eliana-firpo1610837272 Eliana Firpo

Un hombre regresa después de varios años a la casa de su infancia, donde preso del temor y la locura, revivirá fantasmas del pasado, y una obsesión por un antiguo cuadro.


Cuento Todo público.
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Cadenas de tinta

Las ramas del gran arbol desvestido por el frio parecia seguir danzando el mismo baile que desde hacia tiempo. Sus ramas delgadas y desnudas rasgaban la ventana de vidrio, con un sonido rasposo. En la casa alumbrada por la luna palida, solo se veia una tenue luz amarillenta que se colaba por los barrotes de hierro de la ventana mas alta. La noche parecia querer camuflarla en su inmensidad, el viento calmo, casi imperceptible, que de a momentos silbaba y se paraba como queriendo contemplar la majestuosidad de aquella casa que se levantaba a las orillas del rio.

Sentia el correr hipnótico del agua, mientras contemplaba a cierta distancia, el que habia sido su hogar hace algunos años. Estatico, como un cuadro lugubre pintado por un pintor desesperado, y a la vez calido, que hacia emerger de sus venas un dulce sabor a su niñez, mescla de inocencia y severidad.

La contemplaba con ojos estaticos y agrandados, como si su imagen pudiera trasladarlo a una pasada epoca en donde la confusion de lo observable y lo imaginable era menos perturbador. Deseaba hacerlo, en efecto, trasladarse a su niñez, en donde los dias se resumian a andanzas por el jardin, caricias de su madre y palabras severas de su padre.

La noticia de su muerte habia dejado en su pecho una sensación confusa de culpabilidad y nostalgia. Se habia ido hace unos años, y sentia como su ausencia se habia escusado en falsas reuniones de estudio y amistades, envuelto en ciertos vicios los cuales hasta el momento no se habia preocupado en cuestionar.

Sus pensamientos eran remolinos danzantes en una noche fija, tan contrarios a la casa aparentemente estatica desde su partida. Al entrar lo primero que noto fue una ausencia.

El olor nitido de comida casera habia sido remplazado por el olor de las rosas que se colaba desde las ventana, rosas y polvo inundaba el aire. Todo lo demas parecia estar igual. La vieja alfombra color carmesi que su padre habia traido de algun viaje, el imponente piano a media sala que habia sido su refugio en sus epocas mas jovenes, el candelabro exageradamente grande para su luz . Los mismos sirvientes que lo miraban con semblante expectante y conmovido.

Las mismas pinturas, aquellas hechas por su madre, con un espiritu generalmente primaveral y colorido, lienzos desvirgados por motivos ambiguos y abstractos, pinturas que daban lugar a la interpretación de ciertas escenas aparentemente cotidianas de la vida. Pinturas de personas, con rostros aparentemente inmoviles con el paso de los años, a excepción tal vez, de la pintura del hombre con expresion anostagiada, que lo miraba demostrandole compasión, tal vez conmovido por su situacion actual de soledad.

Recordaba aquella pintura de su niñez, volviendo a su mente aquella sensación de ansiedad que sentia al verla, y como en las noches dicha ansiedad se convertia en cierto temor, al sentir como al ir a la cocina, los ojos de aquel personaje se clavaban en su espalda, y lo seguían por la oscuridad de la noche que nublaba sus sentidos. parece que en la niñez las cosas que no nos dejan ver se vuelven mas importantes, y no son negadas por la ceguera fingida del hombre racional.

Recordo como en los ultimos años de tu estadia, cada dia aumentaba el numero de veces que su mirada se dirigía a la pintura de aquel hombre, sintiendo aquella ansiedad al percatarse de que tal vez, sabia mas de lo que aparentaba, pues con cada jarron roto o cada mentira piadosa que le decía a su madre, la cara del hombre parecía tornase enfadada, como si quisiera reprocharle sus actos que serian solo sospechas. En los años mas cercanos al inicio de su juventud, pasaba largas horas sobre el sillón de cuero, mirando fijamente a los ojos de aquel hombre, que le devolvía la mirada con aire desafiante. Se corrieron voces de que el muchacho padecia depresión, pero su quietud se debia mas que nada al temor de que sus secretos, aumentados por una inocencia en decremento, fueran expulsados de aquel lienzo. Que la tinta que los contenia pudiera escurrirse por las paredes de su casa, y que bajando lentamente pudiera al cansarlo espesa en su confusión, y susurrarle todos sus males.

Con su ausencia en la casa se habia olvidado paulatinamente de aquella pintura, y ahora su recuerdo no podia significar mas que una ligera sensación de nostalgia cómica, al recordar aquellos temores aparentemente absurdos, pero que por alguna razon habian dejado instaurado en su pecho, una sensación amarga de que lo ridiculo no es siempre lo menos probable.

Su estadia efimera en su antigua casa le parecia de a momentos insoportable. Le iba molestando cada vez mas las charlas triviales con los que alguna vez fueron amigos de sus padres, o las palabras de reiterada condolencia de los leales sirvientes de su familia.

Le pulsaba la sien, y con el paso de los dias un fuego interno parecía querer emanar de su pecho furioso. Lo cierto es que las personas comenzaban a irritarle, peligrosamente. Incluso Frank, el mayordomo de estatura considerable que siempre jugaba con el en su niñez, cuando los dias eran mas largos de lo esperado y de sus padres no emergía ilusion pues se encontraban envueltos en formalidades opacadas. Ni de Carla, la sirvienta que habia ingresado en la casa con tan solo diecisiete años, y que habia sido como una segunda madre para el.

Los recuerdos se hacian cada vez mas amargamente nitidos, y su deseo en incremento por dejar la mansion atras no ayudaba a su inherente ansiedad. Tampoco lo hacia el hombre del retrato en la sala de estar. Cada vez que se disponía a leer algun ejemplar que danzara con su aparente amargura, notaba aquel rostro insoportablemente despectivo, como si pretendiera analizar todo rincon de su alma, y devolverle una mirada de reprobación.

Su obsesión por aquel antiguo retrato iba en incremento con el paso de los dias, como habia ocurrido en algun momento de su niñez, pero en la adultez los miedos se estancan en una mente atormentada, y puede muchas veces, convertirse en nuestro mas funesto enemigo.

Poco tardo en retomar sus antiguos habitos, los dias eran cortos y preferia camuflarse en la oscuridad de las noches. Su ser emanaba un aroma de humo y opio. Pocas veces habia sentido su vision tan borrosa y su sangre anestesiada, en el amplio sentido del termino, y en sus escasos momentos de sobriedad sentia como un desfile psicodélico de cadaveres danzantes le eclipsaban la razon. Ningun estado era completamente grato. y ni siquiera podia camuflarse en su viejo piano, pues estaba en la sala... y en la sala el hombre del retrato lo observaba, como si pudiera saborear todos sus pecados!!

Ni bien tocaba unas pocas notas, sentia su mirada penetrante en sus manos, que luego se levantaba para mirarlo directamente a los ojos, dedicandole una mirada asqueada que le daba a entender que nunca lo que compusiera seria lo suficientemente bueno.

Al entrar a su casa una noche como tantas otras, eclipsada en su esencia, un sudor frio le recorrio cada vertebra al ver los ojos verdes zafiro que emanaban del cuadro, siendo lo unico que iluminaba la habitacion lugubre. Con movimientos desesperados fue a prender el candelabro, las manos le temblaban, vomito su corazon acelerado, para volvérselo a comer junto con sus mas sinceros temores.

Una vez iluminada la gigantesca sala, sus ojos se posaron en el cuadro de aquel maldito hombre... nada. El retrato estatico se encontraba en calma, una sombra testigo de la escena le daba en la parte superior del rostro, dotandolo de un aspecto un poco tetrico pero que para nada denotaba algo demasiado fuera de lo comun.

Se dejo caer sobre el sofá forrado en cuero, el favorito de su padre, y con un vaso de licor en la mano se limito a contemplarlo unos minutos mas, no sea cosa de que aquel ser de tinta ,que empezaba a detestar, estuviera fingiendo, y que al despistarse, se riera a sus espaldas de su ser cada vez mas marchito.

Lo miro con enfado. Las sombras alternadas con la luz flamante de las velas dibujaban en el rostro del viejo un espectaculo lúgubremente dinamico, que parecia dejar entrever, sobre todo cuando las sombras llegaban a la region superior de sus ojos, un seño fruncido que delataba enfado.

Se paro bruscamente del sofa para contemplarlo de cerca. Las luces debilmente anaranjadas del amanecer comenzaban a brotar por la ventana. Se sorprendió de su propia actitud absurda, habia estado mirando el cuadro gran parte de la noche.

Cunado escasos centímetros lo separaban de aquella figura avejentada, lo miro penetrantemente esperando algun indicio de movimiento o expresion. Nada sucedio, y una risa histerica emergió de su garganta, la risotada en incremento desperto a los sirvientes.

como pudo ser tan absurdo? el pecho le dolia por la tensión y sus brazos debiles cedieron a lo inimaginable de una noche agotadora, dejando caer el licor sobre el candelabro con las velas aun en llamas. La llamarada incrementada alcanzo las opacas cortinas de ceda, ocasionando un debil incendio que rapidamente controlo, pero que en sus intentos desesperados por apaciguarlo, lo hizo tropezar y caer al piso.

Pero ni con toda la tinta de aquel cuadro delirante podria yo describir la expresion de horror que inundo el semblante del joven, pues tirado en el piso, pudo contemplar como el rostro decrepito del viejo se reia de su caida, dibujando una sonrisa burlona que engendraba todo lo tetrico de su alma enferma.

El peso de los años parecían caer sobre el como el peso de una escultura de plomo, los pensamientos danzaban en su mente como payasos burlones y sus recuerdos eran como un desfile de cadaveres decrépitos.

La risa fue sustituida por lagrimas frias y sollozos sordos. La poca fuerza que le quedaba en sus musculos debiles le alcanzo (impulsado por el terror que corria en sus venas como veneno corrosivo) para salir disparado de aquella mansión, para nunca mas volver... o eso pensaba.

Decidió tomarse el primer tren de retorno a su Universidad, donde pensaba que el mar del mundo de la ciencia podria contener sus delirantes pensamientos lo suficiente como para no pensar en todos los horrores de esos dias. Lo suficiente como para no adentrarse en si mismo. Sabia que el mar mas vil y tormentoso es el que corre por nuestras venas distensibles, y que una vez inmerso en sus profundidades, quedas atrapado en un circulo vicioso creado por nuestras propias limitaciones.

Pero fueron esos mimos pensamientos como circulos lugubres lo que lo hicieron bajar de aquel tren, y quedar parado en la nada con un semblante de implacable ira. Lo habia entendido todo!

Todo habia sido meticulosamente pensado... la muerte de sus padres, la mansión, el papeleo, el viaje, el cuadro!. Todo habia sido una vil y espantosa trampa para que perdiera el hilo de su mente. con que fin? no lo sabia, talvez simplemente el deleite de contemplar el dulce elixir de lo triste.

Si si! eso era! todo el mundo habia conspirado contra su vulnerabilidad y su mente debil.

Era tan profundo el odio que sentia por el mismo en eso momento al ser capaz de caer en aquella estupida trampa, que con las uñas afiladas comenzo a desgarrarse la piel de su antebrazo.

Sintio como una llamarada interna se apoderaba de el, quemandole los organos. La sangre ardiendo rugia furiosa en su interior. ¡Lo habian engañado! seguramente en ese preciso momento estaban sus sirvientes riendose de el. Franck y Carla con risotadas histericas burlándose de su ingenuidad, ¡ho esos malditos!

y el viejo... sentia penetrante en sus tímpanos, como un eco infernal, la risa grave y acentuada del viejo del cuadro.

Las cosas no iban a quedar asi, y lo unico que calmo finalmente su interior candente por la ira fueron los gritos que emergían de aquella mansión en llamas.

Finalmente todo fue silencio. Aquel noble silencio digno del entendimiento del que lo escucha todo, y del que no dice nada. Silencio sepulcral que enmudece los susurros pulcros y los gritos ensordecedores.

Silencio, al fin.. ya no estaban las risas, ya no estaban las voces.

20 de Octubre de 2021 a las 23:54 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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