sinfonauniversae Sinfonia Universal

La vida es nuestro mayor regalo, y la de él, es asombrosa.


Cuento Todo público.

#felicidad #vida
Cuento corto
0
123 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Una Buena Vida

La vida es nuestro mayor regalo, y la de él, es asombrosa.

Hace mucho tiempo el universo cayó. Nuestro Dios lo quiso así y nos hizo a su imagen y semejanza.

Mucho tiempo ha pasado desde que lo encontramos cubierto por su propia orina y excremento. Era un hecho que no podía evitarse por su condición. Lo recordamos.

Es un bebé recién nacido y llora con brío, pues no puede amantarse de la leche de su madre moribunda, que, como en la prisión hecha una balada de cuentos de hadas mesurados, ha confiado en que la criatura sobreviva al frío, al hambre y a todo lo que las adversidades pueden darle, como sólo se dan los mayores regalos. Así que queda poco cuando lo poseemos y nos convertimos en uno con él. Lo volvemos un animal al que le encanta el pus y la carne hedionda de los cadáveres que otros dejan a su paso conforme busca subsistir. La oscuridad y el silencio lo cubren hasta que sólo conoce la sangre que sus dedos arrancan de seres inocentes que ven a un bebé, poco a poco, hacerse un hombre.

Mucho tiempo ha pasado desde que hallamos su escondite. Era un hecho que no podía evitarse por su condición. Lo recordamos.

El paso del tiempo envejece sus pasos, y al llegar a ser hombre, solemos jugar con él como una. Le hacemos el amor entre las tres dispuestas a amamantarlo con nuestras vaginas escurriendo sangre menstrual. Por esto suele devorarnos como si conquistara murallas imposibles de roer. Él vive en un palacio-árbol lechoso y abandonada de grandes raíces y frondosa vegetación, al que lo hemos llevado, donde, nos exhibe su desnudez y nos excita a pecar más, más de lo que ya hemos pecado. Pero esas cosas dejaron de suceder cuando nos priva de nuestras obligaciones para entregarse a la aventura.

De vez en cuando vuelve con el cráneo de una vaca, o unas muñecas de ojos bizcos con las que suele jugar cuando lo vemos desde las esquinas y las sombras. A veces vuelve mascando las uñas que todavía están pegadas a los magnos dedos de un anterior acaudalado por las riquezas más prodigiosas. A veces con los fetos de las ratas que paren a su alrededor y que engulle como carne deliciosa. Para él es un festín, y, aunque nosotras no podemos alimentarnos más que de él, solemos unirnos a su fiesta cantando y haciendo rondas como las mujeres niñas, las niñas mujeres que somos. Solemos ser tres. Tres siendo una, una siendo tres.

Para nuestro deleite, hoy encontramos su escondite, tiene muchas cosas allí. Las entrañas del anciano que conoció hace poco es nuestro espectáculo favorito, no en vano, es nuestra propia creación. Hay de todo: libros, joyas, flores, el agua de una lluvia empozada dentro de un frasco de vidrio, una máscara de una tribu que desapareció en la guerra siglos atrás y, también, retazos de tela. Todo está allí y son parte de sus recuerdos o lo que le hemos mostrado con lo que le hemos hecho vivir. Todo está allí, bajo la llave de su corazón. Todo está allí y son cosas que recitan su nombre: El Reyecito.

Mucho tiempo ha pasado desde que supimos que quería conocer las lindes del amor. Era un hecho que no podía evitarse por su condición. Lo recordamos.

Hoy le enseñamos la música. Él queda hipnotizado por el vaivén de los sonidos que se expresan a través del instrumento que es capaz de emitir cosas, que nuestras gargantas no pueden. Él nos pide que le acariciemos la cabeza, se frota contra nosotras ya vestido por las pieles de una bestia, que aunque no es él, lo cobija del frío y lo hace sentirse seguro. Lo hacemos pecar y adorarnos, lo abrazamos y engullimos parte de su piel con esas bocas que él tanto ha besado. Es después de todo a quién más amamos. Sin embargo, este hoy no es como los otros, pues esta noche no nos busca para yacer en su lecho hecho de mantas sucias.

El sol es engullido muchas veces en el cielo, la luna brota como una mota luminosa, a medida que transcurre el tiempo y así se sucede sucesivamente el ciclo que no termina para con los astros. Las cosas han cambiado para todos. Lo supimos desde que El Reyecito ha dejado de llamarnos a su lecho y preferimos esperar. Ahora suele ver ensimismado por la ventana manchada de lodo que él mismo ha limpiado, su miembro ya no se levanta solo cuando lo rondamos.

Ya no ojea los libros que le hemos dado para que se deleite con las imágenes que puede mostrarle lo que puede conocer de la vida y la muerte misma, los sueños y las pesadillas, el odio y el amor. Sentimos que lo perdemos y nos preocupamos por esto. ¿Qué lo aqueja? ¿Cuál es ahora su anhelo? ¿Acaso hay alguien más que él está mirando y no sabemos? Así transcurre el tiempo y no lo hallamos más.

Hoy es un hoy diferente. La estación de las luces flotantes llega a nuestra morada y todavía no tenemos noticias de él. Nos entristece que se haya separado de nosotras, por lo que le rendimos rezos a nuestro Dios para que esté bien. Es entonces que en el final de esa estación lo encontramos cazando como suele cazar durante los días, las tardes y las noches más brutales que pueden existir. No lo hemos visto desde antes de que empezara esa estación donde emergen las criaturas más horripilantes que pueden verse en todo ese mundo devastado.

Nos apegamos a su carne con nuestras garras y hacemos castañear nuestros dientes en el instante en que vemos que El Reyecito persigue a una figura que viste ya con un velo bajo el cual no alcanzamos a vislumbrar su rostro pero sí su figura. La presa corre despavorida, no desea que lo alcancen, y con razón, nadie en el lugar ha podido escapar de la presencia de nuestra mejor arma. Durante la persecución nos mostramos excitadas y aullamos al cielo por el encuentro con nuestra adoración.

Entonces El Reyecito derriba a la presa al lanzarse sobre ella, ella forcejea con él durante una eternidad hasta que se rinde a sus brazos, su autoridad; vemos cómo, en ese momento y debajo del velo despejado, que la criatura que ha capturado no se trata más que un doncel que ha perdido el rumbo y se ha topado con su esencia y sus virtudes más rozagantes.

El Reyecito lo arrastra con él y lo estrecha entre sus brazos, lo olisquea, lo muerde pero no encuentra mucho más que un puñado penetrante de esencia de cayenas. Así es la esencia de las criaturas que ha forjado nuestro Dios para erradicarnos en caso de que le desobedezcamos. Con la presencia de la recién descubierta criatura, es ahora es nuestro turno de temer.

Las luces flotantes iluminan el rostro del doncel y vemos su figura vestida de escamas y plumas, de diamante y oro, de fuego y plomo, de amor y cautela, de arcoíris y sol. Todo contrarresta con el rostro de nuestra mayor bestia, una figura vestida de plata, de lluvia, gris y el negro de su tristeza, de árboles que tanto adora, de lo salvaje de la criaturas que lo han acompañado desde siempre, de amor y pasión.

Cada uno se estudia. Cada uno ve la belleza del otro. Y mientras uno ve lo salvaje que lo cubre como un demencial manto de adoración, el otro contempla la inocencia que sólo puede ofrecer un alma verdaderamente sagrada. El Reyecito observa un cuerpo y un rostro no creado por manos humanas.

La beldad que encuentra en esa figura provoca que lo tome como su consorte en ese lugar revestido con las flores más hermosas que jamás ha llegado a sostener entre sus manos; lo desposa en incontables oportunidades hasta que la criatura concibe algo que, sabemos, será nuestra más amada perdición. El Reyecito le da un nombre en su corazón a su consorte y a esa criatura tan invasora de ahora para nosotras, lo llama el Muro de la Libertad.

Mucho tiempo ha pasado desde que encontramos al niño monstruo jugando. Era un hecho que no podía evitarse por su condición. Lo recordamos.

La estación de las catorce sangrientas está por terminar y cada vez que recordamos que no pudimos acabar con la criatura que ha brotado, como fruta podrida, del interior del consorte de nuestro amado Reyecito, nos sentimos más que enojadas por todo lo que ha cambiado. Nuestra mayor bestia ha aprendido a hablar, esa criatura tan maldita, que encontramos gracias a él, le ha enseñado los sonidos del habla. Repite frases cortas, usa con torpeza las vocales y consonantes pero, al fin y al cabo, somete a las oraciones y a las palabras más sagradas de nuestro Dios. Esa criatura es abominable porque le enseña todo a nuestro consorte mientras nosotras somos olvidadas como el mayor de los despojos que la vida pudiera conocer.

Sin embargo, no hay criatura más aterradora que el niño que es dos y que es uno a la vez, un monstruo al que tememos tanto que no nos atrevemos a tocarlo después de que, con sus poderes, nos hiciera retractarnos de devorarlo. El niño que no es niño. Un niño que es capaz de reducirnos a nada con sólo una mirada. Un niño que nos aplasta con un movimiento de su mano. Un niño que es capaz de jugar con nosotras como si fuéramos las hormigas a las que busca devorar para su gran y dulce abdomen. Un niño que arranca los corazones de los que son como su padre-madre como si le quitara un dulce a cualquiera.

Un niño que siente que obra con bien pese a tener dos cabezas y cuatro extremidades. Es un niño monstruo que hace lo que hace pese a que nos lleva a todos a la perdición. Un niño monstruo que ha despertado la ira de nuestro Dios porque no sólo atenta contra nuestra raza, sino contra sus emisarios. Un niño monstruo que es feliz por el simple hecho de existir. Un niño monstruo que es capaz de todo con tal de conquistar el universo mismo de ser necesario.

Un monstruo que se imagina jugar con nuestras decapitadas cabezas, y baila y baila y baila a nuestro alrededor, y sobre nuestros restos, pensando en que buenas y nuevas cosas va a obrar desde el monte del destino, coronado, venerado y adorado como la más absoluta de las creaciones y destrucciones, de esas cosas que pudiera cometer. Y ese niño sonríe por su triunfo.

30 de Octubre de 2021 a las 21:25 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Fin

Conoce al autor

Sinfonia Universal Mi nombre es Vanessa pero prefiero que me conozcan por el nombre de Sinfonía Universal. Tengo mis pocos años en este mundo de escritura, pero más perteneciendo al ritual que significa la vida, soy de Mérida - Venezuela, el lugar que Dios eligió para que naciera. Soy un aprendiz de escritora, autodidacta, que tiene el infinito sueño de crear historias de fantasía que atrapen, y llenen de color las vidas de todos.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~