ivis Ivana Simón

Cuándo lo cotidiano abandona hay que encontrar nuevas formas de llenar vacíos inevitables. Haru sabe que debe hacerlo para seguir adelante con su vida.


No-ficción No para niños menores de 13.

#SLANDER-&-RIOT---You-Don't-Even-Know-Me #año-nuevo #pasado #navidad
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Veinticuatro días

El supermercado estaba abarrotado de personas, acaparaban la vista los carteles de dos por uno en cada góndola, aunque no era cierto, puesto que hace unos días nos habían pedido cambiar todos los precios y elevarlos para luego poner los carteles de oferta.

Cada año era lo mismo, la música, los colores y la gente engañada por los precios. Luego tocaba acomodar los productos, cómo me incomoda cuándo los niños las desorganizan sacando cosas que luego sus padres no comprarían y les pedirán dejar en su lugar.

Es muy triste y bastante anecdótico para decir, pero me recuerda el tiempo que no era consciente de la situación de mi familia y las carencias que teníamos. Cuatro hermanos, de los cuales soy la menor y sin muchas alternativas de trabajo en esta ciudad.

Me distraje acomodando y al darme cuenta había terminado, estaba moviendo el carro transportador cuándo vi a mi amiga en cuclillas entre las góndolas mirándome de forma traviesa.

—¿Por qué te escondes? —repliqué.

—No quiero trabajar, quiero escribir y tomar refrescos —susurró.

Me hice de seguir acomodando mercancías y la ignoré. Colocaba cada caja bien alineada, o eso hice hasta que mi supervisora me tocó el hombro haciéndome saltar.

—Vamos, hay más cajas en el depósito. No tienes que acomodar las mismas una y otra vez.

—Yo sólo… —no terminé mi frase y giré para ver a dónde estaba mi amiga y ya se había ido —. Nada, ahora voy para buscar más mercancías.

—Muy bien, así me gusta. Sonríe y desea felices fiestas a todos —me ordenó mientras sonreía de forma exagerada hincando sus mejillas con sus dedos índices.

Sonreí lo más que pude y salí lo más rápido posible de ahí. Agarré el carro con fuerza cómo si mi vida dependiera de ello y saludé a las personas con las que me crucé.

Al llegar al depósito empujé la puerta corrediza y entré apresuradamente. Comencé a cargar el carro cuándo sentí cómo la puerta volvía a abrirse y cerrarse.

Susu se sentó en el suelo y me miraba concentrada, en sus manos sostenía fuertemente un cuaderno que abrazaba contra su pecho. Continuaba mirándome hasta que me giré a ella.

—Lo siento, si me descubren me despedirán. Lo sabes…

—Está bien, no estoy molesta por eso, pero en compensación me comprarás los calcetines más lindos de la tienda.

—Trato hecho —extendió su mano para agarrar la punta de mi pantalón y jalar levemente para luego reír.

Susu se quedó acomodando cajas mientras yo empujaba el carro para seguir acomodando budines y panes de navidad.

<<Jingle bells, jingle bells, jingle all the way. Oh, what fun it is to ride. In a one-horse open sleigh, hey jingle bells, jingle bells, jingle all the way. Oh, what fun it is to ride, in a one-horse open sleigh>> recordaba una de las canciones preferidas de mi madre.

En mi mente aún puedo verla cantar y preparar un rico jugo natural con pocas naranjas. Ella era capaz de hacer tanto con tan poco, ella era extraordinaria en todos los sentidos.

Un poco de pollo, papas y huevos hervidos eran nuestro banquete cada navidad y año nuevo. Cuándo papá conseguía mejores trabajos nos regalaban unos chocolates y era la mayor alegría para mis hermanos y para mí.

Jugábamos a las cartas, inventábamos historias con las cáscaras de las papas, mientras nuestros padres tomaban un vaso de vino que los vecinos les habían invitado. Luego nos contaban historias de cómo eran las navidades con los abuelos y nos reíamos cada año de las mismas anécdotas.

Recordando los buenos tiempos, las horas pasaron volando, mi turno había terminado y al salir me di cuenta de que estaba lloviendo. Retrocedí, pero igual me mojé un poco el cabello. En ese momento sentí un fuerte aroma a colonia masculina, al girarme me encontré con el detective Harris Johnson. Un hombre alto, de contextura medio robusta, campera de cuero y una bufanda de hilo color verde oliva.

—No esperábamos este clima hasta después de año nuevo, parece que las lluvias se adelantaron otra vez —dijo con calma mientras contemplaba el paisaje del estacionamiento vacío.

—Supongo que tiene razón —respondí sonriendo, aquel hombre era de las pocas personas que se preocupaba por las personas de pocos recursos. Investigaba la desaparición de mis padres y mis hermanos.

—¿Noticias?

—Nada aún —respondí rezongando.

—No pararé hasta encontrarlos —sentenció serio.

—Muchas gracias, señor Johnson, esta será la cuarta ocasión que pasaré las fiestas sola —mencioné con una melancolía inerte a mi situación.

—Llévatelo, yo tengo que hacer varias cosas y me iré en el auto —me entregó el paraguas y entró al supermercado.

—Gracias —sonreí con sinceridad.

—Ya sabes que res bienvenida en casa de mis padres, todos estaremos presentes —ofreció cortésmente.

—Muchas gracias detective, pero prefiero permanecer en casa, así de cierta forma siento que están conmigo —contesté mientras apoyaba una mano en mi pecho cerca de mí corazón.

—Entiendo —respondió dulcemente antes de retirarse.

Sujeté el paraguas con fuerza y miré hacia el cielo antes de iniciar el retorno a casa, sentía el pequeño chapoteo bajo mis pies al caminar. Los baches de las veredas acumulaban suficiente agua cómo para mojar parte de mi pantalón y zapatillas.

Aún recordaba las épicas batallas que tenía con mis hermanos, saltando en los charcos y lanzándonos hechizos imaginarios, para luego llegar a casa y escuchar los alaridos de mamá al vernos cubiertos de barro.

¿Quién diría que el barro es tan difícil de sacar? El jabón quita manchas es costoso, pero son cosas que escapan a la comprensión de los niños. Como me gustaría poder volver a esos días y disfrutar una vez más con quienes más quería…

Mi casa no estaba lejos, solo tenía que caminar unas cuadras y al llegar me di cuenta de que Susu estaba empapada en el pórtico de mi casa.

—¡Susu, estás muy empapada! Vamos a entrar —chillé bastante angustiada.

Abrí la puerta y la arrastré conmigo, la senté en una silla del comedor y busqué una toalla para que se secara. Encendí la estufa y puse a calentar un poco de agua para dos tazas de té. Busqué una bufanda y se la coloqué apretando un poco.

—Haru, está un poco apretado —trató de soltarse un poco mientras la miraba con desaprobación.

—¿Qué hacías mojándose así?

—Quería traerte los nuevos capítulos de mi novela —respondió sonriendo cómo una niña ilusionada.

—Mundos en guerra será una obra larga ¿No es así? —pregunté curiosa mientras trataba de ver dónde estaba su manuscrito.

Susu buscó entre la campera su cuaderno cuidadosamente envuelto en unas bolsas para que no se mojara. Al sacarlo vi aquella tapa que ya era conocida para mí, oscura y algo arruinada en las puntas. En su interior se escondía una historia que sucedía en otra galaxia, con deidades extrañas y portales a todo el multiverso.

—Escribí cuatro capítulos nuevos… —dijo mientras miraba al suelo.

Sonreí y abrí el cuaderno, busqué el final del último capítulo que había leído y al encontrarlo dejé el cuaderno abierto sobre la mesa para buscar el agua para las tazas de té. Lo serví y le ofrecí una a Susu, volví a sentarme y me dispuse a leer.

—¿Sahira aparece mucho en estos capítulos?

—Quise darle más espacio a otros personajes esta vez.

—Ya veo, por cierto, ¿Vas a dejar todos tus cuadernos aquí? —pregunté mientras miraba una silla totalmente ocupada por una gran pila de cuadernos llenos de historias y mundos que Susu había creado.

<<¿Cómo hace para escribir tanto?>> me pregunté al ver la inmensa cantidad de al menos treinta cuadernos A4 escritos de ambas carillas, con letra pequeña y prolija.

—Prefiero dejarlos aquí si no te molesta, eres la única que valora lo que escribo —respondió suavemente, por lo que me acerqué para acariciar su cabello y asentí para luego tomar un sorbo de té.

—Capítulo cuarenta y tres, luego de permanecer varios días en la isla comiendo de sus frutos y escuchando las historias que le susurraba el viento, el sonido que emitía cada ser vivo, cada hoja y cada suspiro. Era una melodía armoniosa que tan sólo invitaba a quedarse a contemplar y ser parte de tanta belleza. Finalmente decidió que tenía que volver a viajar. Miró con nostalgia la isla prometiendo que volvería para quedarse ahí una vez que todo terminara. —Hice una pausa para tomar un poco más de té —. Antes de emprender su camino de regreso revisó que no estuviera olvidando nada, en su estadía en la isla había visto varias visiones con el broche de Izurbei, mientras se alejaba recordaba una donde veía como Izurbei practicaba con el Bastón de Bhäsir mientras Sahira corregía su postura y le enseñaba cómo apuntar y qué palabras decir para lograr diversos efectos.

Leía cada párrafo con atención, el té se nos había terminado y Susu comenzó a bostezar. Al terminar todos los capítulos la tapé con una manta y la ayudé a ponerse de pie para llevarla al dormitorio de mi hermano, para que pudiera descansar.

—Me gusta la historia, espero con ansias los próximos capítulos —susurré antes de apagar la luz y cerrar la puerta para retirarme a mí habitación.

30 de Noviembre de 2021 a las 21:17 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará… Nuevo capítulo Cada 15 días.

Conoce al autor

Ivana Simón Aquí Ivis, escritora y ardua lectora de ciencia ficción, misterio y romance. Me gusta indagar en distintos géneros literarios tanto para leer cómo para escribir. Mi Instagram: _ivi_simon_ Facebook: Ivana Simón (Ivis)

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Joan Rose Quim Joan Rose Quim
Un inicio interesante por el misterio que rodea a la protagonista, (Haru). Percibí su melancolía a pesar de que no ha mencionado lo que sucedió explícitamente. Me sorprende la amabilidad que tiene para con sus compañeras, además el ánimo de apoyar a Susu con sus sueños, aunque tiene problemas que a cualquiera le quitaría las ganas de todo. Felicidades por tan buen comienzo y te deseo mucha suerte!!!
December 01, 2021, 14:15

  • Ivana Simón Ivana Simón
    Muchas gracias Rose ( ◜‿◝ )♡ December 01, 2021, 18:07
~