arosales Alvaro Rosales Riffo

Un terrible cataclismo se ha desatado en el planeta, causando la muerte de millones de personas y la aparición de extrañas criaturas y monstruos que acechan en la oscuridad. En medio de esta terrible situación, un joven citadino, cansado de la triste vida cotidiana en la que se encontraba, deseó que terminara todo...provocando así el apocalipsis. Ahora, consciente de su error, decide buscar supervivientes para resistir y luchar contra aquellas fieras y bestias que están en su camino, luchando por sobrevivir en un nuevo mundo reiniciado a los tiempos del Génesis. Y tú, ¿Podrás sobrevivir en este Mundo de Dios?


Post-apocalíptico Sólo para mayores de 18.

#esperanza #fieras #unión #apocalipsis #sufrimiento #criaturas #dolor #supervivencia
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Capítulo 1

No recuerdo como pasó, solo sé que sucedió. Ayer era un día como cualquier otro. La gente no se miraba entre sí porque estaban concentrados en sus teléfonos chateando o hablando con quien sabe quién. El Instagram era la moda y la gente ya no se hablaba presencialmente y cuando lo hacían se trataban con groserías o con tono golpeado, como si no hubiesen aprendido a hablar nunca en su vida con alguien.

El amor ahora se consigue por Tinder y ya no se habla de conquistar, sino de psicopatear. Los movimientos feministas abundaban como palomas que volaban en los cielos, eran una plaga. Por cualquier cosa la gente reclamaba hasta por el pelo en la sopa, no había tolerancia por nada, ni siquiera por los niños índigo y la televisión solo daba programas malos para hacer más estúpidas a las personas como los reality shows y las teleseries turcas, que no sirven más que para inculturizar a la gente y contagiarse de cosas negativas. Todos andaban acelerados por la vida y sufrían de depresión, cáncer e incluso había epidemia de suicidios, todo era malo y no existía lo bueno, todo estaba de cabeza y no se daba cabida para otra cosa.

Yo era de los pocos que trataba de vivir de forma tranquila tratando de no hacerme caldo de cabeza por los problemas que aquejaban a la sociedad, solo trataba de no ser otro peón más de ella. Deseaba que las cosas fueran como antes, que los amigos se acordaran de uno, que el decir te quiero no fuera motivo de violencia psicológica como lo propugnan hoy en día las feministas, que una atención, un saludo y un abrazo fueran cosas más valiosas que el dinero y los placeres carnales, que sonriéramos a la vida en vez de andar arrastrando el poncho como tristes amargados, que las redes sociales no existieran más y que lo real fuera la conversación cara a cara, diciéndonos las cosas como son y no adornadas mediante una pantalla, en fin, tenía tantos deseos...

La cosa es que nunca imaginé que aquellos deseos tan densos se hicieran realidad tan pronto. Quería en el interior que las cosas cambiaran para bien pero no que se desatara el apocalipsis de la forma como sucedió, sin previo aviso y tan intempestivamente. Quien lo hubiera imaginado así, quizás Dios…

De pronto mi casa se revoloteó entera como si la estuvieran moviendo de un lugar a otro, la tierra bramaba de furia, explosiones por todos lados, chispas de luz desde el horizonte que estaba oscuro y al final, un silencio sepulcral como de ultratumba. Los gritos se escuchaban en el instante que sucedieron aquellos temblores, pero cuando ya terminaron un silencio sepulcral se apoderó de todo el lugar. Era como si todos hubieran sido arrebatados de esta tierra para ir al reino de Dios o simplemente el planeta se los tragó para terminar en el fuego del infierno.

Lo único que sé es que cuando desperté, el día estaba nublado y oscuro, como si el mundo estuviera triste y desahuciado, y lo que vi después me mató de asombro: Toda la ciudad estaba destruida, no quedaba nada, ni siquiera el alma de un perro o el de una paloma.

Y una profunda tristeza se apoderó de mi corazón, un remordimiento de conciencia por los deseos que anhelaba conseguir lleno de rabia y que nunca imaginé llegarían a concretarse tan pronto. Busque una radio para haber si había comunicación, nada. Quizá en este lado del mundo se terminó todo y tal vez en el otro hemisferio todavía había gente pero era algo improbable. Busqué gente, nada. Busqué animales, nada.

Al parecer y por razones que aún no logro comprender pude sobrevivir al desastre, pero era el único con vida de entre cientos, miles, quizá millones que perecieron como resultado de este cataclismo. Tampoco estaba seguro de si todo había sido destruido, solo me importaba buscar objetos de primera necesidad, alimentos y algo de agua para mantenerme con vida en este mundo desahuciado y muerto, viviendo así en este Mundo de Dios.

21 de Octubre de 2021 a las 21:57 0 Reporte Insertar Seguir historia
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