wereyes W. E. Reyes

En una misión de reconocimiento y rescate, el capitán abordo de la UWS Infinite descubrirá que su instinto será un gran aliado o su peor virtud.


Cuento Todo público.

#challengeroctubre #witchoctober #pacto
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I

Alguien en algún desconocido momento y lugar había dicho, al menos, eso creía recordar el capitán Roger Stevens acerca del déjà vu, que era algo así como un fallo en la realidad. ¿Por qué, se avizoraban aquellas entelequias en su mente…? En realidad él no lo sabía, lo que sí sabía era que: él era el descendiente de décima generación de los capitanes que tenían a cargo fragatas espaciales. Era una especie de destino atávico el hecho de comandar navíos intergalácticos, ya sea en misiones gubernamentales, científicas o como se presentaba en aquel momento… una misión corporativa.

—¡Papá baja las escaleras de una vez! —escuchó a su hija decir.

—Ya voy pequeña dictadora —sonrió pensando en la rocambolesca e hiperactiva mente de su hija— el último que llegue es un sapo —gritó Roger bajando tan rápido que olvidó que estaba con pantuflas de lana... y se resbaló en la escalera, golpeándose la cervical.

«Ya no sirvo para mucho», pensó el otrora capitán. «Ahora tengo que sorber con pajilla el agua. Me pregunto si al menos tendré la capacidad alguna vez como aquel científico del siglo XXI… Hawkins de avizorar una respuesta a ¿qué es el universo?» —Una amarga lágrima rodó por su paralizada mejilla.

Recordó, en la realidad número tres, cuando vivía en casa de sus suegros y Ana estaba embarazada de seis meses de su hija mayor. Roger bajando las escaleras del segundo piso resbaló y se golpeó la espalda.

Rodó por las escaleras y su suegro, le dijo:

—¡Menos mal que fuiste, tú!, por un momento pensé que había sido Ana, que alivio —dijo él.

No sabía, el porqué, pero aquella noche pensaba en las redondas curvas de su mujer, cuando ella era joven… y él también… Cuando el cántaro de la vida se encontraba a tope. Se fue a dormir con la añoranza y la amargura del nunca más. Pero soñaba y despertaba... una y otra vez.

—¡Ana! —gritó.

Observaba en las visiones de ensueño como su mujer se transformaba en una gelatina que se arrastraba cual babosa por el piso de la habitación.

En la realidad número dos escuchó en su mente:

«Capitán, desciframos el código de la entrada...».

La azul energía proveniente de la puerta lo desintegró en pausas de dolorosa agonía...

En la realidad número uno su fragata insignia la USW Infinite, llegaba el sitio de rendezvous, previsto por el comando central de la corporación, su misión investigar en el cuadrante de la zona ocho cerca de una de las lunas de Júpiter, la aparición del extraño objeto RBR-1966 del que provenía una llamada de auxilio cuyo código correspondía a una baliza terrestre. Tuvieron que romper una zona del casco del objeto, para poder ingresar a el, al no encontrar una entrada válida… Trataron de ingresar el capitán Stevens, el experto de operaciones, Robert Smith y la líder del pelotón de asalto, Denisse González. Los tres junto a los integrantes del escuadrón escorpión rojo.

El objeto se iluminó con un pulso de brillo amarillo.

«¿Qué es esto?», pensó el capitán.

—¡Capitán hubo un error de cálculo...! ¡Dana lo confirmó! —exclamó Smith por el intercomunicador!

Los cinco soldados de apoyo, que todavía se encontraban conectados por el cable de aproximación, fueron barridos por aquel latido de energía. La llama calorífera destruyó sus trajes de combate como corteza seca en un incendio, el extraño campo lentificó el espacio-tiempo. Roger pudo observar como, sus cuerpos desnudos eran abrasados y derretidos de manera paulatina como la mecha de una vela consumida en pausas. Los veía con llamas saliendo de sus ojos y bocas gritando hasta que sus inflamadas lenguas se tornaban en polvo de quemantes brazas, pero no los podía oír. La piel se les incendió primero, luego músculos, entrañas y finalmente los huesos.

Ellos tres habían alcanzado a refugiarse cerca de la supuesta entrada. Una bola de plasma del rifle de Denisse abrió un hueco en el casco, un segundo pulso sacudió la nave alienígena.

—Es un problema de sincronía… —gritó Robert.

Fue lo último que escuchó el capitán antes de ver como las cuencas secas y llameantes donde estuvieron los ojos de Smith se quedaron fijas en él, antes que también corriera la misma suerte junto con González.

—¡Por eso sólo ingresamos los tres en este abordaje, Smith! ¿Entiendes ahora?

—¿Esta bien capitán? No le he preguntado nada aún, o sea precisamente tenía esa duda, pero no entiendo ¿cómo se adelantó a mi pregunta?

—¡Instinto!, tarado, por el algo es el capitán —respondió la comando guiñándole un ojo al capitán.

—Pero insisto no me cuadran los datos… a no ser que tenga una bola de cristal.

—Aquí el hincha bolas eres tú —replicó la musculosa González a Smith mientras le enseñaba el dedo medio.

—¡Silencio ambos! —una vez más tenía la sensación de haber dicho eso antes— Robert, ¿Dana ya te entrego los datos de la cerradura?

—Sí, capi, estaba a punto de ingresarlos para abrir la puerta de entrada al siguiente pasillo.

—No lo hagas aún, revisa también a la derecha de la puerta, me pareció ver otro agujero de cerradura allá.

Smith se acercó e iluminó el lugar con su potente linterna y pudo comprobar lo dicho por Stevens.

—¡Está en lo correcto capitán! Pero apenas si se ve algo… ¿Tiene ojos de águila, cómo..?

—Y dale —Denisse le dio un manotazo en el casco a Robert—. A lo mejor es mago, déjate de preguntas no es un programa de concursos.

—Teniente González prepare su rifle de asalto. Robert procede a abrir la puerta.

La puerta se abrió entraron al la siguiente zona iluminada con una tenue luz cobalto.

—¿Hija me llevas a la puerta del baño por favor?

—Este edificio es bastante grande. ¿Dónde estará? —dijo la joven empujando la silla.

«Al fondo a la derecha», apareció como un comercial de segunda en su mente.

—¿Capitán?

—Continúen muchachos, al fondo a la derecha.

—¿Qué le hace pensar eso capitán? —dijo Smith— el escáner indica que la baliza está al fondo la izquierda.

—Una corazonada —le hizo un guiño a González— aunque en este corredor tengo ciertas dudas.

La nave onduló de nuevo he hizo trastabillar a Denisse, que pisó unas estructuras como pelos de carne que terminaban en un apéndice globular rojo. Estaban regadas por el piso en diferentes lugares. Gruesos tentáculos salieron del las paredes y los capturaron. González trató de zafarse, pero fue constreñida por el estómago hasta que se reventó por dentro; y vomitó una cantidad ingente de sangre espesa. Uno de los tentáculos con apéndices parecidos a espinas penetró por su boca y comenzó, girando como barrena, a sorberla lentamente: órganos, tripas, huesos gelatinosos y sangre coagulada se veían salir de ella a través de la extremidad traslúcida que la consumía. Los tres corrieron la misma suerte.

—¡Teniente no pise ahí! —dijo el capitán agarrando de un brazo a su comando— es peligroso.

Ella lo miró extrañada.

—¡Capitán me está asustando... escaneé esas cosas y son hostiles, según los datos que envió Dana! Le acierta siempre. Debiera jugar a la lotería...

—¡Estén atentos, miren bien! Esto esta lleno de trampas y defensas —dijo cuándo vio con pena como Smith se apoyaba en la esquina de una pared, presionando un punto azul que se hundió y provocó un zumbido.

Sus cuerpos fueron hechos carne molida por rayos de fulgurante azul que los rebanaron como cecinas capa por capa y luego repitieron la operación en perpendicular, en menos de un segundo.

—¡No te apoyes ahí, Smith!

Congelados.

—¡González junta los codos!

Quemados.

—¡Robert acá cuando caigamos, después del bamboleo, junta las piernas!

Decapitados.

—¡Robert, ese no era el código correcto, analiza el segundo artefacto también!

Derretidos en ácido.

—¡Teniente, no todo se soluciona con violencia no use el rifle ahí, aparte ese panel con la mano!

—Capitán es estadísticamente imposible que sepa todas las advertencias que nos ha hecho. Me lo comunicó Dana y usted sabe que es la mejor IA de la flota.

—No es momento de discutir eso.

El capitán observaba con asombro un relicario, amarrado a una cadenilla de oro, de forma redonda con el grabado, en el frente, de una peculiar forma: la sombra de un hipercubo. A todas luces parecía de fabricación humana.

Estaba sobre una especie de mesa de control llena aparatos parecidos a bulbos orgánicos, rugosidades y agujeros por montones. Levantó la reliquia con cuidado. En el anverso tenía extraños símbolos, lo abrió y encontró otras anotaciones.

—¡Dile a Dana que analice esto!

—Me informa que según sus bases de datos significaría algo como alianza.

«Sí, terrícola, es un pacto pronto nos comunicaremos contigo», escuchó Roger en su mente.

—Debiéramos salir por esta especie de ventana capitán. Smith la golpeó con el puño y la nave se desintegró de manera instantánea.

—¡No le pegues a la ventana, la salida es hacia la baliza! —exclamó Roger número trece.

18 de Octubre de 2021 a las 13:39 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

Conoce al autor

W. E. Reyes Cuentacuentos compulsivo y escritor lavario. Destilando sueños para luego condensarlos en historias que valgan la pena ser escritas y así dar vida a los personajes que pueblan sus páginas al ser leídas. Fanático de la ciencia ficción - el chocolate, las aceitunas y el queso-, el Universo y sus secretos. Curioso por temas de: fantasía, humor, horror, romance sufrido... y admirador de los buenos cuentos. Con extraños desvaríos poéticos.

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