loodevis-john Loodevis John

No es lo que trasmite sino lo que despierta en quien lo mira


Cuento Todo público.

#terror #arte #378
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El cuadro que mira

Mucho pudo decirse de don Carballo Molina, excéntrico por naturaleza, prepotente y pomposo por su riqueza inmensurable, de gustos bipolares, amante del arte y en especial un experto al momento de hacer negociaciones. Toda cualidad que era más que demostrada en las subastas de arte, y es justo en estos eventos donde se hizo de una reputación única, en más de una ocasión se dijo que cuando él quería algo, ni la muerte lo detendría en su búsqueda de tener aquel objeto en sus manos. Y fue esa costumbre tan aguerrida que en más de una ocasión llamó la atención de otros cazadores de subastas, que haciendo honor a un ego similar al de don Carballo Molina, solían competir contra él en las pujas; aunque fueran subastas de poco interés para ellos, el simple morbo de ser el primero que le podría ganar una pintura, una escultura, una partitura o inclusive el mechón de cabello de un artista que ni si quiera conocían, era suficiente para que viajaran grandes distancias para afrentar al excéntrico anciano.


Cuando estos combates nocturnos se precipitaban, eran llamados Las pujas del amanecer, en referencia a que primero amanecería antes de que todos los contendientes aceptaran que no pudieron con el habido millonario, que francamente el ceder no salía de sus bocas sino de la de sus contadores que tenían que poner un alto a sus clientes indignados.


Aunque Carballo siempre se hizo con la victoria, eso nunca desmotivó a sus competidores, que constantemente se informaban de posibles subastas donde él estuviera y algunos iban más allá mandando gente que le siguiera. Encerrados en su obstinación, los competidores de don Carballo Molina solían teorizar que quizá tras tal terquedad del anciano, existía un motivo oculto, algo que buscaba enterrar entre miles de baratijas y que cuando lo descubrieran obtendrían ventaja sobre él. Algunos pensaron que ese motivo tuvo que ver con el hecho de que nadie le vio con una esposa a su lado y mucho menos con hijos, se sabe que los tuvo, pero la muerte le arrebató a dos de sus amados hijos y tras la pérdida de ambos intentó proteger a su hija a toda costa pero un día fue desaparecida por algún cruel ser y jamás la volvió a ver, ya como jugarreta cruel del destino, entre tantas desgracias que aquejaban a la familia de don Carballo Molina, su venerada esposa perdió la cordura, dejando a Carballo Molina con una gran pena, fortuna e inigualable mansión.


De entre tantas hipótesis, muchos pensaron que Carballo llenaba su vida con tantas cosas para sobrellevar sus pérdidas, o que la falta de sus seres amados había influido en trastornar su mente a la de un infante que quiere todo para él sin importar cuanto gaste, por ultimo algunos que se tomaron personal la batalla de las subastas, contrataron psicólogos que desde lo lejos se arriesgaban a asegurar que la manía de don Carballo, derivaba de un Trastorno Obsesivo Compulsivo no tratado.


Pero pesé a ser millonario, un 11 de marzo, se presentó ante Carballo Molina, la subasta más simple, sencilla e innecesaria que pudiera imaginarse. Una subasta cualquiera de simples motivos de recaudación, tan simple que en un punto se había planteado pasar de ella. La subasta fue tan baja en importancia que tuvo que ser realizada en un auditorio al aire libre, exactamente en un parque en pésimas condiciones.


Se subastaban las obras del Museo Independiente de Arte, no eran obras reconocidas y mucho menos de artistas que hubieran tenido sus comienzos en dicho museo, aun así el valor de aquellas obras era inigualable para los maestros; pues era una colección que testificaba y salvaguardaba un poco del esfuerzo que por años se dedicó en promover el arte en una región donde no había gran atención por este; solo quizá aquellos olvidados por el mundo tuvieron interés y entre distintas luchas, felizmente cursaron los talleres. Sin duda, fue una loable labor que ayudó a aquellos que en silencio cargaban sus problemas y que a través de la pintura, la escultura y la fotografía concibieron un alivio, y en pago al museo heredaron como huella o recuerdo obras de diferentes disciplinas; lamentablemente en esa subasta, la institución tenía que decirles adiós.


Ciertamente tenía un valor intrínseco para los maestros, pero pese a tal significancia ninguno de tantos artilugios, cuadros, esculturas, fotografías y pequeños lienzos sin enmarcar, lograban atraer la atención de don Carballo Molina, para él no eran dignos de entrar en su colección, no eran dignas muestras de rescatar y aunque por su mente una idea maquiavélica le hacía buscar algo que incitara a sus oponentes, que poco a poco llegaban, a que se iniciase un combate de chequeras a la verdad no encontraba algo lo suficientemente atractivo.


Excepto quizá un cuadro pequeño que logró inmiscuirse en el rango visual del decepcionado hombre; estaba en una exposición llamada “Cuando explicas al arte te explicas a ti”, era una pequeña mesa con unas cuantas pinturas sin importancia, pinturas viejas de las cuales está en cuestión perteneció a uno de aquellos primeros alumnos que ya no se recordaban en la institución. El cuadro era un tipo de rostro pintado en tonos verdosos, con unos ojos rojos muy penetrantes y una sonrisa marrón que parecía burlarse de aquel que la miraba.


No había mucho interés en la pintura por el resto de personajes importantes que visitaron la subasta, quizá porque nadie la había notado, era una pintura tan imprescindible hasta el momento en que la observabas y poco a poco te sumergía en el misterio de sus trazos. Don Carballo Molina era ahora cautivo de aquella vieja pintura, para él era un extraño, pero valioso santo grial que debía ser suyo, y en cuanto el mismo solicitó que se seleccionara al cuadro como el próximo objeto a subastar, pronto se sumaron aguerridos contendientes. Esto no pasó desapercibido por los maestros que en su astucia no solo empezaron a subastar el cuadro, sino que para poder vender los demás cuadros se hicieron de sabias artimañas, alegando a una colección de un único autor que había desaparecido o diversas teorías en lo que buscaban algún registro de autoría del cuadro. Entre verdades y mentiras, así, había iniciado una puja del amanecer como ninguna otra.

Al día siguiente de la puja del amanecer, los estragos de una intensa batalla se vieron reflejados en los noticieros locales, el museo entero fue comprado por el millonario Carballo Molina, un hecho insólito no sólo por la compra de tal institución sino por la sed de victoria de aquel millonario, que lo llevó a que se despojara de bienes tan valiosos que impactaron en todos sus socios y en especial a los trabajadores que de él dependían.


El impacto fue tanto que durante toda la mañana las llamadas no cesaron y las quejas se hacían cada vez mayores, amenazando en una rabia incalmable por su tan egoísta forma de actuar, un mitin se hizo presente a las afueras de las oficinas cede de la empresa de don Carballo Molina. Sin embargo, pese a todas las quejas y revueltas que se había ocasionado, para Carballo Molina solo le importaba el exhibir su nuevo cuadro a todos sus allegados.


De entre su plantilla, había un fracasado que se destacaba, su discípulo el patiño mal vivido que tuvo su última oportunidad en Carballo Molina, francamente era inútil en las decisiones que tomaba quizá se salvaba por su astucia, labia y falta de amor propio que lo impulsaba a hacer lo necesario con tal de sobrevivir. Estas características le habían consagrado al patiño un lugar junto a su maestre don Carballo Molina que pensaba que con estas cualidades y bien direccionadas podría lograr algo el fracasado, aunque para el patiño estar en esa posición de discípulo lo hacía sentir con el privilegio de irrumpir en la oficina de Carballo y reclamarle por las decisiones que tomaba. Y en esta ocasión no perdió el tiempo para ir hasta don Carballo Molina.


— ¡Es un rostro! — exclamó don Carballo Molina intuyendo el regaño que se aproximaba.

— ¿Un rostro? — preguntó su buen patiño Hernando Miguel para dejar que la inercia azotara la puerta.

— Sí

— ¿Y vendiste una de tus fábricas solo por el cuadro de un estudiante?

— Así es

— Creo que esta vez fue una compra innecesaria y un pésimo negocio – dijo Hernando mientras se sentaba frente a su maestro, mostrando una cara de disgusto - esto sin duda es el golpe más duro que recibirá la empresa en todos estos años.

— No me importa en lo absoluto — respondió don Carballo con suma indiferencia — tengo el cuadro y es lo que quería.

— No te entiendo Carballo – insistió bruscamente Hernando - ¿Qué de valioso tiene el cuadro? Tu gente, tu empresa, ¿estás feliz haciendo esto?

— Me mira — respondió Carballo Molina extasiado en su nuevo cuadro.

— ¿Te mira? ¿Qué cosa te mira?

— El cuadro, me mira.

— Has tenido cientos de cuadros y esta insignificante pintura valió más que tus obras de pintores famosos – respondió Hernando intentando contener sus palabras.

— Obsérvalo — dijo Carballo entusiasmado mientras sostenía el cuadro enmarcado en madera recubierta por gamuza verde — verás lo que digo si prestas atención.


Hernando tomo el cuadro de manos de su jefe y observó incrédulo de las palabras de don Carballo, nunca había sido un amante del arte y en esta ocasión al mirar los colores verdosos y esa sonrisa que le parecía mal pintada, no podía más que sentir plena frustración que aumentaba al pensar en la senitud de su maestro. El que fuese una bestia en los negocios, era ahora un anciano que malgastaba su dinero en baratijas sin beneficio, el que era su fuente de dinero y poder, era ahora una alcancía agujerada que dejaba escapar las ganancias que bien podrían estar en sus manos.


— ¿Lo ves? — preguntó con emoción Carballo Molina — el cuadro te mira ¿cierto?

— Ay Carballo — respondió Hernando — ya estás tonto y anciano, eso no valdrá más que unos cientos de pesos, ¿era necesario perder tanto? - dijo mientras regresaba el cuadro a su maestro.

— Sí, lo era y es — respondió Carballo molesto por la reacción de su discípulo — al final es mi dinero, mi fortuna, si deseo regalarla no debería importarles, después de todo he dado todo por esta compañía; han comido suficiente de mis manos, les he limpiado bien el trasero como para que me juzguen. Además, hace varios años que no sentía esta sensación, esta satisfacción que el cuadro me produce – Terminó Carballo para girar su silla y no prestar atención a las quejas de su discípulo.

— Como tú lo veas — respondió Hernando para posteriormente salir de la habitación — ese cuadro no va a contentar a la junta directiva, no solo eres tu, somos todos - dijo Hernando mirando a la mesa y al cuadro que parecía reírse - Recapacita antes de que [...]

— Fuera ya — interrumpió don Carballo Molina.

...

Pasaron las semanas y la mente de don Carballo Molina, poco a poco fue trastornándose, lo que había sido una decisión impulsiva de una noche de subastas, pronto empezaba a convertirse en un hábito, primero fue el despido de trabajadores, luego reducciones de presupuesto, cada nueva decisión parecía buscar la ruina de la empresa. Y fuera por cariño, respeto o por falta de valor, la Junta Directiva de su compañía no se animaba a quitarle el puesto de presidente, pero poco a poco las ventas de acciones, la pérdida de insumos y el desinterés de don Carballo, orillaba a la junta directiva a retirarlo de sus obligaciones. Sin embargo, poco sabían que el buen Carballo Molina, como todo astuto hombre de negocios, estaba bien resguardado y haciendo gala de sus mejores abogados, había diseñado una red de contratos en la cual sólo podrían mantenerse si él estaba al frente, dicho de otra forma, con su despido la compañía se iría al declive.


Cuando intentaban dialogar con él, tenían que entrar a su oficina y escuchar los balbuceos de un anciano arrogante que no atendía a razones y como cereza en el pastel, había que mirar a su ridículo cuadro, que al verlo todos sentían que el anciano se burlaba como diciendo “yo estoy al mando y ustedes no valen nada”. Ante tal aprieto, pronto los planes en contra del anciano comenzaron a gestarse, uno en uno buscaban los medios indicados para poder sacar a Carballo del poder, cada quien en su forma ilegal pensaba que tenían la victoria asegurada, pero más pronto de lo que esperaban caían en la realidad, Carballo era un genio imbatible. Sin embargo, entre todos esos astutos carroñeros, Hernando el fiel discípulo mantuvo constantes y acaloradas discusiones con su maestro, pronto el se uniría al complot que se iba gestado en conjunto con la Junta Directiva.

La idea surgió de la boca de uno de ellos, "si vivo no se le puede sacar, quizá muerto no tenga alternativa", un acto atroz quizá, pero necesario según la idea de cada uno de los miembros de la Juntad que se veían atados de manos. Sin esforzarse mucho, acordaron asesinar a Carballo solo con su muerte los contratos no se perderían y ya no habría más daños a la compañía. Sin más en que pensar o actuar, hicieron los preparativos para que sólo Hernando pudiera ser quien se encargara de quitarle la vida a su antiguo maestro, él era el único de quien no sospecharían y a quien la junta siempre iba a respaldar, el Patiño adoptado que amaba a su maestro, el perfecto actor que se vería afectado por la repentina muerte de su maestro.

Un martes a las 9 p.m. mientras todos repetían como grabadoras, que Hernando había viajado fuera de la ciudad, el mismo entró a la mansión de don Carballo Molina, sin preocuparse por la seguridad o por las mascotas que no sospechaban de él, poco a poco se fue desplazando por los pasillos que con su maestro recorría. Ningún tipo de remordimiento asaltó la mente del discípulo, lo que iba a hacer no era una novedad pues bien había hecho actos similares en el pasado, ahora la experiencia lo llevaba a asegurarse de que sus acciones fueran resguardadas sin problema, no sería diferente a otras ocasiones, o eso quiso pensar.


Sin hacer gran ruido subió a la recamara de don Carballo, la puerta entre cerrada dejaba salir un destello de luz de la amplia habitación que se vestía de decoradas cortinas y mantas rojas y azules; un tapizado digno de la realeza vislumbraba en el suelo y en medio de todo ese escenario, estaba la cama donde dormía Carballo Molina. Así mismo, junto a la cama, en una mesa de madera estaban dos velas verdes que iluminaban el cristal de lo que parecía ser un pequeño altar, altar que contenía en su centro aquella pintura que detonó esta situación. Hernando aún no podía creer lo bajo que había caído aquel hombre a quien tanto admiraba, ni con los mejores tratamientos, ni con el mejor estilo de vida logró vencer a la dolorosa y demencial mano del tiempo.


Hernando abrió más la puerta y entrando, comenzó a desplazarse en silencio hasta llegar a la cama de su viejo socio, todo estaba en calma aparente, pero mientras más observaba a al anciano dormir, pudo sentir que el calor de las velas era tan potente que calentaba el cuarto entero, lo cual era extraño al ser tan pequeñas. Mirando de nuevo el altar pudo ver al cuadro de una forma diferente, ese tono verdoso en la profunda oscuridad parecía crecer, esos ojos extraños parecían tener vida y esa sonrisa marrón parecía, parecía burlarse de él.


Sin prestar más atención a su desagradable testigo, Hernando tomó la barra de acero que había preparado para terminar con la vida de don Carballo y elevándola en el aire, acertó un fuerte golpe en la cabeza del anciano, quien al sentir el impacto logró abrir los ojos y centrar su mirada en su enmascarado atacante. Don Carballo intentó extender la mano hacia el pequeño altar pero fue frenado con un segundo golpe de la barra de acero, su cuerpo se estremeció y dejando caer los brazos, susurró unas últimas palabras antes de recibir un golpe más que lo dejó inconsciente.


Hernando agotado por el esfuerzo, tomó el pulso y trató de escuchar el respirar de don Carballo intentando saber si había logrado su objetivo, don Carballo seguía vivo, solo faltaban un par de golpes más y la vida del decrepito habría terminado. Hernando tomó un impulso más, pero como si un frío extraño lo inundara y una leve carcajada susurrase en el aire, algo en su interior lo llevó a centrar su atención al altar una vez más y está vez la pintura se hizo más nítida, un fuerte punzón en el pecho, rabia, vergüenza y mil sentimientos más embriagaron a Hernando. La pintura que la primera vez no le provocó más que decepción de su maestro, ahora le hacía ver lo que su maestro le dijo, ahora lo entendía, esa horrida pintura se burlaba de él, la pintura lo miraba a él, lo acusaba de ser solo un triste y mal agradecido inútil, un fracaso de vida, un patiño asesino de su maestro, el asesino de quien tanto quiso ayudarle, el patiño que asesinó al padre que nunca tuvo. Hernando con furia incontrolable y lágrimas mojando su máscara levantó la vara y asestando un fuerte golpe, destrozó la cabeza de don Carballo Molina.


Pasaron dos semanas después de la muerte de Carballo Molina, múltiples investigaciones tanto gubernamentales, privadas y periodísticas rodearon la casa, nadie podía entender cómo el perpetuador burló a toda la seguridad y asistió un golpe fatal en la cabeza de Carballo, no se había robado nada más que un extraño cuadro y todo indicaba a que solo buscaba la muerte del anciano. Poco a poco surgieron evidencias contra la junta directiva, un anónimo había colaborado en contra de ellos y en poco tiempo el imperio de don Carballo comenzó a desmoronarse ante la mirada de los socios que solo podían callar observando como todo pasaba a las manos del gobierno para luego volverse nada. Casi todos los involucrados en el crimen pronto irían a las cortes, casi todos excepto él que aseguraban había sido el responsable, nadie podía localizarlo y tampoco encontraban evidencias en contra de él.


Ese hombre tan buscado, ese contador que tanto veían regodearse, ese mal aprendiz, ese que era como un hijo para don Carballo, ese discípulo que se quitó la vida meses después de la muerte de su maestro, un fiel discípulo como dijeron los trabajadores, un Patiño don nadie que fue encontrado colgado en una habitación de hotel, donde también había un cuadro frente al cuerpo, puesto de tal forma como si observará el balancear del cadáver, un extraño cuadro de un rostro pintado en tonos verdosos, unos ojos rojos profundos y una sonrisa marrón que parecía burlarse de quien lo observara.

30 de Noviembre de 2021 a las 01:42 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Loodevis John Hola viajero de la inspiración, ¿me das un tiempo? Internate a uno de mis pequeños relatos, se que te harán pensar.

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