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La décima cafetería

Y ahí estaba yo caminando bajo la lluvia, con el pelo empapado, las gafas llenas de gotitas que no me dejaban ver bien la realidad a mi alrededor, y los pies encharcados.


Caminaba sin rumbo con una sensación de mierda en mi interior, con unos sentimientos horribles que últimamente estaban siendo más habituales de lo normal. Desesperada porque tenía ganas de gritar fuerte, llorar, desahogarme, expulsar fuera de mi esa parte deprimente que me solía acompañar desde hacía ya unos meses, y yo, muda, sólo podía caminar bajo la lluvia.

Anduve entre las calles de Barcelona durante un rato, era temprano, la gente caminaba rápido, algunos llegaban tarde a sus trabajos, otros no, pero tenían prisa igualmente. Los padres salían de sus casas para llevar a sus hijos pequeños al colegio, no faltó el típico niño que lloraba desconsoladamente porque no quería ir a la escuela, - Pobrecito. - pensé, yo era de esas.

Pasé por delante de varias cafeterías, algunas llenas, otras vacías, pero en todas me preguntaba si sentarme a pedir un café calentito. Ya me había tomado uno esa mañana antes de salir de casa, pero ¿Qué le voy a hacer? es mi droga.

Fue en la décima cafetería, ahí estaba ella sentada tomando un café calentito. No podía creer lo que veían mis ojos; ese precioso pelo largo, esos labios carnosos y tan sonrientes, se notaba que estaba feliz, de hecho estaba más que feliz, irradiaba felicidad. Deslumbrante era su actitud mientras charlaba con el camarero que le traía su croissant salado que tanto se notaba que le gustaba. Disfrutó cada bocado que le daba. De repente se concentró de nuevo en lo que estaba haciendo, escribía.

¿Qué estaría escribiendo? Fuera lo que fuese estaba volcando cada parte de su ser en ello, y eso me enamoró.

Tan perfecta me pareció que me decidí a acercarme, me preguntaba si sentarme en su misma mesa y conversar con ella, tal vez me consiguiera transmitir un poco de su actitud. No lo quise pensar mucho, fue una de esas cosas que haces sin saber bien porqué, y lo hice, me senté justo delante de ella.

Sentía mi corazón latir muy fuerte, parecía que golpeaba mi pecho como si quisiera expandirse. La miré a través de mis gafas llenas de gotitas, normalmente no me molestaban, pero en ese momento si, quería apreciarla bien, saber como era su cara desde cerca, así que me quité las gafas y rápidamente las limpié con mi camiseta interior que aún mantenía un poco la tela seca, y me las coloqué de nuevo mientras levantaba la mirada sonriente esperando con ansias ver de quién se trataba.


Mi corazón se paralizó al encontrarme de frente con mi reflejo en el cristal de la cafetería. Tal vez sólo había sido mi mejor versión que había escapado una vez más.


23 de Septiembre de 2021 a las 13:03 0 Reporte Insertar Seguir historia
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