bekacastle Karina Castillo

Misha Hughes es el líder de una organización galesa, su poder sobrepasa los límites desatando el caos cuando se enamora de una mujer a la que no puede tener, pues es la mismísima prometida de su hermano, quien desapareció con un propósito oscuro: entregarlo a la policía. Él ha desatado el infierno Un caótico infierno de lujuria y poder Sus demonios andan sueltos El rojo sangre de sus labios atraerá el pecado Y sus deseos más prohibidos desatarán a su bestia interior El mundo a su alrededor es un caos Porque la desea Y no puede tenerla Su éxtasis culminará su propia cabeza Ese apetito sediento lo estará destruyendo por dentro Y ella disfrutará verlo consumiéndose hasta que el fuego entre los dos sea imposible de cesar Y ambos ardan en una oscura pasión de hielo y fuego.


Erótico Sólo para mayores de 18.

#bekacastle #romance #mafia #accion #erotica
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CAPÍTULO 1. "DEMONIO PELIRROJO"

MISHA

Mi cabeza estaba a punto de explotar.

Estaba entre la espada y la pared, en un mundo caótico donde las sombras me perseguían.

La gente a mi alrededor vacilaba a mis costados. Me temían. Sus miradas divisaban las sombras en mis ojos. Ese ardiente infierno que me consumía estaba deslumbrando terror en sus rostros.

Tiré el cigarrillo al suelo, lo aplasté con la bota, y con los ojos entrecerrados, miré a la chica pelirroja a la que había estado observando desde hace unos meses desde las sombras.

Subí al auto, y miré a Fang, mi mano derecha.

—¿Has terminado?

—Sí. Quiero más información sobre ella. —la observé por el espejo retrovisor—. El maldito de Jean se fue con la caja. Si no regresa, ella será mi intercambio.

Fang me miró, atónito.

—No creo que ella sepa sobre Jean —dijo—. Tu hermano no es estúpido.

—Ese bastardo se llevó todo. —no podía dejar de mirarla—. Pero a ella no. Y quiero saber por qué.

—Porque ella no le interesa —Fang me colocó una mano en mi hombro—. Déjala. Solo vas a asustarla.

—Eso es lo que quiero provocar. Que ella tenga miedo y lo llame. Y entonces, mi hermano vendrá.

—No lo hará. Si se fue con toda la información y la dejó aquí significa que no le importa.

—O significa que ella tiene la información. Con ella. Tiene esa caja oculta en algún lugar. Necesito conocerla.

—Es arriesgado —me advirtió, apretó su agarre.

Me solté con brusquedad, enfadado.

—Solo vas a empeorar la situación. Deja que regrese. Y lo haremos confesar a nuestra manera, Misha.

—Entonces sería demasiado tarde.

—Descubrí pocas cosas sobre ella —me detuve al escucharlo—. No tiene una historia familiar impresionante. Sus padres fallecieron cuando era pequeña. Estudió Diseño de modas y tiene diplomados en Francia.

—Mi hermano no pierde el tiempo. ¿Qué más? —la curiosidad me estaba matando, y Fang lo leyó en mi rostro. Me leía como si viese su serie favorita.

—Está comprometida con Jean.

Alcé la vista, sorprendido.

No debería sorprenderme, Jean siempre habló del matrimonio, de la paternidad, de la buena vida. Una feliz al lado de una mujer que amara realmente. Pero no creí que con ella estuviera dispuesto a sacrificarlo todo.

—¿Compromiso? —repetí, absurdo.

—Sí. No deberías entrometerte, ella es especial.

—Es por eso por lo que me intriga. Ella, es, sin lugar a duda, la presa perfecta para traer a mi hermano de vuelta.

—¿Qué piensas hacerle? ¿Secuestrarla?

—No. Les daré un regalo de compromiso. Si esa chica cae a mis pies, entonces no se casará con mi hermano.

Bajé del auto.

SIAN.

La herida ardiente en uno de mis dedos no se había cerrado debido a que yo seguía abriéndola sin sentido alguno. Quizá por nervios.

—¿Has estado llamándolo? —Keyna, mi mejor amiga, no me dejaba respirar.

Asentí levemente sosteniendo el móvil entre mis manos.

—¿Y?

—Su agente dijo que estaba en un viaje importante.

—Es un idiota. —Keyna azotó su panecillo contra el plato.

La absurda idea de que mi prometido se había ido a un viaje de negocios era completamente una mentira. Lo sabía. Sus hombres lo estaban cubriendo de nuevo

—¿En serio vas a esperar a que él te diga la verdad?

—¿Qué se supone que debo hacer, Keyna? Jean no quiere que sepa sobre sus negocios, él prefiere que yo me concentre en mis proyectos personales.

—¡Tonterías! ¡¿Al menos te estás escuchando?! ¡Puede que tenga a una zorra para cogérsela mientras tú te quedas aquí, tomando un estúpido café conmigo!

—Jean no es así. —lo defendí.

—Llevas dos años saliendo con él, Sian, pero eso no significa que sepas todo del jodido imbécil que siempre te deja aquí sin decirte nada de a dónde va. ¿En serio se llevó todas sus cosas?

—No todas. —dejé el celular sobre la mesa y comencé a beber mi café.

—Entonces esculquemos entre las cosas que dejó. —se cruzó de brazos—. Mereces respuestas.

—A veces me asustan las respuestas, Keyna. ¿Qué tal si…?

—Lo que debes hacer es dejar de tener miedo. —ella tomó su bolsa y dejó suficiente dinero para pagar la cuenta de las dos sobre la mesa—. Iremos a tu departamento ahora mismo, no me importa si no quieres. Eres mi amiga y no dejaré que vuelvas a pasar las noches llorando porque no sabes dónde se metió ese idiota con el que te quieres casar.

—¿Tienen algún problema, señoritas? —mientras me levantaba, los ojos verdes claro de un joven que vestía una camiseta blanca de botones y un overol negro me inspeccionaron con atención.

Esa mirada era como un sigilo impregnador.

—Ninguno. —respondí, apresada en esa mirada.

¿Quién era y por qué había llegado en este momento?

No sonrió, pero sus ojos lo dijeron todo.

—Con permiso. —retiré la mirada mientras me abría paso, pero su brazo me detuvo suavemente—. ¿Necesitas algo?

—Quiero tu número. —habló directo.

—No te daré mi número. —aclaré.

¿Qué le sucedía a este sujeto?

—¡Claro que sí! Mira, ella es Sian y yo soy Keyna. Si me prestas tu celular yo te escribiré su número. —miré a mi mejor amiga con rabia mientras el sujeto le extendía su celular.

—No te contestaré. —su mano seguía tocando mi codillo.

—Insistiré.

—Idiota. —susurré por lo bajo.

—Está listo. —Keyna se lo devolvió, el rojo de su labial se había extendido fuera de sus labios mientras sonreía como una completa idiota. Keyna era capaz de esto con tal de alejarme de Jean, ella creía que lo nuestro no era romántico, sino aburrido y tóxico, debido a que Jean siempre se iba sin decirme a dónde iba.

Si estaba engañándome con otra mujer, él no se lo tenía muy guardado.

—Llámala pronto.

El sujeto me miró.

—Muero de ansias.

—¿Y tú te llamas…?

El tipo, cuyos modales estaban disfrazados en un hombre elegante, —o así parecía ser—, no me despegaba la mirada de encima.

—Me llamo Misha.

Me zafé del tal Misha en cuanto sentí que algo estaba muy mal.

Algo en este sujeto no está bien, pero a la vez sentía que lo conocía de algún lado.

¿Pero de dónde lo conocía?

—Debemos irnos, pero fue un placer conocerte Misha. Ella te llamará.

—Basta, Keyna.

—Si ella no responde lo haré yo, también te anoté mi número. —le guiñó el ojo.

—¡Keyna! —me alejé en cuanto fue suficiente.

Salí de la cafetería, y me dirigí hacia casa, aunque Keyna ya estaba detrás de mí para convencerme de llamar a ese desconocido.

—Eso fue estúpido. —arrojé mi bolsa a la sala después de haber entrado.

Keyna hizo lo mismo, corrió hacia mi habitación y comenzó a esculcar todo lo que podía.

—¡Si Jean se está portando como un idiota tienes derecho a salir con otros hombres!

—¡Esa es una idea de mierda! —me llevé las manos a la cabeza.

—¡¿En serio te quedarás ahí parada esperando a que él te llame?!

—No estamos haciendo lo correcto, me estás obligando a violar su privacidad, Keyna…

—¡Encontraré algo! ¡Y estarás feliz cuando descubra que se acuesta con otra mujer! —Keyna abrió el closet, y comenzó a golpear las maderas de adentro.

—¡Ya para!

—¡Jean esconde algo! —Keyna golpeó con todas sus fuerzas hasta que la madera se rompió.

—Esto es demasiado, Keyna, quiero que te vayas de aquí ahora mismo. —la expresión de su rostro cambió cuando metió las manos dentro del hoyo que ella misma formó, y sacó una caja negra de un tamaño mediano—. ¿Qué demonios es eso?

—Te dije que escondía algo grueso —se levantó con la caja en manos y la llevó a la cama.

De pronto, mi celular sonó.

Número desconocido.

—Debe ser Misha, ¿por qué no le respondes?

Yo… miré la pantalla del móvil—. No lo haré. Me niego a hablar con un desconocido.

—Esta puede ser tu oportunidad para escapar, así que haz algo estúpido una vez en tu vida.

Esta es una maldita pesadilla.

—¿Qué quieres? —contesté el teléfono mientras Keyna averiguaba cómo abrir la caja.

Keyna se movió rápido para encontrar un cuchillo.

—Soy Misha Hughes.

Me congelé en el momento en que escuché ese apellido.

—¿Quién eres?

—Soy el hermano de tu prometido. —respondió al instante—. ¿Podemos vernos? Tenemos qué hablar.

Colgó.

—¿Dónde está Jean? —mis ojos estaban acechando a Misha con profundad.

Ese presentimiento de que lo conocía de algún lado era esto, era su apellido, sus ojos, la quijada perfecta que poseía. La certeza de sus palabras. Solo decir lo que debía decir sin decir nada estúpido.

Era preciso, temible, neblina oscura que rodeaba su ser.

—No lo sé.

—¿Entonces qué es lo que quieres de mí? —miré a mis costados, había dos guardaespaldas como cuando Jean y yo salíamos, se sentía exactamente igual.

Ser vigilada por escoltas vestidos de negro y con micrófonos dictando órdenes era sumamente aterrador. Un hombre llamado Fang lo acompañaba, estaba sentado en una de las sillas bebiendo cerveza.

—¿Por qué me sacaste de mi casa a las dos de la mañana? ¿Solo porque quieres saber sobre tu hermano? Quiero decirte que se fue desde hace días y no responde el teléfono. —mi voz sonó colerizada, tal vez enferma por todo lo que yo estaba sufriendo en el interior—. No tengo nada de él, no sé nada de Jean. Así que si me buscas para encontrarlo, no soy la persona correcta.

—No estoy aquí para ver a mi hermano.

—¿Por qué estás aquí?

—Mírame —su mano sostenía una copa de Las piedras Cabernet Sauvignon Paul Hobbs, un vino tinto muy caro en Gales.

—No tengo nada de Jean. No dejó nada. Solo problemas que tengo que resolver yo sola.

—¿Tú sola? —se rio—. ¿Crees que estás sola en esto?

Lo miré intentando descifrar qué era lo que quería, pero simplemente no entendía nada de lo que estaba sucediendo.

Misha golpeó la mesa con su mano, provocando que la copa cayera al suelo.

Me exalté, me abracé a mí misma pensando en que todo esto pasaría tarde o temprano. Pero no, este sujeto tenía malas intenciones, éstas se podían percibir de inmediato mientras me miraba.

—Mi hermano te hizo como una marioneta a la que puede manejar.

—¿Qué mierda sale de tu boca? —me levanté de improviso, pero los guardias me empujaron de los hombros hacia abajo obligándome a tomar siento.

—Te diré una cosa, cariño. No puedes salir de su mundo una vez que entraste. —su rostro estaba rojizo—. Es difícil que pases desapercibida. —me rodeó con sus brazos, aprisionándome contra la pared. Sentí una especie de fuego que lo rodeaba como si fuese un ángel encendido en llamas—. Si piensas que es difícil encontrarte estás muy equivocada, demonio pelirrojo.

—No me toques. —lo abofeteé cuando una de sus manos rozó mi barbilla.

De inmediato, él me tomó de las manos conteniéndome.

Su aliento a cigarrillo acarició mi boca provocándome una sensación de temor.

—No te tengo miedo. —lo miré a los ojos—. Jean me contó sobre ti una vez. Dijo que eras un miserable hijo de puta.

—No sabes lo que dices —humo salía de su boca y sus narices.

Misha tenía los ojos rojos como un demonio desquiciado.

—Soy lo único que no tienes de él, Misha. ¿Eso te pone furioso?

El silencio era peor que oírlo hablar, pero Jean dijo que su hermano, cuyo nombre jamás mencionó, era tan devastador como un tornado. Misha era todo lo que yo esperaba, era temible, misterioso, era un miserable disfrazando sus secretos. Jean dijo que Misha le había destruido la vida, que él siempre quería hundirlo en su misera.

Jean dijo que Misha intentaría llevarse lo único que Jean tiene que él no.

Yo.

Sus ojos se movían con peculiaridad, lágrimas cruzaban el carmesí colérico de sus pupilas. Metió la lengua por el interior de su cachete, haciendo que se formase un bulto peculiar

—No quiero hacerte daño, así que no me hagas enfurecer, demonio pelirrojo. ¿Entendido?

No respondí.

—Tomaré tu silencio como una muestra de tu agrado hacia mí.

Púdrete.

—Me gustas. —confesó, mirándome de pies a cabeza—. Me gustan tus ojos y tu cabello. Y me gusta tu actitud, eso te está volviendo interesante.

—Vete de mí vista ahora mismo antes de que llame a la policía.

Misha se rio, y sobó mi cabeza tratándome con ternura.

—Es lindo que aún pienses que la policía podría ayudarte cuando se trata de mí. —se dio la vuelta—. Soy Misha Hughes, que no se te olvide.

—No me importa quien seas, solo quiero que me devuelvas a mi novio.

—Te daré algo mejor que tu novio, solo espéralo.

18 de Octubre de 2021 a las 01:38 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Leer el siguiente capítulo CAPÍTULO 2. "CASTIGO INFINITO"

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Leonardo Nin Leonardo Nin
Hola señorita Karina, leí este primer capítulo y déjame decirle que se ve interesante. Casualmente lance una historia con una temática parecida, aunque no tanto, se llama "Distintos Seres". Para que la lea. Estoy en otra lectura, pero cuando termine de leer la otra obra, leo la de usted. Saludos :)
October 27, 2021, 00:07
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