C
Camila Modini


"Esta chica se encerró en su cuarto, se desnudó frente al espejo y, en ese instante, comprendió a lo que se refería el ángel: su cuerpo era el material del pecado y la cuna del deseo, que el deseo es el pecado original. Se sintió avergonzada, tanto ayer como hoy, y sin embargo, el trabajo estaba hecho. Deseaba al deseo y el deseo estaba en ella."


Cuento Sólo para mayores de 18.

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I. Ángel

A los veintiún años, esta chica decidió que su vida no valía lo suficiente como para merecer un nombre, tener una historia, ser considerada humana. Esta crisis existencial, causa y/o producto de una depresión sin comienzo ni final aparentes, fue lo que la llevó al único lugar en el que saben tratar a criaturas como ella: La Casa de las Brujas, una mansión en medio de algún plano astral al que sólo pueden viajar quienes en algún momento estuvieron en la misma situación que esta chica, desprendidos de su humanidad y de todo lo que ésta conlleva.

―¿A qué has venido?

Esta chica se encontraba en medio de una sala roja con muebles revestidos en terciopelo, rodeada por una orgía enmascarada, vestida con apenas un camisón que protegía aquello que más ambigüedad le provocaba: el cuerpo que le gustaba con culpa y que no había aprendido a amar. Delante de ella posaba quien sería el director de la orquesta/orgía, un digno modelo para las esculturas renacentistas de Lucifer, un rebelde y lujurioso ángel caído.

―¿Qué es lo que estás buscando?

Hacía preguntas que esta chica no sabía responder, pues al haberse deshecho de su existencia, también había negado cualquier tipo de conocimiento y callado cualquier voz.

―Es pura, una niña virgen de labios ―La delató una mujer.

―Ah, se trata de eso. Ahora lo entiendo todo. Pobre criatura.

El ángel le tomó la cara entre las manos con delicadeza, una sensación que probablemente esta chica estaría probando por primera vez.

―Tu mirada que hasta recién carecía de expresión, ahora parece gustosa ―rio el ángel―. Nadie aquí querrá tomarte como a una muñeca. Deberás transformarte para obtener lo que quieres, lo que crees que revivirá tu corazón marchito. Tendrás que saber sembrar en nosotros el deseo que anhelas tanto cosechar y devorar, o de lo contrario, no serás más que un trozo de carne para los perros.

―¿Cómo sabré hacer lo que me dices si no hay quien me enseñe? ―inquirió esta chica, apenada.

―Aprenderás por tu cuenta, porque como acabas de decir, no hay quien te pueda enseñar a invocar tu propio deseo. Podemos enseñarte respecto al nuestro propio, pero jamás sobre el tuyo.

―No fui capaz de descubrirlo cuando debía, no lo descubriré ahora.

Si el ángel no la hubiera estado sosteniendo, esta chica se hubiera desvanecido con cada una de sus palabras.

―Lo harás. No hay mejor lugar ni mejor tiempo que éstos para descubrir tu deseo.

24 de Septiembre de 2021 a las 23:14 0 Reporte Insertar Seguir historia
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