eduardo-ortega1631456910 Eduardo Ortega

Isabella tendrá que sacar lo mejor de ella misma para no dejarse consumir por la ira y el miedo sobre el nuevo mundo que se proyecta sobre ella.


Post-apocalíptico No para niños menores de 13.
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Max

13 de Septiembre de 1992

Me llamo Tom y tú nombre será Max, supongo que es un buen nombre para un diario, aun que no sé porqué te pongo un nombre. Me recuesto normalmente al pie de mi árbol favorito, dentro del bosque, mi padre me dijo que esperara hasta el atardecer, hoy va a enseñarme cómo “terminar” con el sufrimiento de nuestros conejos, los cuales atrapamos y criamos en casa. Acabo de escuchar un sonido extraño, cómo el crujir de una rama, tal vez debió ser alguna manzana que perdió contra la gravedad, este bosque es muy viejo y mi familia a estado plantando nuevos árboles durante décadas para proveernos de suficiente comida.

Mi abuelo me contó que a su padre le gustaban mucho las manzanas, hacía mención a el fruto prohibido pero yo no creo eso. Yo creo en el bosque, en lo que te dice con cada sonido nocturno; el aleteo de las aves camino a casa, grillar como si se diera vuelta a un reloj, el hormigueo de los insectos y al viento tocando una fina flauta sobre las hojas. Sentado puedo sentir la humedad de la tierra de la cual solemos llevar a mi madre para cultivar en casa, el frío roce cómo de un suspiro en mi cara. Mi padre me dijo que el bosque oculta cosas a simple vista pero no entendí a que se refería con eso. Sabes Max, mi padre da impresión de ser alguien frío, y no culpo a los que lo piensan. Una vez lo vi disparar a un hermoso venado, aun que lo contemplo por un momento antes de..., yo se que después lo venden en el mercado y ocupan el dinero para los gastos que se van requiriendo con el tiempo. También sé que a pesar de eso mi padre tiene mucha empatía por los animales, de ahí de terminar con su vida de forma rápida, para que este no sufra. Te seguiré escribiendo mañana, siento la sensación de que algo no anda bien, creo que puedo acostumbrarme a esto.

Actualidad

14 de noviembre del 2022

Hola Max, hoy se cumplen 4 años desde que papá murió. Extraño los fines de semana que salíamos al bosque a cazar animales pequeños para luego dejarlos en libertad, gracias a ti es como si él siguiera conmigo, puedo leer una y otra vez todos sus pensamientos y me gusta imaginar que estoy ahí junto con papá, escuchando cada pensamiento que escribe, como lo estuviste tú. Es la primera vez que escribo pero conozco cada palabra de ti Max. Ojalá pueda acostumbrarme a esto como papá. Hoy visitaremos a la terapeuta, le hace bien a mamá y eso a la vez a mi también.

Mi madre suele hacer el desayuno cuando tiene el día libre en el trabajo, pero se había quedado despierta hasta media noche tomando vino y viendo las fotos de papá. —Cariño, tenemos que irnos o llegaremos tarde. Y cobran por hora así que no queremos llegar tarde —dijo mientras terminaba su café con una mano y cepillaba su cabello con la otra. Tome mi mochila junto con Max, la navaja de mi padre, la cual recibí como regalo de cumpleaños. Dijo que aprendiera a respetar la importancia de llevar conmigo un objeto afilado, claro que a mi madre no le agrado demasiado la idea. Al salir de casa me percaté que el perro de nuestra vecina, la señora Sofía, se encontraba tirado en el jardín de su casa.

16 de Septiembre de 2021 a las 19:55 0 Reporte Insertar Seguir historia
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