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El doctor Noe Asmodeus y su esposa trabajaban en la poderosa organización científica Nuevo Génesis hasta que ocurrió un accidente que acabó con la vida de ella y a él lo dotó con el poder de alterar la gravedad. Ahora emprenderá una cruzada buscando a los responsables de la muerte de su esposa, al tiempo que descubre los secretos de la propia Nuevo Génesis...


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

#superhéroes
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#0. Génesis


POR: BRYAN TALAVERA


20 DE AGOSTO DE 2008; PARÍS, FRANCIA


Me veo a mí mismo sentado en un bar.


¿Quién soy?, te preguntarás.


¿Acaso ese hombre pelirrojo bien parecido con los mocasines? Para nada.


¿O acaso soy el tipo gordo con mirada pervertida? Tampoco.


Oh, sí, ese soy yo: el solitario con el cabello gigante, casi un afro, de mirada perdida y en la barra. Con la chaqueta roja con negro, mi piel morena, nacionalidad que a quién le importa, estoy lejos de mi hogar, muy lejos de mi país.


París no es tan bonito como en las películas. Estoy solo y hace frío. La noche es tranquila, el bartender me pregunta si estoy bien; yo solo pido más leche en mi pésimo francés. Es raro, ¿quién va a un bar y pide leche? Supongo que es más raro que sí haya leche, después de todo.


“¿Qué hago aquí?”, me pregunto. Allá afuera, a un kilómetro, hay una cumbre de paz a la que fui invitado. Me siento un farsante. Mis colegas dicen que mi vacuna salvará millones. Yo solo resolví la última parte e inyecté una rata; ahora mi cara sale en revistas científicas. Mis hermanos me felicitaron por horas y mi madre presume con sus amigas, ¿pero es eso justo? Quizás no, o al menos así yo lo veo.


—¿No eres tú el de la portada? —me pregunta en inglés una mujer de cabello castaño con un toque de rosa. Es caucásica, tienes unos treinta, calculo. Lleva un abrigo negro y un piercing en la oreja. “Una punk”, pienso, “espero que no me hable”.


—Sí, soy yo —le digo secamente mientras me termino mi leche.


—Normalmente uno se emborracha con alcohol, ¿sabes?


—No me gusta el licor; nubla la mente.


—Eso es muy responsable. ¿No deberías estar, ya sabes, en otro lado, como en una conferencia?


—Odio esos lugares.


—Yo también. Todo el mundo es muy estirado con sus normas de etiqueta.


—¿Disculpa?


—Oh, no me presenté: profesora Mindy Williams. Soy astrofísica —me responde mientras extiende su mano.


—No lo sabía.


—Lo sé, no es la imagen de una astrofísica. Más parezco una ambientalista.


—¿Quieres algo de mí? —le pregunto.


—Ser cortés nunca ha matado a nadie, ¿sabes?


—Disculpa, por lo general no se me acercan mujeres a hablarme a menos que alguien esté muriendo o quieran dinero.


—Eso es triste.


—¿Lo es? Supongo que estoy acostumbrado.


—Así que eres de esos.


—¿“De esos”?


—Amargados.


—No soy amargado; solo... conservador.


—Esa es solo otra forma de ser amargado.


—¿Ah, sí? ¿Y por qué estás aquí, Señorita Diversión?


—Pues por lo mismo: es París. Nunca había venido a París, ¿por qué desperdiciar la noche con un montón de viejos sosteniendo un pedazo de metal dorado?


—¿Te iban a premiar?


—Sí pero esas cosas no son lo mío. A mí solo me gustan las estrellas y la física ¿y a ti te gusta la medicina, eh, superdoctor?


—No soy un superdoctor. Y es una cosa de familia; mi papá y mi abuelo lo fueron, yo y mi hermano también.


—Una cosa de generaciones, qué interesante —ella sonríe.


No sé por qué, pero converso con ella por horas y horas.



6 DE NOVIEMBRE DE 2014


El día de mi boda. Estoy nervioso, es visible. Mi hermano bromea, mis manos están sudadas, me veo al espejo y estoy feliz, estoy muy feliz.


Mis amigos y familia se alegran por mí y mi esposa, ella está más bella que cualquier otra mujer. Nunca creí en eso del amor verdadero, pero diablos, si esto no lo es, no sé qué es.



10 DE FEBRERO DE 2020


Mi esposa entra emocionada a nuestra casa. Yo me hallo leyendo cómics, una afición que ella me contagió. Me habla de un trabajo, “un cargo importante”, dice; de esos que te cambian la vida.


No sabía cuánta razón tenía.



9 DE JUNIO DE 2020, 05:00 A.M.; CIUDAD DE MOSCÚ, RUSIA

Veo el gran edificio frente a mí, tan alto como el Empire State. La cumbre de la organización Nuevo Génesis. Fundada hace poco más de cincuenta años, ganó popularidad entre las masas por el desastre medioambiental de Australia: casi la mitad del contiene calcinado por un incendio, millones murieron. De alguna forma Nuevo Génesis revirtió casi la totalidad del daño a la flora y fauna en poco más de cinco años.


Nuevo Génesis fue fundada por el millonario Ivan Petroskiv con la colaboración de Ulysses McGrand, un estadounidense, y Monika Cho. Salen mucho en las noticias, he escuchado rumores de que tienen una isla artificial en alguna parte del mar, incluso escuché que compraron el territorio del Triángulo de las Bermudas.


He leído muchos comics y visto muchas series de ficción: normalmente las grandes organizaciones siempre son los malos.


Pero no Nuevo Génesis.


Siempre han sido transparente con sus impuestos, su número de empleados… asociados a múltiples gobiernos, son la organización más popular del globo. Tiene su propio cuerpo de rescate, incluso hay oficiales de policía que les reportan a ellos. Su influencia es tan grande que los ha llevado a múltiples rubros. He escuchado que la ONU directamente les proporciona fondos y tienen jurisdicción en todas las naciones, al punto de desarrollar no solo tecnologías renovables sino que incluso participan activamente con los programas espaciales.


Y ahora yo trabajo aquí. Es... abrumador. Incluso mi identificación se siente pesada. Saludo a todos mientras entro, ellos me devuelven una sonrisa amigable; nunca había visto a tantas personas sonreír en su trabajo. Ajusto mi auricular, me dijeron que era parte de una nueva tecnología, una especie de traductor universal que facilitaría las negociaciones políticas entre diversos países y yo soy uno de los primeros en usarlas. Es algo... único.


Mi esposa ha estado aquí desde anoche. Me recibe en la recepción con un abrazo.


—Querido, ¿estás bien? —su pregunta está llena de burla—. Nadie aquí muerde... bueno, excepto yo —dice con una sonrisa pícara.


—Qué graciosa.


—Relájate, estás muy tenso, hoy es tu gran día.


—Es más abrumador de lo que creí.


—Sí pero estarás bien. Ven, sígueme, por aquí es el ala médica.


Me lleva por largos pasillos revestidos de cromo. ¿Es acaso el lugar correcto? Sé que Nuevo Génesis trabaja en varios proyectos; una vez leí que tenían un purificador gigante de agua que podía limpiar lagos. Suena a ciencia ficción. Finalmente llegamos ahí, un guardia en la entrada me saluda.


Al entrar me sorprendo, creí que sería un ala simple, un par de camillas y algo de equipo. Qué error. Este sitio es muy diferente a cualquier hospital en el que haya estado.


—Hey, chicos, traigo conmigo a su nuevo jefe —Mindy animadamente me presenta. Hay ocho personas, seis de ellas son enfermeras; el resto, colegas médicos. ¿Por qué este lugar tiene tanto personal médico?


—Muy buenos días, soy el doctor Hideo Akira —me saluda uno de ellos, cabello negro con algunas canas, gafas rojas y fenotipo asiático.


No soy tan ignorante como para darme cuenta de que su “nombre” está compuesto de dos nombres de pila japoneses, sin un apellido. De ninguna forma podría ser su nombre real. Pero tampoco era tan grosero para señalárselo en ese momento, cualquiera que sea la razón.


—Buenos días, doctor, será un placer trabajar con ustedes —le devuelvo el saludo mientras le doy un apretón de manos.


—El placer será nuestro. Puede llamarme Chuck —un hombre rubio probablemente americano por su acento—. Impresionante currículum el de usted.


—Gracias.


—Te dejaré solo, cariño, te veo en la salida, diviértete —se despide Mindy con un beso. La veo irse y me deja solo en mi nuevo puesto.


—Bueno, señores, a trabajar —dice Chuck.


—¿Hay algo que necesite de mi asistencia? —pregunto.


—De momento nada. Solo Larry el de Contaduría. Está con fiebre pero se halla estable —dice el Dr. Hideo—. Normalmente solo atendemos a uno o dos pacientes que se sienten mal por la comida del cocinero Yuri. Nada grave.


—No lo entiendo.


—Oh, es que él es un poco tradicionalista. Si eres vegano mejor ni vayas a la cafetería o le escupirá a tu comida.


—No, no eso. Cuando Mindy dijo que me ofreciera como jefe del ala medica creía que sería algo pequeño, simple por así decirlo, una forma de ayudar a las personas sin las limitantes convencionales de un hospital —explico—. He escuchado de sus brigadas en África, pero esto está más allá de mis expectativas. Algo así lo esperaría de una película de ciencia ficción. Mira, este monitor no está ni siquiera conectado y aun así me está escaneando. ¿Ves? Está registrando mi ritmo cardíaco.


—¿Te gustan? Son un prototipo de la división de Ingeniería.


—No me refiero a eso. ¿Por qué tiene un equipo tan sofisticado?


—Bueno, uno nunca sabe.


—Estuve leyendo su expediente antes de venir. Usted tiene un currículum más impresionante que el mío, ¿por qué no quiso el puesto?

—Bueno, yo…


—Porque es un cobarde —una voz femenina me hace voltear. Entra una mujer de unos 1.85, cabello rubio y corto, lleva tacones violetas y medias negras—. Usted debe ser el doctor Asmodeus, Noe Asmodeus.


—Sí, soy yo, señorita…


—Morrow. Tania Morrow. Doctora, división de energías renovables. Un nombre muy religioso, ¿es usted católico?


—Mi madre lo es, y sí, soy creyente. ¿Pero a qué se refiere conque el doctor Akira es cobarde?


—Ya lo averiguará, doctor, ya lo averiguará.


—Cof cof, ¿se te ofrece algo Tania? —pregunta con molestia Hideo.


—Claro —dice ella con un tono de burla—. Tengo dolor de estómago. Yuri volvió a hacer sándwiches de cordero.


—Por eso yo traigo mi propio almuerzo —comentó una de las enfermeras.


—Acompáñame. Te llevaré a una camilla.


—Gracias y adiós, doctor. Espero que nos volvamos a ver —dice en un tono coqueto, acompañando a Hideo.


—Mejor no te acerques a ella. Esa mujer es la definición perfecta de mujer fatal —comenta Chuck.


—No te preocupes, soy de los que se toman el matrimonio muy en serio.


—Hombres como tú hay pocos —bromea—. De todas formas tiene razón.


—¿Sobre qué?


—Sobre Hideo. Él es un cobarde, pero quién lo culpa. Yo también lo soy. En cuanto a tu primera pregunta, con el tiempo se responderá, ya lo verás. Nosotros realmente disfrutamos los días como hoy; ya sabes, tranquilos. Se acostumbrará, jefe.


Esas palabras lejos de tranquilizarme despertaron más dudas sobre la naturaleza de mi nuevo trabajo.



14 DE SEPTIEMBRE DE 2020


Los meses pasaron y me familiaricé con el edifico, mis colaboradores y el resto del personal. Extrañamente, entablé una amistad con Tania. No es una mala persona pero diría que no le cae bien la mayoría de la gente del lugar. Sobre todo Yuri, el cocinero principal del edificio. Comprobé gracias a mi enfermera Alice que a él realmente no le agradan los veganos. Pobre Alice, por cierto.


Mis sospechas sobre mi posición no se calmaron. De vez en cuando había ciertos temblores, sin embargo nunca nadie comentaba nada, salvo los nuevos como yo. Parecía ser algo regular desde la creación del edificio. La naturaleza de las investigaciones de mi esposa nunca ha sido de mi incumbencia; son temas que no entiendo. Sé que Nuevo Génesis tiene una especie de acuerdo con la NASA para la limpieza de los miles de satélites y basura espacial que rodean la atmósfera. A veces me pregunto si esto es Corporación Umbrella. Hideo cree que los zombies son algo estúpido. Mis colegas y personal son buenas personas; la mayoría del tiempo solo jugamos o vemos películas. Y ahora esto.


Miro el pase que dice “autorizado”. Es diferente a mi credencial normal. Esta no tiene mi nombre ni foto, es totalmente blanca y tan delgada que creo que podría rebanar un dedo. Mi esposa está emocionada, dice que ya pasé el periodo de prueba y estoy listo. Camino hasta el elevador como normalmente hago pero esta vez es diferente. Ella oprime una secuencia de botones rara. Le pregunto qué hace y solo susurra: “Secreto”...


El ascensor baja y baja, me dice que ya puedo ir al Nivel 13. Esto es raro ya he ido muchas veces al piso 13. Solo es el comedor pero ella dice “No piso: nivel”. Además estamos bajando, no subiendo. Ella dice que es normal, ¿qué quiere decir? Me preocupo realmente por esto; el ala médica solo comprende cuatro niveles. Ya deberíamos estar en la base; sé que hay un sótano ¿pero acaso es tan profundo? El ascensor se detiene, las puertas se abren y dejan ver un pasillo tan blanco como nunca antes logré ver. No hay puertas ni baldosas, solo cuatro paredes lisas y blancas. Ella me arrastra, tengo muchas preguntas.


Ella explica que Nuevo Génesis realiza experimentos secretos para la Unión Europea, Estados Unidos, Corea del Norte y por supuesto el Gobierno Ruso.


—¿De qué clase? —le cuestiono.


Su respuesta hace que mi chiste de que esto sea Corporación Umbrella sea más que eso.


—Experimentos genéticos, exploración espacial y marítima. Criptozoología. Sí, la maldita criptozoología. Física teórica…


¿Por qué una ONG realiza esto?, me pregunto.


Ella explica que su programa de energía renovable (el Motor Génesis, el motivo por el cual se bautizó la compañía, el motivo por el que en dos años ya no habrá automóviles en base a combustibles fósiles) fue tan exitoso que la Unión Europea financió más proyectos de la división científica.


—Su líder, un antiguo ecoterorrista, es un maldito genio de esos que podrías ver en una película de James Bond. Un visionario.


Mi esposa lo llamó “el Da Vinci moderno, con un toque de Dr. Hell”. Uno lleno de ideas y poca moralidad.


Nuevo Génesis se "sacrificó" a sí misma para que las ideas de ese genio loco no cayeran en malas manos. Todos sus proyectos son aprobados pero no todos ven la luz del día. Eso me da miedo. Me explica que el anterior jefe médico murió por causa de un experimento que salió mal.


—Era un arrogante —dice—. No respetó el protocolo. Creyó que era más que el protocolo y murió asfixiado.


Ella está segura que no me pasará eso a mí. Tiene razón. Los protocolos existen por una razón, eso me le enseñó mi mentor.


Me lleva a su laboratorio. Hay un gran arco de metal en el centro. Me recuerda a esa película, Stargate, pero una versión más pequeña. Tiene una inscripción:


“G.I.”


Le pregunto qué significa.


Ella dice que es un nombre código, que adivine.


Digo una estupidez, en retrospectiva: “Guayabas Infinitas”.


Ella rio, no sé por qué. Fue un mal chiste. Tal vez se rio de mí, ahora que lo pienso. No importa, yo me hubiera reído de mí.


Miro más y una especie de traje me llama la atención. Nunca he visto nada como eso, sobre todo ese extraño casco.


Ella bromea y dice que es su bebé, que no me ponga celoso.


Naturalmente pregunto qué es.


Ella me explica que es el próximo traje que los astronautas usarán. Dice que tiene agujas que se insertan en la médula ósea. Me explica que el traje permitirá que un astronauta incluso solo con el casco pueda sobrevivir por horas a la exposición al vacío. Me da una larga explicación de cómo funciona. No entiendo ni la mitad, pero básicamente el traje crea una especie de mini atmósfera al cuerpo. El casco controla directamente el sistema nervioso; la pechera, aún en desarrollo, emitirá un campo de protección. Esto es demasiado sci-fi incluso para mí.


Dice que para que G.I. funcione, el traje es completamente necesario.


Solo puedo preguntar para qué es todo eso.


Ella dice con una sonrisa que es el primer paso de un complejo plan para la terraformación de Marte, pero eso en al menos otros veinte si no es que treinta años. Con algo de suerte su traje, solicitado por la NASA, estará completo en la próxima década. No solo ella está creando un prototipo; sus colegas también diseñan sus propias propuestas. Solo el terminar el casco por sí solo tomó siete años. El casco por sí solo es impresionante; dice que está hecho de un metal negro llamado “Oricyulm”. Nunca había oído de eso.


—¿Acaso es vibranium como en esa película?


—No es indestructible —dice—. Pero está compuesto de una red autorreparable. Básicamente el casco se repara solo.


El metal no es magnético.


—Entonces no es metal —digo.


Ella dice que el oro tampoco es magnético normalmente.


—¿Y entonces qué es este aro? ¿Planeas ir a otro planeta? —bromeo, pensando en Stargate.


—Algo así. G.I es un proyecto de todo mi personal. Soy la décima en trabajar a cargo de él, ¿sabes?


—¿Y qué hace?


—Eso es ultra secreto. Si te digo tendría que matarte... o divorciarme.


—Qué graciosa.


—… pero te daré una pista. Yo creo que si podemos controlar el campo gravitatorio y el magnético de Marte podemos acelerar las condiciones favorables para una autentica terraformación de planeta. Controlar su atmósfera, ¿sabes? En parte también trabajo en esto —dice muy seria, mientras me muestra una gigantesca garra robótica.


¿Es acaso el brazo mutilado de un Transformer?


—¿Qué diablos es eso? —pregunto espantado.


—Este nene es un amplificador de gravitones.


—Haré de cuenta que sé qué es un gravitón. ¿Por qué parece un brazo?


—Quiero hacer un súper traje que complemente al traje de la NASA. Pero hay un problema.


—Sí. Que parece el brazo de Unicron.


—Nah, no es eso. Es muy pesado. Sería demasiado lento —dice, como si ese fuera el verdadero problema.


Todo esto me abruma. Ella me abraza y dice que está bien, pero que no tema, “somos los chicos buenos”. Me lleva a un ala médica nueva. El personal usa trajes blancos y cascos. Me sorprendo y me llaman señor. Son como robots. Si no fuera por el movimiento de sus pechos creería seriamente que lo son.


La confianza que he obtenido y los misterios que me han sido revelados lo han sido de forma paulatina. Mientras más pasa el tiempo más cosas aterradoras pasan. ¿Para quién diablos trabajo? A diferencia de arriba aquí sí se requieren mis servicios: fracturas, quemaduras, un rostro arrancado, accidentes… por el bien de la humanidad, lo llaman. “Todo esto ha sido aprobado por la ONU”, me dicen. ¿Cuándo me convertí en un miembro de la Fundación SCP? Tengo miedo de ir por un pasillo y ver un lagarto gigante corroído por ácido; mi esposa sigue bromeando con eso.


Mis relaciones sociales fuera de la empresa se han cortado. Tania es la única amiga que no me habla de cosas de trabajo y cuando lo hace solo me pregunta cosas banales o por qué ahora me mantengo tanto en el subsuelo. Bromeo y le digo que el puesto de jefe es básicamente ser un contador de equipo médico donado, y que el miedo de Hideo era por las ratas del sótano.



1 DE ENERO DE 2021


Es Año Nuevo. Mi esposa trabaja en algo de su experimento. Dice que el campo magnético de la Tierra está alterado por una energía externa y que debe registrar los datos. Yo solo realizo mi informe anual de los pacientes.


¿Es tarde, o de mañana? Con esa maldita luz es fácil perder la noción del tiempo.


Me dirijo por un café cuando sucede. El evento que cambiara el rumbo de la humanidad. Años más tarde ese evento seria llamado el Evento Omega: una explosión sacude todo el lugar, soy derribado en el suelo por la onda de choque. Creo que uno de mis tímpanos reventó. Me retuerzo en el suelo, pierdo momentáneamente el conocimiento. Uno de mis enfermeros me despierta y me carga a una camilla. Alarmas suenan por todo el lugar. El enfermero a mi lado dice que hubo una explosión, algo de un terrorista.


—¿Terrorista? ¿Qué carajos? —es allí cuando recobro totalmente mi sentido común—. Mi esposa, debo ir por ella.


Él intenta detenerme, yo lo mando al diablo. Corro por los pasillos ahora con grietas en ellos. No me detengo por nadie. La puerta del laboratorio está dañada. La derribo pero antes de entrar algo se abalanza sobre mí. Tiene puesto el casco; ese raro casco que mi esposa tanto presume. Es una persona.


—Oh, Dios mío, es una persona —pienso.


Toda la piel de sus piernas se está... derritiendo. Puedo ver claramente sus huesos caerse a pedazos, pero dice algo débilmente:


—Cariño…


Mi mundo se viene abajo. No me importa qué paso, debo salvarla. Corro como nunca antes hice en mi vida. Sus piernas, Dios mío, ¡solo quedan sus fémures! Sus rodillas fueron carcomidas.


Le digo que se calme. Debo ayudarla. No entro en pánico, estoy firme en mi accionar; debo estarlo para salvarla.


Ella entonces se quita el casco. A pesar de todo su rostro está intacto, pero es notable el dolor. Las venas y arterias de su rostro están marcadas. Ella me dice que me acerque; quería calmarla, decirle que todo estaría bien, pero en su lugar, ella me besa.


Siento entonces un tremendo dolor. Un dolor demencial, en cada fibra de mi cuerpo, como una descarga eléctrica o incluso peor. Luego de eso, todo a mi alrededor se vuelve negro…


CONTINUARÁ…

CRÉDITOS

Escrito por: Bryan Talavera

Todos los personajes creados por: Bryan Talavera

Portada: JUPITER_CROWN

¡YA PUEDES LEER "GOD SPARKS: GENESIS" en BEYOND, AUTORES: https://getinkspired.com/es/story/166155/chapter/2-la-intrusion-499218/ donde conocerás más sobre el Evento Omega y el origen de G.I.!

16 de Septiembre de 2021 a las 22:06 0 Reporte Insertar Seguir historia
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