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Remendor Ruiz


Este cuento narra la historia de un niño que debido a unos acontecimientos debe comprar un reloj de cuco, pero no todo será lo que parece y el reloj que parecía normal dará un vuelco en su vida que lo cambiará todo.


Cuento Todo público.

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El reloj de cuco

Nuestra historia comienza en el año 2019 en la región de Alemania, con un chico de 19 años llamado Edwin.

Edwin era un hombre alto, de aspecto pálido, ojos marrones y pelo castaño, siempre solía vestir con una camisa de cuadros y pantalones vaqueros, tenía un aspecto muy formal, en cuanto a su personalidad era un chico avaro, perspicaz y egocéntrico además de curioso e inteligente y le encantaba jugar al fútbol. Vivía con sus padres en una gran casa en la periferia de la ciudad, su familia era de un alto poder económico por lo que estudiaba en una universidad de alto prestigio, aunque su familia apenas estaba con él ya que viajaban constantemente. Edwin Estudiaba física cuántica en su universidad, a pesar de la dificultad de la materia sorprendía con sus altas calificaciones, sin duda le esperaba un buen futuro, pero debido a sus ansias de dinero y a su egocentrismo no tenía amigos, por lo que se pasaba las tardes estudiando o comprando.

Su casa era enorme y albergaba diez habitaciones, una cocina, siete cuartos de baño y un enorme salón, el cual daba acceso al patio exterior.

Sus padres, tenían un antiguo reloj de cuco exhibido en la sala de estar, el valor de ese reloj era de un alto precio. Un día decidió salir a su amplio patio a jugar con el balón, sin haberlo provocado el balón salió disparado de tal manera que chocó con el reloj que tenían sus padres en la sala de estar, lo que provocó la caida y la ruptura del reloj. Edwin, impactado por lo sucedido intentó pensar qué hacer, aún estaba a tiempo pues sus padres no volverían hasta dentro de una semana a consecuencia de un viaje de negocios. Pensando en una posible solución se le ocurrió salir en busca de una tienda para comprar otro idéntico.

Edwin anduvo por las frías calles de Berlín durante media hora intentando buscar una tienda de relojes, lo cual era un poco difícil porque en todas las tiendas que él encontraba vendían relojes digitales. Después de un largo periodo de tiempo encontró la tienda perfecta, donde quizá podrían vender ese reloj.

Edwin se acercó al mostrador y pidió al dependiente un reloj de cuco como el que tenía en su casa, al cual fotografió. El dependiente asombrado le dijo que era una clase muy especial de relojes que solo se vendían en Suecia, pero afortunadamente tenía una copia falsa de ese reloj, el dependiente le advirtió que el reloj ya estaba puesto en hora y que por nada del mundo le cambiara la hora al reloj, durante los cambios horarios el mismo reloj tenía la capacidad de cambiarse solo. Edwin pagó el reloj y se lo llevó, cuando salió de la tienda se quedó pensando en lo que le había dicho, pero no importaba, tenía el reloj y todo se había solucionado.

Cuando llegó a casa puso el reloj en su respectivo sitio como si nada hubiese pasado y tiró los restos del otro.

Al caer la noche, Edwin no podía dormir, le invadía la enorme curiosidad, ¿qué pasaría si cambiara la hora? ¿Por qué aquel hombre le advirtió de que no lo hiciera? Eran tantas preguntas que necesitaba resolver que no se podía quedar de brazos cruzados e ignorarlo, de un brinco se levantó de la cama y rápidamente bajó al salón donde se encontraba aquel reloj de cuco, sin pensarselo dos veces cogió la manecilla del reloj y la movió horas atrás, exactamente hasta las 16:00h lo que provocó que el cuco que había dentro del reloj saliera a dar la hora como en todos los relojes de ese tipo, fue algo rápido, la luna empezó a esconderse y el sol empezó a entrar. Edwin no podía creérselo, era de día, pero, eran las 0:00 cuando él se levantó, no podía entenderlo, ¿quizás habría viajado en el tiempo? pero ¿Cuando?, de la cocina un olor muy agradable a comida entró de lleno en su olfato. Este se acercó y se encontró el plato que el día anterior se había preparado. Estaba claro, había viajado un día atrás en el tiempo, eso quería decir que el reloj que estaba roto ya no lo estaba.

Edwin salió corriendo hacía el cubo de basura y no pudo observar ningún reloj en su interior, por lo que le pareció muy extraño, él recordaba haberlo tirado justo después de comprar el reloj, pero… ¿y si…? el chico entró corriendo a su casa y giró la manecilla de nuevo, esta vez no surgió ningún acontecimiento, estaba claro, al haber viajado atrás todos los objetos habían vuelto a su lugar de origen en esa fecha, el reloj que una vez había roto se había arreglado y había vuelto a la pared en la que había estado siempre, en ese momento salió despavorido de su casa y decidió volver a aquella tienda, debía comprar el reloj de nuevo, aquel reloj podría cambiarlo todo.

Al llegar a la tienda le pidió a aquel dependiente el reloj de cuco que buscaba, este de nuevo se lo entregó y le repitió las mismas palabras, el reloj se ajustaba solo y por nada del mundo debía cambiar la hora, Edwin ignoró una vez más sus palabras pues aquel viaje que hizo no lo perjudicó en absoluto sino que le benefició arreglando aquel reloj que él mismo rompió.

Cuando llegó de nuevo a su casa, ya era de noche. El chico subió rápidamente a su habitación, colocó el reloj encima de su cama y se quedó meditativo.

Cuando giró la manecilla hacia atrás viajó atrás en el tiempo, esta vez las giraría hacia delante ¿viajaría al futuro? Edwin, que era muy curioso, decidió probarlo. Y así lo hizo. Movió la manecilla a las 17:00h hacía delante y de nuevo la luna se ocultó y el sol salió en cuestión de dos segundos, miró su teléfono móvil y efectivamente eran las 17:00h del día siguiente, 6 de Junio.

No se podía creer que esto fuera real, ¿estaría soñando?, pero no estaba soñando esto era real y le estaba pasando.

Edwin decidió bajar a comer, pero no le apetecía cocinar sino que quería algo de su madre, encaprichado por su decisión subió de nuevo a su cuarto y giró la manecilla de nuevo esta vez cinco vueltas completas hacia atrás justo el dia de antes de que sus padres se fueran y fue de nuevo cuestión de siete segundos (esta vez un poco más) de su vuelta al pasado. Al llegar bajó rápidamente a comer la comida que le había preparado su madre, él se sentía poderoso, pensaba que podría hacer lo que quisiera en el momento que él precisaba oportuno.

Cuando acabó de comer subió de nuevo a su habitación, pero no pudo encontrar el reloj, ya no estaba. ¿Habría vuelto de nuevo a la tienda? Edwin de nuevo volvió a la tienda y le pidió al dependiente una vez más el reloj, el dependiente se lo entregó de nuevo y le volvió a repetir las mismas palabras que le dijo antaño. Edwin, que ignoró de nuevo las palabras, volvió a su casa y subió rápidamente a su habitación, en cuanto al reloj, lo dejó postrado en la cama mientras él simplemente se quedaba contemplando el reloj mientras pensaba. Edwin creía quel podría hacer que las personas que una vez lo despreciaron lo pagaran caro, podría adelantarse al futuro y hacer descubrimientos que serían mérito de otras personas, había tantas opciones que no sabía por dónde empezar, así que se decidió y se adelantó un año hacia delante para ver el proceso de evolución de los humanos en el futuro.

Giró la manecilla demasiadas veces hacia delante de tal forma que fueran un año, es decir, 365 veces, la primera etapa que logró ver fue 2020, donde una pandemia mundial había atacado a la humanidad, este sorprendido por el acontecimiento avanzó tantas veces que fueron más de año, la siguiente época a la que llegó fue 2045 donde una gran guerra nuclear había llegado y la humanidad estaba al borde de la extinción. Edwin, asustado más aún por lo sucedido, viajó años más adelante en el futuro, esta vez al año 2078 donde una raza superior a los humanos habían conquistado el planeta. Edwin se quedó perplejo por todo esto por lo que de un golpe magno giró la manecilla del reloj de nuevo, esta vez hacia atrás, quería volver a su casa. El golpe fue tal que la manecilla no paraba de dar vueltas hasta que finalmente volvió a su casa, pero cuando se paró a mirar el reloj estaba echando chispas y el cuco de dentro salía una y otra vez hasta que el reloj finalmente acabó rompiéndose y el tiempo esta vez se había parado, todo el universo estaba parado, no sabía cómo arreglar aquél reloj, velozmente bajó las escaleras de su casa con el gran reloj en las manos y salió a la calle en busca de aquel dependiente que le vendió el reloj, tenía la esperanza de que no se hubiera parado como los demás seres vivos.

Al llegar a la tienda el hombre le saludó cordialmente, el chico asustado y nervioso le dijo por favor que lo ayudara, a lo que el dependiente le respondió que iba a arreglar el reloj, era el único que podía pero que el chico recibiría su castigo por ignorar su advertencia, su gran castigo fue que por su avaricia y su obsesión por tenerlo todo viviría todas aquellas tragedias que la humanidad experimentará a lo largo del tiempo, aquella pandemia, la guerra nuclear y la invasión de aquella raza superior, sin embargo, le dijo el dependiente, estas no serán todas las tragedias que la humanidad experimentará, habrá muchas más y tú vivirás todas y cada una de ellas, serás prácticamente inmortal hasta el fin del mundo, hasta que la tierra se destruya físicamente. Edwin le preguntó la razón de aquel castigo tan injusto, a lo que el dependiente le respondió.

-Es nuestro castigo al jugar con el tiempo al igual que yo estoy encadenado a este castigo tu tendrás mi misma condena.

Y así fue, Edwin vivió durante millones de años hasta que por fin pudo alcanzar la muerte que tanto tiempo estuvo esperando junto con aquel dependiente.

13 de Octubre de 2021 a las 16:46 0 Reporte Insertar Seguir historia
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