catak4se Catalina Villalobos

Celina, una mujer joven e independiente, vivía un romance por internet con Domingo mientras se encontraban confinados en sus casas en medio de una pandemia global. Lo que no sabían era que al encontrarse frente a frente, la realidad sería otra cosa.


Romance Contemporáneo Todo público. © TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

#mujer #amortóxico #engaño #pandemia #romance #amor
8
371 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

CAPÍTULO 1

Vivía una historia perfecta. Creía que nuestra historia era la de dos solitarios que se encontraron un día conversando por internet. En las videollamadas grupales del trabajo yo solo miraba su rostro, escuchaba su voz y almacenaba en mi memoria cada una de sus ideas. Habitábamos un planeta destinado al confinamiento debido a una pandemia global y en medio de la red de conversaciones, sólo estábamos él y yo. Comenzó a enviarme mensajes privados en la plataforma de conversación, hasta que una noche nos quedamos solos, conversando y mirándonos a través de nuestras cámaras de la computadora. Así pasamos meses, casi un año, hasta aquel día.

Marioli realizaba su fiesta de cumpleaños cada año en un lugar distinto. Para celebrar sus 28 veranos fuimos al mejor bar de la ciudad, donde reservó una mesa e invitó a todo su circulo social. Para sus 29 años, fuimos de viaje a la costa y frente a la playa bailamos canciones pegajosas y cantamos frente a una fogata. Pero este año cumplía 30 años y como acababan de quitar las cuarentenas de las provincias, nos invitó a su casa en las afueras de la ciudad. Seríamos los mismos invitados de siempre, nada podía salir mal.

Nosotras éramos amigas desde la universidad y nos conocimos al encontrarnos en el curso de relaciones internacionales en Asia Pacífico. Ella estudiaba licenciatura en ciencias políticas y yo estudiaba administración pública con mención en derecho internacional. A ambas nos encantaban los debates y bueno, comentar algunos chismes con un café cortado y galletas. Ella con su chispa, su sonrisa y su aroma a flores se sentó a mi lado y me preguntó si podía enviarle la grabación de la clase (yo grababa todas mis clases) y claro, obviamente acepté y así comenzó nuestra amistad.

Aquel sábado, como antes de cada cumpleaños, ella me llamó a las 19.00 horas para preguntarme si estaba lista o si ya iba de camino a su casa. Yo, como siempre, a medio vestir, le dije que estaba a punto de salir. Cuando estuve lista, tomé un taxi a través de la aplicación de mi teléfono y me dirigí a su casa pensando en él, el hombre de las conversaciones por internet: Domingo. En el taxi sonaba la radioemisora de moda. Habían muchas canciones que me recordaban a él, pero la principal era Iris de The Goo Goo Dolls, un tema musical antiguo, que claramente una mujer cerca de sus 29 años conoce.

Llegué, me bajé del auto y me sentí cómoda de inmediato. Conocía la casa de Marioli a la perfección, después de cada noche de fiesta juvenil nos quedábamos en esa casa, era una construcción modesta pero amplia, de dos pisos con faroles en la entrada. Hasta el día de hoy ella sigue viviendo con sus padres, en cambio yo, me fui de casa cuando mis padres decidieron divorciarse por culpa de “terceras personas”, un tipo de eufemismo para evitar decir engaño o infidelidad.

Antes de entrar miré mi teléfono, eran las 20.50 horas, pensé que aquel atraso tal vez me costaría un abrazo de disculpas y yo, en realidad, no era muy buena con eso del contacto físico. Cuando entré, Marioli corrió a abrazarme, estaba muy feliz y se veía radiante, llevaba un vestido verde esmeralda con piedrecitas en el escote, labios rojos y su pelo ondulado que olía a flores, fue un agrado abrazarla. Caminé por un pasillo largo que se encontraba junto a la escalera y que terminaba en el patio de la casa. Mientras caminaba, pensaba que quizás mi tenida era un poco aburrida para la ocasión. Llevaba unos jeans negros y una blusa gris con algunos destellos, mis zapatillas urbanas y una mochila de salir. Cuando llegué al patio trasero todos me saludaron sonrientes, pero yo solo recuerdo haberme fijado en un rostro: el de Domingo.

Domingo nunca me habló mucho de su vida privada, solo sabía que era ingeniero químico y que trabajaba en un laboratorio internacional conocido con base en este país. Él siempre tenía muchos temas de conversación, por lo que nuestras noches se lidiaban entre política, salud, química, historia y música contemporánea. Él sabía todo de mí: la situación de mis padres, mis problemas existenciales, mis sueños e intereses. Sin embargo, hasta ese día, no me había dado cuenta que mantenía una relación a distancia con un extraño. Su risa encantadora y envolvente, sus palabras, elocuencia y sus destellantes ojos verdes no me dejaron ver aquello que luego me haría tanto daño.

Aquella noche, el problema principal no fue haber visto a Domingo, es más, hoy podría decir que fue extraordinario darme cuenta que mis pensamientos e imágenes de él se plasmaron en un acertado retrato de carne y hueso. Lo que destruyó mi alma fue verlo con otra mujer, con Dalia. Estaban de la mano, con copas de espumante brindando felices. Frente a ellos estaba yo. Sentí como si mi tráquea de pronto estuviera a punto de cerrarse, ese instante fue infinito. Recuerdo que Marioli me preguntaba qué me pasaba, me sentaron en una silla, respondí que estaba fatigada, que no había almorzado. Nadie entendía lo que pasaba, sólo yo.

4 de Octubre de 2021 a las 22:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
2
Leer el siguiente capítulo CAPÍTULO 2

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 9 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Historias relacionadas