.

—Germán, por favor —respondió ella sin permitirle recuperar su celular—. No puedes perderte el estreno, eres el protagonista. ¿Qué pensaría la gente de tu ausencia? Tienes que asistir, es un día muy importante para ti. Lo único que agrava mi enfermedad, es no estar contigo ahí para quitarte de encima al montón de mujeres que se te tirarán al cuello nada más verte. Eres tan guapo que eres un imán para las féminas.

Germán se rió con ganas.

—Pueden tirárseme un montón de mujeres al cuello, si es lo que quieren. Pero yo solo tengo ojos para ti, Melissa y lo sabes. Tu me robaste el corazón y eso no cambiará.

El hombre intentó finalizar la frase inclinándose sobre su chica para besarla.

¡Shhh, shhh, shhh! No, no, no. —En el último momento Melissa consiguió intercalar una de sus manos entre su boca y la de su chico—. No vas a conseguir que te contagie, si es lo que estás buscando. —Germán la miró con tristeza. Lo que más deseaba en aquel momento era besarla y se lo había impedido—. ¡Ale, ale! Tienes al pobre chófer esperándote ahí fuera. No te hagas de rogar. ¡Venga, venga! No hagas esperar a tus ansiosas fans. Ellas necesitan verte para saciar sus fantasías mas eróticas.

—¿Tu ya has saciado las tuyas? —le preguntó de forma pícara.

—¿Quieres que te sea sincera? —Germán asintió a modo de contestación mientras la miraba fijamente a los ojos—. No. El verte ahí sentado a mi lado, tan guapo, tan perfecto y yo así de horrible. —Melissa señaló su pelo arremolinado.

—Tu estás preciosa aunque vayas vestida con un saco y hayas metido los dedos en el enchufe.

—Si, claro. Bueno a lo que iba, la cuestión es que en lugar de saciar mis fantasías, las has avivado aún más. —Melissa humedeció sus labios—. Azuzas mis instintos mas primarios de una forma que nadie lo había hecho antes. A veces me cuesta controlarme y eso me preocupa. Yo siempre he sido muy acometida, pero tu presencia me desinhibe.

—Con esas palabras haces que mi determinación de abandonarte aquí se quebrante. La verdad es que si por mi fuera, me quedaría aquí contigo haciendo de enfermero para ti —agregó el hombre con picardía en sus ojos—. Tengo una idea. ¿Qué te parece si tras la fiesta del estreno de la serie vengo a dormir aquí?

—¿A dormir aquí? La fiesta terminará tardísimo. Para cuando llegues, me encontraré ya en mi tercer sueño. Será mejor que vengas mañana aunque estés un poco resacosillo. Así jugaremos al mismo nivel. —Melissa le sonrió.

—No vas a conseguir que cambie de opinión, Melissa. Prefiero venir a dormir hoy aquí para así mañana poder cuidarte como una reina, como tu te mereces. —ambos se miraron cariñosamente—. Bueno cariño —agregó mirando su reloj—, creo que es hora de que me vaya si quiero llegar a tiempo al estreno. —Germán besó su dedo indice y lo puso sobre los labios de Melissa—. Te quiero, Melissa. Hoy es uno de los días más importantes de mi vida pero está algo empañado por que tú no puedes acompañarme.

—Yo también te quiero, German —le contestó ella tras besar el dedo de su novio—. Siento no poder acompañarte hoy al estreno. Pero te prometo que el próximo no me lo perderé por nada del mundo. Te compensaré, te lo prometo.

El hombre se levantó del sofá.

—Ya creo que me compensarás. Hoy pensaba ir acompañado por la mujer más espectacular del planeta. Me hubieras ayudado desviando algún que otro objetivo de mi persona. En cambio ahora, todas las cámaras se posarán sobre el todavía soltero más codiciado del momento sin saber que ya estoy pillado.

Melissa le sonrió.

—No te entretengas más, Germán. Si sigues por ese camino, será el primer estreno sin la estrella principal del reparto.

Finalmente, Germán la miró por última vez y la hizo caso abandonando la casa. Melissa escuchó como arrancaba el motor del vehículo de Germán y sintió como el coche de su novio se distanciaba de su hogar.

Tras un rato de espera, dando tiempo por si Germán regresaba de nuevo, se quitó la manta de encima y se levantó del sofá para dirigirse a la biblioteca. Tras entrar en la estancia, Melissa cerró con llave la puerta para que nadie la molestara mientras estuviera dentro. A continuación, se dirigió a las ventanas y cerró las cortinas para que no se viera el interior de la habitación desde el exterior. La mujer se dirigió a la estantería de la derecha de la biblioteca. Tras quitar los libros del estante del centro, sacó un poco la balda. Hizo la misma operación con el estante de abajo de este. Metió sus manos en cada uno de los huecos que habían dejado las baldas respecto al frontal del mueble y tiró de ellas hacia afuera. El mueble escondía una escalera que conducía a un sótano secreto, una habitación que solo ella sabía que existía.

Melissa comenzó a descender las escaleras, las bajó rápido pero sin correr. Cuando llegó al final de las mismas, una amplia habitación apareció ante ella. Justo en frente de las escaleras, había una zona de entrenamiento que constaba de un saco de boxeo, una cinta de correr, un banco de hacer abdominales y varias maquinas de musculación. A la derecha, había una pequeña armería. Melissa se dirigió hacia allí decidida, sin pensárselo dos veces. Una vez allí, se quitó el pijama que llevaba puesto y seguidamente se puso un mono pantalón ajustado de color negro y unas botas militares del mismo color. A la altura de la pantorrilla derecha, se ajustó una banda a la que amarró una navaja militar. En el muslo izquierdo se colocó otra a la que aseguró varios cargadores. Encima del mono-pantalón se puso otro pantalón tipo motero con aberturas estratégicamente colocadas justo donde tenía ancladas la navaja y los cargadores. Para finalizar el conjunto, se puso una funda sobaquera para llevar dos pistolas, una a cada lado de su cuerpo. Colocó las dos armas convenientemente cargadas y se vistió una cazadora. Melissa cerró la cremallera de su cazadora, y se dirigió a un pequeño espejo que había en la armería. Se peinó su pelo y lo recogió en una coleta. Había mechones de pelo que no se sujetaban y los afianzó con unas horquillas.

Después de comprobar varias veces toda su indumentaria, subió la escalera e hizo la operación contraria a cuando abrió la puerta de su sótano secreto. Empujó las dos baldas de la biblioteca a la vez hasta que oyó un click que indicaba que se había cerrado convenientemente todo el mecanismo de la puerta. A continuación, colocó de nuevo todos los libros en su lugar original. Una vez que hubo finalizado convenientemente su trabajo, abrió la puerta de la estancia y se dirigió al garaje.

El garaje se encontraba en la otra ala de la casa. Por el camino no se encontró a ninguno de su criados y aunque lo hubiera hecho, ninguno se atrevería a preguntarla a donde se dirigía. Cuando llegó a la puerta del garaje, la abrió, entró dentro y encendió la luz. El garaje era muy grande, había hueco para aparcar cinco coches, pero Melissa solo disponía de dos y una moto, por lo que el lugar estaba medio vacío.

La mujer descendió rápidamente las escaleras del garaje y se dirigió directamente a la pared en la que había un armario donde guardaba los cascos de moto y los guantes moteros. Eligió un casco negro y unos guantes del mismo color. Tras ponérselos, se subió a su moto, una Kawasaki ninja negra. Al acercase al portón, este se abrió y Melissa se encontró en la zona exterior de su mansión. En lugar de salir por la entrada principal de su casa, decidió salir por la parte trasera con las luces de su moto apagadas. La joven conocía aquel camino como la palma de su mano, por lo que no necesitaba llevar las luces de su moto encendidas para guiarse. Tras unos segundos, llegó al final de su propiedad y se incorporó a la carretera principal. A una distancia prudencial de su hogar, encendió las luces y aceleró su moto a todo gas. Si quería llegar a tiempo a su cita, debía conducir rápido. Había quedado en el otro extremo de la ciudad y debía llegar en treinta minutos. Era una misión complicada pero no imposible para ella.

18 de Noviembre de 2021 a las 18:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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