eliana-firpo1610837272 Eliana Firpo

Primogénito del infinito, el amor, en cuyo seno, hasta la muerte puede morir. Historia gótica de amor de una princesa y un forastero, que tiene una extraña maldición...


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La rosa y el cuervo

Y allá rodeado por inmensos bosques de desconocida plenitud y, balanceado por las refrescantes olas que como un suave baile sus costas acariciaba, levantabase un pueblo a las afueras de la hermosa Dinamarca.

Pequeñas pero prolijas calles daban lugar a los puesteros, que cada mañana, complacidos por su rutina dispuestos a vender estaban, desde reliquias de lejanos pueblos había, hasta los mas deliciosos panes y dulces que se pueden deleitar.

De vez en cuando el aire era inundado por una hermosa melodía proveniente de los violines y flautines que los ciudadanos emergían, y como no faltar la tan conocida danza que, al escuchar dicha melodía ,parejas y niños dispuestos a bailar a las calles iban,

Amorosos los reyes que dicho pueblo gobernaban. Mirabellla y Justo se habían casado jóvenes, en esas épocas donde la piel poco dista a la suavidad de una flor, y desde ese entonces, grandes planes para su hermosa Dinamarca tenían.

Uno de los mas anhelados era la llegada de un hijo , que con rigidez y amor el pueblo en un futuro en sus manos dejarían, para que lo cuidara y respetara tanto como ellos. Pero los años pasaban y la pesadez del tiempo se hacía notar en las ahora agrietadas caras de los reyes y mas desesperante se hacia el deseo de un heredero al trono. Un sin fin de médicos, curanderos y magos a la reina habían visitado, e incluso los humildes habitantes del pueblo remedios caseros le habían recomendado a los reyes, sintiendo como propia la angustia que sentían.

Pero fue una mañana de primavera que, con mucha felicidad en los corazones de todos, la reina anuncia que esta embarazada de una niña. Miles fueron los llantos, aplausos y regalos que, mucho antes de la prevista fecha, llegaban al flamante castillo en donde viviría la princesa.

Y en ese lugar lleno de naturaleza y armonía, sana y salva crecía la pequeña Aurora, que con cada amanecer mas de gracia y belleza se llenaba, iluminando el corazón de sus padres y de todos los ciudadanos. Y a pesar de en soberbio lujo crecer, humilde la hermosa chica persistía.

Todas las mañanas de la mano de su madre hacia los puestos del centro de la ciudad se dirigía, con su delicado vestido cual pétalo de rosa y con su dorada cabellera danzando al ritmo del viento.

Al crecer comenzó a independizarse de sus padres, y al cumplir los diecisiete años ya hacía sola las rutinas por el pueblo, danzando al ritmo de la alegre música y saludando a los puesteros. Pero a pesar del carácter rebelde y aventurero de la chica, obediente a sus estrictos padres continuaba , y volviendo al castillo poco antes de las ocho, continuaba con la rutina de su real puesto.

Pero fue una de las tantas tardes de invierno, cuando caminando un tanto alejada de las calles que acostumbraba transitar, decidiose a tomar la ruta que daba a un soberbio bosque, poco transitado y en donde los rayos del sol parecían haberlo olvidado de iluminar.

Tan inocente e inquieto era el carácter de la chica que, sin pestañar, hacia el inmutable bosque se dirigió, contemplando la tan salvaje naturaleza de la que hasta ahora nunca se había percatado...

Y en un momento que poco distaba de la rapidez de una lágrima cuando cae, en una profunda oscuridad se vio tendida, contemplando el desconocido panorama que aun más hermoso era bajo el reflejo de la luna, una luna que parecía brillar mas fuerte esa noche que cualquier otra.

Pero la niebla que la rodeaba no fue problema para percatarse de la hermosa criatura que en un silencio sepulcral desde una abandonada estatua la observaba, y que en cualquier otra circunstancia un grito ahogado de los rojos labios de la chica hubiera producido.

Pero fue una sensación inexplicable lo que en ese momento el corazón de la chica paralizó , tal vez amor, tal vez admiración, tal vez miedo.

Tan oscuros eran sus ojos que casi se camuflaban en la misma noche que los rodeaba, pero al mirarlos comprendió porque la noche brillaba tanto. Arruinadas telas el desdichado muchacho vestía pero que no opacaban su sobrenatural belleza. Con unos rasgos que parecían personificarse del más hermoso poema y una voz que parecía una canción olvidada en la memoria.

De frente quedaron las dos hermosas almas que parecían del cielo habían caído, y como una rutina largamente olvidada las manos se tendieron, para hacerse paso en una noche que brillaba mas que nunca.

Sin saber si era ángel o chico lo que a su lado reposaba, pasó Aurora toda la noche contemplando al extraño forastero quien la miraba con unos ojos donde casi se podía rozar la infinidad.

Del tiempo se percató recién cuando los primeros rayos del alba la cara le acariciaron, separando sus labios por un segundo, segundo tan doloroso como diez mil espadas clavadas en el alma y, sin importarle ni un momento el sol que frente a ellos se levantaba, decidida a los brazos de su ángel volver quiso, pero ahora sus tristes ojos desde lejos la miraban.

Entendiendo que el momento de la despedida había llegado, y que hora era de volver a las tan amargas rutinas , pesadamente la chica se levanto, pero decidida a un siguiente encuentro al extraño ser que su alma había acariciado se dirigió:

- Cuál es tu nombre? Ho hermosa criatura de la noche, que con un suspiro mi alma congelar puedes, y de tan abrumadora belleza que eternamente tus ojos podría contemplar.

-Flentes es mi nombre, mi hermosa princesa, pero tanto he de amarte que obligado a pedirte que de mi te alejes estoy

-que absurdo pedido de quien de tan armoniosas palabras emerge, pues ni aunque el sol se apagara, ni aunque la luna de brillar dejara, podría yo de ti alejarme, pues parte de mi alma ahora a ti te pertenece

-No lo entiendes, oh inocente chica, el dolor me persigue y preso de una maldición eternamente seré esclavo, siendo tus bellos ojos lo único por lo que mi corazón late

-oh mi eterno amor, que es lo que te atormenta? como puedo yo hacerte escapar de tan funesto sufrimiento? pues no hay cosa que no haría por una sonrisa robarle a tu palidecido semblante

- fue en una lejana época, que por piedad la fecha exacta me guardaré, cuando yo reinaba en lo mas alto de las realezas inglesas. Con porte y gracia a todos los corazones agradaba, siendo el supuesto caballero mejor dotado de belleza y respeto que reinaba al lado de mi venerable padre, que en paz descanse. Pero de todos los corazones que pude atraer, atraje al mas frío, perverso y miserable. Margaret era una hermosa chica, pero que sus celos y envidia a su destrucción llevaron... y también a la mía. Perdidamente enamorada de mi estaba, y con sus implacables halagos de mi se obsesionó. Sus insoportables deseos de que mi amor le correspondiera cada vez mas fuertes y desesperantes se hacían. Pero el día que me arme de valor y entender le hice que mi corazón de ella nunca sería fue el mas doloroso y miserable de mi existencia, cuyo pavor en mi alma sigue tatuado, pues con tormentosas palabras y perversos conjuros en un abominable cuervo me convirtió , condenándome a volar solo eternamente por el cielo sin que el horizonte pueda tocar. Sin embargo, fue tanta la obsesión que por mi tenía que, para no olvidarse de mi rostro, una noche al año en hombre me convierto. Y a pesar de que su abominable figura hace siglos este mundo abandonó, su eterna maldición mi alma persigue.

y con los ojos como dos hermosas cascadas cristalinas al suelo cayó Aurora, y con la brusquedad de su movimiento, las palabras de su amado detuvieron. El bosque se llenó de un silencio denso como la niebla, que ya clarecía debido a los primeros rayos de sol de la mañana.

Suave caricia dedicó el forastero a la piel cual porcelana de la princesa, cuya mirada intentaba rozar el horizonte, en un vago intento de contener las lágrimas.

Cuando el sol se mostró en toda su plenitud, la soñada piel del chico de un lúgubre color se tiñó, color que le recordaba a la noche que de sábanas les había servido, y los tiernos labios que fueron su sagrado refugio en un voluminoso pico se tornó.

Y esa fue la ultima vez que la desdichada chica contemplo a su ángel marcharse por los cielos envuelto en pieles de un funesto pájaro, que con cada aleteo hacía aún más intenso el ardor que de su pecho emergía, ardor tan sofocante que la hizo caer en la húmeda tierra del bosque, cada vez mas húmeda.

Y como si no existiese nada mas en el mundo que el dolor , tendida estaba la princesa con sus lujosas telas manchadas de tierra y sin percatarse de que una nueva noche sobre ella caía, una noche en donde la soledad era su eterna compañía.

Pero la rapidez de una sombra que pasó por delante de su enrojecido semblante levantar la pesada cabeza la obligo, y sin percatarse de que una extraña figura se camuflaba nuevamente en la oscuridad de la noche, se levantó la princesa.

Contemplando el tan conocido escenario decidiose a marchar pero sin antes paralizada quedar ante la mujer que desde la rama media de un árbol la observaba, tarareando una canción que para nada coincidía con el estado de Aurora y dejando a merced del viento los rojísimos tules de su vestido que danzaba al ritmo de cada suspiro.

Palabra de su boca no salió, ni respiro, ni pestañeó, ni aparente latido, inmovil a contemplar a la princesa se limitó.

Y siendo la agitada respiracion de la rnamorada lo unico que el silencio corrompia, en huir penso la princesa pues dispuesta no estaba de ser testigo de otro extraño acontecimiento. Pues sus ojos nublados estaban, al igual que su corazon ,y con miedo a lo imposible, lentamente con paso lento retrocedia.

Un segundo por detras de su persona miro, para no tropezarse con algun tronco o roca hijo del ahora tenebroso bosque, en donde la luna no parecia brillar con tanta intencidad esa noche. pero... que tenebroso delirio corrompio a la joven! al percatarse de que la extraña figura en el árbol ya no estaba, sino detrás de ella.

- te marchas- repuso la extraña mujer, dibujando una debil y espeluznante sonrisa en sus aterciopelados labios, impidiéndole el paso.

Y siendo mas rabia que miedo lo que la princesa sintió , ahogados gritos dedico Aurora a la dama del vestido rojo, que ni por un segundo perdió su serenidad.

- Alejate de mi! Ho espeluznante figura que mi alma retuerce cual corazón en manos de carnicero y que mis sentidos nubla como un funesto velo de amor , pues hacerme daño no puedes al menos que de una real furia quieras ser testigo.

- tan importante no te creas, oh insolente chica, pues yo también reino en lo mas alto de un trono, y otra razón de estar aqui no tendria si intencion no tuviera de ayudarte con tu tan dulce alma en miseria.

Contemplando a la mujer quedo la princesa , notando como sus latidos se aminoraban y sus musculos se relajaban.

Era bella, no, muy bella! , de una palida piel que poco distaba a la palidez de la lunauna rubia y larga cabellera que un poco mas oscura a la de Aurora era, pero mas voluminosa, y que a pesar del insoportable viento que se levantaba, inmutable y con elegancia se movia , como danzando un baile antiguo que solo ella parecía conocer.

Y los ojos... Ho esos ojos! sorprendentemente grandes y que una feroz mirada le lanzaron a la joven como diez mil espadas abriendo la piel, ojos que no se comparaban con el mas funesto terror , pero que al percatarse del miedo en el semblante de la princesa, dulces y comprensivos se tornaron.

Y, como olvidar, la tan indescifrable sonrisa que al corazon mas valiente hacia detener, una sonrisa que claro dejaba quien tenia el control.

Pero sin demostrar el temor que su corazon sentia, paso se hizo la princesa esquivando la tan elegante figura. Esperaba que la siguiera o alguna especie de intento de reconsideración, pero nada de la mujer emergió, parada en el mismo lugar quedó , contemplando el horizonte y tarareando la tan inapropiada canción.

Ya a una distancia considerable se hacia paso Aurora entre los pastizales. El viento que soplaba hacia aun mas helada su cara empapada en lagrimas , y como una cruel tormenta que azotaba su alma , vio Aurora por un segundo la imagen de su angel , sus labios, su hermosa piel, sus delirantes ojos, su aroma que no envidiaba a la mas hermosa flor.

Y como lloraba al recordar el paraiso y no poder tenerlo, y cuanta fue la angustia que de su corazon se apodero tiñéndolo de un flamante y oscuro color que tan familiar le era . Y tanta fue la pena que la corrompia como porcelana al tocar el piso que por un momento detuvose en la implacable soledad del bosque, ho tan cruel soledad! tan silenciosa pero mas estremecedora que cualquier feroz grito.

Y sintiendo la tan humeda tierra sobre sus pies desnudos, en silencio contemplaba ahora a la misteriosa mujer , que de su sitio no se habia movido, pero que de tararear dejo, y con sus flamantes ojos como espadas de fuego el horizonte seguia mirando. Parecia ahora su figura una estatua largamente olvidada en un antiguo mausoleo.

- veo que has reconsiderado mi oferta hermosa chica- dijo la mujer del rojisimo vestido

- oh! si alguna posima para el retorno existe, o un libro donde se cuente la eternidad, o quizás una pintura que refleje el sonido de una lagrima cuando cae, dime espeluznante mujer! o quizás alguna receta para el dolor apaciguar, pues de una maldicion soy esclava bella mujer... por toda la eternidad!

Y sin cambiar ni por un segundo ningun gesto del apaciguado rostro que frente a ella se levantaba, tan calmado como un cementerio por la noche y tan helado como una rafaga de viento invernal el semblante de la mujer permanecio. Semblante que claramente contrastaba con la desesperanza de la princesa.

La mujer con el vestido de sangre repuso:

- oh bella princesa! de tan elegante presencia, en que maldicion te has ido a meter! pues el amor no se apacigua, ni se cuenta, ni se pinta, y es la dulce posima que de veneno el corazon inflama y que incluso luego de eternidades en su seno la muerte puede morir.

- Ho mujer de la noche, de tan elegante presencia, si tu poder supera tu belleza, ni por un segundo dudo de que mi alma podras tu apaciguar, pues si el amor padre de lo eterno es, que venga el primogénito de la infinidad, pues yo rozando el cielo me he de quedar buscando alguna estrella que brille mas que la mas hermosa de la que mi alma fue testigo, y si es necesario, en saco de ceda la guardare, para que nunca mas de mi se aleje por los cielos.

Y mostrando fingida mueca de dolor, la mujer con un rapido movimiento de rosas se vistio, desapareciendo los elegantes y colorados tules, dando lugar ahora a un hermoso vestido de petalos de rosa, que del mas hermoso bosque parecian haber salido y de los ojos que mas lagrimas de sangre dejan caer parecían haberse teñido.

- por cada vestido como este que puedas realizar- repuso la mujer con sus grandes ojos fijos clavados en los de Aurora - un año del eterno sufrimiento de tu amado se restara y, si la pasion en tu corazón arde, quizás como eterno hombre a tu lado reinara.

Y como un naufrago que se arrastra en las desoladas playas de la vida, Aurora con quebrada sonrisa y lagrimas de extraña procedencia... asintió.

- pero de algo debo advertirte , delicada chica cual rocío al pasto: ni palabra de tu boca emergerá ni lagrima de tus ojos caeran bañando los delicados petalos y tu cara con tan abominable tristeza, pues si de así ser , en hombre tu chico jamás se convertira, y esa noche que la eternidad por piedad les regalo, se consumirá como una desdichada alma arrasada por los fuegos del infierno.

El semblante de la mujer parecía haberse iluminado con estas ultimas palabras dedicándole una burlona sonrisa a la desdichada chica.

Y cuantos eran los pensamientos que en la mente de la enamoraba recorrian, pero mas eran las pasiones que de suspiros su corazon llenaban, e interrumpiendo sus pensamientos tormentoso ruido se escucho desde las cercanías del bosque. Era el galopear de los reales caballos y el tronar de las relucientes espadas de los guardias ,que con desesperados y alegrados rostros de su presencia se percataron, subiéndola con un ansiado y un tanto violento movimiento a un blanco corcel.

Se dio vuelta la princesa para contemplar a la extraña figura quien tan extrañas palabras le dirigió, pero no habia nadie, y como si el bosque se la hubiera tragado con toda su infinidad , con enormes ojos la buscaba la joven en un vago intento de ver la oscuridad en la oscuridad y ante su fallido intento, al castillo se dirigio la princesa.

Y las quebradizas hojas que teñían de marron el suelo y las copas de los arboles como un bello tapiz de terciopelo daban lugar ahora a una gelida capa de nieve , tan blanca, tan gelida.

Y en la vulgaridad del lujo pasaban los dias de Aurora, y en la miseria de la vida cantaba la luna para ella , haciendo no tan desgarrador el dolor de su alma , haciendo no tan desgarrador el dolor de sus ojos, haciendo no tan desgarrador el dolor de sus dañadisimas manos.

Los reyes desesperados estaban por el radical cambio de su dulce princesa, quien melancólica y desesperantemente silenciosa en la terraza de su habitación días y noches pasaba, tejiendo vestidos de rosas.

Cuando el tiempo se acercaba demasiado a la gelides de su semblante, seguía tejiendo cerca de la chimenea de la sala principal del castillo.

Frecuentes eran las noches en las que su madre, acompañada de dos o tres sirvientas, que sentian como propio la desesperanza de la reina, a la habitación de Aurora se dirigían, esperando el tan remoto milagro de que la princesa dormida se encontrara, y con delicadas pinzas, sacando espinas de las ahora vidriadas manos de la princesa horas pasaban.

Hablame bella princesa

Gritame si es necesario

Susurrame al oido bella poesia

O cantame como tus desdichados ojos me miran!


Palabra de su boca no salia

Sonido de su alma no emergía

Silencio, silencio

Silencio es lo que su corazón sentía


De que pesar tu alma sufre?

De que tormento he de liberarte?

Dímelo oh tormentosa chica!

Pues ya no puedo interpretarte


Lágrimas de sus ojos no caían

Lágrimas de su alma no emergía

Miseria, desgracia

era lo que su semblante trasmitía


Y fue una de las tantas tardes de invierno cuando salió Aurora de su tan amarga rutina, aferrándose a su blanco corcel. Se dirigió a un hermoso bosque, seguida por sus padres y cientos de guardias, que la miraban con expresión de miedo y de dolor.

El canasto que la princesa llevaba en la mano se llenaba cada segundo de rojas rosas, delicadas como la misma princesa que las sostenía, quien con movimientos un tanto desesperados, llenaba su canasta y su alma de cientos de flores, que darían lugar a cientos de vestidos.

Y como le recordaba esas rosas a su amado! de tan hermosos pétalos, de tan desgarradoras espinas.

Y los meses pasaron hasta que la conducta de Aurora se hizo indiferente a su entorno. Tan indescifrable y apasionada como un poema persistía la princesa.

Y fue aquella noche en donde la luna resplandecía con la pureza de una hermosa flor, aquella noche donde el viento había cesado y ahora parecía danzar una bella melodía que le acariciaba el delicado rostro con cada suspiro, en aquella noche donde su eterna maldición perdió su eterno sufrimiento por un segundo, como una lagrima encontrada en su mar de desesperanza, lo vio Aurora.

Parado en las afueras de su balcón su amado estaba, dibujando con sus delirantes labios una sonrisa, allí, tan cerca, tan lejos de poder dedicarle su eterna felicidad, su corazón.

Allí con una arruinada camisa que dejaba al descubierto su hermoso torso y que dejaba a merced del viento su oscuro cabello que poco distaba al color de la noche, que de fondo le servía. Como una hermosa pintura que duraría una noche, ay! solo una noche.

Esa cálida sonrisa por mucho bastó para reconfortar a Aurora, que sanó todos sus males. que cicatrizó todas sus heridas. Ya ni rastro del dolor persistía en la princesa, solo amor, puro como una flor, fresco como una rosa.

Los ojos de la princesa de miel se alimentaban, y del mas sagrado refugio parecía haberse calentado, formando ahora una dulce expresión, tan conocida.

A un lado dejó pétalos y aguja, tirando a su cama un vestido a medio hacer.

Se acercó con paso lento pero decidido a su eterna salvación, y aferrándose a sus telas como un náufrago que alcanza tierra después de que se le hunde el alma , contemplándolo quedo Aurora ,dibujando en sus labios una sonrisa largamente olvidada.

Era como el mas hermoso sueño que se desvanece en la mañana, tan rápido como un suspiro y apasionado como un poema.

Los oscuros faros del chico parecían iluminar diez mil feroces tormentas ,y con su palidecido semblante, mas blanco que nunca, a la princesa se acercó, agarrándole su delicado rostro con desesperación y temblorosas manos.

- Que te has hecho mi bella Aurora?

La princesa no respondió.

20 de Octubre de 2021 a las 23:40 0 Reporte Insertar Seguir historia
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