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Eladio Cordova


Les quiero compartir una anécdota que vivimos junto a mi esposa, en la ruta Barranquilla, santa marta Colombia


Historias de vida Todo público.

#Vivir-al-máximo
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Un día de aventuras

Un día de aventuras

Un día de esos un tanto rutinarios, sin previo aviso, ni coordinación; miré a mí alrededor, y observé a mi esposa sin ánimos de nada y realmente con ganas de escapar de la rutina al igual que yo. De inmediato, me di cuenta que nos hacía

muchísima falta un poco de distracción porque en particular a mí no me gusta la monotonía y menos la rutina, es causal directa a mis ahogos, a las ganas de escapar y hacer cosas diferentes.

Lo primero que hice fue dirigirme a mi billetera, que por lo demás no se veía muy voluminosa, Upsss… pero bueno cuando algo realmente se desea, lo único que nos puede hacer falta es tener las ganas de hacer las cosas y en el camino se aventura, así que eso no me detuvo. De inmediato fui a revisar mi moto que aunque hasta para hacer un viaje relativamente corto, es mi costumbre, como mecánico que me caracteriza, asegurarme de no tener inconvenientes en el camino. Una vez ya seguro de que mi máquina estaba en condiciones para salir a la aventura, me dirigí sin pensarlo mucho, a plantearle mi “locura” a mi esposa. Así que decidido le dije: - Morchita (cómo suelo decirle) ¿vamos a la playa? y debo confesarles que definitivamente no era una hora adecuada para salir, ya que por lo general cuando vamos a lugares así, solemos salir desde muy temprano por la mañana para no exponernos tanto al sol del caribe colombiano y de paso para aprovechar más el tiempo.

¡Ella me miró!, y la verdad no me costó mucho convencerla aunque ya era un poco tarde (casi medio día), pero esto a ella tampoco le importó; en realidad, no quería estar encerrada sin hacer nada entretenido, así que no fue muy extensa nuestra conversación al respecto.

Más bien fue un…listo!!! dame tiempo para buscar mi traje de baño y arreglarme un poco, pues ella siempre es muy precavida (cómo mujer que se caracteriza) y se asegura de ir con todo bajo control, y les confieso que ese tiempo para mí fue ideal para darle una manito a la moto, la cual que tenía mucho polvo, ( por lo general siempre está llena de polvo) y de vez en cuando le hago sus cariñitos, (los que me conocen lo pueden afirmar, jamás he tenido mucho tiempo para pasar días enteros amando a los vehículos que he tenido en el tiempo), solo me preocupa su funcionamiento y vamos pa’ delante!!!

Bueno, ya con todo listo y dispuesto, aunque aquí entre nos con algo de presión hacia mi esposa para que lográramos salir lo antes posible, por fin partimos un tanto enojados gracias a una pequeña discusión por su demora. Salimos de la casa, ante la mirada eterna de los vecinos que no pueden faltar y que de alguna manera me hacían sentir sus murmullos.

Ya por fin en la carretera, el solo hecho de estar en camino ya nos tenía más relajados, sentir la brisa en tu cara y el mundo a nuestra disposición fue magistral.

Nuestro destino inicial era una playa que por lo general visitamos, la cual es muy tranquila y no está muy lejos de casa; pero de repente, algo me hizo cambiar de opinión en el camino y la verdad no sé qué fue, pero detuve mi moto, seguí mis instintos y le comento esto a mi esposa: ¿Qué tal si vamos a Santa Marta?

Santa Marta es una pequeña isla, un lugar agradable que esta aproximadamente a unos 104 kilómetros de distancia, con una carretera un tanto complicada ya que al recorrer como un cuarto del viaje, el viento es extremadamente fuerte, lo cual para la máquina que yo tengo es una gran dificultad; porque no es de mucha potencia, así que realmente era una locura. La respuesta de mi compañera fue como prácticamente todas nuestras locuras, ¡un sí… vamos!!

Listo…!!! El curso de nuestro destino ese día estaba fijado y la actitud a mil, aunque sí que nos costó salir de Barranquilla; ya saben, el tráfico, los caminos, una que otra perdida de ruta… Ufff sí que nos retrasamos, pero al fin entramos en ruta y el panorama cambió de forma abrupta; ya teníamos el placer de ver a nuestro alrededor el mar y su esplendor. No tengo la menor idea, pero a una hora de viaje, existe un lugar solitario y tranquilo que tiene un mirador y un espacio ideal para detenerse y admirar la belleza del mar y sus olas, así que eso fue lo que hicimos, nos detuvimos para relajar el cuerpo, estirar las piernas, tomar aire y la moto se tomara un respirito también.

En cuanto sentimos nuevamente la recarga de nuestras energías, retomamos nuestra aventura y zaz…sin previo aviso nos sorprendió una fuerte ráfaga de viento que por poco hace que me suelte del manubrio, les confieso que eso me dejó muy asustado y en estado de alerta; ambos nos aferramos mucho y dispuestos a luchar con ese viento. Nos costó mucho recorrer este camino, qué quienes lo han recorrido siempre se encuentran con este inconveniente, y para serles sincero, se me hizo eterno, y si mí moto pudiese hablar les diría lo mismo. Hubo un instante en que tenía el acelerador a fondo y mi sensación era la de ir como a veinte kilómetros por hora, pero a pesar de las dificultades, mi actitud siempre fue: ¡vamos a llegar sin problemas!

Cuando logramos salir de la trampa del viento, ya todo fue más relajado, pero aun teníamos mucho camino por recorrer. Pasamos muchos pueblitos, que como en otros viajes que hemos hecho siempre tenemos la costumbre de detenernos un poco a explorar y conocer; pero esta vez, por obvias razones no lo pudimos hacer, definitivamente el tiempo estaba en contra. El tiempo normal en recorrer esa distancia es de dos horas aproximadamente; bueno claramente nuestro tiempo fue mucho mas largo, pero en fin, estábamos haciendo algo diferente y eso era lo que más nos importó.

Como mencioné anteriormente, nos gustan los lugares tranquilos y sin mucha gente, para poder disfrutar de la naturaleza y lograr un mejor relax. Por lo general cuando viajamos a Santa Marta no entramos a la ciudad como tal, sino más bien nos quedamos a las afueras en unas playas que son muy tranquilas y el paisaje es hermoso. Y esta vez no fue la excepción, no teníamos mucho tiempo que perder , así que no lo pensamos mucho y nos dirigimos de una a esa playa, que si mal no recuerdo su nombre es Prado Mar, (no estoy muy seguro).Y con tanto recorrer, a esas alturas el hambre se hizo presente y nos fuimos directo a almorzar para calmar nuestro apetito voraz, de paso poder descansar un poco de tan larga travesía, no voy a describir el almuerzo porque la verdad no fue lo que esperábamos y comimos porque teníamos que hacerlo.

Practicante no reposamos mucho, las ansias de entrar al mar nos ganaba, así que ¡nos metimos de una! Esta parte de la historia pagaba todo el esfuerzo que hicimos para llegar hasta aquel lugar; su mar tan calmo, ese agua transparente, que literalmente se podían ver sus peces nadando a nuestro alrededor, la temperatura del mar que te hace pensar que estas literal en un paraíso; Wooow!!! ¡Sí, definitivamente valió la pena, le habíamos ganado al aburrimiento!

Al cabo de un tiempo, la verdad no sé cuánto porque en esas circunstancias el tiempo se detiene, repentinamente miro hacia al cielo y observo una gran nube negra amenazando con lluvia, que a mi forma de ver se acercaba rápidamente a Santa Marta. Nos tocó salir del mar y prepararnos para nuestro retorno antes de que la tormenta nos atrapara y nos hiciera perder tiempo valioso para nuestro retorno, ya que contábamos con pocas horas para volver a casa.

A pesar del clima, contaba con la esperanza de que pasáramos esa nube y podríamos seguir nuestro camino de retorno en calma; así que nos subimos a mi loba y salimos lo más rápido de allí. Al estar sobre la carretera, me di cuenta de que nos mojaríamos un poco, así que la idea era salir de la nube lo antes posible, ¡aceleré y emprendimos otra aventura por vivir!

Cayó la lluvia y esta nos alcanzó en tan solo pocos minutos. Era muy complicado conducir así, pero más aún era detenernos en algún lugar, teníamos muy poco dinero como para pagar un alojamiento, el día estaba por despedirse y la noche nos ofrecía su compañía. Nuestros cuerpos, en cosa de minutos quedaron empapados, estábamos bajo un tremendo aguacero, mis lentes necesitaban un limpia parabrisas urgente, ¡era muy difícil conducir así! Mi visibilidad se tornó muy borrosa, producto del agua y el calor de mi cara; mis lentes se empañaron y no podía sacármelos porque con la velocidad, el agua golpea muy fuerte en la cara y los ojos, uffffff!! Eso era muy complicado, tenía que tomar una decisión inmediata. En esos momentos mis pensamientos me decían: -Buscamos algo en donde refugiarnos y esperar hasta que la lluvia cese o seguimos nuestro camino a pesar de las dificultades.

Le consulté a mi esposa, quien me apoyó y dijo: -vamos no te preocupes por mí, yo estoy bien, si tú sientes que puedes continuar, confío en ti. No sé si fueron exactamente sus palabras, pero fue lo que en mí gatilló la decisión de seguir adelante. Con la esperanza de que esa tormenta no continuara más adelante, seguimos nuestra travesía bajo la lluvia con mucho cuidado, y para ese momento ya los huesos comenzaron a enfriarse, pero los dos en el camino íbamos muy unidos y con la convicción de que en el siguiente pueblo ya podríamos sentir el calor del caribe y la brisa secara nuestras ropas.

La moto nuevamente estaba exigida al máximo y el acelerador al tope y con muypoca velocidad, esta vez no por el viento si no por el peso del agua en contra. Yo, ya tenía una buena técnica para desempañar mis lentes y bueno la gran parte del tiempo me toco mirar por debajo de ellos, mis puntos de referencia eran las rayas blancas que delimitan el camino y uno que otro camión que pasaba y me servía de faro. Esta sí que fue una travesía que nos duró todo el camino hasta llegar a Barranquilla. Cuando llegamos al puente Pumarejo (este puente limita entre Barranquilla y la carretera que conduce hacia Santa Marta) increíblemente la lluvia desapareció y con ello a nosotros nos regresó el alma. Por fin ingresamos al puente y todo cambio. Mi humor ya se recuperaba porque con tanta tensión uff ya no quería más.

En el momento en que salimos del puente me doy cuenta que también había llovido y nos encontramos con otra trampa, había una charca de agua en el camino que no vimos y por poco nos hace caer, Uffffff lo único que nos faltaba. Luego de eso nuestro regreso a casa fue muy tranquilo y eterno, pero bueno llegamos sanos y salvos y con la sensación de unión entre nosotros. Amigos…compañeros, les compartimos un día lleno de aventuras dignas de un cortometraje, ¡el nuestro!

19 de Septiembre de 2021 a las 15:58 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

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