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Nerea Genovés


Arthik es el rey de Darilia, un reino congelado que es atacado por vampiros y que tienen como líder al Conde Luka. Ambos quieren luchar por su pueblo y por ser quién tendrá el poder del reino, aunque su pelea política podría terminar convirtiéndose en una pelea por el corazón del otro.


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#reinos #brujas #vampiros # #Fantasia
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Capítulo Uno

Darilia era un reino rodeado de mar por todos sus costados. Aún así, el vasto terreno podía sentirse interminable para los habitantes. Desde siempre había sido un lugar gobernado por el bosque y el terreno montañoso, sin embargo, tras una crítica maldición el reino se convirtió en un lugar de tierras congeladas y grandes bloques de hielo que cambiaron por completo el ecosistema de la gran isla.

Las plantas comenzaron a morir, la fauna a extinguirse, pero no todo fue a peor, pues algunas plantas fueron capaces de adaptarse al cambio de la misma manera que algunos animales comenzaron a asimilar la nieve que caía cada día como algo natural para ellos y sobrevivieron al frío bajo cero que acechaba en busca de la muerte de todos.

Los habitantes también tuvieron que adaptarse, aunque para muchos fue imposible y, lamentándolo, tuvieron que partir al reino vecino que se encontraba a tres días en barco.

Pero las décadas habían pasado desde ese momento, hacía más de mil años que el reino se había congelado y que Darilia había sido un lugar apartado del resto de continentes, etiquetado por ellos como "deshabitable", algo que era una mentira nacida del desconocimiento, pues nadie se acercaba al reino.


Arthik despertó temprano, el Shoun aún no se asomaba y la oscuridad se cernía sobre las aceras de toda Darilia. Abrió las ventanas de su habitación de palacio y sonrió viendo su reino bajo él, aún dormido.

La cama comenzó a hacerse sola y el se dio un baño de agua templada, conseguir que el agua llegase caliente era todo un esfuerzo que solo se lograba a base de magia y era un recurso importante y, sobre todo, caro, pues la gran mayoría no sabían sobre ello. En cuanto a los poderes, eran seres analfabetos.

Salió mirándose en el espejo. Su cuerpo era delgado, blanco y lampiño. No tenía demasiado músculo, su espalda era ancha, aunque no tenía nada que ver con las grandes espaldas trabajadas de la guardia real que solía acompañarle.

Se secó el cabello albino, era un color común en Darilia, todos se habían adaptado a la blanca nieve y el hielo azul que cubría la zona. Lo extraño era ver colores oscuros por la zona. Incluso los animales eran en su gran mayoría albinos, pues, si no era así, eran más fáciles de cazar, la naturaleza era sabia.

Un color extraño que Arthik portaba en sí era el de sus ojos. Verdes como la hierba creciente en primavera, recordaba al tiempo pasado del reino en el que ese tono se extendía por su vasto terreno. Aquello, no solo lo hacia diferente, sino que también lo hacía sentir acomplejado por ello, pues todos los demás tenían claros ojos azules que se asemejaban al hielo que los rodeaba.

Al bajar al salón comedor se encontró con la persona que más le hacía sonreír en todo el castillo: West. El pelirrojo de ojos grises estaba esperando a su amo para comenzar con el desayuno. La mesa estaba servida y se encontraban con zumo de naranja importada recién exprimido, tostadas con aguacate y galletas con chocolate.

—Amo, todo está listo.

Arthik lo miró mal frunciendo el ceño.

—Llevo años diciéndote que dejes de llamarme Amo, solo "Arthik", yo no soy amo de nadie. Además, tengo diecinueve, me haces sentir extremadamente viejo, por favor.

—Al menos me gusta llamarlo de tal forma cuando estamos con alguien más—dijo mientras una mujer del servicio dejaba los cubiertos que faltaban sobre la mesa y hacía una reverencia hacía Arthik—. Aún así, a todos os tengo dicho que no hace falta que me tratéis con tanta cordialidad. Mis padres amaban eso, no yo.

La cocinera se marchó de vuelta a su puesto se trabajo mientras que se escuchaban pasos por las escaleras. El cabello albino desordenado del hermano menor del rey hizo que comenzase a reír.

—¿Con quién te has peleado esta noche?

Damien le dedicó una mirada asesina a su hermano con los ojos entrecerrados por estar recién despierto. Después de un bostezo, les deseó buenos días y se sentó en la mesa comenzando a comer el gran desayuno que les habían preparado.

Tanto Arthik como West se sentaron y comieron sin mediar mucha palabra. El alimento muchas veces escaseaba en aquella tierra tan poco fértil, solo podían tomar alimentos nacidos de hierbas mágicas como los árboles de hielo y las uvas de cristal.

Damien se levantó tras la comida y avisó a su hermano de que se marchaba al cuarto a estudiar.

—Se te quedará cara de libro, ah, eso explica tus expresiones faciales—bromeó metiéndose con su hermano.

Damien solo rodó los ojos, era el menor pero solía ser mucho más serio que su hermano y, aunque sabía de la imposibilidad de ello mientras que Arthik estuviera vivo, esperaba ser él quien reinase en Darilia.

—Me marcho.

Vieron como el albino volvía a subir las escaleras y se perdía de vista para ellos. El rey se giró a West sonriendo.

—¿Damos una vuelta hoy?

—¿No tienes papeleo?—le trató de "tú" en esos momentos en los que no había nadie más que ellos dos.

—Sí, peeero, puedo hacerlo después—sonrió como si aquella excusa fuera buena. Si él se lo creía, quizás sería capaz de convencer a West de que lo era.

—Luego siempre andas quejándote de que se te ha acumulado todo para el día de la fecha de entrega.

—Bueno, soy el rey, técnicamente, la fecha de entrega la pongo yo, así que porque esperen todos un poquito más no les va a pasar nada de nada.

West alzó una ceja.

—Bien, vale, sí, tienes toda la razón, me voy a poner a ello. Pero que conste que es porque soy muy buen rey, me importa mucho mi reino y quiero lo mejor para todos, no por ninguna cosa como que me hayas hecho sentir culpable por mis palabras o algo por el estilo.

—Entiendo, entiendo—sonrió West—. Me alegra que seas un rey tan dedicado a tu pueblo.

Ambos marcharon al despacho del rey y West se sentó en el sillón de pelo que allí había y ronroneó cual gato haciendo sonreír a Arthik.

—No te afiles las uñas en él—le advirtió al ver como se estiraba.

—Jamás haría eso con mi segundo lugar favorito para dormir.

—¿El segundo?—alzó una ceja—¿Y el primero?

—Tu cama.

La respuesta provocó un leve rubor en las mejillas blancas de Arthik y el pelirrojo sonrió un poco al verlo nervioso ante su respuesta.

—Sabes que estar contigo es mi pasatiempo favorito.

El rey asintió.

—Es solo la forma en la que dices las cosas...—susurró— Debo trabajar—cambió de tema con toda la premura que la única media neurona con la que contaba le permitió.

West no hizo por continuar la conversación, algo que el rey agradeció de sobremanera.


Terminado el trabajo, la tarde había llegado. West había insistido en la pausa para comer, pero habían terminado por no hacerlo por ordenes de Arthik que no quería parar con la documentación para nuevas importaciones de alimento y exportaciones de materia prima exótica de Darilia en esos momentos que había llegado a las partes que él denominaba: "más interesantes".

—Al final el paseo matutino será más bien nocturno...—susurró West.

—Deberías haber comido.

—No si tú no lo haces.

—Soy un brujo, tú un hombre lobo, necesitas mucho más alimento que yo, no me hagas repetírtelo cada día.

West infló los mofletes como un niño.

—Me da igual.


***


Arthik bostezó tras lavarse los dientes en el baño que daba a su habitación, había sido un día agotador, de mucho trabajo, pero había adelantado todo lo atrasado y había preparado contratos para las semanas posteriores, por lo que el Arthik del futuro iba a estar muy feliz.

Entró en su cuarto y vio las cortinas blancas ondear por el frío aire del invierno permanente en el que vivían. Se sorprendió por ello, estaba seguro de que había cerrado el ventanal que daba al balcón para que la nieve no mojase el parqué de su habitación, sin embargo, ahí estaba, abierta. West no estaba por allí, habría dicho algo al pasar y, como mínimo, habría llamado a la puerta como siempre hacía. Sin embargo, nada de eso había ocurrido. La puerta estaba cerrada y al asomarse al balcón no vio a nadie. ¿No había nada allí? ¿Había sido todo producto de su imaginación? Era lo más probable.

Sin embargo, cuando se giró dejando atrás el balcón se encontró frente a él un hombre vestido por completo de negro.

—Hola, Arthik.


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¡Hola! Esta es la primera historia que subo y espero que os guste. Aquí comienza una historia en la que he estado trabajando.


¡Espero vuestros comentarios!

26 de Septiembre de 2021 a las 16:06 0 Reporte Insertar Seguir historia
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