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Un forjador y comerciante de artilugios especiales se ve afectado por una caída en las ventas y el desinterés de los nobles por los productos artesanales, cosa que lo lleva a viajar hasta el templo de Vir Ii, donde encuentra un pasadizo oculto construido por la familia de los Herreros del Caos. Él, siendo una línea de sangre menor, puede reutilizar los perdidos métodos para entregarlos a la Orden a cambio de una cuantiosa recompensa.


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Pueblo de Daar Gar

El creciente aumento en los casos de robo y ataque a aldeas llevó a buscar nuevos métodos de defensa y creación de gremios independientes al ejercito de Jan Aa Ile, lugar donde nació el gremio de herreros conocidos como los Herreros del Caos. Su método de forja requería el uso de ingredientes extraños y poco convencionales, pero sus primeros experimentos resultaron inestables. Sin embargo, una vez acabados, los resultados finales no tenían comparación con el equipamiento más simple, porque estos no ofrecían las mejoras, propiedades o resistencias de las creaciones del misterioso gremio.


Los innovadores métodos pasaron de generación en generación, recopilados en un libro común lleno de tachos, proyectos inconclusos y borradores que los reyes aspirantes al puesto del Heredero quisieron obtener. Pero la separada y dispersa familia de herreros, de mismo lazo de sangre o asociación interfamiliar, optaron por ocultarlo y escapar a distintas regiones del Continente, donde fueron protegidos u olvidados en los poblados más pobres y sin contacto con el resto.


Gaathe pertenecía a una línea menor, la cual no producía armamento o equipo, sino pendientes y talismanes a partir de ingredientes y rituales similares al utilizado por familias troncales. Y claro, vivía bajo el amparo de una divinidad en la para nada particular comuna de Daar Gar, nombre del tirano que la rescató y la proclamó bajo la leyenda del Cielo de cristal en homenaje a las temporadas de escarabajos de cristal que volaban antes de la primavera.


Era un muchacho de tez clara, largo cabello castaño, ojos claros y vestimenta de chamán, con túnicas azules, verdes y amarillas que recordaban al pensador Ammonio del Noreste. Tenía ojeras, porque la noche anterior se desveló en un peculiar ritual bajo la luna llena y su mediana hermana, que provocó estragos en los pueblitos costeros del Este con sus maremotos, enviados en búsqueda de la hermana menor, la cual escapó y se ocultó bajo el manto de Nev Eda Aad, dios de la noche. Finalizó en tiempo récord el Collar de Laguna que le habían encargado, de pequeñas esferas de plata y escamas de reptil adulto engendrado en aquellas tierras.


Del cielo cayó

La cola se extendió, hasta el Moor descendió

El gigante trepó, al humano miedo causó

Al cielo el elfo miró, escamas el gnoll conoció

Por los alrededores se deslizó


Leyendas recopiló

A los dioses cautivó

El descontrol arribó


Del fondo llegó el brillo cautivador

Del cielo llegó un morador

Del rastro, el río nació


Del Continente, exilió al dragón


Gaathe tenía grandes bolsas de heno dentro de su local de artilugios, de las cuales tomó un puñado y salió al exterior para alimentar a los corceles que los viajeros solían dejar en el establo contiguo, medida tomada por los pueblos para incentivar la compra de artefactos artesanales, los cuales requerían extracción y transporte de los poblados al Sur, próximos a las laderas.


—Buenos días, Sir Yan Aigda.

—Buenos días, Gaathe.


Yan Aigda era un hombre pelirrojo de cabello y bigote prolijamente cortados, vestido con una cota de malla, rodilleras y botas, de hombros grandes y puños al descubierto. Pertenecía a una familia privilegiada y era capaz de utilizar habilidades de fuerza y resistencia física, por lo que pocas veces alguien lo hacía desenvainar.


—¿Cómo le fue en su misión?

—He tenido mejores, pero lo conseguimos ¿Qué hay de las ventas?

—Ah, pues resultó ser verdad el pronóstico dado por el contador del pueblo.

—Sí, en Mésquita he oído algo similar. La venta de artefactos ha descendido y los nobles han perdido interés.

—Sin embargo, no me fue del todo mal. Aún tengo encargos.

—Eso es bueno. Gracias por el heno, pero debemos marchar. La Orden solicitó la ayuda de los guardias menores de la ciudad.

—Le deseo suerte.

—Nos vemos, Gaathe.

20 de Octubre de 2021 a las 19:23 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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El viaje comienza aquí...

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