coral-ruiz Shanti Coral

Siempre ha habido mucha gente excéntrica en la facultad de letras, pero Emily tiene un secreto que la hace peculiar incluso allí, uno capaz de cambiar el mundo para aquellos que se enteran.


Cuento No para niños menores de 13.

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La loca de las plantas

La mayoría de los estudiantes de la facultad de letras nos conocíamos entre nosotros, había varios excéntricos, tengo que reconocerlo, pero el premio se lo llevaba una chica de la que nadie sabía casi nada, su nombre era Emily, no platicaba nunca, solo para leer su trabajo, hacía los poemas más hermosos que hubiera tenido la suerte de escuchar, siempre usaba un antiguo prendedor en forma de gorrión, y nunca llegó temprano a clase. Otro de los únicos momentos en que se le oía hablar era cuando vagaba por los jardines, herraba sin rumbo por el sendero de sombra que dibujaban los árboles, y allí reía, lanzaba exclamaciones y hasta llegó a llorar. Mis compañeros tenían todo tipo de teorías, las lógicas remitían al uso de drogas, o distintas condiciones mentales, el resto eran fantasías precocidas de escritores desempleados, que por cierto eran muchos.

Una tarde, yo observaba la cotidianidad escurrirse desde mi banca en las áreas verdes, peinando con los dedos mi largo cabello, cuando el Pepe, uno de esos que de humanos tenía solo la figura, se plantó a darle de patadas a un pobre árbol escuálido comparado con los grandes eucaliptos, mientras se carcajeaba como torpe, algún otro de su poco privilegiada condición le hacía segundas, riéndole la gracia, noté que no se detenían, me planteé ir yo misma a pararlos de una buena vez cuando de milagro ocurrió algo, Emily, la chica más reservada del mundo, avanzaba con una determinación más absoluta que el fuego, sin titubear, sin dudarlo un segundo se plantó frente al árbol y lo cubrió con su cuerpo , Pepe frenó con esfuerzo la siguiente patada de manera tan repentina que casi cae al suelo.

–¡Hija de la …! ¡Quítate ya!! – rabió el troglodita poniendo una cara todavía menos favorecedora.

–No– respondió ella con su voz de terciopelo

–¿Y si te golpeo a ti entonces sí? –

–Inténtalo, a ver qué pasa – le retó ella

–¡Por dios!, si serás tonta, ¡Perder un diente por un mísero árbol! –

–No es mísero, ¡Es mi amigo! –gritó ella por lo que parecía la primera vez en su vida

–¡Es mi amigo! – imitó el en un falsete escandaloso, las personas del campus estaban desviando poco a poco la vista, justo como él quería –¡¿Qué fetiche tienes con las plantas, he?! –

–¡Idiotas como tu solo pueden pensar en fetiches!, ¡y encima creer que cualquier cosa que no los englobe no vale la pena!, ¡Ojalá te hablaran las plantas como a mí!, ¡Ojalá pudieras oír como gritan! –exclamó ella, víctima de un coraje que dudo mucho que hubiese experimentado antes, pues tras averse dado cuenta de lo que acababa de decir se tapó la boca, con el rostro enrojecido como la sangre.

–Tú estás loca de atar – Se rio el –¡¿Oyeron todos?!, ¡La loca habla con las plantas!, esa es la mentira más aburrida que haya oído, ¿Qué cosas podría decirte una planta?, por favor…no hay cosa más aburrida–

Pocas risas hubo, la mayoría solo voltearon las cabezas con un pesar que les obligaba la mirada al suelo. El tipo se fue, Ella lo había logrado, habían dejado en paz al árbol, pero… ¿A qué costo?, la verdad es que yo no quería quedarme con la versión de el Pepe, aunque mi compañera pareciera delirar, y aunque yo misma hubiera considerado la posibilidad antes, cuando el lo dijo en voz alta me sonó de lo más ilógico, hay que ver que la constante era que estuviera equivocado, cuando hablaba de género, política, y prácticamente de cualquier cosa, ¿Por qué iba a ser diferente con Emily?, así que aunque pareciera un disparate pensé que, quizá esta vez, era más importante tomar las cosas de quien venían que tratar de entender el mundo desde sus propias reglas. Cuando la audiencia se había disipado me le acerqué, ella seguía sonrojada, con los brazos cruzados.

–¿Estas bien?, No logró hacerte daño físico, ¿Verdad? – quise saber, ella negó –¿Y lo de las plantas…? – comencé, Emily me dedicó un par de ojos aterrorizados.

–Si vienes a burlarte de mí…–

–¡No!, no… yo nunca…, Pepe es un asno, pero tú no, y yo nunca he hablado con ninguna plata… – Expliqué, tragándome la bola agria de mi propi escepticismo –¿Cómo es eso?, ¿Qué te dicen? –

Ella suspiró, pero afortunadamente confió en mí, me contó sobre la cantidad de años que viven algunos árboles, y lo mucho que habían visto, me contó que todos están conectados por raíces subterráneas y se conocen entre ellos, y uno se transmite al otro el dolor o el placer, o que barios se ayudan a mantenerse en tiempos de escasez, me contó que había plantas que estaban orgullosas de curar, y otras que albergaban un montón de seres en todo su ser, que algunos de los árboles tenían horas de dormir y una infinidad de plantas reaccionaban a la música…Un escalofrió recorrió mi piel a medida que la escuchaba , porque de un modo u otro, supe que ella siempre había tenido razón, nunca había estado hablando sola, simplemente escuchaba a alguien que ninguno de nosotros había escuchado, o si quiera considerado mínimamente consciente, donde nosotros veíamos un “recurso natural”, un elemento decorativo en el paisaje, ella veía seres vivos, y había aprendido a comunicarse con ellos, sus poemas no eran solamente suyos, eran los de todas las plantas que le habían murmurado su forma de habitar en el mundo.

24 de Octubre de 2021 a las 22:40 0 Reporte Insertar Seguir historia
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