catak4se Catalina Villalobos

La vida de Elena y Roberto parecía ser la de un matrimonio joven perfecto. Sin embargo, nada es lo que parece. Amores paralelos llegan a desordenar el castillo construido por la joven pareja y ponen de manifiesto los verdaderos intereses de ambos.


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#amistad #romance #engaño #contemporáneo #amor
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CAPÍTULO I

Dejé las llaves sobre la mesa de arrimo y sentí de inmediato el agrado de estar en casa. Las clases en el colegio cada día me dejaban más exhausta, realmente confirmaba día a día que no había nacido para ser profesora. Miré el retrato que estaba sobre la mesa, allí aparecíamos los dos, abrazados y sonrientes en nuestro día de boda. Recuerdo que Roberto estaba eufórico ese día, era un novio radiante, nunca lo había visto tan feliz. Fue una noche inolvidable. Con la nostalgia a cuestas caminé hacia la cocina y me preparé un sándwich. Mientras estaba en mi labor de untar el pan con mermelada, recibí un mensaje de Roberto:


“Elena mía, tendré que quedarme

haciendo horas extras en el trabajo.

Las cosas se han puesto complejas

en el ministerio. No me esperes

a cenar. Te amo.”


Otra vez –pensé–. Roberto trabajaba hace aproximadamente cuatro años en el Ministerio de Energía. Era un reconocido ingeniero, experto en electricidad y tenía un puesto muy importante allí. Nos conocimos en un congreso de ciencia y tecnología, yo estaba en mi último año de universidad, a punto de titularme como Bióloga Molecular y presentaba un proyecto que apoyaba en uso de energías renovables. Roberto se acercó a mi stand muy interesado en el proyecto, con una sonrisa pícara y su pelo castaño desordenado. Desde ese día no dejamos de hablar. Él siempre fue un hombre muy atractivo y sociable, recuerdo que yo también lo era en ese tiempo. En aquellos años, yo me sentía una promesa del campo científico, o eso me daban a entender mis profesores y encargados de laboratorio. Mi tutora de tesis, Svetlana, una mujer de unos sesenta años, con amplia trayectoria universitaria y actualmente una de las más reconocidas científicas del país, me ayudó a enviar mis papeles para adjudicarme una beca en Europa y así completar mis estudios haciendo un doctorado en mi área de interés. El día en que gané la beca fue maravilloso, lloré en su oficina y con Svetlana fuimos a beber a uno de los bares más lujosos de la ciudad. Ella pagó todo e invitó a los administrativos, profesores y personal de laboratorio que trabajaban en su departamento de estudios. Fue emocionante, todos reunidos, bebiendo y comiendo sólo para celebrar mi adjudicación. Sin embargo, ese mismo año, meses antes del inicio de mis estudios fue cuando conocí a Roberto. Todo se dio muy rápido entre nosotros. Él me juró amor para toda la vida y me pidió matrimonio a los seis meses de una relación apasionada y llena de promesas. En mi vida no existía nada más que él en ese momento, por lo que le dije que sí a casarnos en medio de una cena romántica en la playa que él mismo organizó.

Así ya cumplimos tres años de casados.

En relación a mi viaje y todo aquello relacionado con mi beca, la verdad es que ya nada queda. Tuve que cancelar todo: pasajes, trámites, visa, alojamiento, todo. En el laboratorio nadie podía creerlo. Creo que, al día de hoy, ni yo he podido entender aún cómo sucedió todo a cabalidad. Sólo sé que nos amamos mucho y ello nos ha llevado a ser un matrimonio muy joven. Estos años hemos construido toda una vida y un futuro juntos, vivimos en un departamento ubicado en un sector acomodado de la ciudad, él es feliz con su trabajo en el gobierno y yo trato de disfrutar cada día las jornadas de clases en el colegio privado donde me desempeño. Enseñar biología tiene su magia, de a ratos me conecta con mi propia infancia y sueños de adolescente, donde quería contribuir al conocimiento global y la ciencia.

Finalmente, esa noche me fui a dormir temprano. Antes de caer en un profundo sueño, le escribí a Isabella, mi mejor amiga de la universidad, para que nos juntáramos al día siguiente en algún café. Yo tenía muchas ganas de conversar con ella y desahogarme, ambas éramos muy buenas con eso de escuchar y hablar mucho. Ella respondió mi mensaje bastante rápido:


“Me parece perfecto Ele! Mañana

saldré antes del laboratorio.

Te parece si invito a Paolo?”


Isabella, Paolo y yo, éramos inseparables amigos en la universidad. Los tres estudiábamos lo mismo, solo que Isabella se especializó en biología marina, por lo que hubo algunos cursos que sólo compartí con Paolo. Él y yo fuimos muy cercanos, recuerdo que pasábamos tardes enteras en el parque juntos, mientras esperábamos que Isabella saliera de sus cursos de especialización. Éramos muy parecidos, reíamos de lo mismo y nos encantaba hablar de las películas de Pixar y las canciones de Coldplay. Una de esas tardes de conversaciones en el parque, Paolo me confesó que estaba enamorado de mí. Recuerdo que fue un momento muy complejo, yo lo quería mucho, sin embargo, no sentía la misma atracción hacia él. Por mi parte, lo nuestro solo era una amistad. Cuando le dejé claro mis sentimientos, hubo una especie de distancia entre nosotros, aunque extrañamente seguimos siendo amigos. Le ocultamos todo a Isabella, no queríamos romper lo que teníamos los tres. Claramente, todo eso fue una especie de contrato tácito. Ninguno de los dos se refirió al tema hasta el día de hoy. Por este motivo, frente a la pregunta que me hizo Isabella, le respondí en el chat que mejor nuestra junta fuera solo entre nosotras y le expliqué que esto era porque prefería conversar algo “solo para mujeres” (lo cual también era cierto). Ella respondió de forma muy natural:


“Perfecto querida. Será una tarde

solo de chicas, jajaja. Mañana a las

18.00 hrs nos encontramos

en el Café Irlandés. Besitos!”


Esa noche no sentí a Roberto llegar. Sólo lo vi que dormía profundamente cuando me levanté para ir al trabajo. Con mi ruido no se despertó, al parecer estaba agotado. Le di un beso en la mejilla antes de irme y salí de la casa.

20 de Octubre de 2021 a las 21:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
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